Afectaciones emocionales por confinamiento y ciclo vital

Por Raquel Vega

Desde que llegó la COVID-19 al mundo, la vida ha cambiado drásticamente. Meses después de la llegada del virus a nuestro país y a pesar de la apertura a diversos espacios públicos, las recomendaciones más importantes y con mayor peso después de lavarse las manos y usar cubrebocas son las de mantener una sana distancia e intentar salir solo si es necesario. Seguimos en un momento en el que la pandemia continúa activa. Aunque los contagios diarios han disminuido, aún tenemos miles de contagios y hasta que no haya un tratamiento y/o una vacuna, no podemos bajar la guardia.

Frente al distanciamiento social como la mejor opción para cuidarnos hemos visto que el impacto emocional de encontrarse alejado es fuerte, pues como seres sociales que somos la interacción con nuestros pares, colegas y familia es parte de lo que no brinda cierto bienestar.

La depresión, la ansiedad, la desesperanza, la incertidumbre de no saber cuándo terminará y si acaso podremos volver a la normalidad son algunas de las emociones que despiertan frente a esta pandemia, las cuales son naturales y se pueden presentar en cualquier persona. Sin embargo, cada quién vivirá de manera distinta los efectos de la pandemia de acuerdo con el momento en la vida en que se encuentra y en relación con sus conflictos internos, pues son distintas cosas las que cambian o se pierden.

En cuanto a los niños, muchos pueden pensar que lo más pequeños no sufren tanto pues “no se dan cuenta”, sin embargo, debemos tomar en cuenta que su mente está poblada de fantasías y que es en la infancia donde se construyen los cimientos de la mente y en donde se atraviesa por etapas importantes del desarrollo psicosexual. Así pues, si un niño cruza por el conflicto edípico, puede sentirse particularmente enojado e irritable porque ahora todos están en casa y mamá ya no solo le da atención a él, sino que también está al pendiente de las clases de los hermanitos, del papá o incluso de la familia extendida.

En cuanto a los adolescentes, pensemos que están en una etapa del desarrollo donde lo que más adquiere importancia son los amigos y las actividades fuera de casa, pues varios de los conflictos de la sexualidad infantil se reviven internamente. Los celos, la rivalidad, la excitación, la curiosidad, el experimentar con el cuerpo son temas que rondan la cabeza de los adolescentes, por lo que estar encerrados con la familia puede volverse sumamente complicado e indeseable. Sumado a esto podemos encontrarnos con dificultades para que los adolescentes comprendan y tomen las precauciones necesarias, pues también es normal en el funcionamiento mental del adolescente que lo que predomine sea un clima de arrogancia y omnipotencia, lo que deriva en la idea de que a uno no le va a pasar nada. Además, los adolescentes tendrán que pasar los duelos que implican, por ejemplo, cambiar de secundaria a preparatoria o de preparatoria a universidad sin la compañía de sus pares y sin aquellos rituales que ayudan en el proceso, como la ceremonia y/o fiesta de graduación.

Una adolescente que cambiaba de nivel educativo me compartía su preocupación sobre cómo hacer amigos si no se está en las aulas para poder acercarse. Será común ver a nuestros adolescentes irritables, apáticos o aburridos; algunos pueden ponerse un poco más maníacos y tomarse el encierro como vacaciones, por lo que dormir a sus horas y mantener una rutina será más complicado.

En la edad adulta muchas de las afectaciones emocionales se relacionan con lo laboral y lo económico. Estamos en un momento en el que para muchos su trabajo ya no es algo seguro; a algunos les redujeron el salario y otros han perdido el empleo, por lo que las ansiedades de no ser suficiente y no poder con las situaciones suelen agudizarse en la mente de la persona. Por otro lado, tenemos los conflictos de familia y de pareja que se agravan con el encierro: divorcios, violencia, participación en las clases de los hijos, etc. Son situaciones que pueden generar incertidumbre, desesperación y cansancio en los adultos, pues pareciera que en la mente se construye un clima de exigencia extrema de rendir bien en todos los ámbitos de su vida. Es por eso que será importante buscar espacios para uno mismo en los cuales poder descansar o hacer algo que se disfruta.

Para los abuelos o la gente de la tercera edad la pandemia ha venido a despertar muchas emociones como el miedo intenso al mundo exterior, preocupación por su salud e incluso ataques de ansiedad, pues ellos son el grupo más vulnerable frente a esta situación. Hoy en día la gente que se encuentra en sus sesentas sigue siendo muy activa tanto en lo familiar como en lo social y lo laboral, por lo que para ellos puede ser particularmente difícil tener ciertas restricciones para salir a hacer lo que acostumbran, ya que de por sí están lidiando con conflictos internos que se recrudecen en la vejez, tales como las ansiedades de castración, es decir, la sensación de no poder, no ser suficiente o sentir que algo les falta. Para muchos la pandemia vino a dar cuenta de su edad y de las limitaciones con las que ya de antemano se peleaban.

Independientemente de la edad, es importante considerar que la forma en que vivimos este momento muy particular en la historia es una especie de “reedición” de conflictos internos que nos han constituido a lo largo de la vida, los cuales simplemente se recrudecen o quedan más al descubierto en este momento. Por ejemplo, un paciente que trabaja en el ramo de la hotelería pasó por un periodo muy pesimista por la pandemia, se enojaba porque los clientes eran desconfiados y arrogantes, lo hacían sentir inútil mientras su jefe descansaba en su casa de verano sin sufrir de carencias cuando a él le habían disminuido su sueldo, razón por la que su pareja había costeado parte de los gastos que le corresponden a él en casa. Esto lo hacía sentir aún más incapaz. Sin embargo, ya desde antes él era un hombre que continuamente se comparaba con los otros en cuestión de ingresos y posesiones, y que continuamente rivalizaba y se sentía menos que el jefe y que sus clientes.

Un recurso muy importante para poder transitar estos tiempos turbulentos es la creatividad, la cual será la que nos permita encontrar nuevas formas de adaptarnos a esta situación y salir adelante. Sin embargo, en caso de sentirnos rebasados por estas preocupaciones siempre es importante tener en cuenta que un espacio terapéutico puede ayudar para resignificar toda esta experiencia, no solo desde la escucha de nuestras ansiedades, sino desde el entendimiento profundo sobre cómo está conformado nuestro mundo interno, ya que a es partir de este que lidiamos con las situaciones externas.