Trabajar psicoterapéuticamente a distancia: ¿Puede mantenerse el método psicoanalítico en los tratamientos vía remota?

por Gabriela Turrent

Las medidas de confinamiento para mitigar la tasa de contagios de COVID-19 han propiciado cambios en los hábitos de higiene, trabajo, consumo y entretenimiento. Profesionistas de diferentes especialidades han incorporado métodos de comunicación a distancia (teléfono, Skype, Zoom, WhatsApp, WebEx, etc.) para evitar la interrupción de cadenas de consumo, mantener la productividad, el desarrollo, la colaboración y el aprendizaje. La labor psicoterapéutica de orientación psicoanalítica también se ha modificado: la adopción herramientas de trabajo remoto se propone lograr la paradójica tarea de mantener la cercanía emocional en tiempos de distanciamiento social. Así, la utilización de teletecnologías en el trabajo psicoterapéutico ha permitido sostener tratamientos en un contexto de incertidumbre y de intensos sentimientos de pérdida.

Pasados algunos meses y ante la necesidad de mantener el confinamiento, conviene compartir experiencias y reflexionar sobre el trabajo psicoterapéutico remoto. ¿Puede mantenerse la comprensión psicoanalítica cuando paciente y terapeuta no comparten el mismo espacio? ¿Cómo ha cambiado nuestra manera de trabajar? ¿Puede aplicarse la técnica psicoanalítica clásica o hay que migrar a técnicas psicoterapéuticas de esclarecimiento o apoyo?

En La peste, Albert Camus señala: “ha habido en el mundo tantas pestes como guerras, y, sin embargo, pestes y guerras toman a las personas siempre desprevenidas” (1947, p. 21). Es difícil para los seres humanos prepararnos para escenarios tan disruptivos y avasalladores como una pandemia. Fenómenos tan radicalmente distintos a la realidad conocida nos toman siempre por sorpresa, y como apunta Camus: “hay que empezar a avanzar en las tinieblas, un poco a ciegas y procurar hacer el bien” (1947, p. 122), porque ni el orden ni las reglas prestablecidas alcanzan para mantener el bienestar físico y emocional. Las crisis exigen cambios inmediatos y solo el paso del tiempo permite evaluar sus repercusiones.

Los métodos psicoterapéuticos de orientación psicoanalítica requieren de encuadres; es decir, de condiciones de regularidad en horarios, frecuencia en las sesiones y un ambiente tranquilo y de privacidad. Cuando estas se mantienen, el paciente puede asociar libremente (hablar con franqueza y sin juicios sobre sus experiencias cotidianas, evocar recuerdos de la infancia, relatar sueños y describir las ocurrencias que le despierta la relación terapéutica). El psicoanalista o el psicoterapeuta, por su parte, está en condiciones de escuchar más allá del lenguaje, de atender a las fantasías y conflictos subyacentes en los relatos y reconocer en las emociones que se despiertan en el vínculo terapéutico la manera en que funciona la mente del paciente. Los métodos psicoterapéuticos de orientación psicoanalítica requieren de encuadres estables; sin embargo, “el encuadre debe modificarse a partir de los elementos de la realidad a la que en última instancia pertenece” (Etchegoyen, 1986, p. 591).

La emergencia sanitaria obligó a pacientes y terapeutas a aventurarse, un tanto a ciegas, en el diseño de nuevos encuadres que permitieran la comprensión psicoanalítica de forma remota. Los miembros de la pareja terapéutica eligieron de común acuerdo medios de comunicación eficientes; cada uno por su cuenta buscó espacios tranquilos que aseguraran la privacidad y la estabilidad. Ambas partes descubrieron que juntos, por medio del compromiso, la tolerancia a la incertidumbre y la regularidad de las nuevas condiciones de trabajo, podían restablecer la comprensión de los conflictos inconscientes a pesar de que algunos elementos de comunicación no verbal como movimientos corporales, cambios en la respiración, en la entonación de la voz o silencios podrían resultar de difícil aprehensión.

Durante los últimos meses, psicoterapeutas y psicoanalistas hemos confirmado con asombro y alivio que, cuando paciente y terapeuta mantienen en la distancia las condiciones del encuadre, pueden prevalecer los pilares de comprensión psicoanalítica. Es decir, los sueños pueden representar plásticamente los conflictos psíquicos; las emociones que despierta el vínculo transferencial pueden externalizar las relaciones entre objetos internos y el análisis de las resistencias (por ejemplo, la dificultad para llamar en horario, para asegurar un momento de privacidad, distraerse, comer o hacer cosas durante la sesión) pueden utilizarse para comprender los conflictos inconscientes.

Sin embargo, hay que reconocer las limitaciones de los encuadres vía remota. El trabajo psicoanalítico a distancia es una adaptación técnica obligada a causa del confinamiento, pero no puede sustituir la contención, cercanía y nivel de comprensión que ofrece el contacto presencial. Trabajar así exige al psicoterapeuta o psicoanalista mayor concentración y destreza técnica para adentrarse en la realidad interna, interpretar los conflictos inconscientes que aparecen en el vínculo transferencial (en el caso de la técnica psicoanalítica clásica), orientar la atención del paciente hacia conflictos centrales o predominantes (si sigue los lineamientos de la psicoterapia de esclarecimiento o focal) y favorecer el desarrollo de mecanismos defensivos adaptativos y la transferencia positiva (en la psicoterapia psicoanalítica de apoyo).

El trabajo psicoterapéutico con pacientes con funcionamientos no neuróticos y tendencias a la actuación se complejiza en los encuadres psicoterapéuticos de atención remota. La impulsividad y baja tolerancia a la frustración generan dificultades para mantener dicho encuadre. Por otro lado, los elementos de la comunicación no verbal, que revelan la presencia de descomposiciones psíquicas, pueden ser más difíciles de detectar cuando paciente y analista no comparten el mismo espacio físico. Aunque algunos pacientes graves pueden mantenerse en tratamiento psicoterapéutico virtual, resulta indispensable contar con el apoyo familiar para diseñar estrategias de atención psiquiátrica en casos de urgencia.

La comprensión psicoanalítica puede mantenerse en los tratamientos psicoterapéuticos a distancia porque, como señalaba André Green, “cuando se dan pruebas de paciencia, tolerancia, tenacidad, confianza en el método y además se está animado por un real interés por los pacientes, terminan por producirse modificaciones que demuestran que algo se integró de esa relación psicoanalítica” (2003, p. 103). Sin embargo, es indispensable reflexionar sobre los alcances y limitaciones de la atención psicoterapéutica en línea.

En el Diplomado Psicoterapia de apoyo, esclarecimiento y tiempo limitado, psicoterapia psicoanalítica y psicoanálisis, estudiaremos el manejo de herramientas técnicas como encuadre, comprensión de la transferencia, contratransferencia, análisis de los sueños y las resistencias en los diferentes métodos de orientación psicoanalítica. Reflexionaremos sobre estos temas y pondremos especial énfasis en la manera en que tales instrumentos se adaptan al trabajo psicoterapéutico remoto.

 

Referencias

Camus, A. (1947). La peste. París: Gallimard Éditions.

Etchegoyen, H. (1986). Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Green, A. (2003). Ideas directrices para un psicoanálisis contemporáneo. Buenos Aires: Amorrortu Editores.