El paciente complaciente

Por Ana María Wiener

Como parte del programa de Doctorado, estudiamos a profundidad la escuela postkleiniana, la cual tiene sus fundamentos básicos en la teoría de Melanie Klein. Sin embargo, se caracterizan por hacer nuevas propuestas teóricas y técnicas que los ubica como uno de los grupos psicoanalíticos actuales más prolíficos. Un aspecto central de su trabajo es comprender el funcionamiento mental, estudiar cómo se pone en juego en la relación entre el paciente y el analista en el “aquí y ahora” de la sesión. El objetivo de estudio, la mesa de trabajo es lo que pasa entre ambos participantes. Se expresa como un mensaje con elementos verbales y no verbales. La función del analista no sólo es recibir la información que le transmite el paciente a través de distintos canales de comunicación, sino también, darle un significado emocional de acuerdo con la historia y aquellos aspectos inconcientes de la personalidad del sujeto. Para lograrlo, se necesita concentrar en percibir y detectar, no sólo lo que le pasa al paciente, sino a uno mismo también. Más que centrarnos en la asociación libre, como lo recomendó Freud, el interés de este grupo se centra en trabajar los rasgos del carácter, la forma de ser de los pacientes que se manifiesta en la manera en que se relacionan con las personas, incluido el psicoanalista. Los postkleinianos desarrollaron  grandes habilidades para detectar las motivaciones inconcientes más escondidas dentro de los trastornos del carácter. Los rasgos de carácter son muy difíciles de detectar en la sesión porque el paciente no los trae en el tema que relata. Sino que lo muestra en su manera de hablar, en cómo le discute al analista, cómo responde, qué tono de voz utiliza, etc. Y ese es el punto de urgencia a interpretar. Una de estas situaciones es la que sucede con el paciente complaciente que aparenta una actitud de colaboración cuando en realidad, no piensa, trata de dejar satisfecho al analista pero en el fondo no cambia porque no reflexiona sobre lo que le pasa. Sino que sigue al pie de la letra lo que le dice el analista.

En muchos tratamientos, esta situación (cuando el paciente, todo el tiempo acepta o accede a lo que le proponemos sin chistar, sin oponerse, sin discutir, sean cambios de horario, interpretaciones, etc.) pasa inadvertida para los especialistas y provoca un “pseudoanálisis”. Los postkleinianos sugieren que uno sintonice con todo lo que el paciente es y viene a ser al tratamiento para pensar en el sentido inconciente que tiene para él en su vida cada rasgo de su personalidad.

Cuando esta actitud complaciente se muestra en la sesión con el psicoterapeuta o con el analista, es cuando tenemos la oportunidad de averiguar las motivaciones y las fantasías inconcientes que los llevan a comportarse así, de lo contrario obstaculiza su desarrollo y progreso personal (Joseph, 2004; 102). Pueden contestarnos, “Sí, estoy completamente de acuerdo con lo que me dice”, o “sí, entiendo perfectamente”. Lo importante es distinguir entre el cooperar sincero del someterse y cumplir para complacer, para agradar al especialista. Britton (1998; pp. 82) dice que estos pacientes no son problemáticos y generan una atmósfera de que todo marcha tranquilamente. Michael Feldman (2009; pp. 177) los llama, “pseudo cooperadores” por la aparente cooperación. Piensa que al ajustarse a los deseos, necesidades y demandas de los otros, estas personas se sienten gratificadas porque los invade una sensación de triunfo y superioridad sobre los demás porque piensan que al cumplir y complacer, controlan al analista al provocar que éste se sienta contento porque el paciente “acepta” todo. Complacer es una especie de sometimiento aunque aparentemente, el paciente pretenda cooperar. Sin embargo, realmente es una apariencia porque el paciente no escucha ni comprende el sentido de la interpretación porque la intención es complacer al analista y estar de acuerdo con él, no pensar. Es un ajuste mecánico, casi plástico. La forma en que esto suele presentarse es que algunos pacientes hablan espontáneamente acerca de distintos temas, el psicoanalista interpreta, el paciente acepta y asocia de acuerdo con la interpretación para confirmarla. Se genera una atmósfera amistosa, como dice Betty Joseph (2004), pero sin ningún avance o cambio. Por ejemplo, un paciente puede comentar acerca de sus fuertes discusiones con sus padres o con su esposa, y en la sesión, mostrar total condescendencia con uno. No discute, no chista, no rechaza, no critica, no aparecen esos pleitos de los que habla. En otras ocasiones, podemos observar que el paciente repite exactamente lo que uno le interpreta, pero sin poder digerir el significado de las palabras. El trabajo analítico debe concentrarse en esta situación. El verdadero material de análisis es esta actitud condescendiente que se despliega en la transferencia-contratransferencia, en la relación con el analista.

Las ansiedades subyacentes son de distinta naturaleza. Encontramos ansiedades persecutorias, es decir, complacen por temor a que el analista los critique, los juzgue. Entonces, se muestran cordiales, amigables y esperan que uno esté satisfecho con ellos. Esconden su desconfianza y escepticismo (duda acerca de si el analista va a ser alguien que los ayude o que les haga daño). En este sentido, complacen para aplacar y apaciguar al otro y, trasmiten este mensaje, “yo acepto todo lo que usted diga para que no se enoje conmigo y esté tranquilo, para que no me haga daño.” Pero al hacerlo, pierden individualidad y opinión propia. Robert Caper (1997; 268) piensa que el complacer refleja la incapacidad que tienen ciertas personas para relacionarse con otros que son diferentes a ellos por lo que, al aceptar todo anulan cualquier diferencia, “pensamos igual”. No toleran que las otras personas piensen distinto a ellos. Su fantasía, en este sentido, es que desean que uno vea las cosas como ellos. Lograr una alianza entre paciente y analista en la que no se den conflictos. Si uno no está de acuerdo con ellos, se rinden, se someten y borran cualquier desacuerdo accediendo. Betty Joseph (2004; 104) supone que tratan de mantener una fusión narcisista con el analista en donde no haya desavenencias. Considera que la complacencia es una defensa que les permite no incorporar nada de nadie ni permite que uno tenga un contacto emocional profundo con ellos. Es imposible establecer un verdadero diálogo que pretenda llevarlos a comprender y contactar vivencias o experiencias dolorosas. Su falsedad (el acceder a todo), es defensiva y con ella manipulan silenciosamente al analista, lo engañan con una pseudo condescendencia. Quieren hacernos creer que están muy cómodos y contentos con su tratamiento y con nosotros, que nos aprecian y valoran lo que les decimos. Pero en realidad, no es así, se defienden, no toman nada de lo dicho, no se da ningún tipo de entendimiento o cambio. Siguen su propio camino y de esta manera, secretamente, frustran al analista y triunfan sobre él ya que no logran conocer su mente.  Controlan la manera de proceder del tratamiento para no entrar en contacto con su realidad psíquica.

 

Bibliografía:

Britton, Ronald. (1998). Chap. 7 “Complacency in analysis and everyday life”, en Belief and Imagination. Explorations in Psychoanalysis. Brunner-Routledge: London. Pp. 82-96.

Caper, Robert. (1997). A mind of one’s own. Int. J. Psychoanal., 78: 265-78.

Feldman, Michael. (2009). Chap. 10, “The defensive uses of compliance”, en Doubt, Conviction and the Analytic Process. Selected Papers of Michael Feldman. Edited by Betty Joseph. Routledge: London. Pp. 177-193.

Joseph, Betty. (2004). La complacencia como obstáculo. Psicoanálisis, APdeBA, Vol. XXVI, No. 1, págs. 101-115.

Riesenberg-Malcolm, Ruth. (1981). Chap. 6, “Technical problems in the analysis of a pseudo-compliant patient” en, On Bearing Unbearable States of Mind. Edited by Priscilla Roth (1991). Routledge: London. Pp. 113-124.