Algunas ideas del amor desde el psicoanálisis

Por Kerena Díaz

 “Amor” es una palabra común y constante en nuestro vocabulario. Decimos amar a otros, a nosotros mismos, al trabajo, a las mascotas, a nuestras cosas, etc. En la literatura, la televisión, el cine o nuestras canciones favoritas muchas veces se afirma que “el amor hace girar el mundo”. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto trabajo explicar qué es el amor? O, ¿cómo saber si amamos o no a alguien?

El amor es una de las emociones más complejas que podemos tener, pues suele acompañarse de sentimientos de vulnerabilidad y dependencia; puede brindar una gran felicidad pero, a la vez, quizá sea causa de dolor. Experimentar amor a menudo implica enfrentar y atravesar grandes dificultades con otras personas y con nosotros mismos. Cuán acertada resulta la metáfora sobre las difíciles batallas y pruebas que debían atravesar los caballeros para lograr el amor de las doncellas.

Podríamos también decir que hay diferentes tipos de amor que se manifiestan con distintas intensidades: cada uno posee una forma de amar y cada quien tiene sus amores. Sin embargo, todos guardamos la capacidad de amar; lo que cambia es con qué tanto amor nacemos, cómo se vive o desarrolla en cada persona y si otras emociones le ganan o lo dominan.

Un afecto que podemos observar con claridad en los bebés es el enojo, a través de sus llantos y de cómo golpean con sus puñitos cuando mamá tarda en darles de comer. Para que el bebé pueda amar, primero aparecerán algunas emociones que más adelante evolucionarán. El bebé inicialmente busca a alguien que lo haga sentir calientito, cómodo, calmado, satisfecho, que le quite el dolor y el hambre; parece no importarle quién lo haga, mientras le ayude a sentirse mejor. Poco a poco, el pequeño relaciona la sensación de seguridad con su madre o con la persona a su cargo, por eso llorará si no puede verla o si lo quiere cargar alguien más. ¿Será amor esa sensación de poseer a quien me hace sentir bien? Podemos hablar ya de amor cuando observamos que el niño se angustia porque mamá lo regaña, si le asusta que no regrese o no lo quiera más por haberse portado mal, si se preocupa porque la golpeó o le causó dolor, o cuando le comparte de su dulce favorito.

Entonces, el amor se identificaría con el sentimiento que surge cuando somos capaces de darnos cuenta de que hay un otro que nos preocupa igual o más que nosotros mismos, por cuyo bienestar nos hacemos responsables e, incluso, por quien no nos importa hacer sacrificios, ya que el solo hecho de verlo feliz nos compensa. Pero, ¿amar es ser sumiso, sufrir, solo dar y abandonarse uno mismo por el otro? Esta descripción corresponde a una forma como muchas personas entienden el amor. No obstante, con frecuencia son relaciones llenas de infelicidad, frustraciones, donde uno exige mucho y el otro no recibe nada, en las que alguien pierde o alguien gana, no se avanza; más bien, todo se desgasta y se acaba rompiendo.

El amor se da en función de otro, pero no como alguien separado, sino como otro con el que se hace pareja, con quien existe una unión que nutre y hace crecer a la pareja y al individuo. Ambas personas ofrecen, se impulsan, se ayudan avanzar y crean juntos. Una relación así se consigue si cada uno es capaz de aportar lo que le corresponde, si puede entender cuál es su función y su lugar, si cede y es capaz de recibir lo que el otro da, sabiendo que todo se hace para el bienestar y crecimiento común, así como de la pareja y de la familia. Para ello, es necesario renunciar al deseo de tener la razón, el poder o el control del otro. Es preciso ser humildes y modestos; poder ser feliz realmente a través de dar a otro. Por eso el amor es tan complejo, nos asusta, sentimos que nos deja vulnerables, pues exige hacer a un lado el orgullo y la arrogancia.

En ocasiones, cuando creemos hacer algo por amor, tal vez lo que nos impulse sea una mezcla de sentimientos más primitivos o infantiles (enojo, posesividad, celos, rivalidad, envidia, miedo). Incluso, podemos llegar a dudar si somos capaces de llevar a cabo una tarea tan compleja como es amar. Sin embargo, también es cierto que siempre oscilaremos entre el amor y muchas otras emociones, no hay sentimientos puros y completamente definidos. Esto es parte de la vida misma, ya que no se trata de mantenerse en una posición amorosa de forma permanente, es demasiado doloroso y difícil. El elemento clave es cuáles emociones y pensamientos predominan en nuestra mente, pues a pesar de que se comentan actos contrarios al amor y el bienestar, todos los seres humanos ‒aún en las circunstancias más difíciles‒ somos capaces de amar.

Entonces, será una tarea personal reconocer cuáles son los rasgos, emociones y experiencias que prevalecen dentro de nosotros y tratar de comprenderlos, porque una condición fundamental para el amor es la capacidad de hacernos responsables, así como demostrar interés y fortaleza para reparar lo que sea necesario.

Referencias 

  • Freud, S. (2008). “Pulsiones y destinos de pulsión”. En Obras completas, tomo 14, (pp. 105-134). Buenos Aires: Amorrortu.
  • Klein, M. (2013). “Amor, culpa y reparación”. En Obras completas, tomo 1, (pp. 310-345). México: Paidós.
  • Meltzer, D. (2004). “Sexualidad adulta polimorfa”. En Estados sexuales de la mente, (pp. 139-142). Buenos Aires: Kargieman.