Archivos mensuales: mayo 2017

adopcion

¿Hablar o no, con un niño sobre su adopción?

Por Víctor Ruíz

En especial, cuando la adopción se realizó antes del primer año de vida, es común que los padres adoptivos consideren la posibilidad de no hablar al hijo sobre su origen biológico y el proceso de adopción. Temen que genere emociones negativas, o que se interese por saber de sus padres biológicos, éstas y otras fantasías los llevan a negar ese ‘saber’.

Al respecto D. Winnicott, psicoanalista inglés, consideró que los niños poseen una habilidad para llegar a conocer los hechos, y si comprueban que la persona en quien han confiado los engañó, esto les preocupará más que lo que hayan descubierto.

“Los hechos están bien porque son los hechos; lo terrible es no saber si algo es un hecho, una fantasía o un misterio.  Es absolutamente necesario que se les diga a los niños adoptivos cuáles fueron los hechos de su vida; tienen que tener respuestas cabales y ser ayudados para que formulen las preguntas adecuadas.

El problema radica en el misterio y la mezcla consecuente de los hechos con la fantasía, así como en la carga potencial que lleva el niño de las emociones de amor, ira, horror, asco, siempre inminentes pero que nunca se experimentan. Si la emoción no es experimentada, jamás se la puede dejar atrás”.

 

Fotografía de Martine Franck titulada ‘Children’s Library Built’

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¿Sabías que Frida leyó a Freud?

Por Víctor Ruíz

No solo lo leyó, realizó una pintura inspirada en uno de sus textos.

En 1943, José Lavín, amigo de Frida, le compartió el texto de Freud: ‘Moisés y la religión monoteísta’ y le pidió hiciera su propia interpretación. Frida quedó fascinada por el libro, la pintura fue el resultado de solo tres meses de trabajo.

En una entrevista publicada en 1945, Frida mencionó:

“Leí el libro una sola vez y comencé a pintar el cuadro con la primera impresión que me dejó. Debo confesar que al releerlo encontré el cuadro muy incompleto y bastante distinto a lo que debería ser la interpretación de lo que Freud analiza tan maravillosamente en su Moisés. Lo que yo representé en mi cuadro es el nacimiento del héroe, pero generalicé a mi modo, de manera confusa, las partes del libro que me causaron mayor impresión. Lo que quise expresar más intensa y claramente es la razón por la cual la gente necesita inventar o imaginarse héroes o dioses; yo creo que es por el puro miedo a la vida y a la muerte”.

La pintura llamada ‘Moisés’, también conocida como ‘núcleo solar’ y ‘nacimiento de un héroe’, es una obra que resalta en el trabajo de la artista, ya que contrasta con sus autorretratos y las imágenes autobiográficas. Kahlo plasmó las figuras históricas mencionadas por Freud, y le sumó otras no incluidas por este, entre las que no podían faltar las prehispánicas en conexión con la propia historia mexicana de la artista.

Te compartimos el enlace donde encontraras la entrevista que Frida concedió en 1945 y la explicación detallada que hace de todos los elementos de su pintura en relación con la lectura que realizó de Freud.

http://www.proceso.com.mx/134191/el-moises-de-freud-en-version-de-frida-kahlo

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Licenciatura en Psicología

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Si deseas conocer más del Centro Eleia y nuestros planes de estudio, te invitamos a nuestras PLÁTICAS INFORMATIVAS. La plática informativa es una sesión de hora y media donde podrás conocer el perfil del profesionista en psicología, su vida laboral y académica. Además, podrás tener un panorama acerca de cómo impartimos nuestros programas académicos, cuáles son los objetivos del plan de estudios y los requisitos para formar parte de nuestro alumnado.

Fechas de próximas pláticas:

11 de julio, Plantel Norte, 16 hrs. Licenciatura en Psicología. Inscríbete aquí a la plática

12 de julio, Plantel Sur, 16 hrs. Licenciatura en Psicología Inscríbete aquí a la plática

22 de julio, Plantel Sur y Norte, 10 hrs. Licenciatura en Psicología Inscríbete aquí a la plática

 

11 de julio, Plantel Norte, 18 hrs. Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica Inscríbete aquí a la plática

12 de julio, Plantel Sur, 18 hrs. Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica Inscríbete aquí a la plática

 

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Fecha de próximo curso:

10 de junio de 2017, de 10:00 a 13:00 hrs.

(El curso dura 3 sábados consecutivos)

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La dependencia del objeto-alcohol.

Por Miguel Eduardo Torres Contreras.

La vida como nos es impuesta, resulta gravosa: nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles. Para soportarla, no podemos prescindir de calmantes. Los hay, quizá de tres clases: poderosas distracciones…satisfacciones sustitutivas…y sustancias embriagadoras…El método más tosco, pero también el más eficaz, para obtener ese influjo es el químico: la intoxicación.

Freud. El malestar en la cultura.

En los últimos cien años el consumo de sustancias psicoactivas (SPA) se ha ido convirtiendo, sobre todo en Occidente, en un problema de salud pública. Las investigaciones recientes desde diversas disciplinas, especialmente en los últimos 30 años, nos aportan conocimientos para la comprensión y tratamiento de quienes padecen una dependencia de sustancias psicoactivas. Se ha definido la dependencia o adicción como el “estado psicofísico causado por la interacción de un organismo vivo con un fármaco, alcohol, tabaco u otra droga, caracterizado por la modificación del comportamiento y otras reacciones que comprenden siempre un impulso irreprimible por tomar dicha sustancia en forma continua o periódica, a fin de experimentar sus efectos psíquicos y a veces para evitar el malestar producido por la privación” (NOM-028-SSA2-2009)

La situación en México tiene ciertas particularidades que es preciso tomar en cuenta para lograr una comprensión basada en información con solidez científica y no en opiniones, tal vez de buena fe, pero que carecen de sustento. En efecto, en los años recientes se ha enfocado mucho la atención en las SPA ilegales (marihuana o cocaína por ejemplo) y se ha dejado de lado el consumo y dependencia de las SPA legales, particularmente el alcohol. ¿De qué dimensión es el reto en cuanto a la dependencia del alcohol? De acuerdo a la última Encuesta Nacional de Adicciones (ENA, 2011), en México hay poco más de medio millón de adolescentes (12-17 años) y 4.3 millones de adultos (18-65 años) dependientes del alcohol.

Una de las preguntas frecuentes que la gente se hace es acerca de la etiología (las causas) de la dependencia del alcohol, y en general de las adicciones. Hoy en día se afirma que es un trastorno de origen multifactorial, es decir, no hay una causa única que origine la dependencia de tal sustancia sino un conjunto de factores que provocan dicho trastorno. Esta multiplicidad de factores inciden y se hacen presentes en tres elementos que subyacen en toda adicción: un sujeto, una sustancia psicoactiva y un contexto. Cada uno de estos tres elementos, con su propia complejidad, interactúan entre sí de diversa manera en el proceso que da por resultado una adicción. Esto explica que las adicciones sean un trastorno sumamente complejo, y por lo tanto, haya diversos enfoques tanto en su comprensión como en su tratamiento. Tal complejidad también hace que se requiera de diversos abordajes para su tratamiento: médico, psiquiátrico, psicológico, reeducativo, etc.

Aunque hoy en día, sobre todo en México, la psicoterapia más usada en el tratamiento de la dependencia del alcohol no es la psicoterapia psicoanalítica, mucho menos un psicoanálisis “clásico”, la teoría psicoanalítica sí brinda una excelente ayuda para comprender el funcionamiento psíquico de quienes tienen una adicción. Más aún, desde un enfoque psicoanalítico se afirma  que el consumo exagerado de una SPA, en este caso del alcohol, no causa por sí mismo una adicción. En efecto, el consumo excesivo del alcohol es resultado de una problemática previa que la antecede, es decir, no es la causa sino la consecuencia (Radó, 1933; Barriguete, 2005). En términos freudianos se puede decir que es el síntoma. En otras palabras, no es que el sujeto “cayó en las garras del alcohol”, sino al revés, el alcohol cayó “en las garras” de un sujeto con cierto funcionamiento psíquico y que lo va a utilizar para tolerar y enfrentar situaciones que le generan un gran dolor mental.

Si bien Freud no se interesó en gran medida por comprender y explicar de manera sistemática las adicciones, sí hizo algunas referencias sobre las mismas. En el segundo ensayo, La sexualidad infantil, al hablar del chupeteo, Freud afirma que en ciertos sujetos, debido a una disposición constitucional, el valor erógeno de la zona de los labios aumenta: “Si éste persiste, tales niños, llegados a adultos,…tendrán una potente motivación intrínseca para beber o fumar” (Freud, 1905, p. 165). Hay pues, un factor constitucional vinculado a la primera fase del desarrollo psicosexual, sin embargo, ello no explica por qué un sujeto deviene en dependiente del alcohol. En otras referencias dentro de sus escritos, el fundador del psicoanálisis entiende la adicción como un sustituto del objeto sexual. En otras palabras, el objeto-alcohol deviene en objeto sexual; aquél es usado para lograr una satisfacción placentera y con ello hacer valer de manera  permanente el principio de placer en detrimento del principio de realidad. En Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (1912), al hablar de la relación del bebedor con el vino, Freud hace notar como la poesía ha comparado la satisfacción tóxica con la satisfacción erótica. Una satisfacción erótica que, desde la perspectiva freudiana, es sucedánea de la masturbación. Esto implica, a su vez, que en la adicción hay un fuerte componente narcisista: la ilusión de que se obtiene la satisfacción placentera por sí mismo mediante la manipulación del objeto-alcohol, y sin la necesidad de establecer un vínculo afectivo con un objeto-persona, con todas las vicisitudes que ello implica.

Años después, diversos psicoanalistas han reflexionado y profundizado sobre la comprensión de las adicciones desde diversos modelos teóricos psicoanalíticos. Sigue siendo un gran reto hacer que este conocimiento desde la perspectiva psicoanalítica pueda ser articulado con los diversos programas de tratamiento para personas que padecen de una dependencia del objeto-alcohol.

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Cuando tomar distancia es una forma de optar por la vida

Por Yolanda del Valle

En las experiencias de intimidad es indispensable la cercanía para que el amor se consolide hasta formar una unidad: tú y yo somos uno y lo mismo. Más adelante se impone el deseo de tomar distancia para fortalecer la sensación de ser distinto: tú eres tú y yo soy yo. Dejar de ser uno y lo mismo hace posible sentir los límites de la propia piel.

Acercarse y separarse es un movimiento continuo y saludable que atraviesa la vida entera y participa en la construcción de la historia personal. Pero también es ahí donde surgen dos formas opuestas de tentación que provocan conflicto: el impulso por prolongar las mieles del pegoteo y el deseo por alargar la distancia hasta transformarla en ruptura. Se trata de un conflicto que suele acompañarse de angustias agónicas cuando se le lleva a un extremo. En la cercanía: “Si continúo aquí, me muero”; en la separación: “Yo muero si no estás”. Sensaciones de asfixia insoportable o de posible extinción del vínculo.

En psicoanálisis identificamos las terribles consecuencias de la fusión que se prolonga, las funestas consecuencias de quedarse atrapado en uno u otro de los extremos, o la construcción de la propia identidad como mellizaje de cuerpos soldados: somos uno y lo mismo, que se transforma en la forma de ser en toda relación amorosa.

Pero también reconocemos en psicoanálisis la importancia de esta danza de cercanía y distancia que se da a lo largo del tiempo, así como la enorme dificultad que implica alejarse lo suficiente para alcanzar un punto donde el yo no quede aprisionado, ni distorsione al objeto salpicándolo de sus propias deficiencias o culpabilizándolo de aquello que únicamente le incumbe a él. Esto significa reconocer al otro como es y no como necesito que sea.

De esa manera culmina el desarrollo de la libido en el modelo genético de Freud, que inicia con la inexistencia del otro y la obtención de placer a partir del propio cuerpo, para pasar luego a reconocer a ese otro, segmentado, gozando de la delicia de devorarlo, destruirlo o controlarlo, hasta amarlo y odiarlo reconociéndolo en su totalidad.

Echar abajo la fusión inicial es, entonces, la condición absoluta para descubrirse uno mismo y reconocer al objeto como tal. Sin embargo, la eliminación de dicha fusión para dar paso a la aparición de dos seres diferentes sólo es posible si se efectúa de manera amorosa, confinando los aspectos destructivos. Es el mecanismo indispensable para que las pequeñas y las grandes separaciones cumplan su cometido.

En el trabajo analítico con un paciente, Rubén, me fue posible observar este contraste. Después de intentar sin éxito en varias ocasiones salir de su casa para compartir un departamento con sus amigos, empezó a sentir una impotencia “que lo enloquecía” y buscó tratamiento.

Hacía algunos años que ya no toleraba estar en la casa paterna, donde compartía una reducida habitación con dos hermanos mayores y tres menores. Las peleas con el padre, violento y abusivo, se multiplicaban; su madre era indiferente, inabordable, como una extraña; el alcoholismo del hermano mayor provocaba escenas y conflictos que los enemistaron con los vecinos. Rubén conseguía salir adelante en sus exámenes gracias a su inteligencia y su gran capacidad retentiva, pero tenía muy claro que su aprovechamiento de la carrera era sumamente precario. Ocho meses después de iniciar su tratamiento, había comprendido algunos de los motivos internos que le dificultaban salir de casa, así que decidió volver a intentarlo, “porque ahora sí cuento con pleno conocimiento de causa”. Sin embargo, aunque logró separarse físicamente de su familia, su problema en la relación de intimidad con los objetos se mantenía intacto. Resolverlo le llevó varios años de trabajo analítico. Su emancipación sólo fue posible cuando estuvo comandada por objetos internos buenos y fortalecidos, resultado de una labor fundamentalmente amorosa que transcurrió acompañada por un duelo desconsoladamente vivido.

Todo movimiento hacia adelante, hacia el descubrimiento, hacia la conquista de algo más, hacia una mejoría, para subir un escalón más en el desarrollo, demanda un sin fin de separaciones idealmente ligadas a la pulsión de vida. Para lograrlo, nuestra mente tiene que vérselas con el repudio que provoca separarse de lo ya aprendido, con la atroz resistencia a pensarlo, con la obstinada tendencia a la simplificación, a la pasividad y al no esfuerzo. Esta dificultad se manifiesta respecto al lugar donde se habita, a la forma de pensar y concebir el entorno, a las distintas formas de relación con las personas, a las rutinas… Se trata de una dictadura interna que confisca el deseo de proseguir porque implica una toma de conciencia que incomoda, hasta duele, y demanda la separación de algo a lo que nos apegamos.

La pulsión de muerte es lo que quiere destruir, lo que quiere deshacer, lo que se opone a los intentos de ligadura de Eros: es la desligazón. Constituye, entonces, todo aquello que en el aparato psíquico pone obstáculos a una evolución hacia algo más aceptable. (Green, 2013).

Una etapa infértil que se prolonga o una forma de relación de objeto que impide el desarrollo, dar vueltas concéntricas que anclan en la esterilidad y mantienen una forma de asesinar el tiempo, bien puede ser expresión de la pulsión de muerte, porque la procrastinación, la inercia, la inmovilidad o la pasividad, pueden relacionarse con la autodestrucción.

A lo largo de su vida, Alicia se ha mantenido en una sosegada medianía a la que una de sus amigas llama: “hibernación” o “congelamiento”. Prolongó dos insatisfactorias relaciones de pareja que le impusieron mucho sufrimiento y en ninguno de los casos fue ella quien la dio por terminada. Por otra parte, sostuvo durante muchos años a una empleada doméstica que robaba, rezongaba quejosamente por cualquier cosa y realizaba un trabajo deleznable; después de más de diez años fue su hija quien tomó la decisión de despedirla. A la fecha, Alicia se muestra reacia para cambiar de médico a pesar de que éste cometió algunos errores que prolongaron una enfermedad que mermó su salud durante un buen tiempo; tampoco piensa en pedir a su jefe un aumento o un cambio de puesto, sino que desechó dos ofertas que le hizo la empresa en ese sentido. También se mantiene apegada a objetos y situaciones que pueden no ser trascendentes pero requieren de su tiempo y de su cuidado. Despreció una oportunidad estupenda para cambiar de casa que, como una forma de ayuda, le brindaba su hermano. Se aferra a sus viejos muebles, mantiene la recámara de sus hijos intacta pese a que ya no viven en casa. Abrieron un nuevo centro comercial con mejores productos que los que se consiguen en la tienda cercana a su casa, pero ella alega que le es fiel a lo que le ha servido durante tantos años. ¿Para qué hacer cambios si todo está bien así? Y, contrario a lo que pudiera suponerse, en Alicia no priva el placer por el sufrimiento. No goza al pasarla mal, pero no parece interesada en que le vaya mejor, le es indistinto. Es como si se encontrara sumergida en el confort del vientre materno y toda su vida girara en torno a mantenerse allí.

La pulsión de vida se manifiesta desde los orígenes en la relación del bebé con la madre, con quien le será absolutamente indispensable fusionarse. Sin embargo, más adelante, será totalmente necesaria la desunión. La unión y la desunión pueden ser, ambas, expresión de vida.

Cuando la separación es un movimiento hacia la emancipación, hay un despliegue de la identidad propia, un ensanchamiento del horizonte en cuanto a ideales, proyectos, conocimiento, metas. De esa manera se manifiesta la pulsión de vida. En un proceso que se va dando a lo largo del tiempo, desde aquella primerísima experiencia vivida con la madre hasta transformarse en una disposición personal a establecer lazos fuertes y amorosos con objetos y a desvincularse cuando la separación o el distanciamiento es condición sine qua non para alcanzar un objetivo ligado a un fin superior.

La vida se hace patente como expresión de la pulsión que Freud llamó Eros: pulsión de vida o pulsión de amor, que une, junta, vincula, acopla, ensambla, conecta, con otro. Es el lazo amoroso que despliega sus dones. Sin embargo, en el psicoanálisis contemporáneo se le atribuye una función más compleja y extensiva: más allá de entrar en relación con los objetos, podemos crearlos. Función objetalizante, llama Green a esta capacidad personal para crear objetos. Esta función nos permite apreciar los alcances de la pulsión de vida, al transformar en objeto a las mismas funciones psíquicas cuando éstas han sido investidas de manera significativa. Si conocer es una función de la psique a la que he investido significativamente, conocer es, en tal caso, un objeto interno con significados específicos.

¿Qué es nuestro oficio sino un objeto entrañable, cuando cultivamos a través suyo un sentido esencial de nuestra vida?

Nuestro funcionamiento, en cuanto sujetos, no es resultado exclusivo de la influencia de los objetos. Es, asimismo, consecuencia de la creación de objetos. Creamos objetos a lo largo de nuestra vida. (Green, 2013).

Frente a las vicisitudes por las que hay que atravesar para salir delante de la mejor manera en la relación con los otros y en el compromiso con la propia persona, el esfuerzo y el placer que supone la creación de objetos se le ofrece al yo como un canto a la vida.

El dibujo como herramienta de comprensión psicoanalítica

Por Fernanda Chávez

En la terapia infantil se emplean los dibujos de los niños como una importante herramienta que favorece la comprensión de su mundo interno. Los dibujos, concebidos como una expresión del juego, se construyen gracias a mecanismos proyectivos y disociativos que posibilitan la comprensión del conflicto psíquico y también, como Klein (1929) apunta, permiten el uso de la fantasía, incrementan el contacto con la realidad interna y externa y reducen la ansiedad.

Melanie Klein pone énfasis en cómo el niño proyecta sus fantasías a través del juego por medio de los mecanismos de proyección y desplazamiento. En el juego de los niños ‒y, por supuesto, también en varias formas de funcionamiento de los adultos‒, se puede observar la externalización de imagos internas. Estas figuras se observan tanto en el juego analítico como en el dibujo psicoanalítico. En el juego, el niño puede mantener una tregua con el conflicto psíquico gracias a los mecanismos de disociación y proyección: “El conflicto psíquico se hace así menos violento y puede ser desplazado al mundo externo” (Klein, 1929, p. 211). Al comprobar en la realidad que el conflicto psíquico, con su propia carga de ansiedad y culpa, puede ser resuelto, se disminuye la angustia. Para Klein, el juego funciona como un puente que une al mundo psíquico con la realidad. Esta idea se relaciona con la propuesta de Winnicott (1971) acerca de que el juego representa la posibilidad de ser en el espacio transicional, entre la fantasía del niño y la realidad.

Klein (1929) señala que el progreso analítico en el juego de los niños se puede observar cuando se levanta la represión, se liberan las fantasías, se enriquece la expresión lúdica y, por lo tanto, el niño se vincula mejor con la realidad externa; este contacto con la realidad se desarrolla tanto en cantidad como en cualidad.

Dentro de la materia Supervisión Colectiva, la cual forma parte del programa de Doctorado en Clínica Psicoanalítica del Centro Eleia, analizamos el dibujo de Carolina, una niña de 6 años que llegó a tratamiento porque presentaba enuresis y auto-estimulación masturbatoria compulsiva. Con la orientación de la Dra. Elena Ortiz, exploramos algunos de los posibles los sentidos que tiene un dibujo de Carolina y logramos comprender mucho sobre sus síntomas y su situación emocional.

Carolina es la mayor y tiene tres hermanos varones, uno de 4 años, otro de 3 y el más pequeño de 6 meses. La masturbación comenzó a aparecer un año antes de llegar a terapia, lo hacía en casa con frecuencia, su mamá estaba muy al pendiente y la regañaba mucho. También ha presentado dificultad para dejar el pañal en la noche, recién lo hizo a los 5 años y en el día lo dejó desde los 3 años, pero sigue teniendo “accidentes” hasta 3 o 4 veces al día, asunto que afecta significativamente a ambos padres.

La madre comenta que solía ser muy estricta con Carolina cuando era más pequeña, pues no quería tener una niña berrinchuda. Cuando la niña cumplió 2 años, se dio cuenta de que le temía, así que relajó su trato con ella. Menciona que durante el mes que la amamantó, la bebé agarraba con mucha fuerza el pecho y la lastimaba mucho. Ella trabajaba de tiempo completo cuando nació la niña, por lo que la dejaron al cuidado de su nana. Refiere que le ha costado identificarse con el rol de madre. Cuando nació su segundo hijo, renunció a ese trabajo de tiempo completo para poder atenderlos. Hoy tiene un negocio propio y les dedica más tiempo a los niños. Percibo en la madre miedo a la sexualidad de Carolina. El padre, por su lado, regaña y castiga a Carolina; le ha llegado a pegar porque no deja de hacerse pipí.

La pequeña asiste a clases de gimnasia y karate, mientras que en la escuela practica atletismo y natación. Tiene un muy buen desarrollo escolar, es muy exigente consigo misma, le gusta hacer las cosas bien y no descansa hasta que no le salen como ella desea. Refiere tener amigas en la escuela, en su club y con amigos de sus hermanos. Fuera de sus dos síntomas específicos, Carolina es una niña muy bien adaptada y exitosa.

Me da la impresión de que Carolina se ve excedida por las demandas. La madre desea que se comporte como una niña más grande. El síntoma es llamativo porque pone en tela de juicio lo “impecable” en el resto de sus áreas de funcionamiento. Identifico dos aspectos de la personalidad contrapuestos: la niña estrella en la escuela, en el deporte y en lo social y, por otra parte, la nena que rompe el orden y las buenas costumbres con su masturbación y la orina.

En la terapia, Carolina pregunta constantemente si recibo a otros niños, cuántos son y a qué juego con ellos. Le gusta esconder los tesoros que trae; me pide que cierre los ojos mientras los oculta y dibuja mapas para que los encuentre: “El tesoro son joyas que descubro en mi cama y se lo muestro a amigas”. Los tesoros también son “un poder súper especial para convertir a todos en superhéroes” y le interesa que todos tengan la misma joya que ella tiene. Suele sacarse los zapatos, se sube a los sillones y brinca de sillón en sillón.

Durante algunas sesiones, Carolina hizo el dibujo que se muestra en la figura A. Primero trazó en el centro la litera con su cama, donde ella duerme. Hay cuatro elementos sobre la misma: las almohadas (centro y lado izquierdo), el libro-almohada que le regaló su mamá de la película Intensamente (lado derecho) y su león de peluche (abajo). Posteriormente dibujó la cama superior de la litera (en alguna entrevista, la mamá mencionó que Carolina tenía prohibido subir a esa cama). Después dibujó a una niña haciéndose pipí en la cama de arriba (la prohibida); luego dibujó el sillón (lado izquierdo), la televisión (abajo y al centro) y comentó que es el sillón donde se sienta a ver Scooby Doo. Trazó (lado derecho) el control remoto y las escaleras de la litera. Siguió dibujando a varias niñas: la que se echa pedos en el sillón, la que vomita, la que está babeando, la que tiene diarrea y popó y, finalmente, la que tiene mocos escurriendo de la nariz.

Cuando le pedí que me contara una historia sobre el dibujo, Carolina solicitó que le dijera porras: “Dame una pe, dame una i, dame una pe, dame una i. ¿Qué dice?”. Y había que gritar: “¡Pipí!”.  Hicimos lo mismo con el resto de las sustancias excretoras.

Este es un dibujo sumamente significativo en muchos sentidos. Podemos pensar que Carolina manifiesta su enojo hacia la cama prohibida: hay una nena que la orina. Es muy probable que este lugar no sólo represente la litera de su recámara, sino un espacio mucho más importante, otra cama prohibida que es la de papá y mamá, que parece haberse convertido en una fábrica interminable de bebés. Es posible que después de tres hermanos, Carolina esté muy preocupada, celosa e inquieta por la llegada de más bebés.

Evidentemente, el dibujo guarda una relación estrecha con el síntoma. Se podría pensar e interpretarle a Carolina que las nenas tienen prohibido subir a estas camas donde se hacen bebés. La prohibición provoca enojo, sentimientos de exclusión y celos; entonces, es ahí donde dan ganas de hacerse pipi, popó, vómito, eructo, diarrea, moco.

Carolina hace un esfuerzo enorme por complacer a papá y mamá en su vida cotidiana, pero hay otra parte de ella que revienta de celos por la exclusión. Se siente excluida de la vida de pareja que papá y mamá tienen dentro de su cama, de los bebés que imagina que ahí se gestan y de los privilegios que tienen los hermanos menores. Quizá siente que estas emociones la rebasan, no sabe qué hacer con ellas. Además, se suma lo abrumada que puede estar por la sobre exigencia de los padres.

Es importante que la pequeña comprenda que viene a la terapia a tratar de entender estas emociones. Las ganas de destruir a los bebés que se hacen en la cama de papá y mamá, se le pueden interpretar como: “A los hermanitos se les quiere, pero también se les tiene enojo. A veces dan ganas de desaparecerlos echándoles pipí y caca”; o: “Dan ganas de que la pipí, los mocos, el vómito y la caca vayan sobre esa cama prohibida de papá y mamá en la que se hacen los bebés, para que ya no haya más”. Todo eso, por supuesto, es necesario mostrarlo desde su óptica, a partir de cómo ella lo vive y transmitiéndole que es natural que tenga esas emociones, que no es mala y que después se queda muy preocupada por sus hermanos y padres. Incluso, la gran exigencia y las defensas obsesivas que tiene por hacer todo esmeradamente bien, son una manera de compensar y controlar estas emociones agresivas. Carolina se liberará mucho al ir entendiendo toda esta dramática interna.

Existe un elemento muy positivo en el dibujo, pues hay un continente mental: las almohadas reflejan la comprensión de las emociones (la película Intensamente precisamente trata sobre entender los sentimientos). La almohada-cabeza es el lugar donde las emociones se reciben y se pueden procesar, se pueden pensar junto con la terapeuta. Se le puede decir que esa almohada es donde pone la cabeza para pensar, como lo hace conmigo en terapia, sobre sus celos, su enojo, la culpa y otras emociones que la abruman.

Los teóricos que estudian la mente infantil nos transmiten valiosas aportaciones, herramientas y técnicas para trabajar con el dolor y los síntomas de los niños. A través del dibujo, Carolina puede proyectar sus emociones y crear un espacio entre la realidad y su fantasía interna. Por medio del trabajo terapéutico se le puede ayudar a identificar sus propias emociones, a comprenderlas y a acercarse a ellas con mayor naturalidad y equilibrio, de un modo que no sean tan perturbador. El objetivo es que los afectos expulsivos y violentos jueguen un papel más armonioso, que le permitan disminuir sus síntomas, gracias a la comprensión de sus fantasías y sus sentimientos en una labor en conjunto con su terapeuta.

Referencias

Klein, M. (1929). “La personificación en el juego de los niños”. En Amor, culpa y reparación. Obras completas, tomo I, (pp. 205-214). Barcelona: Paidós.

Winnicott, D. W. (1971). Realidad y Juego. Barcelona: Gedisa.

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Sobre la sexualidad femenina

Estamos a pocos días de dar inicio a las Jornadas 2017. Como ya hemos anunciado, en esta ocasión destacados psicoanalistas, psicoterapeutas y profesionistas de otras disciplinas nos ocuparemos de estudiar la sexualidad, uno de los ejes fundamentales del psicoanálisis. Aquellos interesados en explorar la complejidad y el dinamismo de los estados sexuales de la mente se verán beneficiados por la oportunidad de escuchar ponencias y comentarios de materiales clínicos en torno a una variedad de trastornos y síntomas relacionados con los conflictos sexuales, así como los aspectos maduros, creativos y profundos de la vida emocional de los seres humanos.

Uno de los temas de actualidad que nos interesa estudiar es el de la sexualidad femenina. El objetivo de esta nota es esclarecer cómo ocurren los procesos de subjetivación y cómo la construcción de la sexualidad se forma en una red de experiencias tempranas, fantasías, deseos, identificaciones e ideales colectivos. Una mirada compleja sobre lo femenino incluye todas estas áreas: la biológica, la psicológica y la sociocultural;  ver si se pueden integrar y ser consideradas dentro de una sesión psicoanalítica.

El Centro Eleia tiene como base epistemológica el principio de “complejidad” desarrollado por Edgar Morín, junto con la concepción de W. R. Bion sobre la verdad y la vida mental como un mundo de significados múltiples e infinitos. Estas ideas y las de otros autores fueron retomadas y ampliadas por los fundadores de Eleia, Celia Leiberman y Norberto Bleichmar, en su propuesta del cubismo teórico-clínico y de las interpretaciones complejas. Ambos piensan, inspirados en Meltzer, que el psicoanálisis es una práctica artística, en la que hay que estudiar teorías contradictorias y pensar en puntos de intersección, abandonando la idea de un pensamiento unitario, simple, ordenado y lineal. Siendo así, estudiaremos a Freud y los desarrollos posteriores, los autores clásicos, los modernos y los contemporáneos, para ofrecer una visión amplia de la sexualidad femenina. Lo que cada autor aporta no se puede generalizar a todas las mujeres, sino que es una aproximación para intentar comprender lo misterioso y enigmático de su sexualidad.

Freud nos advierte que lo femenino y lo masculino son categorías de contenido incierto. Propone un acercamiento al tema, señalando que aún queda mucho por explorar y pensar. Revisaremos con ejemplos de sesiones y sueños algunas de sus propuestas con relación a la feminidad, como algo opuesto a lo masculino y que no tiene identidad intrínseca. Piensa en la niña frustrada, con ansiedad de castración y envidia al pene; considera a la maternidad como una manera de resarcir dicha herida y como máxima expresión y resultado de su elaboración.

Expondremos los brillantes aportes de Melanie Klein y su utilidad para la clínica. Al igual que Ernest Jones, la autora piensa que la sexualidad femenina es primaria, no secundaria, ya que la mujer tiene conocimiento de su cuerpo desde muy pequeña. Aunque Freud advierte la importancia de la etapa preedípica, las teorías de Klein sobre el Edipo temprano dan pie para pensar que algo de la sexualidad está conectado con la madre en sus niveles más primarios; asimismo, nos habla acerca de las fantasías que tiene el niño sobre el interior del cuerpo materno, incluyendo los conceptos de agresividad y culpa que causan inhibiciones y detenciones en el desarrollo sexual, e introduce los conceptos del amor, la reparación, la gratitud y la integración como elementos indispensables para la evolución de la sexualidad genital.

Por otro lado, en estas Jornadas revisaremos las propuestas de varios analistas que retoman la importancia que da Klein a los contactos emocionales que no tienen símbolo lingüístico. Piera Aulagnier y Julia Kristeva proponen que antes del lenguaje hay algún tipo de vivencia pulsional, una experiencia emocional en la feminidad, que es anterior al código lingüístico. La madre impregna la sexualidad y el género en el contacto emocional que establece con su bebé. Es un campo afectivo que trasmite a través de la piel, de la voz, el ritmo y el tono que otorgan sentido a la vida humana, aunque no se pueda expresar por medio de palabras.

Exploraremos las diferentes variaciones y formas de la feminidad: la bondad, el erotismo, la receptividad, el amor, la pareja, la maternidad, los logros artísticos, científicos y profesionales de las mujeres. Del mismo modo, abordaremos las expresiones de la patología: ansiedades en el cuerpo, miedo a la penetración, dificultades en el orgasmo, infidelidad, el temor al embarazo y el placer a través del sufrimiento. Una situación frecuente en la consulta son aquellas mujeres que quedan enclaustradas en la familia, sin pareja, por intensas ansiedades de separación y por emociones provenientes del Edipo.

Reflexionaremos sobre el tema de género, que se ha difundido mucho en los últimos años. Comenzó fuera del campo del psicoanálisis, en las áreas sociales (antropología, política, entre otras) y médicas. John Money (1955) y Gayle Rubin (1975) definen la diferencia entre sexo y género, dicen que el sexo es dado por la anatomía y el género queda asociado a la construcción cultural, a los ideales colectivos. La construcción de identidad femenina y masculina se da por valores que se trasmiten desde la familia y la sociedad, en los roles identificatorios construidos desde la infancia e, incluso, antes del nacimiento. Los estudios de género tratan de contrarrestar la idea que hay algo inherente en ser mujer u hombre, determinado por cromosomas y hormonas, que constituye la esencia de lo femenino y lo masculino.

Dentro de los desarrollos actuales más destacados sobre la sexualidad femenina, encontramos los trabajos de Leticia Glocer: Lo femenino y el pensamiento complejo (2001) y Presentaciones cambiantes de la sexualidad (2010). La autora propone comprender la subjetividad femenina a partir de un esquema que incluye todos los campos: lo arcaico femenino maternal, el deseo, la elección de objeto, la importancia del género y los ideales de la feminidad.

Frente a los conflictos y debates actuales de la sexualidad, el psicoanálisis no pretende tener una postura moral, pero tampoco una escucha indiferente. Su campo de observación y acción es la sesión, en donde la vida mental de una persona debe ser comprendida a profundidad en la intimidad de la sesión. En las mesas clínicas tendrán la oportunidad de escuchar cómo cada analista comprende desde una perspectiva psicoanalítica distinta lo que ocurre al paciente y de qué manera propone sus interpretaciones apelando a las teorías más pertinentes de  acuerdo con lo que surja en el material y en el  vínculo transferencia-contratransferencia.

Reserva tu lugar para que nos acompañes en este evento el 2 y 3 de junio. Será una actualización de la sexualidad en todos sus aspectos.

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Comisión Organizadora de las Jornadas 2017:

Ana María Wiener

Jorge Salazar

Marta Puig

Patricia Bolaños