Archivos mensuales: marzo 2017

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La entrevista como herramienta de evaluación en el colegio

Por Michelle Aymes

La entrevista es una herramienta de evaluación muy valiosa que se utiliza en la psicología, en la medicina y en muchas otras profesiones. En la escuela es un instrumento que permite evaluar y comprender diversas situaciones y conflictos que día a día se presentan en este ámbito. Es un recurso que se utiliza con alumnos, maestros, padres de familia y en la institución en general, no solo a cargo del psicólogo escolar, sino también de directivos, maestros u otros profesionales dentro del colegio. La entrevista psicológica tiene como función la investigación, cuenta con sus propios procedimientos empíricos y está conformada por una teoría y técnica que permitirán el estudio del comportamiento total del sujeto.

Es importante hacer distinguir entre una entrevista cerrada y una abierta. En el primer caso hay preguntas establecidas a modo de interrogatorio; esta variante se emplea frecuentemente en la medicina. En la segunda hay una mayor flexibilidad y, aunque tiene objetivos previamente establecidos, podrán ir cambiado en el transcurso de la entrevista.

La entrevista abierta permitirá conocer aspectos de la personalidad del entrevistado, que guiarán el tipo de entrevista e intervenciones a realizar posteriormente. Hay personas que desde el momento inicial nos cargan de emociones intensas o, por el contrario, que dan una sensación de poca permeabilidad; en ambos casos nuestro pensamiento se ve afectado por aquello que nos han depositado. Por lo anterior, es importante estar pendientes de las emociones que uno como entrevistador irá experimentando, ya que de eso, entre otras cosas, dependerá que se realice una entrevista adecuada y que los objetivos que se han plateado se lleven a cabo.

El entrevistado puede desplegar sentimientos, actitudes, modos de relación, rasgos de carácter, defensas, ansiedades, conductas inconscientes que ha establecido a lo largo de su desarrollo, por lo que se podrán observar aspectos de comportamiento que quizá no se expresen verbalmente. Con esto, el entrevistador podrá mostrarle algunos elementos que ayuden a la empatía y comprensión de la situación. Por ejemplo, un alumno que frecuentemente desvaloriza la opinión de otros compañeros o maestros es muy probable que muestre esa forma de ser en la entrevista con el psicólogo escolar.

En el primer contacto es importante establecer un encuadre donde se clarifique el rol que cada uno tiene y los objetivos por los que se está solicitando la entrevista. Es común que ante una situación nueva la persona entrevistada experimente ansiedad y temor a ser enjuiciado. En ocasiones, puede asignarle al entrevistador un rol determinado, esto de acuerdo a su propia personalidad y patología. Por ejemplo, puede sentir que quién lo está entrevistando es alguien que castiga o persigue o, por el contrario, alguien que mágicamente encontrará soluciones ante sus conflictos. El entrevistador debe de tener una postura neutral, sincera, cordial y de confianza.

La autobservación será una condición fundamental durante este proceso, pues es necesario estar atentos a las respuestas emocionales que como entrevistador se puedan tener. Es indispensable escuchar activamente y observar lo que el entrevistado desea comunicar, ya sea de forma verbal o no. Con frecuencia proyectará sentimientos, con los cuales el entrevistador quizá se sienta identificado. Este fenómeno de transferencia – contratransferencia es algo que se da en toda relación interpersonal; no obstante, en la entrevista se utiliza como recurso técnico para la observación y la comprensión.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que la ansiedad de quien entrevista o del entrevistado puede ser un gran obstáculo para conseguir los objetivos de este trabajo. Tenemos que calmar esa angustia a fin de que la entrevista siga su curso, ya que puede causar una desorganización significativa en la persona. A menudo se proyectan sentimientos de ansiedad en el entrevistador; por ejemplo, aquellos padres que transfieren la situación de conflicto a la institución o al entrevistador mismo. Es importante recibir esa ansiedad, poder manejarla y orientar de nuevo la entrevista hacia el objetivo principal.

Bleger nos advierte acerca de dos riesgos principales que conviene tratar de evitar al llevar a cabo una entrevista: el primero es el riesgo de convertirla en algo obsesivo o ritualizado, utilizando siempre los mismos recursos y modos de comprensión, sin tomar en cuenta las cualidades y circunstancias particulares de cada caso. El segundo peligro es que el entrevistador no consiga utilizar aquello que percibe como un instrumento para interpretar y caiga en la actuación.

En el diplomado “Conflictos emocionales y problemas de aprendizaje” se profundizará en la técnica y teoría de entrevista, así como otros métodos de evaluación útiles en el colegio.

Referencias

  • Bleger, J. (1984). Temas de psicología (entrevista y grupos). Buenos Aires: Nueva Visión, 2002

Conoce más del Diplomado “Conflictos emocionales y problemas de aprendizaje”: http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-conflictos-emocionales-problemas-de-aprendizaje

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Los conflictos emocionales y los problemas de aprendizaje: una estrecha relación

Por Mariana Hurtado Eguiluz

 

Es muy común que en nuestros consultorios, en las clínicas de especialidades pedagógicas y en los talleres de regularización se encuentren niños y jóvenes que han llegado por motivos relacionados con el fracaso escolar. En la mayor parte de las ocasiones, estas problemáticas pueden ir acompañadas de problemas conductuales; esto afecta al niño en su entorno más cercano y es posible que se refleje en su estado emocional. Los padres a menudo llegan angustiados y sintiéndose culpables o sumamente desesperanzados después de un largo peregrinar por diversas escuelas, médicos, estudios, pruebas y opiniones ‒a veces contradictorias‒ de maestros y especialistas de la salud.

Es muy importante ser sensibles ante estas situaciones y, de ser posible, dar orientación oportuna a los padres y los niños, es decir, que en caso que no podamos atender las demandas que el niño y los padres necesitan, los refiramos con los especialistas adecuados y, para ello, es necesario que contemos con las herramientas que nos permitan diferenciar si un niño padece un problema de aprendizaje o si su dificultad tiene como causa un conflicto de tipo emocional. Es inminente la relación que existe entre ambos, pero para atender e intervenir es preciso distinguirlos.

Los problemas de aprendizaje se caracterizan por una diferencia significativa en los logros del niño en ciertas áreas, en comparación con su inteligencia. En numerosas ocasiones nos podemos encontrar con niños que tienen un bajo rendimiento escolar debido a factores genéticos o disfunciones neurológicas que han sido consideradas como causas significativas de las dificultades para aprender. Los problemas de aprendizaje pueden verse reflejados en el lenguaje, en la escritura, en la aritmética, en la comprensión o en el razonamiento, en la falta de atención, en la habilidad de organización, entre otros. Esto por lo general se traduce en un bajo rendimiento en la escuela.

A menudo encontramos que estos niños, después de enfrentarse a diario con dificultades para comprender o rendir como los demás compañeros, experimentan una gran desilusión. Incluso suele verse disminuida su seguridad y confianza en sí mismos, lo que en ocasiones puede llevarlos a retraerse del grupo o a tener dificultades con los amigos. Algunos niños, sin darse cuenta, expresan su enojo o su impotencia frente al fracaso a través de una conducta agresiva. Son niños etiquetados, que pueden llegar a crecer con un concepto de sí mismos bastante negativo y con una historia infantil plagada de tropiezos y frustraciones.

Si bien la relación entre el niño y su entorno familiar o social no provoca los problemas de aprendizaje, un ambiente negativo puede influir e incrementar dicha dificultad. La falta de estimulación desde los primeros años de vida puede tener consecuencias sobre el desarrollo intelectual y psicomotor. Los conflictos en casa causan en los niños angustia y un bloqueo emocional que los puede volver indiferentes a los estudios o a cualquier norma social establecida. El niño necesita sentirse en un entorno seguro para aprender.

A veces los alumnos viven algún tipo de angustia o preocupación derivada de una situación traumática (tal es el caso de las pérdidas, la muerte de un familiar cercano, un cambio de residencia), en donde la mente está ocupada en digerir y asimilar tal experiencia. En este caso, poca capacidad le queda a la mente para aprender o atender a lo que la maestra explica. La mente del alumno se encuentra ocupada y absorta en un intento por resolver internamente lo que le ocupa. Aquí vemos que son las condiciones emocionales internas, aquellas que el niño posee al margen de su entorno, las que dificultan su capacidad para aprender.

Hay niños y jóvenes que no tienen problemas para aprender y sin embargo manifiestan un bajo rendimiento académico. Podemos pensar en conflictos emocionales como la arrogancia, la poca humildad para tolerar que sea otro quien enseña, que sea el maestro o algún otro compañero quien sabe más y esto imposibilite a la persona para comprender lo que el otro le transmite.

De igual manera, podemos pensar en la rivalidad con los compañeros o una necesidad de triunfar y ganar en todo momento, tal llega a ser el nivel de competitividad y la rabia que se experimenta cuando no se consigue ser el mejor o el único, que esto afecta de algún modo la capacidad para aprender.

La mente humana es un complejo entretejido. Es de suma importancia contar con las herramientas profesionales para aprender a diferenciar lo que les ocurre a nuestros niños y jóvenes, tener los conocimientos que nos permitan realizar valoraciones precisas, conocer a profundidad las causas de los padecimientos, las características que los definen y cómo se manifiestan, de tal forma que podamos realizar aproximaciones diagnósticas atinadas para intervenir, orientar y acompañar hacia un camino de soluciones y progresos a la persona y su entorno.

 

Conoce más del Diplomado”Conflictos emocionales y problemas de aprendizaje”,  que inicia el 8 de mayo, en este enlace: https://goo.gl/MtwcEQ

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La tristeza desde el psicoanálisis

Javier H. Fernández Soto

En la sociedad actual solemos buscar soluciones rápidas que no impliquen un cambio significativo en nuestra vida. Frecuentemente, el dolor psíquico se refleja como tristeza y la pregunta que plantea el psicoanálisis es cómo poder enfrentarla más que evadirla o buscar medios pasajeros para evitarla.

En principio, hay que comprender cuáles son los estereotipos que suelen resultar reduccionistas o simplistas. “Se usa el término de depresión con tan poco cuidado que actúa como una barrera que impide explorar en detalle nuestro mundo interno” (Leader, 2011). En la consulta privada, el paciente comúnmente busca quitarse el síntoma sin la intención de entenderlo; exige respuestas y tratamientos inmediatos. Por desgracia, esto se refuerza social y médicamente. En la farmacia encuentra algún medicamento que le “suba el estado de ánimo y le quite el insomnio”, desentendiéndose por completo de su vida emocional.

“Los síntomas no se toman como los portadores de la verdad sino más bien como errores que deben ser evitados” (ibíd., 2011). En psicoanálisis, el objetivo no es quitar los síntomas, aun cuando este sea un resultado concomitante del tratamiento, lo que se busca es explorar la vida mental, el dilema interno, en otras palabras, el inconsciente. El diagnóstico sirve como una primera impresión general, pero no se sitúa por encima de las particularidades del paciente que lo definen como un sujeto único, ni tampoco se utiliza para posicionar al analista como un juez ante el paciente.

 

La tristeza, definida por Hugo Bleichmar (2008): “es un abanico de estados en que el dolor psíquico se desencadena por la significación que una situación determinada tiene para el sujeto”. Esto nos lleva a cuestionar, ¿qué es lo que en realidad duele? En un primer momento, la imposibilidad de cumplir lo que deseamos. Más allá de eliminar el dolor, la introspección y el análisis nos llevarán a entender lo que representa aquel deseo irrealizable.

 

En psicoanálisis no se ve ningún síntoma como una entidad única y aislada. Se debe escuchar el contenido del discurso para encontrar e interpretar el sentido de la tristeza. En la vida diaria, los más obvios detonantes de estados depresivos tienen que ver con nuestra propia imagen. Algo pasa que nos hace cuestionarnos la forma en que nos gustaría ser vistos: nuestro jefe hace un comentario crítico, nuestro amante se vuelve más distante (Leader, 2011); incluso no es estrictamente necesaria la interacción con otro, la sola sensación de que no se está a la altura de lo que una parte de la mente exige al sí mismo, es suficientemente para sentir con frecuencia una profunda tristeza. En palabras de Freud, pensaríamos que la persona siente que no alcanza las expectativas del ideal del yo.

 

Dentro de la mente existe una figura interna que establece lo que el yo o el sí mismo (self) debe lograr, de no alcanzarlo la sensación es que ese objeto interno le retira el amor. Los reclamos y juicios externos reactivan una crítica que ocurre en el interior de la mente, a manera de autorreproche. Esto es una condición independiente de lo que sucede en la realidad externa, el self se deja de sentir amado por otra parte de sí que ahora lo juzga, devalúa y agrede.

 

La exploración de la interioridad humana puede correr el riesgo de ser reemplazada por una idea de salud mental que se diagnostica por tener un nivel adecuado de serotonina. El psicoanálisis tiene una concepción más profunda. “El duelo, es la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces como lo es un ideal, la libertad, etc. A raíz de idénticas influencias, en muchas personas se observa, en lugar de duelo, melancolía” (Freud, 1915).

 

La tristeza encuentra su lugar en estados melancólicos. Por ejemplo, en la muerte o separación de un ser querido “la persona sabe a quién perdió, pero no lo que perdió en él” (Freud, 1915). La dificultad en hacer esta separación es lo que puede bloquear el proceso de duelo. La melancolía se caracteriza por los auto-reproches que están dirigidos sobre el objeto perdido que se ha identificado con el yo, lo cual genera sentimientos de tristeza profunda.

 

La aceptación de la pérdida conlleva a que se pierda el vínculo externo con la persona amada, de ahí que se busque una resignación y no una profunda introspección sobre lo que la persona le representaba. El tratamiento terapéutico tendrá como finalidad que el paciente pueda internalizar el objeto perdido y descubra qué y quién “vive dentro de él”, erradicando entre otros síntomas la tristeza y la nostalgia de no sentirlo en lo concreto.

 

“Cualquier circunstancia en que un deseo sea entrevisto como irrealizable, que no se logre algo anhelado, podrá desembocar en una depresión. Lo anhelado se convierte así en un ideal, en el sentido de meta a alcanzar” (Bleichmar, H. 2008). Recuerdo un caso de D. Leader: la pareja de una mujer radicaba en otro país. Cuando comenzaron a vivir juntos, ella entró en un estado de profunda tristeza. Los viajes de fin de semana le permitían escenificar lo que ella llamaba “nuestros cientos adioses”. Cada vez que partían, ella decía adiós apasionadamente, como nunca había sido capaz de hacer con su padre, que murió durante su adolescencia de cáncer terminal y nunca se despidió. Ahora con su novio ya no había más que anhelar y re-escenificar. Debajo de esta tristeza, existía un duelo no resuelto por la muerte del padre.

 

Existen parejas que establecen una relación disfuncional, incapaces de alejarse y tener una cierta distancia. ¿Por qué existe tanta dificultad para separarse? Hay varios factores posibles, el que quiero subrayar es la tristeza que esto puede implicar. La persona entiende que esa es la forma de relacionarse, no existe otra. La separación significaría vivir un vacío interno insoportable. La pareja lo completa, lo ayuda a tener una identidad, aunque sea compartida. Esto es lo que le representaría la pérdida, prefiere entonces seguir en esta relación, que buscar un cambio interno que aunque implique dolor y tristeza, en un tiempo será satisfactorio.

 

En conclusión, ignorar el sentido del síntoma puede ser catastrófico. La medicina tiene otro objeto de estudio, no está interesada en asuntos como la pulsión de muerte, las ansiedades de separación, las dificultades de introyección de las figuras significativas, en fin, las bases emocionales que constituyen la tristeza. La psicología actual por su parte, tiende a rehuir la idea freudiana de la identificación con el objeto perdido, sea una persona o un deseo.

 

El psicoanálisis busca reafirmar y profundizar estas ideas como base de las intervenciones, de la investigación de la mente y del tratamiento a través de la escucha del paciente. La finalidad es integrar el yo, el cual ha sufrido una disociación que provoca los estados melancólicos y que aunque quiera escapar de éstos, no lo logra porque están dentro de sí mismo.

 

Referencias

 

– Bleichmar, H. (2008). La depresión: un estudio psicoanalítico. Buenos Aires: Nueva Visión.

 

– Freud, S. (1914-1916). “Duelo y melancolía”. En Obras Completas, tomo XIV. Buenos Aires-Madrid: Amorrortu.

 

– Leader, D. (2011). La moda negra. Barcelona: Sexto Piso.

 

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La tristeza: una indagación psicoanalítica

Por Karina Velasco Cota

Cada lágrima enseña a los mortales una verdad.

Niccolò Ugo Foscolo, Epistolario.

Carlos acude a mi consultorio frustrado y desesperado por aliviar su situación actual. Desde hace meses ha venido pasándola bastante mal, está triste, se siente apático ante cualquier actividad ‒incluso aquellas que antes le entusiasmaban‒, a momentos siente ganas de llorar sin razón alguna, está inapetente, por las noches no logra conciliar el sueño mientras que por las mañanas no tiene deseos de comenzar el día y no logra concentrarse en su trabajo. Presenta lo que desde la psiquiatría conocemos como un episodio depresivo y, sin duda, es susceptible de ser tratado médica y psicoterapéuticamente. Pero, ¿es lo mismo estar deprimido que estar triste?

Con frecuencia en nuestra vida diaria usamos ambas expresiones de manera indistinta para referirnos a un estado de ánimo de pesadumbre y desinterés, incómodo y doloroso, la mayoría de las veces. Sin embargo, son términos entre los que existen diferencias significativas.

La tristeza es una emoción, un afecto universal como lo son también la alegría, el enojo, el miedo y se caracteriza por una sensación anímica de sufrimiento, desgano e insatisfacción. Solemos identificar con cierta precisión el acontecimiento que desencadenó nuestra tristeza, puede ser la ruptura con la pareja, la pérdida de un ser querido, la aparición de una enfermedad, una situación económica desfavorable y, en general, cualquier situación relacionada con una pérdida concreta o abstracta.

La depresión, por otro lado, es un padecimiento, un trastorno que define un cuadro sintomatológico específico que irrumpe en la vida diaria como una limitación y una traba importante en la consecución de aquello que consideramos nuestros planes, objetivos o metas. Es decir, nuestra vida social, afectiva y laboral se ven ampliamente afectadas. En estos casos es frecuente que la tristeza aparezca aparentemente “de la nada” y sin un evento externo que la explique, justo como en el caso de Carlos. O bien, aunque se pueda identificar la causa detonante, dicha tristeza ha adquirido cronicidad, es decir, han pasado cinco o diez años después del suceso que la desencadenó y el abatimiento sigue sintiéndose como si en realidad no hubiera pasado el tiempo.

Cuando usamos los términos “tristeza” y “depresión” como sinónimos estamos confundiendo un afecto con una afección. Esta confusión ha tenido sus consecuencias, una de ellas es la connotación negativa que solemos darle al hecho de sentirnos tristes. Generalmente estamos dispuestos a hacer casi cualquier cosa para deshacernos de la incomodidad que nos provoca sentirnos tristes y caemos en el error de concebir la tristeza como una gripa a curar, un cáncer que extirpar o un demonio por exorcizar. Sin embargo, lo que nos enseña el psicoanálisis en primera instancia es precisamente la posibilidad de delimitar el terreno entre la tristeza como una emoción natural, universal e incluso benéfica para el psiquismo, y el estar triste como la expresión de un funcionamiento mental propiamente patológico.

En 1917 con la publicación de su artículo Duelo y Melancolía, Sigmund Freud inauguró un fructífero camino en la comprensión de nuestra reacción ante las pérdidas, y planteó las convergencias y divergencias entre un estado de tristeza natural y necesario como parte de un trabajo de duelo, y una reacción más bien patológica y crónica como la melancolía. En ambas situaciones se experimenta pesadumbre, desgano, desesperanza, desinterés por el mundo y por los demás. No obstante, en el duelo este estado va disminuyendo poco a poco, haciéndose cada vez menos agudo y más llevadero, mientras que en la melancolía no sólo es inquebrantable sino que además hay un deterioro del sentido y el valor de sí mismo.

María, por ejemplo, dice sentirse profundamente triste y no haber podido superar la muerte de su esposo a pesar de los años transcurridos. No comprende cómo “un intelectual tan prolífico y un ser tan extraordinario” pudo haber corrido con tal suerte cuando hay gente ‒como ella misma‒, que no aporta nada de valor a la humanidad, concluyendo que debió haber sido ella quien muriera en su lugar.

Freud advierte que en la melancolía el sentimiento de pérdida está íntimamente ligado a un empobrecimiento del yo, debido a la relación narcisista y ambivalente que se tiene con el objeto que se ha perdido. María aparentemente vivía a su esposo como una extensión de sí misma que la proveía de importancia y credibilidad, quizá también sentía envidia hacia él por el éxito que había alcanzado o enojo por el tiempo que su carrera le demandaba manteniéndolo distanciado de ella, de manera que al perderlo todas esas emociones encontradas se volcaron sobre sí misma casi a manera de castigo. No fue ella quien murió pero en el fondo siente, piensa y actúa como si no mereciera vivir.

Mientras que para Carlos estar triste es una molestia que le provoca inquietud, para María es una forma de ser y de vivir que incluso parece molestarle más a sus hijos que a ella misma, es decir, su particular forma de estar triste nos revela una estructura mental melancólica.

No obstante, Freud no fue el único en adentrarse en la cuestión de la tristeza, el duelo y la melancolía. Melanie Klein trazaría un nuevo terreno en la comprensión de los estados depresivos a través de toda su obra, ejemplo de ello son sus artículos Contribución a la psicogénesis de los estados maniaco-depresivos (1935), El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos (1940), entre otros. Para esta autora tanto el duelo normal como el patológico remiten a la experiencia temprana de haber perdido aquel primer objeto fuente de amor, bondad y seguridad (el pecho de la madre) como resultado de la propia voracidad y los impulsos destructivos. Lo que determina el desenlace normal o patológico de la experiencia de duelo es la cualidad y la intensidad de las defensas así como los recursos con los que se afronte dicha vivencia.

Mientras que en el duelo normal la persona es capaz de conservar los objetos buenos y amados, en el duelo patológico la persona fracasa en dicho empeño quedando a merced de angustias intensas de naturaleza predominantemente persecutoria, de las cuales únicamente puede defenderse a través de mecanismos defensivos omnipotentes y violentos. Frente a la ruptura con su pareja, una persona podría experimentar una sensación de victoria glorificando la filosofía de que la soltería es lo mejor que pudo haberle pasado, mientras que otra podría estar profundamente convencida de que la pareja no podrá ser feliz con alguien más y que eventualmente regresará. En ambos ejemplos la devaluación y el control sobre el otro no permiten que el individuo pueda valorar aquella persona como un objeto de amor y mucho menos experimentar gratitud por aquello que pudo aportar a su vida. Las defensas en este caso están al servicio de proteger al yo de la inminente experiencia de tristeza y dolor psíquico que conlleva la pérdida del objeto amado, así como evitar y negar la dependencia hacia dicho objeto, entorpeciendo así el trabajo de duelo, la relación con la realidad y la reconstrucción del mundo interno.

Klein sostiene, al igual que otros autores como Wilfred Bion y Donald Meltzer, que experimentar ansiedades depresivas, sentimientos de pena y dolor por el otro es parte fundamental de la integración, del desarrollo y el crecimiento mental. Los sentimientos de tristeza sólo pueden originarse cuando uno consigue valorar aquello que se perdió, cuando uno es capaz de asumir la responsabilidad que nos concierne y cuando uno puede vivir al otro diferenciado de uno mismo y es sólo a partir de este reconocimiento que podemos emprender un trabajo de reparación, es decir, darnos a la ardua tarea de restablecer y dignificar en nuestra mente los objetos buenos fuentes de confianza, seguridad y amor.

¿Será, entonces, que la tristeza en cierto grado y en circunstancias determinadas no sólo es ineludible sino necesaria y hasta deseable?

Existen otros autores y diferentes perspectivas teóricas que por ahora exceden los límites de este artículo. Sin embargo, el consenso psicoanalítico apuesta por la concepción de la tristeza como un afecto complejo, con distintas vertientes que pueden ir desde lo enriquecedor hasta lo más patológico, y que entraña en sí misma diversos significados, aspectos de nuestra personalidad, de cómo enfrentamos la vida, cómo lidiamos con nuestros conflictos, cómo nos percibimos a nosotros mismos y cómo entendemos nuestros vínculos.

Al final de nuestro encuentro, Carlos pregunta cuánto tiempo le tomará “regresar a la normalidad” si es que decide iniciar un tratamiento conmigo, ya que su desarrollo profesional le exige una pronta mejoría. No sorprende que aquellos tratamientos en el pasado –incluso el psiquiátrico‒ le hayan parecido infructuosos.

El psicoanálisis antepone la comprensión aguda por encima de un alivio exprés. No basta con suprimir los sentimientos dolorosos, sino emprender una exploración interna. ¿Cuál es realmente la pérdida que resentimos?, ¿quiénes somos cuándo nos dolemos de algo?, ¿cómo reaccionamos frente al dolor psíquico?

Sentirnos tristes y abatidos denota una situación interna, un trabajo psíquico susceptible de ser analizado, comprendido y, entonces, elaborado en el marco de un proceso y un vínculo terapéutico. Si pudiéramos parar un momento y darle un espacio a la reflexión, quizá nos encontraríamos en la posibilidad de explorar todos esos significados y descubrirnos a nosotros mismos en ellos.

Para ser un psicólogo de excelencia

Por Muriel Wolowelski

No siempre las personas que piensan hacer estudios profesionales saben en qué consiste la licenciatura que buscan. Desean primero entender de qué se trata una determinada carrera, qué habilidades previas se requieren para disponerse a estudiarla los próximos años de la vida, y qué futuro profesional, laboral y económico les espera.

El Centro Eleia, siempre preocupado por las ideas de vanguardia, se interesa en ofrecer a sus estudiantes las mejores condiciones para el desarrollo de sus capacidades y habilidades en el ámbito psicológico. Asimismo, busca formar a los mejores profesionales, para lo cual se propone disponer un espacio dirigido para aquellos interesados en la Psicología, brindando cursos permanentes que explican la profesión del psicólogo, el campo laboral, las posibilidades de diversificar y combinar diversas áreas y el desarrollo de habilidades que de forma dinámica y creativa se encuentran en permanente cambio.

Buscamos que aquellas personas interesadas en la Psicología encuentren en Centro Eleia el mejor lugar para descubrir su verdadera vocación y amplificarla a lo largo de la carrera. Es un proceso de descubrimiento constante que va abriendo diversas oportunidades, un proceso dinámico que no pretende estancar a las personas en un único ámbito de desarrollo, sino que busca revelar el potencial individual para que cada uno en particular amplíe sus gustos y capacidades.

Hay infinidad de personalidades que se acercan a estudiar Psicología: personas abiertas y sociables, personas reflexivas y más silenciosas, algunos dinámicos, otros creativos, pero todos tienen en común el deseo de ayudar al prójimo. Todos, de forma conciente o no, buscan contribuir con la sociedad, ayudar a promover cambios favorables en los seres humanos.

Eleia no busca personas con habilidades prefijadas, prefiere encontrar seres humanos sólidos que deseen aprender y desplegar las habilidades con las que no se cuenta y ampliar las que ya se tienen.

El futuro psicólogo deberá estar preparado para iniciar un profundo aprendizaje en la consolidación de habilidades como la comunicación, la capacidad para trabajar en equipo, la observación minuciosa y la elaboración de conclusiones pensadas. También se le ayudará a integrar la ética y la moral conformando una actitud de servicio y compromiso con su comunidad.

Cuando una persona tiene un interés auténtico por entender y colaborar en la solución de los problemas humanos, desarrolla paralelamente un liderazgo emocional, un modelo de ser humano íntegro y sensible capaz de contribuir con su entorno.

Todo esto se aprende paulatinamente. Ninguna persona nace con las habilidades adquiridas, las va aprendiendo a partir de su experiencia y del conocimiento que gana con el estudio.

Durante la carrera, el estudiante se encuentra con un inmenso tesoro de posibilidades: el estudio amplio en diferentes áreas que complementan su formación, como por ejemplo:

  • el área humanista, que contribuye con el desarrollo de sensibilidad frente a los problemas y necesidades de las demás personas,
  • el área artística cultural que, además de aumentar la cultura general, desarrolla la creatividad y la posibilidad de entender emociones profundas de los seres humanos a través del cine, la pintura o la música.
  • el área de la práctica, que consiste en asistir a las más importantes instituciones de enseñanza, de salud y empresas para adquirir experiencia en el mundo laboral. Esto también permite que el alumno se dé cuenta qué trabajos son de su interés y cuáles no.

El aspirante a la carrera de Psicología puede ser cualquier ser humano con deseos de aprender a desarrollar la capacidad de tolerar las emociones, de dudar, de ser imaginativo y creativo, de tolerar diversos puntos de vista y la diversidad, saber dejar los prejuicios a un lado, y tener interés por la lectura y curiosidad para aprender cosas nuevas.

El psicólogo egresado tiene delante de sí un amplio campo de desarrollo profesional, individual y personal. Puede trabajar con pacientes de distintas edades: desde bebés, niños y adolescentes, hasta adultos y ancianos. Puede dedicarse a entender y ayudar a resolver problemas sociales, familiares, de grupos o individuales. Se puede inclinar a trabajar en áreas de prevención o en el tratamiento y atención de problemas cuando ya están presentes. Pero lo más interesante de todo es que puede trabajar en diversas áreas simultáneamente, por ejemplo, un psicólogo puede trabajar en una escuela primaria como psicólogo educativo durante las mañanas, puede desarrollarse en el área clínica por las tardes dando atención terapéutica, puede hacer tareas de estudio, actualización e investigación y finalmente escribir artículos, libros y dar clases, entre una gran variedad de actividades.

Por otra parte, esta carrera presenta ventajas muy sustanciosas en el caso de las mujeres, quienes encuentran en el área de la Psicología clínica un ámbito muy adecuado dado que pueden organizar sus horarios y atender a la familia con mucha flexibilidad. En el caso de contar con un consultorio cercano a su casa, no tienen que perder tiempo en traslados, logrando así combinar su rol de madre, esposa y profesionista gracias a la libertad de organizar bien los tiempos sin un horario rígido como el que obliga una empresa o institución.

La carrera que puede desarrollar un psicólogo es tan amplia como las expectativas que cada persona tenga; un elemento adicional y sumamente valioso es que el psicólogo se vuelve más experto con el tiempo y su profesión se valora mucho más en la medida en que es mayor. Es una profesión generosa que permite trabajar hasta entrada la vida, haciendo una reconfortante labor de ayuda al prójimo para alcanzar una vida profesional con grandes y profundas satisfacciones.

Esta es la filosofía del Centro Eleia, donde no se busca elaborar un molde al que todos los alumnos se adapten, sino que se entregan las herramientas que cada quien desee tomar para desarrollar un estilo propio de hacer psicología. Estudiar psicología es una interesante aventura plagada de descubrimientos a lo largo de la vida.

Conoce más de la Licenciatura en: http://www.centroeleia.edu.mx/licenciatura-en-psicologia

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Sobre la adolescencia: relato de sueños y sesiones

Por Marta Puig

Con el relato de sueños y sesiones, trataremos de comprender los procesos internos que suceden dentro de la mente del adolescente y no son evidentes a simple vista, pero se infieren de su conducta, cómo piensa, cómo siente y cómo se relaciona con su propio cuerpo, con otros jóvenes y con sus padres.

El psicoanálisis considera que el adolescente se encuentra en una etapa de crisis: se ve confundido entre un cuerpo sexuado de adulto y una mentalidad de niño, un estado lleno de contrastes y contradicciones. Vive una mezcla de impulsividad, falta de concentración e inquietudes. Se siente mal dentro de la familia; desprecia tanto a los padres como a los niños. Parece que el único lugar donde se encuentra cómodo es junto a su grupo de amigos.

Estos cambios bruscos en su emocionalidad y las acciones arrebatadas son comportamientos que consideraríamos patológicos en cualquier otro momento de la vida, pero en la adolescencia son normales y necesarios para llegar a la adultez. Con ayuda de ejemplos clínicos y de la vida cotidiana, reflexionaremos sobre los criterios internos que determinan lo normal y lo patológico, más allá de lo esperado por la cultura y la sociedad.

Asimismo, veremos cuáles son los indicadores, momento a momento, que atestiguan el progreso emocional. Por ejemplo, cuando consigue tolerar el dolor mental y comienza a experimentar la necesidad que tiene de otras personas, ya sean sus padres, su maestros o su pareja, sin sentirse avergonzado por la dependencia.

En cambio, vemos un retroceso en el desarrollo cuando el adolescente evita sentir lo que le está ocurriendo, si busca hacer sufrir a otros, si tiende todo el tiempo a la acción en lugar del pensamiento, si se sumerge en actividades de desmentalización o si presenta enfermedades psicosomáticas. Podemos decir que su mente progresa hacia la madurez cuando acepta dejar su cuerpo de niño, pero reconoce lo que ha sentido y vivido en su infancia.

A los analistas nos corresponde explorar y entender la experiencia íntima del adolescente, ayudarle a conocerla de una manera que sea accesible, fomentar su capacidad de introspección con el objetivo de que aprenda a soportar y tolerar la verdad sobre sí mismo. En este taller revisaremos cómo se traducen estos conceptos a la experiencia analítica.

 

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Los conflictos emocionales y los problemas de aprendizaje

Por Michelle Aymes

El objetivo principal de la escuela es que sus miembros se desarrollen de manera óptima, física, emocional e intelectualmente. El aprendizaje es uno de sus ejes principales, el cual se obtendrá si ciertas condiciones del proceso enseñanza-aprendizaje ocurren, por ejemplo, que un conocimiento nuevo se ligue con otro adquirido previamente o con la propia experiencia, que se interiorice lo que otro está transmitiendo, se reciba y se acomode mentalmente para que podamos ejecutar una acción. Todo ello involucra al alumno, la familia, la escuela y la sociedad en conjunto.

Desde hace muchos años, los problemas de aprendizaje han sido un tema de interés para la psicología y el psicoanálisis. Numerosos autores clásicos y contemporáneos han planteado diversas teorías al respecto. Freud habló en 1905 de un impulso de saber o investigar, de acuerdo con las teorías y preocupaciones sexuales que los niños se plantean desde una edad temprana. Este autor describe cómo el niño tiene un deseo de conocer; esto lo observamos frecuentemente en la curiosidad que los pequeños manifiestan sobre la diferencia entre los sexos, el nacimiento de los bebés o por la materia fecal al iniciar el control de esfínteres.

Según Freud, durante el periodo de latencia se instauran mecanismos que ayudan a reprimir esas fantasías sexuales, para utilizarlas en la adquisición de conocimientos y en la resolución de problemas cognitivos. En esta etapa podemos ver la diferencia en los juegos de los niños, pues tienen que ver más con las reglas o mantener a raya la curiosidad sexual o los temores que provoca. Al contrario, los niños preescolares, sin represión alguna, se dedican a la curiosidad sobre el cuerpo y sus diferencias; sus juegos se relacionan con el placer sensorial, utilizando, por ejemplo, materiales como el agua, la plastilina, la arena, etc.

Klein, por su parte, habla de la curiosidad que tiene el niño por el interior del cuerpo materno y sus contenidos, llevando esto a una identificación con la madre. Esta autora trabajó con niños que presentaban inhibiciones importantes en el aprendizaje.  Descubrió que muchos de ellos tenían angustias y fantasías inconscientes que les impedían aprender. A través del trabajo analítico se dio cuenta de que, al interpretar tales ansiedades, su desempeño en el colegio mejoraba significativamente. Gracias a sus aportaciones, en la actualidad es más fácil identificar cómo las fantasías inconscientes juegan un papel primordial en las dificultades que los alumnos presentan para poder realizar o disfrutar de las actividades escolares.

Más adelante, Wilfred Bion se interesó por los procesos y los trastornos del pensamiento. Para el niño es importante digerir y procesar las experiencias que vive, especialmente aquellas que son frustrantes, a fin de crear un pensamiento y un aparato para pensar. La madre, refiere el autor, es la persona que en un primer momento funcionará como continente de las frustraciones que el bebé recibe; lo ayudará a digerirlas y transformarlas en pensamientos. Gracias a esto, el niño podrá incorporar más tarde la capacidad de contener sus propias emociones. En el consultorio encontramos niños ‒e incluso adultos‒ con grandes dificultades para procesar ansiedades internas y externas, con el fin de pensarlas y aprender de ellas.

Las propuestas de estos autores en torno a la curiosidad, el pensamiento y el conocimiento son fundamentales para la historia del psicoanálisis y el avance de la psicopedagogía. Frecuentemente vemos alumnos que, por falta de interés o por un trastorno en el pensamiento, su proceso de aprendizaje no se puede llevar a cabo y nos beneficiamos de las distintas teorías y estrategias en estos campos para su intervención.

Existen otros aspectos importantes a considerar, de acuerdo a la personalidad del alumno, que imposibilitan un desempeño escolar óptimo. Los celos y la rivalidad son emociones que están frecuentemente presentes en las tareas escolares. Por ejemplo, aquellos estudiantes que quieren agradar constantemente al maestro y que buscan sobresalir ante los demás compañeros, en ocasiones generan conflictos o les es difícil disfrutar de las actividades académicas debido a los intensos celos que manifiestan. La envidia es una gran limitante para que el alumno pueda aprender: darse cuenta que el otro posee cualidades que él no tiene o que aún no las ha desarrollado, puede provocar este sentimiento y obstaculizará que mantenga una actitud receptiva.

En los adolescentes es común observar ciertos rasgos narcisistas que obturan tanto el aprendizaje como la relación con sus pares, por ejemplo, pensando que lo que hablan o piensan los demás son cosas sin importancia y, en cambio, manifiestan que ellos son diferentes y especiales. Estos jóvenes suelen cuestionar lo que el maestro les indica; en lugar de adquirir conocimiento, entran en rivalidad con él, como seguramente sucede también con sus padres.

En conclusión, es de gran importancia estudiar las diferentes teorías que hablan sobre el conocimiento, los aspectos de la personalidad del alumno y su interacción con otras personas, con el objetivo de identificar y abordar las dificultades en el proceso de aprendizaje.

 

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