Archivos mensuales: junio 2016

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Razones para estudiar una Licenciatura en Psicología

Dres. Celia y Norberto Bleichmar

Directores científicos

Centro Eleia, Actividades Psicológicas

La psicología es una disciplina apasionante con múltiples beneficios para quien la ejerce. Muchas personas dejan la opción de lado por la influencia de diversos mitos alrededor de la profesión. Veamos si con las siguientes líneas podemos aportar una idea más clara y realista sobre aquello a lo que se dedica el psicólogo.

Como una de las ramas de la ciencia, la psicología establece un método que permite la exploración del comportamiento humano, sus motivaciones conscientes e inconscientes y la aplicación de estos conocimientos en diferentes ámbitos, como el clínico, laboral, social, educativo, en la investigación, rehabilitación, publicidad, imagen pública y otros. La psicología es, entonces, una profesión con numerosas alternativas de aplicación y desarrollo.

Para estudiar una licenciatura en psicología, los aspirantes requieren ciertas habilidades y aptitudes:

  • Gusto por el contacto con las personas: hablar con la gente, escuchar a tus amigos y familiares.
  • Curiosidad: indagar las razones de las cosas. Los psicólogos siempre buscamos una explicación, cuestionamos constantemente y solemos ser tenaces al tratar de descubrir las causas, aunque éstas no sean evidentes a primera vista.
  • Capacidad para imaginar y fantasear: En esta profesión trabajamos con la imaginación; construimos escenarios con los relatos de las personas, nos ensoñamos con las narraciones de otros y tratamos de empatizar con ello. Es una herramienta fundamental de nuestro quehacer cotidiano.
  • Gusto por la lectura y las expresiones artísticas, como el teatro, la música, el cine, etc. El arte es una de las mejores manifestaciones de lo esencialmente humano y un lugar privilegiado para la transmisión de emociones y su análisis.
  • Sensibilidad y gusto por ayudar a otras personas.

 

Si tienes algunas de estas aptitudes y disfrutas de ellas, te recomendamos estudiar una Licenciatura en Psicología, ya que podrías ser un buen profesionista en esta área y disfrutar mucho de tu trabajo.

Uno de los mitos que pesa sobre esta profesión es la baja expectativa de ingresos económicos; sin embargo, consideramos que es totalmente falso. Los psicólogos que recibieron una formación completa, es decir, una preparación ética y de calidad, encuentran oportunidades laborales bien remuneradas que permiten una vida desenvuelta mientras llevan a cabo un trabajo interesante y que beneficia a otros. Por ejemplo:

 

  • Un buen psicólogo clínico puede desempeñarse por su cuenta en el consultorio, en instituciones hospitalarias, en el área de investigación o en programas de rehabilitación para personas con discapacidad. El psicólogo clínico tiene formación e ingresos similares a los del médico especialista y su experiencia lo cotiza cada vez mejor dentro del mercado.
  • Un psicólogo laboral está capacitado para desarrollarse en las diversas áreas de un departamento de recursos humanos e, incluso, en la dirección del mismo, con los beneficios que esto representa profesional y económicamente. Tanto el psicólogo clínico como el laboral obtienen ingresos similares a otros profesionistas (mercadólogos, contadores, ingenieros o publicistas) siempre que cuenten con buenas herramientas educativas.
  • La psicología social encuentra alternativas profesionales en diversas entidades internacionales como la OMS, UNICEF, ONU o en dependencias gubernamentales (SEDESOL, gobiernos estatales, locales o a nivel federal), dirigiendo y atendiendo las necesidades de sectores específicos de la población o investigando comunidades. Por otro lado, existen numerosas fundaciones y organizaciones no gubernamentales dentro de las cuales el psicólogo desempeña importantes funciones con alta jerarquía.
  • Los psicólogos educativos son piezas clave en los colegios de todos los niveles y su formación les permite desarrollarse satisfactoriamente en cualquier posición dentro de la institución académica, incluyendo la dirección.
  • Nuevas áreas, como la publicidad y los medios digitales, ubican al psicólogo en un lugar privilegiado, pues es capaz de determinar estrategias de impacto por su conocimiento del comportamiento y las motivaciones humanas.

 

Una formación sólida e integral busca fortalecer a los futuros profesionistas en cuanto a su capacidad para entender a otros y a sí mismos. Al establecer contacto con el sufrimiento humano y con las dificultades de sus pacientes, los psicólogos se sensibilizan y encuentran un medio para obtener el conocimiento, la experiencia y las herramientas que requiere su compleja labor.

 

El programa de Licenciatura en Psicología que ofrece el Centro Eleia parte de un modelo teórico-práctico que te permite egresar con experiencia, puesto que, mientras estudias, realizas diferentes actividades y asignaturas prácticas con validez curricular dentro de las mejores instituciones médicas del país. Esto te facilita:

 

  • Flexibilidad en la aplicación de tus conocimientos, por los diversos campos de trabajo.
  • Buena remuneración por tu desempeño, similar a la del médico o la del ejecutivo de una empresa.
  • Beneficiar a otros con tu labor y participar de su desarrollo.
  • Una profesión interesante donde siempre podrás sorprenderte, pues la mente es extremadamente compleja y apasionante.
  • Desarrollo personal de manera paralela al profesional.
  • Desempeñarte en un ámbito donde la edad no es un problema. La experiencia y el estudio constante te convierten en un psicólogo cada vez más capaz y valorado.

 

La psicología es apasionante, como lo es la mente humana y el comportamiento de las personas. Se trata de una profesión joven llena de oportunidades. México es un país extraordinario para su aplicación, con una enorme población necesitada de ayuda y con pocos profesionistas de primer nivel que den respuesta a estos problemas. La inversión en una formación de excelencia siempre es redituable. Atrévete a considerar la psicología como una opción e infórmate con nosotros más allá de los mitos.

 

Conoce más de la Licenciatura en Psicología aquí: http://www.centroeleia.edu.mx/licenciatura-en-psicologia

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¿Es útil una comprensión horizontal de la adolescencia?

Por Gabriela Hernández.

Hace algunos días, iba en un taxi en camino a dar clases. La conductora era una mujer de treinta años aproximadamente, con un corte de cabello estilo punk y muchos aretes en cada oreja. Me recordó a la estética de The Cure, una banda de rock de los 80 que me gusta mucho. Además, siempre me da gusto encontrar mujeres trabajando en oficios que normalmente se consideran para hombres. Mantuvimos una agradable charla durante el trayecto. Después de que yo indagué sobre su experiencia como chofer de taxi, ella me preguntó a qué me dedicaba. Le comenté que soy psicoterapeuta y que trabajo sobre todo con adolescentes y jóvenes. “¡Uf!”, resopló y dijo: “Tú como experta, ¿cómo ves a los adolescentes de ahora? Están gruesos, ¿no?”. Francamente, me sorprendí de su juicio, pues ella misma usaba el cabello como una  adolescente y su trabajo es poco común entre las mujeres. Un tanto decepcionada, le contesté simplemente: “Justo eso mismo dijeron de nuestra generación”.

La verdad es que no tenía por qué sorprenderme. Tal ha sido el discurso imperante desde que se conceptualizó la adolescencia y, probablemente, lo seguirá siendo un tiempo más. La idea misma de adolescencia se sostiene, en parte, sobre la confrontación generacional (Kancyper, 2003). Es propio de los adolescentes cuestionar y sacudir el discurso de los padres, junto con todos sus representantes; la labor de los adultos, por otro lado, es tolerar la obsolescencia. Este término, propuesto por Gutton (1991), proviene de “obsolere” que significa “caer en desuso”. Los padres se enfrentan al dolor de ser reemplazados por nuevas formas de relación, pues dejan de ser para sus hijos el modelo a seguir.

La anécdota anterior estuvo dándome vueltas en la cabeza un tiempo y me llevó a reflexionar sobre el lugar que ocupa el psicoanálisis, particularmente el psicoanalista en acto, frente a un paciente adolescente. Kancyper (2003) señaló que en la estructura social se da un salto entre las generaciones de adultos y jóvenes, lo que implica confrontación. La chofer dice que los adolescentes “están gruesos” partiendo de un discurso que también atraviesa a los psicoanalistas por el simple hecho de ser adultos. Precisamente, esta diferencia puede convertirse en un punto ciego para el psicoanalista, sus interpretaciones pueden verse matizadas por el mismo discurso. Entonces, ¿cómo superar dicha dificultad? ¿Cómo trabajar psicoanalíticamente sin resbalar dentro de la brecha que separa al paciente adolescente y al analista adulto?

De entrada, es necesario asentar la estructura. Foucault, en Las palabras y las cosas (1966), nos brinda una herramienta que nos puede ayudar a clarificar la organización. Propone dos formas de estudiar un concepto: la horizontal y la vertical. Estudiar la adolescencia desde un punto de vista vertical, implicaría que comparáramos a los adolescentes de los años ochenta con los adolescentes del milenio, incluso con los adolescentes del medioevo o de la época victoriana. Ese análisis sería probablemente infructuoso, porque el concepto de adolescencia, como lo usamos ahora, no existía en ese entonces; fue hasta principios del siglo XX que adquirió el sentido que tiene hoy. Analizar el fenómeno verticalmente conduce con facilidad a la opinión de que los adolescentes de hoy –cualquiera que sea ese momento– están gruesos.

Afortunadamente, tenemos la posibilidad de estudiar la adolescencia desde lo horizontal, lo cual implica observar al sujeto, en este caso, una paciente adolescente, dentro de un contexto social, cultural, histórico particular y, por lo tanto, también teórico. Encontramos que en el cuerpo teórico psicoanalítico se halla una multiplicidad de voces que nos ayudan a dilucidar el fenómeno adolescente. Revisaremos algunas propuestas de Freud y Gutton, al mismo tiempo que observaremos estos ejes horizontales con una viñeta clínica.

Freud, en sus Tres ensayos sobre una teoría sexual (1905), señala cómo se instala la latencia en los niños. La sexualidad infantil se pone en pausa durante un periodo, el cual inicia a partir del entierro del complejo de Edipo y finaliza con la eclosión de la pubertad. Esta etapa se instaura debido a dos condiciones: 1) la angustia de castración y 2) la “imposibilidad interna” de la edad cronológica para tener una relación coital. Como explican Laplanche y Pontalis en su Diccionario de psicoanálisis bajo el término “latencia”:

Así, Freud se vio inducido a invocar, para explicar la declinación del Edipo, «la imposibilidad interna» de éste, una especie de discordancia entre la estructura edípica y la inmadurez biológica: « […] la ausencia persistente de la satisfacción esperada, la perpetua frustración del niño que espera, obligan al pequeño enamorado a renunciar a un sentimiento sin esperanza» (1996; 210).

En otras palabras, el niño renuncia a su amor por los padres, debido a que su propio cuerpo no es apto para una sexualidad genital. Pero en la pubertad todo cambia. Ahora, biológicamente, el pequeño enamorado ya no está obligado a renunciar. Retomando el análisis horizontal que propone Foucault, podemos identificar que uno de los ejes de la adolescencia será el cuerpo sexuado.

Mariana es una joven de 16 años, llegó a tratamiento por dificultades en la escuela y para socializar con sus pares. Durante la sesión habla sobre el cabello de sus amigas, sus pechos, sus novios, sus bolsas y lo perfecto que es todo aquello que a ellas pertenece, pero que ella no tiene. Esos elementos que caracterizan lo femenino adulto, están puestos fuera de sí; ella los desea y envidia. Es como si esta paciente tuviera el cuerpo de una niña latente, rodeado de adolescentes con cuerpos sexuados y femeninos que poseen tesoros a los que ella no tiene acceso. Mariana renuncia, como renunció el niño que describe Freud, a la posible satisfacción sexual.

La paciente también padece depresión, ansiedad, se corta los brazos y, tras una bulimarexia importante, actualmente tiene obesidad. A pesar de estas severas dificultades, tanto ella como sus padres narran que había vivido una infancia y latencia relativamente carente de sobresaltos. A partir de su quinto año de primaria ocurrieron una serie de sucesos que desencadenaron su psicopatología. No es casual que el momento en el cual comienza a rodar la bola de nieve coincide con la eclosión de la pubertad. Este momento biológico “le rompe la cabeza” (Ortiz, 2016) y le impide elaborar simbólicamente la escena puberal que nos describe Gutton (1991), por lo que debe recurrir a actuaciones sobre el cuerpo para controlarlo, cortarlo, disimularlo o impedir que crezca.

Nos encontramos frente al segundo eje de nuestra comprensión horizontal. Gutton (1991) habla de una escena puberal que se superpone a la escena primaria. A través de los sueños y del contacto con objetos externos, el adolescente elabora las fantasías de fusión, seducción y castración que acompañan la escena primaria. La diferencia fundamental es que el lugar que ocupa aquí ya no es el del infante, sino el del púber cuyo cuerpo tiene acceso ahora a la sexualidad genital. En el caso de Mariana, el rechazo por este cuerpo sexuado inhibe la relación con sus pares (hombres o mujeres), ya que frente a la escena puberal decide funcionar más como una niña latente, cuyos conflictos había logrado resolver exitosamente, y cortar o lastimar cualquier muestra de sexualidad en su soma.

Este texto no tiene como objetivo agotar las aportaciones teóricas, sino ensayar la posibilidad de ilustrar a través de una teoría estructural, una organización que aumente la profundidad de comprensión de la vida psíquica de todos nuestros pacientes.

 

Referencias:

– Foucault, M. (1966). Las palabras y las Cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. México: Siglo XXI Editores.

– Freud, S. (1905). “Tres ensayos sobre una teoría sexual. II. La sexualidad infantil.” En Obras completas, tomo 7. Buenos Aires: Amorrortu.

– Gutton, Ph. (1991). Le pubertaire. París: PUF.

– Kancyper, L. (2003). La confrontación generacional. México: Lumen Humanitas.

– Laplanche, J. y Pontalis, J.B. (1993). “Latencia”. En Diccionario de psicoanálisis, s.v. Barcelona: Labor.

– Ortiz, E. (2016). Supervisión de casos clínicos. Comunicación personal durante mayo de 2016, México.

 

Inicio del Doctorado en Clínica Psicoanalítica: septiembre, 2016. Conoce más del doctorado aquí: http://www.centroeleia.edu.mx/doctorado-en-psicoterapia

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Diplomado Sobre la adolescencia

Por Bárbara Sánchez-Armass

La adolescencia es un proceso vital que se desarrolla en múltiples ámbitos: en lo corporal y lo mental, en la identidad y la sociedad, en lo individual, familiar y cultural. La integración de tales aspectos hace de esta etapa un momento muy particular. Para los padres, maestros u otros adultos, la adolescencia parece una fase tumultuosa e impulsiva; desde el interior del adolescente, se percibe como un proceso invasivo, cambiante y que desorganiza.

El joven tiene que hacer un duelo porque ya no idealiza a sus padres como cuando era niño y eso implica una separación de ellos. Observa que tanto su cuerpo como su mente cambian y se siente confundido, “¿quién soy yo?”. Le resulta difícil aceptar como propias las transformaciones corporales que vive y, además, se asusta de los deseos sexuales emergentes. Se enfrenta por primera vez a un cuerpo sexuado con fines reproductivos que rebasa su capacidad para comprender dicha función.

Algunos adolescentes se preguntan si estarán desarrollándose bien por dentro o si su físico corresponde con su género. Tienen la ardua tarea de acoplarse a ese cuerpo y asumir rasgos femeninos o masculinos, según sea el caso. Entonces, se cuestionan lo que aprendieron de sus padres y tratan de conciliarse también con lo que la sociedad les transmite acerca de dichos roles. Una chica se pregunta si el hecho de que le gusten los deportes rudos hace que deje ser femenina o un muchacho duda de su masculinidad sólo porque aún no le cambia el tono de voz.

Los adolescentes también deben responder a las presiones culturales alrededor de la imagen corporal. Desean alcanzar un ideal, a la vez que no tienen una certeza de cómo crecerá su cuerpo. Por momentos se sienten ajenos a él, ya que no pueden controlar los cambios. Se cuestionan a causa de las semejanzas y diferencias que perciben con sus padres. Aunque la sociedad y su familia tengan un rol importante, es dentro de ellos donde ocurre esta lucha con su mente, sus fantasías y su cuerpo.

La identidad suele construirse a partir de las imágenes que uno crea de los padres y de sí mismo. Dentro de la mente confluyen distintas voces internas que dan lugar a pensamientos y actitudes en la persona, los cuales conformarán su identidad. Un adolescente, por ejemplo, puede interiorizar la voz de sus padres que lo guían, limitan, protegen y sirven como modelo de inspiración. Asimismo, puede escuchar su parte más infantil que busca tener gratificaciones inmediatas, no hacerse responsable de sus actos y apelar a soluciones mágicas para sus conflictos. Pero también puede haber otra voz que cuestione los prejuicios sociales, que quiera sentirse aceptado, que luche por ser diferente y a la vez tema quedar excluido. El joven requerirá hacer un gran esfuerzo para acomodar dentro de sí todas las emociones y pensamientos encontrados; deberá pensar acerca de sus experiencias y darles sentido, asumir su sexualidad y prepararse para la búsqueda de una pareja, diferenciarse de los otros y, al mismo tiempo, formar parte de la sociedad.

Para algunos adolescentes este trabajo resulta muy difícil de llevar a cabo, ya sea por la intensidad de sus emociones (envidia, posesividad, celos, incapacidad de renuncia o de crecer gradualmente), por la relación con sus padres o por situaciones que estén atravesando y que generan ansiedades intensas (duelos, violencia, enfermedades o problemas familiares).

Las situaciones patológicas pueden perturbar de manera permanente el desarrollo de una persona. En este caso, los adolescentes experimentan los cambios de manera caótica, no reconocen su cuerpo como algo propio, no pueden diferenciar si les pertenece, si es de sus padres o algo ajeno. Otros lo perciben como algo peligroso o malo que debe ser castigado, entonces, vemos que se lastiman, se vuelven adictos a los tatuajes, vomitan o se drogan para anestesiar las sensaciones corporales. En otros casos, los adolescentes prefieren ser “malos” a sentir que no son nadie. El peor panorama es el del adolescente suicida, pues siente que no tiene otra salida más que terminar con su vida.

El psicoanálisis propone distintas ideas que se complementan para comprender los diferentes aspectos de la adolescencia. No hay una teoría única que dé cuenta de todo. En el Diplomado “Sobre la adolescencia” revisaremos una gran variedad de situaciones desde la teoría junto con ejemplos clínicos. Nos adentraremos en el tema de la identidad y el cuerpo, el individuo y la sociedad, lo normal y lo patológico dentro del proceso adolescente.

 

Para conocer más detalles del diplomado, consulta el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-sobre-la-adolescencia

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La psicoterapia de apoyo. Una técnica de psicoterapia muy útil en el nivel individual, comunitario y social

(Segunda parte)

Por Muriel Wolowelski.

La psicoterapia de apoyo es uno de los métodos más empleados dentro del marco de las psicoterapias. En la mayor parte de las clínicas, hospitales y consultorios, los terapeutas hablan del apoyo como medio terapéutico. Con esta técnica se busca recuperar el equilibrio psicológico perdido por algún impacto emocional y eliminar los síntomas.

Recuerdo, por ejemplo, la situación de una señora que toda su vida se dedicó al cuidado de su familia con cinco hijos. Acudió a consulta por un estado depresivo que se le manifestó después de que su hijo menor se casara. Tras unos meses, los síntomas rescindieron gracias a la terapia y los psicofármacos, que al poco tiempo dejaron de ser necesarios. Retomó sus actividades culinarias, respecto a las cuales parecía sentirse muy solicitada y querida por su familia. Además, recordó que toda su vida tocó el piano, pero lo había dejado por la exigencia de la crianza de sus hijos; retomó este interés pensando, sobre todo, en algunas piezas que conocía desde niña. Esto la hizo sentirse más confortada emocionalmente, con un espacio propio, espiritual y creativo.

En cualquier forma de intervención, la actitud comprensiva y de ayuda del psicoterapeuta representa un sostén emocional. La disposición de escucha, de aceptación sin críticas y de respeto son elementos indispensables para la superación de las dificultades emocionales de una persona.

La psicoterapia de apoyo no debe ser considerada como un modelo de menor valía en relación con una psicoterapia psicoanalítica, la cual busca modificaciones profundas del carácter y la personalidad. Cada una de ellas tiene su propio campo de acción, sus objetivos, sus indicaciones y su método de trabajo, igualmente sutil y complicado.

La capacidad para sostener el dolor emocional de otra persona y la fuerte ansiedad que generalmente lo acompaña, es una labor similar a la que realiza una madre amorosa con su bebé. Fue Donald Winnicott, un psicoanalista inglés, quien elaboró el concepto de “holding”, palabra inglesa que significa “sostén” o “sostenimiento”. Desarrolló importantes ideas sobre la necesidad que tiene el niño pequeño de ser sostenido, física y emocionalmente por su madre; ella sabrá encontrar la manera de expresárselo, ya sea hablándole, cantando o meciéndolo. Esta contención y la posibilidad de calmar al individuo ansioso en los términos más adecuados posibles, ayudándolo a pensar en sus conflictos inmediatos y ofreciéndole una guía para que pueda pensar más desde sí mismo, resulta una solución sintomática que alivia mucho al paciente y le da instrumentos creativos muy interesantes para su desarrollo posterior.

Una gama muy amplia de pacientes puede beneficiarse con las terapias de apoyo. Se usan de manera preferencial, como mencionamos antes, en los servicios institucionales de salud mental. Sin duda, un buen amigo o un familiar pueden brindar expresiones de ayuda (un abrazo, un hombro para llorar o su escucha) y ofrecen consejos o recomendaciones espontáneas que son útiles y profundamente amorosas; no obstante, no suelen propiciar los cambios psíquicos que ocurren con la psicoterapia de apoyo.

Una situación distinta es la de personas con enfermedades mentales graves y crónicas, como las psicosis o los pacientes borderline muy complicados, que requieren de un equipo de especialistas que trabajen de forma interdisciplinaria: un psiquiatra que medique al paciente con psicofármacos y controle la prescripción, un neurólogo especializado, en caso de que se presenten alteraciones neurológicas (convulsiones u otras), un terapeuta de familia para aclararles cómo tratar con él, un trabajador social para facilitar su reubicación laboral cuando mejore, un terapeuta ocupacional que lo ayude a desarrollar ciertas aptitudes (cuando existe un deterioro de tipo intelectual) y, desde luego, un psicoterapeuta que pueda acompañarlo, explicarle aquello que escapa a su voluntad y brindarle mucho apoyo para enfrentar su vida cotidiana. En el trabajo con personas que presentan dificultades graves o condiciones deficitarias también es posible llevar a cabo estas modalidades de apoyo con muy buenos resultados.

La relación paciente-terapeuta es sumamente significativa y está llena de expectativas. El paciente llega con la esperanza de que el terapeuta lo libere del dolor, lo ayude a soportar la sobrecarga que sus dificultades le exigen y espera que le permita, en alguna medida, descargarse, que lo atienda y trate bien. Por su parte el psicoterapeuta espera ser útil y comprender a la persona, tolerar e influir en su restablecimiento.

Los pacientes necesitan tener en el terapeuta a un buen interlocutor que los asista, que les muestre sus cualidades, los enseñe a valorarlas y a pensar con mayor profundidad en ellos mismos. Una buena terapia de apoyo no sólo consiste en tratar que las personas se sientan mejor, sino en un entendimiento emocional que le permita al sujeto pensar sus problemas de manera más adecuada.

Conoce más del diplomado en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-tecnicas-de-psicoterapia

 

 

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Psicosomática actual: teorías y enfoques clínicos

 Catherine Goetschy

Se habló hace apenas unos momentos acerca de los varios intentos que hubo para vincular las emociones con la génesis de enfermedades psicosomáticas en las primeras épocas del desarrollo del psicoanálisis. Fue a partir de los años sesenta, y gracias a nuevos modelos teóricos, que comenzaron a aparecer nuevos planteamientos que nos ayudan a entender el fenómeno psicosomático de manera más amplia.

Desde los últimos años de la década de los cuarenta e inicios de los cincuenta, J. Ruesch encontró que algunos pacientes psicosomáticos presentaban perturbaciones en la expresión verbal y simbólica. Gracias a este autor, se alcanzó uno de los primeros acercamientos a la noción de defecto estructural, es decir que, en lugar de pensar que la enfermedad psicosomática se debe a un conflicto interno que involucra emociones, se planteó que, en realidad, es posible que se trate de un déficit o carencia en la forma de procesar las experiencias y/o en la capacidad de simbolización.

Si bien las ideas que involucran el concepto de déficit, que les explicaré más adelante, gozan de mucha aceptación, no todos los autores las adoptan como causa exclusiva del padecimiento psicosomático; entre ellos se cuentan algunos destacados psicoanalistas de países europeos y de América Latina, tales como H. Etchegoyen, D. Meltzer, C. Leiberman y N. Bleichmar.

Las teorías que incorporan la idea de déficit plantean la relación de ésta con el pensamiento operatorio y la alexitimia. Analistas tales como Pierre Marty, Michel de M´Uzan, Michel Fain y Catherine Parat, que pertenecen a la Escuela Psicosomática de París, describieron en 1963 su experiencia clínica con pacientes que padecían diferentes enfermedades físicas. Notaron que muchos de ellos no producían fantasías, sus asociaciones eran muy poco imaginativas o apegadas a la realidad fáctica. A esta forma de comunicación le fue dado el nombre de “pensamiento operatorio”.

Este modelo es una teoría económica de la transformación psicosomática. Valga recordar que el concepto “económico” viene de la teoría freudiana y comprende lo siguiente: los procesos mentales consisten en la circulación y distribución de una energía cuantificable; cuando el aparato psíquico recibe excitaciones de origen externo (estímulos, ruidos) e interno (aquellas bien conocidas como pulsiones; el hambre o la excitación sexual, por ejemplo) se ve en la necesidad de procesarlas. Pero, a veces la mente no puede lidiar con ellas, ya sea porque son demasiadas, o bien porque son muy intensas, o incluso porque el sujeto no sabe qué hacer con ellas; entonces, pareciera que se obstruye la capacidad de representación o elaboración de las demandas pulsionales que el cuerpo dirige a la psique. Esta hipótesis nos recuerda un poco la teoría freudiana de la neurosis actual, como mencionábamos previamente, donde las pulsiones no pueden ser elaboradas por mentalmente y se descargan bajo la forma de angustia. Es importante no dejar de notar que la propuesta de la Escuela de París se halla contrapuesta a la teoría que busca un significado detrás del síntoma psicosomático: el modelo “parisino”, por su parte, hace hincapié en la carencia o fallo en la capacidad para representar un conflicto.

Consulta o descarga el documento completo en: http://goo.gl/7b0wui

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Reflexiones en torno a lo psicosomático

Conrado Zuliani

Como se mencionó anteriormente, en ocasiones, los terapeutas recibimos en consulta a pacientes que acuden a causa de algún tipo de padecimiento somático. Muchos de ellos son enviados por el internista, frecuentemente el médico les dice: “usted no tiene nada, vaya a ver a un psicólogo”. En realidad, el paciente sí tiene un padecimiento, que puede ser de carácter psicosomático o histérico-conversivo.

Ocurre también que algunos pacientes se enferman durante el proceso de análisis; no es raro que aparezcan complicaciones físicas durante el curso del tratamiento, como hipertensión, problemas de piel, incluso cáncer. A veces, hasta los analistas nos enfermamos al hacer nuestra labor clínica.

Pero, tangencialmente, el analista puede cubrir una función preventiva respecto a las enfermedades físicas de su paciente. Es decir, si bien, es parte importante de la actitud y las actividades analíticas lo que se conoce como “abstinencia” por parte del terapeuta, que consiste en no interferir al dar consejos, esto habrá de aplicarse mientras no haya un compromiso vital para el paciente. Hay situaciones en las que el analista sabe que no debe vacilar al aconsejar a su paciente que haga algún tipo de revisión médica o que consulte a determinado especialista. Por ejemplo, en una situación de duelo, en la que una mujer de cierta edad sufre una pérdida, si ésta es particularmente significativa para ella, no dudamos ni un segundo en recomendarle que se haga estudios ginecológicos, porque sabemos que los duelos no procesados a veces dejan marcas en el cuerpo. La experiencia determinará qué es lo que conviene aconsejar a la persona de acuerdo a cada situación.

Sería difícil decir que existe un prototipo tal cual del paciente psicosomático, ya que no convendría generalizar el carácter de un individuo, en menoscabo de la complejidad de la personalidad humana. Pero, ciertamente, se ha observado que muchas de las personas que generan enfermedades psicosomáticas, poseen un reconocimiento muy bajo –si no es que carecen de él– del nivel de tensión al que están sometidos, tanto externa como internamente. Son personas que parecen funcionar mediante disociaciones, por un lado, de la ansiedad en su vida diaria y por otro, de algunas señales que su cuerpo les envía: a veces, son deliberadamente negligentes con lo corporal. Tratando de describir una imagen en la que ocurra esto, dentro de situaciones de tensión, donde una persona trabaja doce horas al día, viaja tres horas en su auto para ir al trabajo y duerme solamente otras tres; este individuo sería así un candidato ideal para que su cuerpo necesite hacer una eclosión, dando origen a una enfermedad orgánica.

Consulta o descarga el documento completo en: http://goo.gl/EB44HF

Conoce más de la Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/maestria-en-psicoanalisis