Archivos mensuales: abril 2015

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Envidia, voracidad, intolerancia a la frustración: Jinetes del Apocalipsis mental en la posmodernidad

Por Margarita Moya Daumas

La célebre canción de los Rolling Stones (I can´t get no) Satisfaction, escrita en 1965, parece describir fielmente un estado de la sociedad contemporánea que no ha hecho sino extenderse y acentuarse: el sujeto, víctima de la publicidad y de la erotización del mundo, vive frustrado al intentar una y otra vez obtener la satisfacción deseada sin conseguirlo.

La canción revelaba lo que empezó a suceder a partir de la segunda mitad del siglo XX: la sociedad occidental –el mundo– estaba entrando en una nueva fase de su historia. La tecno-ciencia, nacida de la industrialización y los procesos de globalización, produjeron una etapa de la modernidad que ha sido denominada como posmodernidad, o, de acuerdo con la terminología de Zygmunt Bauman (2007), modernidad líquida.

La sociedad de consumo ha modificado de tal manera las relaciones sociales que algunas características del ser humano, en cuanto sujeto de la historia, quedan ahora más expuestas. Desde la perspectiva psicoanalítica, la teoría kleiniana puede ayudarnos a comprender este desarrollo de la sociedad. En 1955, Melanie Klein presentó la primera versión de su teoría de la envidia. Se dice que Winnicott se llevó las manos a la cabeza y exclamó: “¡Oh, no puede hacer esto!” (Grosskurth, 1991: 434). La idea de que la envidia es un factor constitucional continúa suscitando adhesiones y rechazos (como lo hizo la pulsión de muerte que Freud presentó en 1920).

Melanie Klein postuló la introyección de un pecho bueno en el núcleo del yo como punto de partida del desarrollo psíquico. Ese pecho bueno, adecuadamente instalado, permitiría tolerar las frustraciones que la realidad siempre impone y lidiar con los impulsos voraces naturales en el ser humano. La autora definió la envidia como un ataque al pecho bueno, precisamente a causa de su bondad. Sin embargo, la bondad, como fuente de todo lo vital, es requerida por el propio destructor, por lo que habrá de buscarla tenazmente para destruirla de continuo.

Klein describió la voracidad como el predominio de la búsqueda excesiva de satisfacción pulsional oral en detrimento de la comunicación con la madre, opuesta al amor desinteresado hacia ella. A la envidia y a la voracidad se le suma la intolerancia a la frustración que añade un elemento de urgencia impostergable frente a necesidades y deseos. Cuando la frustración no es excesiva y es seguida de gratificaciones, puede favorecer la adaptación al mundo externo y el desarrollo de un sentido de realidad por medio de la sublimación y la creatividad. La falta de conflictos impediría el enriquecimiento y el fortalecimiento de la personalidad.

La capacidad innata de goce es atacada cuando la envidia resulta excesiva y la consecuencia de este ataque es una inadecuada instalación del pecho bueno en el yo y una incapacidad para hacer frente a las pulsiones destructivas: envidia, voracidad y angustia persecutoria entran en un circuito de retroalimentación permanente que se traduce en un círculo maligno. El sentimiento en el individuo de haber dañado al pecho a causa de su envidia y la angustia resultante, conducen a cuestionar la calidad del objeto y tienen por efecto aumentar la voracidad; cada vez que predomina un aspecto positivo del objeto, éste es deseado e incorporado vorazmente. Dicha incorporación voraz se acompaña de dudas sobre la posesión del objeto, lo que despierta incertidumbre acerca de su propia bondad, que a su vez lo lanza a hacer nuevas identificaciones, voraces e indiscriminadas, indefinidamente (Klein, 1988).

Así entonces, al convertir los intercambios emocionales en mercancías, la voracidad pasa a jugar un papel central dentro de las emociones con las que el psicoanálisis debe lidiar. La promesa del mercado consiste en que la adquisición del producto más reciente equivale a la posesión del pecho idealizado, ilimitado e inagotable. Pero la posesión del producto conlleva una desilusión simultánea: un nuevo producto se presenta como ese pecho. Esta dinámica se asegura de que vuelva a surgir el deseo de poseer todos los contenidos y riquezas de ese pecho ideal. El nuevo Tántalo, el individuo posmoderno, no encuentra nunca la satisfacción que parece estar siempre al alcance de la mano-dinero. Como en la célebre canción de los Rolling Stones, nunca se obtendrá lo deseado, pero podemos intentarlo interminablemente.

El círculo maligno descrito por Klein parece ser una descripción precisa de la modernidad líquida en la cual no se cultiva otra virtud que la del consumidor. La sociedad posmoderna ha transformado la introyección de ese pecho bueno en mercancías: el último IPhone, la bolsa de marca, el traje del diseñador de moda, el coche más caro… Con la consecuencia fatal de que una vez que se posee, será necesario sustituirlo de inmediato. Así, las relaciones amorosas entre padres e hijos, los vínculos conyugales, las amistades, etc., también han entrado en un proceso de mercantilización (Bauman y Dessal, 2014).

Estos son los pacientes con los que se enfrenta el psicoanalista de hoy. Teorías como la de la envidia constitucional, la pulsión de muerte, el narcisismo, son otros tantos medios para comprender la complejidad de la mente en sus manifestaciones contemporáneas.

Referencias bibliográficas:

  • Bauman, Z. (2007). Amor líquido. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Bauman, Z. y Dessal, G. (2014). El retorno del péndulo. Sobre psicoanálisis y el futuro del mundo líquido. Madrid: Fondo de Cultura Económica.
  • Grosskurth, P. (1991), Melanie Klein. Su mundo y su obra. Paidós, México.
  • Klein, M. (1988). Envidia y gratitud, y otros trabajos. Obras Completas de Melanie Klein. Tomo III. Barcelona: Paidós.

 

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Aportaciones de la Psicología al ámbito laboral

Por José Cohen

En un mundo globalizado, la productividad representa para las empresas uno de los desafíos más importantes; ya no es cuestión solamente de competir con otras del mismo país, sino que es indispensable alcanzar estándares internacionales. Para conseguirlo, la creación de un ambiente laboral donde los recursos propios de cada participante puedan ser aprovechados de manera óptima, juega un papel fundamental. La tarea del psicólogo consiste, precisamente, en facilitar la generación de condiciones que motiven y hagan posible para cada uno de los integrantes de la empresa la mejor aportación profesional y personal. Para esto hay algunas ideas que pueden ser útiles.

El tiempo invertido en la integración de grupos y equipos de trabajo, se ahorra en el cumplimiento de las tareas. Esto implica que el primer paso en cualquier organización consiste en unir a sus participantes de tal manera que puedan avanzar en el proyecto asignado como un conjunto, privilegiando la cooperación sobre la competencia. El psicólogo en la empresa puede echar mano de programas y actividades que permitan a las personas ir más allá de las máscaras convencionales o de los puestos para conocerse dentro de un ambiente que invite a la colaboración: reconocer las ventajas de compartir los puntos en común, honrando las diferencias como una riqueza y no como un obstáculo que los separe.

Al ascender en la escala de jerarquía de cualquier empresa se recibe una retribución mayor por pensar, más que por hacer; es decir, se paga por organizar la ejecución de las tareas. El pensamiento creativo, por tanto, se convierte en un recurso poderoso e indispensable para estos cargos. En tanto que la capacidad para pensar depende en gran parte del estado emocional, resulta evidente la necesidad de dedicarle atención. La vida emocional está determinada por el tipo y la calidad de los vínculos que el individuo establece, de sus relaciones interpersonales. Por eso el trabajo del psicólogo es primordial, porque aporta la posibilidad de revisar, establecer, modificar o fortalecer los lazos cotidianos entre los integrantes de la empresa. Así, colabora con la creación de estados emocionales equilibrados y armónicos, adecuados para pensar con mayor objetividad.

Ante la tendencia común de las empresas de buscar resultados inmediatos, el psicólogo tiene el desafío de establecer frente a la dirección lo que su trabajo representa: una inversión altamente redituable, que requiere tiempo, atención y recursos suficientes. Esto es lo que Stephen Covey llama “afilar la sierra”; es necesario crear consciencia de la necesidad de darse un tiempo, periódicamente, para “afilar la sierra”, para entrenar, para capacitar, para mejorar las habilidades y los vínculos en los grupos de trabajo.

En su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, este autor afirma que: “No hay nada como el éxito para tener éxito”, refiriéndose a la importancia de proveer los recursos y las condiciones necesarias a los participantes en un grupo, con la intención de que puedan alcanzar el éxito en su objetivo y que dicho éxito funcione como acicate para otros mayores. Una de las herramientas principales con las que cuenta el psicólogo en una empresa es esa posibilidad de hacer llegar al personal los recursos materiales y emocionales necesarios para conseguir las metas en calidad, cantidad, tiempo y costo, los cuatro parámetros empresariales por excelencia. A partir del logro, puede detonarse la dinámica del “éxito para tener éxito”, como una espiral en beneficio de cada uno de los participantes y de la organización misma.

Por su parte, Fernando Savater en su libro El valor de educar, define la educación como “la revelación de los demás”. Esa es, precisamente, una de las funciones principales del psicólogo: revelar a cada uno de los integrantes de la empresa la existencia de los demás como personas y también como el recurso que cada uno representa para el logro compartido de las tareas. Esto deja las puertas abiertas para que cualquiera pueda acudir a solicitar a otra persona el apoyo necesario –laboral o emocional– y para fortalecer el sentido de corresponsabilidad en el equipo.

Los conceptos de posmodernismo y de pensamiento complejo enriquecen mucho el ámbito laboral al asumir que no hay una verdad absoluta y que la tarea –más que buscar esa inexistente verdad única– será adquirir múltiples vértices, diferentes perspectivas frente a un obstáculo. Sumar utilizando más la “y” que la “o” para incorporar puntos de vista y nuevas posibilidades de solución a los problemas. William Hazlitt en su libro Sobre el conocimiento del carácter dice que la mirada de un hombre es el trabajo de años, enriquecer nuestra mirada implica una labor permanente.

El quehacer creativo requiere de una comunicación eficaz, algo difícil de conseguir en cualquier ámbito: implica crear consciencia de que el punto de vista propio no siempre corresponde con el de los demás y que, para establecer puentes entre esas diferentes maneras de considerar el mundo, es necesario un esfuerzo de claridad y una disposición permanente para mantener abiertos los canales de comunicación entre los integrantes del grupo.

Existe un amplio menú de dinámicas útiles para que el psicólogo pueda compartir estos conocimientos con los integrantes de la empresa de una manera lúdica. Esto es importante desde el punto de vista del aprendizaje significativo, donde la experiencia antecede a los conceptos teóricos y les da un pleno sentido. El psicólogo tendrá que negociar con la dirección de la empresa los tiempos y los lugares adecuados para organizar estas dinámicas, facilitando que las ideas sean asimiladas y aplicables en el día a día.

Aunque tener es el objetivo fundamental de la empresa, sin duda es más importante lo que somos que lo que hacemos o lo que tenemos, pues es a partir de lo que somos que vamos eligiendo los quehaceres y logrando los objetivos propios. Por ello, la intervención del psicólogo en la empresa debe partir del ser, sobre los valores, para dirigirse luego al quehacer y al tener. La visión debe ser completa, para entonces fortalecer integralmente a cualquier grupo de trabajo, en aras de lograr sus objetivos.

Ahora es más evidente que nunca: en este mundo globalizado, la economía ocupa un lugar central para el desarrollo de los países, de las comunidades, de las empresas y de las personas. La labor del psicólogo en una empresa puede enriquecerla desde sus bases, al fortalecer sus recursos humanos y expandir creativamente el abanico de las posibilidades para lograr sus metas.

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La naturaleza humana y la psicología

Por Daniela Bustamante Rosas

La psicología es una de las profesiones más diversas y enriquecedoras, pues los conocimientos que incluye permiten comprender muchas experiencias cotidianas desde múltiples perspectivas y a diferentes niveles de profundidad. La psicología se convierte en una herramienta por medio de la cual podemos observar, reflexionar y analizar los procesos mentales y emocionales que acontecen en la psique humana.

El psicólogo es un explorador entusiasmado por la naturaleza humana, es decir, el conjunto de características esenciales que nos son comunes a todas las personas, tales como emociones, fantasías, pasiones, instintos y la capacidad para pensar. La psicología es como un lente que permite estudiar todos estos fenómenos con base en numerosas interpretaciones y puntos de vista. A lo largo de los siguientes párrafos mencionaré un par de ejemplos de ello.

Partiendo del aspecto cognitivo, que se refiere a todos los procesos de percepción, atención, memoria, inteligencia y aprendizaje, la psicología propone diferentes maneras de comprender el universo mental junto con sus múltiples expresiones. Por ejemplo, la investigación interdisciplinaria propone un concepto de inteligencia más completo y evolucionado. Antes se pensaba que la inteligencia era una sola cualidad, mesurable por medio del coeficiente intelectual. Actualmente, gracias a las investigaciones de psicólogos como H. Gardner (1983) sabemos que existen otros tipos de inteligencia, gracias a los cuales desarrollamos habilidades para ejecutar toda clase de tareas y procesos. Algunas formas de inteligencia predominan en cada uno de nosotros y nos hacen más competentes para determinadas actividades, mientras que otras permanecen limitadas. Entre ellas, podemos mencionar la inteligencia lingüístico-verbal, la espacial, la corporal (relativa a la cinestesia), la interpersonal, etc.

En este punto, me parece ilustrativo el caso de Charles Darwin, quien intentó varias opciones vocacionales antes de ser el gran naturalista que hasta el día de hoy reconocemos. De manera casi contrapuesta a la importancia de sus investigaciones y postulados, algunas personas de su entorno lo consideraban torpe y con pocas probabilidades de éxito. La teoría de las inteligencias múltiples nos puede aclarar lo que ocurre en una situación como esta que, por lo demás, se repite con frecuencia entre los individuos: Darwin destacaba en el tipo de inteligencia naturalista, sin embargo no sucedía lo mismo con otras habilidades que eran valoradas en su época y en su medio social.

Otro ámbito desde el cual podemos emplear a la psicología para estudiar y comprender la naturaleza humana es el de las artes. Por esta razón, si después de ver una película nos quedamos pensando en los personajes, cómo se presentan, qué motivos tienen para hacer lo que hacen; o bien, si miramos una pintura que nos conmueve y nos cuestionamos por qué el pintor habrá elegido esa imagen, esos colores; e incluso, si al encontrarnos frente a cualquier tipo de experiencia artística nos sentimos tentados a comprender y deseosos por descifrar lo que hay detrás de tales expresiones y del comportamiento humano en sí, sin duda pensaremos que la carrera de psicología es una profesión fascinante, ya que en sus mismos fundamentos se halla este afán por examinar tales temas.

Por ejemplo, Van Gogh pintaba sillas vacías, lo cual puede parecer algo muy simple. Sin embargo, un pensamiento sensible y entrenado para identificar los innumerables fenómenos mentales y sus causas, podrá entender el sentido latente que guardan estas pinturas. Evidentemente, los psicólogos no son las únicas personas capaces de percibir este tipo de experiencias. De hecho, las obras de arte reconocidas universalmente lo son así precisamente porque se ponen en contacto con aspectos esenciales de la naturaleza humana, de donde se deriva su facultad para conmover nuestra emocionalidad.

Sin embargo, el estudio de la psicología –junto con otros contenidos– afina la percepción del sujeto y su capacidad para sentir, para conectarse con los sentimientos y maneras de pensar, interpretarlos e intervenir en ellos. Las sillas vacías de Van Gogh producen un impacto emocional intenso porque remiten a situaciones de ausencia: una silla vacía puede ser el elemento simbólico que produce el llanto de una persona por ser la referencia de una historia vivida o la explicación sin palabras de una separación, de una pérdida o del gran dolor que produce una falta. Un análisis desde el punto de vista psicológico permite que nos aproximemos a la intención que posiblemente tuvo el artista mientras creaba su obra y facilita describir los efectos que tal vez genere en la vida emocional de los espectadores.

Como bien sabemos, la naturaleza humana es verdaderamente compleja. El deseo de conocer su esencia, así como de comprender y modificar los fenómenos mentales que nos ocurren, dio origen a la psicología como ciencia –junto con sus diversas ramificaciones– y el alcance de su desarrollo nos muestra lo mucho que resta por descubrir todavía. Sin lugar a dudas, el estudiante de psicología, esforzado y comprometido con la carrera, verá enriquecida su propia vida en los ámbitos intelectual, emocional, social y, por supuesto, profesional.

 

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Artículo del Diplomado Angustia, depresión, neurosis

Artículo del Diplomado

Angustia, depresión, neurosis. Tratamientos y experiencias clínicas

Por Dr. Jorge Salazar, co-coordinador del Diplomado

Los desórdenes neuróticos, junto con la ansiedad y la depresión, constituyen, por su elevada frecuencia en la población general, motivos comunes de consulta para el psiquiatra, el psicólogo clínico y el psicoanalista. De hecho, es alarmante el incremento registrado en las últimas décadas de la mayor incidencia de cuadros depresivos en niños y jóvenes; en estos últimos, por si fuera poco, los trastornos por ansiedad son cada vez más frecuentes y se asocian con otros cuadros psicopatológicos aún más severos. En la adultez, la mayoría de las personas —por no decir que todas— han presentado al menos una vez en su vida un episodio de ansiedad o depresión que, en el mejor de los casos, remite espontáneamente sin haber requerido un diagnóstico, pero, en el peor, tiende a reincidir, a perdurar y a ocasionar con ello consecuencias más desfavorables en todos los aspectos vitales.

Las razones que explican el estado actual de la mayor prevalencia y morbilidad de estos trastornos son heterogéneas. Suelen sintetizarse, sin embargo, en atribuir al conjunto de factores medioambientales —sobre todo en los tiempos violentos en los que vivimos— una influencia perniciosa en el sujeto. En efecto, las consabidas y recurrentes crisis económicas, políticas y sociales; la creciente inseguridad, aún en la vida civil debida a la alta probabilidad que tiene el ciudadano común, no sólo de ser víctima de un delito perpetrado con violencia o de las mafias del crimen organizado, sino de serlo también de un acto terrorista desde las experiencias del 11-S, el 15-M y el 7/7 entre muchas otras; la vulnerabilidad con la que vive cualquier persona ya sea en el medio urbano o rural de sufrir los embates de cataclismos y catástrofes de origen diverso; la inmediatez con la que los medios electrónicos de comunicación introducen los acontecimientos públicos en la vida privada y, en fin, la adversidad con la que las personas enfrentan la vida en los tiempos modernos y en las megalópolis, que hace mucho perdieron su escala humana y frustraron los beneficios prometidos por la modernidad.

Por si no fuera suficiente con todo lo anterior, existen otros factores que también participan en la génesis de la triada conformada por neurosis, angustia y depresión. Entre ellos se cuentan los conflictos que emergen del interior de la vida familiar —considerando desde luego sus nuevas configuraciones y su más compleja dinámica—, así como los derivados de las relaciones interpersonales en las que el otro, cuando no es una ausencia dolorosa, constituye una presencia intrusiva o alienante, o bien, particularmente entre los adolescentes, una personalidad virtual con rasgos ambiguos, confusos e impredecibles.

De la interrelación entre estos y otros factores externos con los subjetivos resulta el trastorno en sus diferentes expresiones psicopatológicas. Lo anterior no es un argumento específico para explicar el origen de las entidades que nos ocupan en esta ocasión —angustia, depresión y neurosis— debido a que en cualquier trastorno psíquico no existe una etiología única, simple o lineal sino más bien la confluencia de elementos diversos que en su combinación son eficaces para producir la alteración. Aún para la depresión, por ejemplo, la pérdida objetiva y real no es suficiente para causar el episodio depresivo; a aquella se agregan factores predisponentes o latentes que, actuando desde el mundo interno, encuentran en la vivencia de pérdida la ocasión propicia para manifestarse.

El agrupamiento en un sólo conjunto de estas tres entidades clínicas no es caprichoso; obedece, más bien, a los estrechos nexos que se establecen naturalmente entre ellas. La comorbilidad entre ansiedad y depresión se encuentra habitualmente en la práctica clínica; la angustia o ansiedad, en tanto síntoma ubicuo, acompaña regularmente a todo cuadro psicopatológico; como entidad nosológica, la angustia adquiere las características de los modos básicos de organización dinámica de la personalidad, ya sean psicóticos, perversos o neuróticos. La neurosis, por su parte, es el territorio común sobre el que se asientan la depresión y la ansiedad, al mismo tiempo que estas la agravan y complican.

La detección de estos cuadros, no obstante la amplitud y diversidad de sus manifestaciones sintomáticas, no suele ofrecer dificultades, a diferencia de su tratamiento que, como en todos los empeños terapéuticos, debe superar obstáculos, vencer resistencias y propiciar las condiciones favorables para obtener resultados satisfactorios. Al igual que en otros casos, no debemos esperar que las neurosis y los trastornos anímicos y por angustia se manifiesten en estado puro, sino más bien, como hemos señalado, lo hagan en una superposición de identidades clínicas diferentes que, en la práctica, desvanecen las fronteras entre ellas. Reconocer lo anterior implica admitir un rasgo inherente de complejidad en el ejercicio clínico y prepara al psicoanalista para tener una visión multifocal e integral en cada situación. Más aún cuando afirmamos que la mirada psicoanalítica privilegia las vicisitudes del mundo interno —el cual también muestra la diversidad de sus componentes— y su interrelación con los escenarios externos. En todo caso, el reconocimiento sindromático de cada una de estas entidades, aunado al esclarecimiento de los aspectos psíquicos, revisten importancia tanto para la teoría como para la clínica psicoanalíticas.

Por ello, en el diplomado “Angustia, depresión y neurosis. Tratamientos y experiencias clínicas”, estudiaremos estos trastornos y sus relaciones. Revisaremos la bibliografía psicoanalítica, tanto los textos clásicos, fundamentales para su comprensión, como la literatura más actualizada que enriquece las perspectivas múltiples habidas sobre el tema. Recordaremos las hipótesis psicodinámicas que subyacen en el origen, estructura y modo de organización de estos trastornos y, con material clínico, veremos sus manifestaciones psíquicas en la sesión analítica a través de las fantasías, los sueños y la transferencia. Finalmente, trazaremos los lineamientos generales de su abordaje psicoanalítico.

Por supuesto, no todo es tan negativo en el mundo contemporáneo como parece. También en una época como la nuestra que enfatiza la educación de la salud y promueve actitudes más abiertas, tolerantes y respetuosas frente a los problemas psicológicos, no hay razones para que estos trastornos, en principio menos severos, disfuncionales y desadaptativos que otros, no sean detectados en forma adecuada y oportuna y encausados, a su vez, correctamente para que reciban la atención profesional más eficaz.

 

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Importancia del juego en el desarrollo infantil

En esta ocasión compartimos la participación de la Mtra. Patricia Bolaños, docente de Centro Eleia, en Paralelo 23, de Foro TV canal 4, con el tema “Importancia del juego en el desarrollo infantil”.

Para ver el video, click aquí: http://noticieros.televisa.com/programas-respuesta-oportuna/1503/importancia-juego-desarrollo-infantil/