¿Se puede pensar en la propia muerte?

Fecha: 24 febrero, 2021

Autor:

Mariana Castillo

Resumen:

El texto aborda la irrepresentabilidad de la propia muerte desde una perspectiva psicoanalítica, a partir de las aportaciones de Freud y Rank. Explora la figura del doble como sustento psíquico de la creencia en el alma y como fenómeno siniestro que acecha al sujeto. Asimismo, plantea que la muerte propia solo puede hacerse presente mediante el dolor de la pérdida de otro. A partir de Freud (1915), examina la ambivalencia afectiva que caracteriza los vínculos humanos, en los que coexisten el amor y el odio, así como el conflicto que surge ante la muerte de un ser querido. Finalmente, reflexiona sobre la creación de espíritus y demonios como una respuesta psíquica ante el duelo, la culpa y la dificultad de asumir la muerte. 

 

“El hombre ya no pudo mantener lejos de sí la muerte, pues la había probado en el dolor por el difunto”.

Freud, 1915

 

Rank observó en la idea del doble un sustento psíquico para la creencia en el alma, que con su existencia nos asegura una vida después de la muerte. Este mismo fenómeno se torna siniestro y nos acecha. Basta con pensar en la experiencia de ver a alguien idéntico a ti caminar por la calle: surge una emoción indescriptible parecida al horror.

Si tomamos como verdadera la irrepresentabilidad de la propia muerte, ¿cómo damos cuenta de ella? En todo caso, termina haciéndose presente y la podemos vivenciar en el dolor de la pérdida de otro; es la única aproximación que tendremos hasta el momento en que nos toque experimentarla en carne propia. Al respecto, Freud describe el trabajo psíquico al que nos enfrentamos cuando alguien cercano muere. La manera en que nos relacionamos con otros adopta una dualidad: amamos y odiamos al mismo tiempo. Esta ambivalencia es natural y está presente en todos nuestros vínculos, aunque es mucho más difícil reconocer el odio que nos lleva a enfadarnos y a desear inconscientemente la muerte de alguien.

Freud (1915) construye la figura de un hombre primordial, modelo que todo ser humano lleva impreso a manera de herencia ancestral. Este hombre, al igual que nosotros, se mantenía incrédulo ante su propia muerte, pero al ver morir a algún ser querido, su madre, su esposa, su hijo, se enfrentó a la posibilidad de morir él mismo. Ante ello se resistió, pero fue difícil porque cada sentimiento hacia cada persona perdida posee la misma dualidad: el deseo de muerte y el amor. Para el autor este conflicto entre amor y odio es lo que nos lleva a investigar los enigmas de la vida y la muerte y lleva también a construir teorías más alentadoras que ayuden a lidiar con el dolor de la pérdida, que en su desenlace dan muestra de la misma ambivalencia: “Frente al cadáver de la persona amada, inventó los espíritus, y su conciencia de culpa por la satisfacción entreverada con el duelo hizo que estos espíritus recién creados se convirtieran en demonios a los que temer”. Concluye entonces que en nuestro inconsciente la muerte se enfrenta de la misma forma en que lo hizo este hombre primordial.

Referencias:

Freud, S. (1915). “De guerra y de muerte: temas de actualidad”. Obras completas (vol. 14). Amorrortu.

Freud, S. (1919). “Lo ominoso”. Obras completas (vol. 17).  Amorrortu.