¿Por qué hablar del adulto mayor dentro de la clínica psicoanalítica?

Fecha: 10 junio, 2026

Autor: Nadezda Berjón

Desde hace tiempo se viene discutiendo que el psicoanálisis inició con una visión restringida respecto al tratamiento de adultos mayores, en tanto se les consideraba no aptos para un psicoanálisis profundo. Esto se debía a que se pensaba que ya tenían resistencias, defensas y un carácter demasiado fijo —establecido e impermeable a los cambios—.

Es cierto que hemos escuchado de nuestros adultos mayores frases como: "Llevo mucho tiempo siendo así y no voy a cambiar", o "Si hasta ahora no he cambiado, es que no lo voy a hacer". También escuchamos: "Siempre he sido así; no me vas a venir tú a decir cómo ser. Ya estoy muy grande como para empezar ahora a hacer las cosas de manera distinta".

Esta es una visión desde la vida cotidiana, compartida por todos. Sin embargo, a nuestros consultorios llegan cada vez con mayor frecuencia personas mayores de 65 años pidiendo apoyo terapéutico. Algunas buscan específicamente un psicoanálisis, pero lo que en general ocurre es que llegan a pedir ayuda de manera amplia, sin pensar específicamente en qué tipo de ayuda van a recibir.

Hay quienes consideran que el adulto mayor solo puede ser tratado con psicoterapia de apoyo. Las características de esta modalidad incluyen un trabajo no transferencial, apuntalado en la alianza terapéutica; manteniendo el trabajo en los niveles consciente y preconsciente, sin uso de la interpretación, y con herramientas tales como la clarificación, la guía y la contención. El psicoanálisis, en cambio, se centra en la interpretación transferencial, el análisis en profundidad y el desarme minucioso de las defensas, entre otros aspectos.

Sin embargo, analistas de diferentes partes del mundo trabajan psicoanalíticamente con cualquier paciente que requiera —y esté dispuesto a— iniciar esa travesía profunda y compleja, sin importar la edad de la persona que tienen enfrente.

Por un lado, la edad cronológica es distinta a la edad en el inconsciente. En nuestro psiquismo podemos ser bebés, adolescentes, mujeres, niños; podemos tener muchas representaciones al unísono. Somos muchos yoes, como Freud (1921) nos lo señala en Psicología de las masas y análisis del yo, a propósito de la identificación.

Por otro lado, cuando tenemos ante nosotros a una persona que enfrenta limitaciones físicas nunca vividas, cuya vida laboral quizá ha llegado a su fin a través de la jubilación, cuyos vínculos van transformándose, o cuyos propios padres, hermanos y pareja están despidiéndose de esta vida, nos encontramos ante una situación clínica de una complejidad particular, en la que se acumulan duelos, pérdidas y separaciones.

Los distintos psicoanalistas que se revisarán en el curso proponen diferentes líneas de pensamiento para este tipo de población. Los acentos recaen en ansiedades de muerte, fragmentación, pérdida y separación, pero también en la posibilidad de realizar una síntesis e integración del espectro completo de la vida —en una posición de reparación y gratitud—, de tal forma que se puedan conservar aquellas vivencias y vínculos que han sido bondadosos, y que eso sea la llama que encienda el espíritu para el tiempo que quede.

Por ello me parece importante la labor de pensar cómo trabajar con quienes nos representan figuras de autoridad y sabiduría, pero que también nos confrontan con la decadencia del cuerpo, las limitaciones y la discriminación social. Son muchos los vértices desde los cuales se puede pensar esta problemática, y atenderla es una necesidad urgente de nuestra área.

Te invitamos al curso corto La atención psicoterapéutica y el trabajo clínico con adultos mayores para saber más. Iniciamos en agosto.

 

Referencias:

  •  Freud, S. (1921). Psicología de las masas y análisis del yo. En Obras completas de Sigmund Freud (Vol. 18). Amorrortu.