En la construcción de las narraciones de nuestra identidad, de la historia, de otros, de la humanidad misma, nos aseguramos la posibilidad de encontrarnos con una vertiente de significados que mutan y evolucionan cada vez que son contados. La experiencia viva es un elemento que asegura el dinamismo de la narración. Los seres humanos no solo narramos historias generales, sino que contamos las vicisitudes de nuestro propio devenir en el tiempo vital que tenemos.
La literatura y el psicoanálisis comparten la propuesta discursiva de atender a la palabra en forma y fondo, como medio de análisis del sentido. En el psicoanálisis escuchamos con atención flotante al paciente, quien está asociando libremente para acercarnos a la experiencia emocional que le implica el contacto entre los dos personajes en el cuarto de consulta. Mantener dicha atención requiere el esfuerzo de escuchar más allá de lo evidente para entrar en la lógica inconsciente. Asumirse en el entramado del discurso analítico también habla de ser un espectador/observador de la escena analítica. Es decir, prestar atención a la transferencia y contratransferencia que se dan en la relación terapéutica es reconocerse también fuera de la aparente neutralidad analítica. Escuchar al otro narrar desde su experiencia, lo que le representa su vivir es un trabajo apasionante y que refleja nuestro propio tránsito por esta realidad.
Además, ahora, desde la literatura, diferentes formas de la escritura nos llaman como lectores, a inmiscuirnos en la trama que leemos. Bien puede ser por estar frente a una obra perenne de la literatura universal o, incluso, por parecer que dicha obra habla y expresa una experiencia tan humana y mundana que termina por ser trascendente. En cada discurso se esconde toda la experiencia humana; vamos de lo escrito en sentido íntimo hasta lo público, desde el recurso de un diario hasta obras monumentales. Si pensamos que agotamos los sentidos en una primera lectura, estamos equivocados. La literatura y el psicoanálisis nos invitan a repensar nuestras aparentes certezas para dar lugar a otras reaproximaciones, nuevas visitas y vistas a un recurso que parece no agotarse jamás: el inconsciente.