Las pasiones humanas y la transferencia
Por Antón Aguilar
Al interesarse por las manifestaciones del inconsciente, Freud puso el acento en las pasiones que hay en las profundidades del alma humana. Podemos, por ejemplo, sentir amor, odio o celos hacia la misma persona de forma simultánea y, muchas veces, sin darnos cuenta. Podemos sentir las mismas ansiedades intensas que teníamos cuando éramos pequeños, aunque ya no seamos niños, e incluso si ya somos algo maduros. Esto es así porque el inconsciente es atemporal: en él no hay lógica ni razón. Es el mundo de los deseos, que suelen ser contradictorios, confusos e insensatos.
En su artículo “Un problema del psicoanálisis”, Freud se refirió a tres afrentas narcisistas que ha vivido la humanidad con los progresos del conocimiento. La primera fue la revolución copernicana, que reubicó la Tierra ya no como el centro del universo, sino como un planeta más del sistema solar. Los hombres y las mujeres dejaron entonces de ser los amos del cosmos. La segunda fue la aportación de Darwin, que desmintió que fuéramos seres esencialmente distintos de los animales. La teoría de la evolución nos puso en línea directa con los primates y claramente dentro del reino animal. La tercera afrenta sería la que produjo el psicoanálisis, al poner de relieve que “el yo no es amo de su propia casa” (Freud, 2012a, p. 135). A partir de Freud pensamos que hay todo un horizonte que escapa a la conciencia y que es, justamente, el de los torrentes afectivos y las fantasías. Somos seres pasionales y vivimos un poco atormentados por los impulsos que habitan dentro de nosotros y que desconocemos.
El inconsciente es una premisa básica del psicoanálisis. Por ejemplo, un adolescente puede, inconscientemente, sentir deseos incestuosos por su hermana y, como consecuencia, tener un sueño erótico con la hermana de su mejor amigo. El deseo inconsciente es reprimido, pero queda plasmado en el sueño gracias al desplazamiento, que forma parte de la desfiguración onírica. Así, el yo se resguarda del peligro pulsional y le da cauce mediante una escena en el sueño que expresa el deseo y la defensa. Los deseos incestuosos existen, pero por lo general son reprimidos y desalojados de la conciencia. En esto radica el conflicto psíquico neurótico, que da lugar a manifestaciones del inconsciente, como los sueños o los síntomas.
El psicoanálisis es un método para saber de lo inconsciente a través de sus manifestaciones. En el tratamiento, uno va tomando noticia de quién es y cómo es toda esa paleta de emociones que sentimos. Uno se va dando cuenta de que tiene aspectos que no son tan nobles como quisiera pensar. Podemos, por ejemplo, desear ayudar a alguien que queremos, pero también tener la motivación de sentirnos superiores o de presentar una imagen de bondad que nos parece especialmente gratificante. Podemos ser generosos al mismo tiempo que somos narcisistas y controladores. La mente humana es muy compleja.
Freud se dio cuenta, en su experiencia clínica, de que los pacientes repiten sus conflictos con la persona del analista. Llamó “transferencia” a ese fenómeno en el que se repite con el terapeuta lo experimentado con personas significativas en la vida emocional. Por ejemplo, un paciente estuvo en análisis con una buena analista durante varios años. La analista le dijo al paciente que habían trabajado bastante tiempo y que sentía que ya no lo podía ayudar. Era un hombre que solía armar pleitos con figuras de autoridad. Tenía un puesto directivo en una empresa, pero lo habían echado del trabajo por reñir con el gerente general. Después consiguió otro empleo muy bueno, pero lo acabaron despidiendo por el mismo motivo. Entró a análisis con otro analista, varón; trabajó con él un tiempo, pero sentía que no había mucho progreso, y este último analista le dijo que convendría interrumpir el tratamiento, dado que habían llegado hasta donde podían llegar.
Lo que este ejemplo ilustra es que hay un funcionamiento mental que se repite una y otra vez. Es la compulsión a la repetición de la que Freud habló y que halla su expresión en la transferencia: un hombre que se encarga de hacerse echar una y otra vez. En “Más allá del principio del placer”, Freud se refiere a la repetición del destino de benefactores que solo encuentran ingratitud, amigos que siempre acaban siendo traicionados, “amantes cuya relación tierna con la mujer recorre siempre las mismas fases y desemboca en idéntico final… [Es el] eterno retorno de lo igual” (2012b, p. 22). Las personas repetimos nuestro funcionamiento psíquico en la vida, en los vínculos y en la terapia.
En el psicoanálisis, desde Freud hasta nuestros días, sabemos que aprender a detectar y trabajar con la transferencia es probablemente el mayor desafío de los analistas en formación. Es en lo que más trabajo cuesta entrenarse, porque solemos quedarnos algo enrollados en lo que el paciente nos cuenta que le ocurre afuera, en su vida cotidiana, cuando tenemos que estar atentos a lo que está haciendo dentro, en la sesión con nosotros. De hecho, la transferencia es la herramienta central del trabajo analítico y la que lo distingue de otros tipos de psicoterapia. Por ejemplo, un paciente que nos cuenta lo intolerante y peleonera que es su madre, sobre todo cuando las hermanas le dicen opiniones distintas a la suya, probablemente nos está advirtiendo que se puede ofender fácilmente con las interpretaciones que le demos.
Si bien Freud pensaba que el psicoanálisis sólo era útil para el tratamiento de las neurosis, analistas postfreudianos comenzaron a trabajar con pacientes más graves, incluyendo a psicóticos. Esto permitió ampliar el campo de trabajo en nuestra disciplina, así como enriquecer la comprensión de la transferencia, que adquiere una forma específica en función de la psicopatología del paciente. Habría, entonces, una transferencia neurótica, una psicótica o una perversa, por ejemplo. Otro desarrollo contemporáneo significativo consiste en la relevancia que se atribuye a la contratransferencia (es decir, el impacto emocional que recibe el terapeuta en la sesión) como herramienta de comprensión de los pacientes.
Adicionalmente, a partir de las contribuciones de autores como Bion, se piensa que los funcionamientos mentales oscilan en todas las personas: un paciente neurótico puede activar ansiedades más tempranas o psicóticas en ciertos momentos de la vida o de la sesión. También puede ocurrir lo contrario: un paciente fronterizo bien puede, en algún punto, presentar conflictos más claramente neuróticos, vinculados con las ansiedades de castración, por ejemplo. La Dra. Elena Ortiz (2011) señala que debemos estar atentos al nivel de funcionamiento mental de los pacientes, a fin de ajustar nuestras interpretaciones al nivel psíquico desde el que hablan. Parafraseando a Betty Joseph, se podría decir que las formas de la transferencia cambian minuto a minuto o, por lo menos, que tienen cierta volatilidad a la que debemos estar receptivos y atentos.
En el Diplomado “Psicoanálisis de las pasiones humanas en la sesión y en la transferencia: amor, celos, rivalidad, lo edípico” estudiaremos estos temas con mayor detenimiento. ¿Cómo se entienden las pasiones humanas desde el psicoanálisis? ¿Cómo evoluciona la vida emocional a lo largo del desarrollo vital y cómo puede trastocarse ese desarrollo, con consecuencias en la estructuración psíquica? ¿Qué problemáticas son específicamente tempranas o graves y cuáles se pueden ubicar en el terreno claramente neurótico o edípico? ¿Qué es la transferencia, qué formas adquiere y cómo se trabaja con ella? ¿Cuál es el impacto afectivo en el terapeuta y cómo puede servirse de él para ayudar al paciente? Esperamos contar con tu participación en este Diplomado. Empezamos el miércoles 22 de abril de 2026.
REFERENCIAS
Freud, S. (2012a). “Una dificultad del psicoanálisis”. Obras Completas de Sigmund Freud (Vol. 17 pp. 125-136). Amorrortu
——– “Más allá del principio del placer”. Obras Completas de Sigmund Freud (Vol. 18 pp. 1-62). Amorrortu.
Ortiz, E. (2011). La mente en desarrollo: reflexiones sobre clínica psicoanalítica. Paidós.


