La IA en el diván: ¿Es útil? ¿Es ético?
Por Andrea Méndez
En una era en la que la inmediatez es lo más valorado, ¿los psicoanalistas y terapeutas psicoanalíticos seremos obsoletos? A lo largo de la historia, los avances tecnológicos han despertado respuestas ambivalentes. Desde la fantasía de volverse la panacea hasta la satanización. Desde la Revolución Industrial hasta el uso de inteligencia artificial para crear nuevos avatares o para el cyberbullying.
En el ámbito médico sucede algo similar. Ahora se practican cirugías robóticas mínimamente invasivas que reducen el tiempo de recuperación e incluso cirugías para cambiar el color de los ojos, que se realizan solo por estética, aun sabiendo las posibles consecuencias, como la ceguera. En cuanto a las redes sociales, plataformas como Instagram y Facebook sirven para conectar con amistades y familiares que viven lejos, pero también han sido vehículos para el phishing, en el que otro se hace pasar por entidades de confianza para engañar o robar.
En el campo educativo, la tecnología nos ha permitido acceder a repositorios digitales en cualquier lugar. Podemos leer un artículo de la revista de APdeBA mientras tomamos un café en la Ciudad de México. La otra cara de la moneda es una trampa: tesis y ensayos escritos rápida y perfectamente sin ningún ápice de trabajo interno.
Oppenheimer (2018) describió en Sálvese quien pueda. El futuro del trabajo en la era de la automatización que estamos viviendo una modernización, en la que prácticamente todas las áreas laborales están siendo absorbidas por la tecnología y la inteligencia artificial, lo que ha dejado de lado la mano de obra humana. ¿Será que el psicoanálisis está también en peligro?El autor habla grosso modo de la terapia y explica que, es cierto que podemos encontrar rápidamente posibles diagnósticos y algunas soluciones en la red, aún más con ChatGPT. No obstante, también menciona que las máquinas todavía no tienen la capacidad para trabajar lo emocional de manera fina. Aquí podríamos añadir que no pueden vislumbrar ni explicar lo inconsciente.
La UNESCO plantea que la inteligencia artificial permite que las máquinas simulen aspectos de la inteligencia humana, tales como la percepción, la solución de problemas, la interacción lingüística y hasta la creatividad. También subraya que estos cambios rápidos han generado problemáticas, sobre todo en el ámbito ético.
El proceso psicoanalítico propuesto hace más de 100 años por Freud implica un trabajo emocional profundo que conlleva años (alrededor de 8), con una frecuencia de mínimo dos o tres veces por semana. Esta periodicidad permite crear un ritmo y una cercanía, en la que se despliega el vínculo transferencial, que precisamente es inconsciente, por lo que es necesario que el analista estudie y supervise constantemente para evitar puntos ciegos lo más que se pueda.
Hoy en día es cada vez más frecuente que el tema de la IA no solo se use por practicidad, sino que también se cuestione tanto la parte ética como las implicaciones que tiene en el día a día. La psicoanalista argentina Clara Nemas (2025) se pregunta “¿Cómo inciden las redes en la constitución subjetiva de niños y adolescentes hoy? ¿Cuáles han sido las transformaciones socioculturales recientes?”. Su respuesta es que algunas de esas transformaciones implican la aceleración del tiempo social y tecnológico; la difuminación de los límites generacionales; y la erotización y exposición temprana de los cuerpos infantiles e infancias que viven experiencias adolescentes o adultas.
En este artículo plantea que, para los niños y adolescentes, estas redes sociales se confunden con espacios transicionales. La inmediatez se traduce en el borramiento de fronteras geográficas y plantea la “lógica del like” (Nemas, 2025). Propone también el término de la “familia artificial”, donde un personaje omnipresente se incluye como un nuevo integrante prominente de la vida del niño en edad escolar: el vloguero. Todo lo anterior trae como consecuencia un conflicto entre la omnisciencia y el aprendizaje, pues uno de los aspectos esenciales del proceso de desarrollo es la tolerancia a la espera; algo solo tolerable si se tiene la confianza en que habrá una satisfacción posible aunque demorada. Lo que para algunos miembros de estas nuevas generaciones, rodeadas por la IA 24/7, es difícil de alcanzar.
Otros autores como Dessal (2019), psicoanalista español, analizan el impacto de la tecnología en el sujeto. Con capítulos como “Amuletos para geeks y suavizantes de la castración”, piensa que la hiperconectividad afecta la vida diaria, más aún en los jóvenes. Rolón, psicoanalista argentino, en su obra Historias inconscientes (2014), explora cómo la tecnología y la conectividad influyen en nuestras relaciones interpersonales. Piensa, como Dessal, que esta hiperconectividad puede vincularse a sentimientos como la soledad y la ansiedad. De la misma manera, habla sobre el impacto de la tecnología en la psique y cómo esto puede llegar a generar o a conectarse con ansiedad.
La mayoría de los autores están de acuerdo en que lo ético no está en el uso de la IA, sino en la manera en que se emplea. En la práctica psicoanalítica, la IA puede servir sobre todo para encontrar referencias bibliográficas rápidamente o explicaciones más “sencillas” a conceptos teóricos complejos, lo que traería su propio peligro, pues el psicoanálisis actual le apuesta mucho más a la complejidad. Pero puede ser una buena herramienta si la utilizamos para aclararnos algunos puntos metapsicológicos.
Recientemente me he topado con algunos colegas en formación que utilizan la IA como una alternativa (no muy buena) a la supervisión, pues se ahorran la espera de la reunión con su supervisor, el pago y las fantasías que implica estar frente a alguien que tiene más “horas de vuelo” que uno para explicarnos generosamente lo que observa en nuestro trabajo clínico. El problema es que justamente nuestra profesión implica tolerar la espera, la incertidumbre, el no saber (-K) y adentrarnos a un mundo desconocido (el inconsciente), utilizando las herramientas que tenemos: nuestra mente equipada. Y por ahora, nada le gana a la cercanía afectiva del vínculo terapéutico ni de la supervisión. La IA aún no puede vislumbrar ni comprender la magnitud del inconsciente, ni en el vínculo transferencial ni en el trabajo artesanal de los sueños.
Referencias:
Dessal, G. (2019). Inconsciente 3.0 -Lo que hacemos con las tecnologías y lo que las tecnologías hacen con nosotros. Xoroi Edicions.
Nemas, C. (2025). La perplejidad contemporánea: niñez y adolescencia en tiempos de transformación vertiginosa. APdeBA.
Rolón, G. (2014). Historias inconscientes. (Vidas al límite). Planeta.
Oppenheimer, A. (2018). ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización. Debate.


