"Un fuerte egoísmo preserva de enfermar, pero al final uno tiene que amar para no caer enfermo" (Freud, 1914/1993, p. 82).
Kristoffer Borgli, director y guionista noruego, nos presenta una obra satírica y mordaz sobre el malestar contemporáneo, el mito de Narciso encarnado en la paradoja del cuerpo de una mujer que se descarna con tal de ser mirada. Enferma de mí (2022) es el segundo largometraje del director, quien pareciera haber leído concienzudamente un texto fundamental en la obra freudiana: "Introducción al narcisismo" (1914/1993).
Signe, la joven protagonista que refleja la patología narcisista, nos lleva de la mano a dar un paseo oscuro y delirante por los territorios de ese "amor propio" que termina por destruirla. Signe mantiene una relación "amorosa" con Thomas, un (pseudo) artista cuyo "éxito" y presencia eclipsan su ser. La joven mujer, si bien bella y ávida de atención, comienza a perder el control en la medida en que Thomas adquiere notoriedad.
Hace de su vida un "performance" que raya en lo insostenible y ridículo; se construye con palillos una "nueva identidad": enferma y fabrica síntomas como contenido viral que le generan un mórbido y destructivo placer. Son estas enfermedades autoinducidas las que ponen de relieve el elemento narcisista: cuando uno enferma, "la persona afligida por un dolor orgánico y por sensaciones penosas resigna su interés por todas las cosas del mundo exterior que no se relacionen con su sufrimiento (…) retira de sus objetos de amor e interés libidinal, cesa de amar" (Freud, 1914/1993, p. 79).
Signe se deforma, se contorsiona en un morboso dolor que cautiva miradas misericordiosas; sufre mientras disfruta. Se transforma en una mártir de nuestra época o en narciso monstruoso, quien goza de la mirada y que sin ella no es nada. Signe está enferma de sí misma y ha orquestado una psicótica condición cuasi hipocondríaca. Como señala Freud (1914/1993): "La angustia hipocondriaca sería, del lado de la libido yoica, el correspondiente de la angustia neurótica" (p. 81).
La rivalidad con Thomas —y con el resto del mundo— cobra dimensiones inconmensurables. Esta rivalidad está motivada en parte por el lugar simbólico de ser admirada, vista y valorada. Este empuje refleja lo que Freud denomina "valoración del yo": cuando la libido se orienta hacia el yo, elevando el "ideal del yo".
¿A quién ama Signe? ¿Ama en realidad a Thomas o ama la imagen del artista bohemio en vías de consagración? Freud pone el dedo en la llaga al explicar que en el narcisismo se toma al yo como objeto de amor, y que el narcisismo "normal" orientado a la autoconservación puede pervertirse y encausarse retorcido, frágil, letal y desolador.
La vida amorosa puede tomar distintos caminos: elegir amar a objetos que representen personas de quienes en momentos tempranos se dependió, o bien elegir objetos de tipo narcisista, es decir, personas parecidas a uno mismo, aquello que uno fue o aquello que quisiera ser. Signe "ama" a Thomas o, mejor dicho, ama a quien encarna un ideal del yo.
Así, la película ilustra que el narcisismo, lejos de ser una mera vanidad superficial, se estructura como un profundo conflicto entre el yo, el ideal del yo y el mundo externo, y las relaciones de objeto tal como Freud lo delineó.
Al fin, la obra cinematográfica empodera la teoría freudiana al mostrar que la búsqueda de reconocimiento externo puede cubrir una regresión al narcisismo primario, donde el sujeto solo ama su propia imagen, aunque la comprensión del narcisismo va más allá.
Referencias: