El sueño como generador de sentido

Fecha: 31 julio, 2026

Autor: Jan Pohlenz

Este artículo aborda el sueño como generador de sentido a partir del diálogo entre Freud y Donald Meltzer. Para Freud, el sueño es la vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente: un texto cifrado en el que el contenido manifiesto encubre el deseo reprimido mediante condensación, desplazamiento, figurabilidad y elaboración secundaria. Bion introduce la idea de que soñar es pensar, procesar experiencias emocionales y dotarlas de significado mediante la función alfa. Meltzer desarrolla esta perspectiva al sostener que los sueños son una expresión misma de sentido, una obra de arte que crea símbolos y metaboliza la experiencia emocional. Así, el sueño no solo revela lo que estaba escondido, sino que produce significados nuevos, convirtiéndose en la función cardinal de un aparato psíquico en busca de sentido. 

Soñar es uno de los fenómenos más enigmáticos e impactantes de la experiencia humana. Antes de que el psicoanálisis existiera, los sueños ya habían ocupado un lugar central en la vida de las personas: en la Grecia antigua se consideraban mensajes divinos con propiedades proféticas; en el mundo cristiano medieval eran combates contra fuerzas demoníacas; y en el Renacimiento llegaron a conferir autoridad política y religiosa a quienes los vivían. Filósofos como Aristóteles o Schopenhauer; médicos como Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman; poetas como Keats y Sor Juana; artistas como Dalí y Remedios Varo; y escritores como Breton los han abordado desde ángulos muy distintos, y siempre con la misma sensación de que en esas imágenes nocturnas subyace algo vital y maravilloso que no termina de ser comprendido. Sigmund Freud fue el primero en proponer una teoría sistemática que convirtió el sueño en objeto de estudio riguroso y, con ello, fundó el psicoanálisis. Décadas después, Donald Meltzer —apoyado en la metapsicología de Wilfred Bion— transformaría radicalmente la manera de comprender lo onírico.

Para Freud (1900/1991), el sueño es la “vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente” (p. 597). En La interpretación de los sueños, él inauguró una forma de pensar la mente humana que causó tanta conmoción como las ideas de Copérnico o Galileo: si estos despojaron al ser humano del centro del cosmos, Freud lo sustrajo de la ilusión de ser dueño de su propia vida. La conciencia, sostuvo, no es soberana; debajo de ella opera una lógica inconsciente que tiene sus propias reglas y que rige nuestras vidas mucho más de lo que quisiéramos creer o aceptar.

El sueño, entonces, es un texto cifrado compuesto de un contenido manifiesto (lo que la soñante cuenta) y un contenido latente (el deseo reprimido que yace debajo, escondido bajo capas de deformación). Los sueños operan a través de mecanismos como la condensación, el desplazamiento, la figurabilidad y la elaboración secundaria. Estos procesos provocan que los deseos inconscientes se mantengan disfrazados y puedan encontrar una vía de expresión, en el mejor de los casos, sin despertar al durmiente. El sueño termina siendo una negociación entre el deseo que busca ser expresado y su defensa. Todo sueño, afirma Freud, es un cumplimiento de deseo, y el analista tiene la tarea de un arqueólogo: excavar, levantar las capas del disfraz, encontrar los vestigios ocultos en la arena y, con eso, reconstruir el deseo reprimido que dio origen a la escena onírica. Desde este punto de vista, los símbolos oníricos son sustitutos, vestigios fósiles de antiguas identidades conceptuales, piezas de un engranaje cuya función es burlar a la conciencia, ya que su fuente de origen es el inconsciente. El sueño, en suma, es un mensaje secreto que tenemos que descifrar, valiéndonos de una especie de Piedra de Rosetta singular.

Wilfred Bion fue quien abrió la puerta hacia una comprensión radicalmente diferente, y Donald Meltzer la atravesó con toda su consecuencia; esto es especialmente notable en sus últimos trabajos. Bion introdujo la idea de que soñar es pensar, aunque no en términos lógicos o matemáticos, sino en el sentido de procesar experiencias emocionales y dotarlas de significado. Para él, la mente funciona como un aparato digestivo: así como este transforma los alimentos sólidos en nutrientes asimilables, la mente, a través de lo que Bion llamó función alfa, convierte las experiencias emocionales crudas en elementos simbólicos que el pensamiento puede utilizar. Cuando esta función opera adecuadamente, los sueños son el punto culminante de ese proceso y, a mi parecer, la expresión más elaborada de la capacidad de la mente para metabolizar la experiencia.

En Vida onírica, Donald Meltzer (1984) afirma que los sueños son una expresión misma de sentido. Las imágenes oníricas no son un retroceso hacia formas primitivas de pensamiento, como lo pensaba Freud, sino formas sofisticadas que tiene la mente de capturar algo de la experiencia emocional. Desde este punto de vista, el sueño se convierte en una obra de arte que hay que contemplar. Meltzer (1984, p. 28) retoma a Ella Sharpe, quien afirmó en 1933 que los sueños están hechos de la misma materia prima que la poesía (usan los mismos recursos literarios, especialmente la metáfora) y a Susanne Langer, quien afirmó que el ser humano necesita de símbolos para entender su experiencia subjetiva (Meltzer, 1984, p. 31). Describir un sueño en prosa, advierte Meltzer, empobrece inevitablemente su esencia, del mismo modo que explicar un poema destruye su corazón. Hay algo en la metáfora plástica del sueño que no puede competir con ninguna elaboración secundaria. Y sí, podríamos decir que existe una correlación entre qué tan sofisticada y condensada es la metáfora, y la capacidad creativa y simbólica del soñante.

Si para Freud la tarea del analista era encontrar el deseo reprimido inconsciente, a manera de un arqueólogo en las ruinas del sueño, para Meltzer es vital dejarse impactar por el sueño como con una obra de arte. Ante un sueño, el analista debe preguntarse: ¿cuándo cuenta el sueño el paciente y con qué intención? ¿Quién es el arquitecto del sueño? ¿Cuáles son los personajes? ¿Qué emociones están presentes durante y después de soñarlo? ¿Qué imagen onírica impacta al paciente? No se trata de extraer un significado único y preciso, sino de explorar el sueño con el paciente y utilizar el mismo lenguaje poético y plástico que el sueño. Ogden (2004) nos diría que un analista puede utilizar una metáfora plástica como interpretación del conflicto interno del paciente, especialmente cuando este no está pudiendo asociar o soñar. Esto puede ayudar al paciente a empezar a soñar y a asociar.

Meltzer también señala que la vida onírica no se reduce a los sueños nocturnos. Siguiendo a Bion, sostiene que el aparato mental está siempre activo, constantemente intentando metabolizar experiencias emocionales y dotarlas de significado. Los sueños son el punto culminante de este proceso, pero no el único.

Lo que Freud inauguró sigue siendo indispensable y vigente. Su descubrimiento del inconsciente, del sueño como formación psíquica cargada de sentido y del deseo como motor de la vida anímica abrió un enorme camino para la comprensión de la mente humana. Bion y Meltzer complementaron este camino al mostrar que el sueño no solo revela lo que estaba escondido, sino que produce algo nuevo. La mente que sueña crea símbolos, metaboliza afectos y genera significados que antes no existían. Soñar es la función cardinal de un aparato psíquico en busca de sentido.

Referencias:

Bion, W. R. (1962). A theory of thinking. International Journal of Psycho-Analysis, 43, 306–310.

Bion, W. R. (1967). Second thoughts. William Heinemann Medical Books. (Edición en español: Volviendo a pensar. Hormé, 1985.)

Freud, S. (1991). La interpretación de los sueños. En Obras completas (Vol. V). Amorrortu. (Obra original publicada en 1900)

Grassano, E., Barenstein, N., Dvoskin, S., Kosack, A. M., Mascheroni, S., Nudelman, M., Soler, S., y Tula, R. (1995). El escenario del sueño. Paidós.

Jones, E. (1953). The life and work of Sigmund Freud. Vol. 1. Basic Books.

Meltzer, D. (1984). Vida onírica. Una revisión de la técnica psicoanalítica. Tecnipublicaciones.

Meltzer, D. (2012). Dream life. Karnac Books.

Ogden, T. H. (2004). This art of psychoanalysis: Dreaming undreamt dreams and interrupted cries. International Journal of Psycho-Analysis, 85(4), 857–877. https://doi.org/10.1516/0020757041557575

Ortiz, E. (2019). Donald Meltzer. Vida onírica. Sueños, mente y pensamiento. Analytiké.