Sueño del 2026:
"Comienza en un auditorio, como de una escuela. En ese auditorio hay un profesor alemán que está explicando un tema sobre la materia nuclear; su explicación es muy didáctica, crea árboles de pensamiento y une los puntos. Es muy dinámica la explicación. Empieza a hablar y, cuando va a brincar de tema, te lleva a la otra nube de pensamiento. La escuela era americana y todo era en inglés. Yo no soy yo. Yo no estoy hablando español, sino inglés. Termina la clase, salgo del salón. Me encuentro con varias personas, medio serio, y en eso salgo y listo".
Inicié mis estudios en el Doctorado en Eleia en 2014. Tuve la fortuna de que la generación 2014-2017 fuera la primera en la que Ana María Wiener y Elena Ortiz coordinaron todo el funcionamiento del Doctorado. Me pude identificar con esa pasión y entusiasmo que siempre han demostrado en la clínica y en su enseñanza, aunado a cómo ellas son un ejemplo de que el arduo trabajo no está peleado con el género femenino ni con la vida familiar y la maternidad.
Tomé al paciente creador del sueño al inicio de mi segundo año del Doctorado, en 2016. El sueño marca una evolución del paciente, pero también de mí como psicoanalista. Cuando terminé la licenciatura, tenía muy claro que me quería dedicar a la clínica, y ese fue el motivo por el cual me trasladé a la Ciudad de México para estudiar la Maestría en Eleia, en 2007.
La licenciatura no te prepara para armar una consulta; la maestría te introduce en ese camino y, con la ayuda de la Clínica de Eleia, comienzas a ejercer como psicoterapeuta. Pero el Doctorado, al ser clínico en su totalidad, pule lo aprendido en la Maestría y te introduce a lo más novedoso del psicoanálisis contemporáneo, así como a la posibilidad de trasladar la teoría a la sesión, al aquí y ahora.
En el Doctorado del Centro Eleia te muestran un abanico de escuelas vigentes: la americana, la inglesa, la francesa, entre otras. Hay una pluralidad de escuelas con las cuales el estudiante se puede identificar y trasladar a su consulta.
La capacidad que tienen las coordinadoras y maestras del Doctorado para exponer la teoría de una forma didáctica, digerida y mostrada con ejemplos clínicos hace toda una diferencia en la atención y el entusiasmo por aprender. Esto último es parte de lo que aparece en el sueño: es un sueño transferencial, donde se muestra el crecimiento de la relación entre el paciente y el analista.
En 2016, hablarle a este paciente de su mundo interno y de su mundo emocional parecía hablarle en otro idioma, como si se tratara del inglés y el español, como él mismo dice en su sueño. Sin embargo, con el paso del tiempo y el trabajo sesión a sesión, minuto a minuto, el paciente se pudo hacer bilingüe y mostrar una disposición a trabajar sus sueños, sus significados y nuestra relación.
Al asociar sobre el sueño, lo primero que dijo fue que este habla de nosotros, puesto que sabe que el psicoanálisis nace en un país con idioma alemán. El paciente ha podido ejercitar el oído y escuchar a la analista, así como yo he podido escucharlo. No estoy hablando de algo muy distinto a la experiencia de las clases tipo atelier que se tienen en el Doctorado: el vínculo con las profesoras es tan cercano que uno ejercita también ahí el oído y puede internalizar el trabajo psicoanalítico.
Así como el paciente pudo identificarse con la función del analista, con su función contenedora, para poder traer este sueño al tratamiento, también como estudiante te puedes identificar con la función de los maestros: la función de recibir la teoría, comprenderla y devolverla a los alumnos de una forma pensada, elaborada, como plantea Bion. La generosidad en el salón de clases hace una gran diferencia en nuestro aprendizaje.
Elena Ortiz (2011) habla del progreso emocional en los pacientes según la corriente bioniana:
"El paciente internaliza al objeto analítico y la función psicoanalítica. El proceso mismo de contacto con un objeto que recibe las proyecciones, que no reacciona como los objetos anteriores repitiendo patrones preestablecidos de relación y que aporta un nivel de comprensión emocional nuevo de lo que sucede en el vínculo, enriquece al paciente y le da la posibilidad de integrar esta nueva forma de relación." (p. 63)
Creo que también parte del progreso clínico del analista proviene de poder internalizar la función de nuestros maestros: la forma en que ellos toleran las proyecciones o internalizan las teorías y las comparten de una forma didáctica, con árboles de pensamiento que se entrelazan y unen la teoría.
Recomiendo mucho estudiar el Doctorado si la intención es dedicarse a la clínica y a la comprensión de la mente. No hay nada mejor que hacerlo con maestras tan generosas al mostrar sus construcciones interpretativas y cómo las piensan en su consulta privada.
El Doctorado es vigente siempre: te abre las puertas de la comprensión psicoanalítica, pero también las puertas laborales para poder trabajar en distintas áreas, como la consulta privada o la hospitalaria, y en cualquier país del mundo. Trabajo en España de forma presencial y en línea desde 2021, y pienso que esto solo fue posible gracias a mi formación en Eleia.
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