Los influencers y sus followers como grupos de supuesto básico de dependencia

Por Elba Gutiérrez

 

Basta un video viral para que una persona gane followers leales que, en su mayoría, lo defenderán a pesar de cualquier opinión controversial y/o incorrecta que emita. ¿Alguna vez te has preguntado por qué es tan fácil para una persona ganar tantos followers? ¿Y por qué tanta gente decide ser fiel a un club de alguien que, en muchas ocasiones, no conocen realmente? En el presente artículo desarrollo de forma general y abreviada la teoría que Wilfred Bion plantea respecto a los grupos de supuesto básico y propongo entender, con ayuda de esta, el fenómeno social de los influencers.

Wilfred Bion (1897-1979) fue un psicoanalista inglés que, durante la Segunda Guerra Mundial, trabajó con soldados afectados por experiencias traumáticas. No podía trabajar con cada uno de ellos de forma individual, por lo que se vio obligado a hacer tratamientos grupales. Lo anterior le permitió observar en el tratamiento fenómenos distintos a aquellos que se presentan en el tratamiento individual. Lo desarrollado por Bion en su libro Experiencias en grupos (1961/1979) se deriva de su propia experiencia, adquirida después de que el Comité Profesional de la Tavistock Clinic le solicitara, como directa consecuencia de lo mencionado en el párrafo anterior, que tomara a su cargo grupos terapéuticos. A continuación, expondré algunas de las ideas principales que el autor propone.

Bion considera que, en la práctica psicológica y psicoterapéutica, la atención en el estudio individual recibe mayor interés y, en consecuencia, se excluye el campo social que puede contener elementos importantes en el proceso de interacción. Con el tiempo, comenzó a notar algunos patrones en el comportamiento que se repetían y propuso que, en los grupos de supuesto básico, los individuos ponen primero al grupo y a su individualidad después; es decir, lo fundamental es la supervivencia del grupo.

A raíz de sus observaciones, define la mentalidad grupal como “la expresión unánime de la voluntad del grupo, a cuya formación el individuo contribuye de manera inconsciente, y que tiene sobre él una influencia enojosa cuando piensa o actúa en desacuerdo” (p. 58). Esto es un mecanismo que va a asegurar que el grupo funcione de acuerdo con los supuestos básicos. Además, distingue este término de la cultura del grupo, que define como “una función del conflicto entre los deseos del individuo y la mentalidad grupal” (p. 58) y, por tanto, siempre evidenciará el supuesto básico que subyace en el grupo. Ahora bien, ¿qué son los supuestos básicos?

Los supuestos básicos son una situación grupal; en esta se comparte una escena inconsciente que estructura al grupo. Que una persona se integre a un grupo genera ansiedades que, en su mayoría, causarán que busque pertenecer y unirse o combinarse con el grupo de la mejor forma. Bion propone tres supuestos básicos en los que los grupos pueden organizarse: supuesto básico de ataque-fuga, de emparejamiento y de dependencia. En el supuesto básico de ataque-fuga, la preocupación de los miembros es que existe un peligro para el grupo, que puede ser interno o externo. Al ser esta la fantasía sobre la que el grupo opera, tiende a ignorar, suprimir o evitar otras actividades debido al estado de alerta en el que se encuentran, lo que resulta, de acuerdo con lo que Bion describe, en la dificultad para prestar atención a lo que hacía o decía.

El supuesto básico de emparejamiento surge en un intento de quebrar la cultura de ataque-fuga, estableciendo, como su nombre lo dice, relaciones con propósito de emparejamiento, lo que resulta en la falta de comprensión de la función del “líder” y dificulta que los individuos sostengan siquiera una conversación con él. La fantasía es que la pareja que se forma es la líder, y la promesa (fantasía) que existe es la espera de que este “mesías” surja en el grupo y resuelva todos sus problemas.

En el supuesto básico de dependencia, el grupo se reúne “para obtener seguridad de un individuo” (p. 58). Su característica es el predominio de una persona, el “líder”, que va a satisfacer las necesidades grupales. Al estructurarse de esta manera, el grupo evita las experiencias emocionales que conllevan los grupos anteriormente mencionados. Bion sugiere que “todos los aspectos del comportamiento en el grupo de dependencia pueden ser reconocidos como relacionados entre sí, si suponemos que en este grupo se cree que el poder no surge de la ciencia, sino de la magia” (p. 71). Los miembros de este grupo están constantemente insatisfechos dado que delegan todos sus cuidados en el líder y luego “se sientan a esperar que éste resuelva todos los problemas” (p. 70).

Aunque es cierto que la teoría propuesta por Bion fue desarrollada en un grupo que específicamente se formó para recibir tratamiento terapéutico, me parece que podemos utilizar estas propuestas para entender a los grupos como estas comunidades de seguidores que se forman alrededor de personas con plataformas importantes en internet. Bion menciona que estos supuestos básicos surgen “de forma involuntaria, automática e inevitable” (p. 134). Si lo pensamos en las redes sociales, es exactamente lo que ocurre cuando una persona se convierte en influencer: alguien comienza a seguirlo y luego se siguen multiplicando hasta llegar a cifras que pueden ser sorprendentes. ¿Por qué las personas buscan que alguien dicte, guíe o influya en sus decisiones diarias? Si trasladamos la teoría propuesta respecto a este último supuesto básico a la sociedad actual, lo que ocurre es justamente lo que él denomina como valencia, que es “la capacidad del individuo para combinarse en forma instantánea con otros individuos” (p. 142) de forma instantánea e involuntaria, compartiendo y actuando así de acuerdo con el supuesto básico, es decir, las personas van a querer pertenecer a un grupo y, por tanto, decidirán (de manera inconsciente) “fusionarse” en este grupo de seguidores.

Bion escribe que “el grupo que tiende a perpetuar el estado de dependencia significa, para el individuo, un estado de voracidad derivado del demandar más atención paterna de la que le corresponde” (p. 64) ¿No es esto lo que ocurre día a día? Las redes sociales alimentan, a través del algoritmo, la dependencia de los seguidores a uno u otro influencer, y estos, a su vez, demandan más de los “creadores de contenido”, más transparencia, más atención, más interacción, más responsabilidad social, más opinión, más acción, etcétera.

            Los seguidores esperan, inconscientemente, de una u otra forma, que a través de las opiniones de quienes siguen, sus vidas (personales y políticas), se modifiquen. Si continuamos asimilando el número de seguidores al poder de cambio real que cada persona tiene, y el grupo (la sociedad) se deslinda de la responsabilidad propia que realmente tiene, quedaremos en un bucle de voracidad insatisfecha que afectará nuestra capacidad de crecimiento y cumplimiento de tareas necesarias como sociedad.

 

Referencias:

Bion, W. R. (1979). Experiencias en grupos y otros trabajos (Á. Neba, Trad.; J. Puget y M. Guastavino, Supervisión; 5.ª ed.). Editorial Paidós. (Obra original publicada en 1961)

 

 

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