Archivos mensuales: octubre 2016

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La ansiedad como instrumento y obstáculo al elegir carrera

Por Marta Bernat

¿Estás experimentando ansiedad porque tienes que elegir una carrera y no sabes cuál? Te invito a leer el caso de Andrea, quizás te ayude a comprender algo de lo que te está ocurriendo.

Andrea tiene 18 años y consultó a una terapeuta porque no sabe qué va a hacer cuando acabe sus estudios. Le falta un año para terminar la preparatoria y desde hace unos meses siente mucha ansiedad, está irritable, todo le molesta, incluso, ya no tiene ganas de salir ni ver a sus amigos. Cuando le preguntan qué va a estudiar, se pone mal, no sabe qué contestar, mientras que sus amigos saben con claridad lo que van a hacer y eso la hace sentir como una tonta. La terapeuta sabe que detrás de ese pedido de ayuda, hay otros aspectos a explorar y comprender de la vida emocional de Andrea.

Todos sentimos ansiedad en distintos momentos de nuestra vida, es un afecto más con el que tenemos que lidiar. Un cierto grado de ansiedad o angustia es necesario, pues nos proporciona la fuerza y la energía para enfrentar los conflictos y nos moviliza a resolverlos. Por ejemplo, es bueno sentir cierto grado de nerviosismo frente a un examen final, pues nos advierte que hay que estudiar y prepararse para aprobarlo. Si la persona no sintiera angustia, no le daría importancia. Pero si la ansiedad se vuelve abrumadora, puede paralizarnos y hacernos sentir “la mente en blanco”, que todo se nos ha olvidado.

Cuando la angustia es excesiva y la persona se siente muy nerviosa, intranquila, sobrepasada, no duerme, tiene pensamientos negativos y siente que le está afectando su vida personal, es recomendable buscar ayuda profesional. El terapeuta no centra su trabajo en el motivo de consulta, sabe que este va cambiando a lo largo del tratamiento en la medida que el paciente despliega su historia personal y una vida emocional rica en fantasías, motivaciones, sueños, etc.

En el caso de Andrea, pensar que su ansiedad se remite exclusivamente a no saber qué carrera estudiar, sería una visión muy limitada de sus conflictos. Ofrecerle una orientación vocacional con test psicométricos para saber exactamente qué carrera debe estudiar según sus aptitudes, habilidades e intereses sería reduccionista. No dudamos que su ansiedad pudiera disminuir, pero esto sería temporal, pues los conflictos de su mundo interno permanecerían sin elaborarse y posteriormente se manifestarían en cualquier otra situación externa. Hoy es la terminación de la preparatoria y la elección de carrera, mañana sería la búsqueda de un trabajo o la posibilidad de irse a vivir al extranjero o casarse.

Una terapia psicoanalítica apunta a conocer la complejidad del mundo interno de la persona, para que pueda pensar sus propias emociones, procesarlas y elaborar sus conflictos inconcientes. Después de algunas sesiones, Andrea se define como una persona muy perfeccionista, no tolera cometer errores. Si obtiene un nueve de calificación en un examen, siente que se ha fallado a sí misma y que también ha defraudado a su familia y amigos, quienes esperan mucho de ella. Siente mucha ansiedad frente a cualquier situación de incertidumbre, no tolera no saber, tiene que encontrar una solución rápida a sus problemas, de lo contrario se abruma y siente que el mundo se derrumba. En sus palabras: “Todo tiene que estar bajo control”.

Con esta información podemos darnos una idea de cómo es la paciente, cómo se vincula con ella misma, con los demás y cómo enfrenta sus conflictos. Más que ayudarla a elegir una carrera, la terapeuta podría trabajar sobre los distintos aspectos de su personalidad, por ejemplo, su rasgo exigente y perfeccionista. Quizás, cuando siente que falla, toma contacto con la parte infantil de su mente. A los niños les cuesta mucho trabajo pensar que son chiquitos y que van a crecer algún día. Quisieran haber nacido grandes o hacerse mayores en un instante. Piensan que los adultos lo tienen todo y que lo han conseguido con muy poco esfuerzo. Entonces, cuando el niño falla, siente que es tonto, que no puede, que no sabe y eso lo llena de sentimientos de humillación, enojo y ansiedad, al no poder alcanzar ese ideal que se ha propuesto: ser un adulto, ser grande.

Andrea lucha por no ser esa niña y cuando falla se llena de ansiedad. Parece desear ser la mejor en todo, se podría pensar que en su mente todo el tiempo está compitiendo con los demás para ganarles y sentir que está por encima de ellos. Este sentimiento de triunfo, por un lado, le debe proporcionar una gran satisfacción, pero también una gran culpa, por sus fantasías agresivas al colocar a los otros en un nivel inferior.

La elección de carrera puede ser un elemento más que le sirve a Andrea para competir y ganarle a los demás, de ahí que se le dificulte saber qué estudiar. Tal vez proyecta su parte criticona en los demás (su familia) y es cuando siente que les ha fallado, que seguramente están decepcionados de ella. En el mundo externo, parece ser que sus padres no son tan exigentes como ella los percibe.

Si Andrea entra en contacto con sus emociones y fantasías, podría comprender un poco más lo que le pasa. Poco a poco le sería posible tolerar no ser perfecta, entender que se puede equivocar, que no tiene por qué saberlo todo, que el progreso y el crecimiento emocional implican tener dudas e incertidumbre. Con ello, su ansiedad se disminuiría y podría estar más tranquila para tomar cualquier decisión en su vida, no solo la carrera que va a estudiar.

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Psicosomática

Por Margarita Vega

¿Quién no ha escuchado que una persona se puede enfermar por “nervios”, que la diabetes se desarrolla después de pasar por un susto o que los enojones son más propensos a padecer cáncer? El concepto de enfermedad psicosomática es de esos que ya forman parte del lenguaje colectivo: si a alguien le da gripa en medio de los exámenes o se enferma del estómago antes de su boda, comúnmente se le dice que lo que tiene es una reacción psicosomática.

Pero, ¿realmente sabemos qué es una enfermedad psicosomática? ¿Se trata de una relación tan simple como que después de vivir una situación difícil automáticamente el cuerpo lo resiente? Incluso, hay libros que afirman haber encontrado la relación entre las enfermedades más comunes y los problemas emocionales que esconden: dicen que si hay problemas de hígado, es por ira contenida; que si la vista no anda bien, es por no querer asumir la realidad; que la laringitis señala una dificultad para pedir ayuda.

Para el psicoanálisis se trata de un fenómeno mucho más complejo. La relación mente/cuerpo (psique/soma) es un tema que ha preocupado a la psicología y concretamente al psicoanálisis desde hace mucho tiempo. ¿Qué impacto pueden tener la mente y las emociones en nuestro estado físico?, ¿cómo afecta a nuestra salud emocional padecer una enfermedad física?

Actualmente se considera que todas las enfermedades tienen un componente emocional. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la salud es un estado que involucra diferentes factores de tipo biológico, psicológico y social. Por eso, más que psicosomáticas, a las enfermedades las debemos considerar como biopsicosociales.

En otras palabras, cuando alguien se enferma se suelen conjuntar elementos biológicos (por ejemplo, factores genéticos que hacen a una persona más vulnerable a desarrollar determinado padecimiento), sociales (que haya en el ambiente condiciones que favorecen el desarrollo de dicha enfermedad) y psicológicos (una estructura determinada en la mente del enfermo o una historia que ayuda a explicar la afección).

De esta manera es posible entender por qué dos personas en, aparentemente, las mismas circunstancias, desarrollan una enfermedad o no. Alguien puede estar en medio de una epidemia viral sin contagiarse, pero hay quien ante una gripa puede caer en cama.

A lo largo de la historia del psicoanálisis se han desarrollado diversas teorías para explicar de qué forma la mente influye en la salud física de una persona. En los diferentes enfoques existen algunas coincidencias: los pacientes con enfermedades psicosomáticas frecuentemente presentan problemas en la formación de símbolos, es decir, son muy concretos y tienen una vida emocional pobre, en la que difícilmente se preguntan siquiera cómo se sienten o no tratan de entender qué es lo que les pasa. Perciben los hechos desprovistos de emociones.

De igual forma, se han detectado fallas en la relación temprana con la madre, principalmente por una ausencia física o emocional; o, por el contrario, muestran una gran dificultad para separarse de ella. Finalmente, se piensa que estos pacientes tienen tal intolerancia al dolor mental que les lleva a descargar en su propio cuerpo aquellas emociones que les resultan imposibles de asimilar.

No se trata, entonces, de la represión de un sentimiento, pues ello implica la existencia de una mente más desarrollada, sino de su total expulsión de la mente; esto hace que los pacientes que caen en el terreno de la psicosomática sean incapaces de relacionar su estado físico con su situación emocional.

Desde esta perspectiva, la teoría de la psicosomática advierte que no se puede relacionar una determinada enfermedad con una sola emoción. El origen de este tipo de padecimientos se encuentra ligado, más bien, un tipo específico de funcionamiento mental que le impide a la persona tolerar y digerir sus emociones.

 

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Vigencia del psicoanálisis. De Freud a la actualidad

Artículo del Taller “Vigencia del psicoanálisis. De Freud a la actualidad.”

Por Elena Ortiz

El psicoanálisis es una disciplina viva. Por más de un siglo, distintos pensadores y analistas continúan dialogando, cuestionando y reflexionando sobre las ideas freudianas, aportando sus propias perspectivas y experiencias. Los modelos de referencia epistemológicos evolucionan y se desarrollan distintos vértices de comprensión sobre la mente humana. Hoy, las teorías psicodinámicas conforman un vasto universo que enriquece las posibilidades de intervención clínica. Las contribuciones psicoanalíticas son un punto de interés para cualquier profesional dedicado al campo de la salud mental.

Uno de los aspectos fundamentales que el psicoanálisis contemporáneo aporta es la posibilidad de discriminar de manera refinada los aspectos patológicos y saludables del psiquismo. En el trabajo clínico, es necesario que el psicoterapeuta tenga la capacidad de observar y valorar los movimientos hacia el progreso o retroceso que el paciente presenta en cada sesión; no sólo se trata de ver cambios a mediano o largo plazo, sino de convertir el vínculo psicoterapéutico en un espacio de investigación meticulosa donde, minuto a minuto, sesión a sesión, se dé cuenta del dinamismo de la mente, en tanto que allí se despliegan las fuerzas que tienden hacia el desarrollo o el conflicto.

También, es importante contar con una clara concepción de progreso y salud mental. El psicoanálisis contemporáneo aborda temas que enriquecen la visión de las amplias gamas de funcionamiento mental: desde el abordaje de patologías no neuróticas y pacientes graves, que en los albores del movimiento psicoanalítico se pensaban inaccesibles al método, hasta nociones claras y puntuales que permiten comprender aquello presente en el desarrollo psicológico.

Por un lado, en la actualidad psicoanalítica se investiga y con mayor profundidad las áreas y organizaciones no neuróticas, donde los aspectos simbólicos deficitarios y las fallas en la estructuración subjetiva son centrales. Pero también, paradójicamente, este estudio conlleva propuestas que resultan sumamente útiles para entender con mayor nitidez la evolución de la mente. Así, por ejemplo, la investigación de Wilfred Bion sobre la psicosis y los grupos de supuesto básico condujo al desarrollo de su teoría sobre el pensamiento; en ella, la digestión de la verdad sobre sí mismo se convierte en un referente para comprender el progreso mental. A su vez, cuando se cuenta con un modelo de salud mental, resulta más sencillo observar la patología y las desviaciones o detenciones que suceden frente a éste.

Para el psicoanálisis, el desarrollo normal es un campo complejo, que necesita diferenciarse de los criterios de adaptación familiares o culturales. Lo que se pone en el centro de la observación es el crecimiento de la mente en sí. Para varios autores, los criterios estadísticos o normativos para definir la salud mental implican una postura fraudulenta, porque están muy lejos de poder dar cuenta de la responsabilidad psíquica personal y de la ética del mundo interno.

En el taller se abordarán varios de los ejes específicos que conforman el movimiento hacia el desarrollo y mostraremos cómo éste se sustenta en el vínculo analítico. Hablaremos de la diferencia fundamental que existe entre aprender de la experiencia versus aprender acerca de la experiencia. En el tratamiento analítico, la identificación con el método de exploración y las funciones de pensamiento del analista constituye, en gran medida, la base para el desarrollo gradual de la capacidad auto-analítica; es ahí donde la comprensión se transforma en una estructura de la personalidad (Meltzer, Vida onírica, p. 51).

 

Inscríbete al taller. Llena el formulario de este enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/taller-vigencia-del-psicoanalisis-freud-

 

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Expresiones de diferenciación-individuación en la clínica – Mahler

Por Ana María Wiener

La simbiosis y la ansiedad de separación son asuntos humanos que encontramos todos los días en la práctica terapéutica. En la Clínica de Eleia recibimos a muchas personas que no pueden separarse y hacer una vida independiente de la madre o de los padres, por ejemplo, y para algunos de ellos ni siquiera les representa una dificultad, sino que se encuentran bien instalados en esa situación sin cuestionarlo. Mahler realizó una serie de propuestas para abordar dicha problemática y, si bien a lo largo de los años pasó por un proceso de decantación, los conceptos clave nos permiten entender el difícil camino que debemos recorrer para la individuación.

La autora describe cómo a algunas personas se les complica obtener un sentido de ser uno mismo, de adquirir características propias como sujeto diferenciado de la madre. En ese entonces, cuando lo propuso, predominaba la Psicología del yo, que se concentraba en el estudio de la pulsión sexual y sus vicisitudes. Mahler le dio un giro a este campo de comprensión e introdujo el estudio de las relaciones de objeto tempranas y, por lo tanto, de las etapas pre-edípicas del desarrollo mental. Para ella, las relaciones objetales tempranas forman parte del desarrollo psíquico; hoy no hay escuela psicoanalítica que lo niegue.

¿Qué significa simbiosis? Es un concepto que Mahler retomó de la biología y que explica la interdependencia entre dos organismos, en donde ambos se benefician de su relación, pero de manera diferente. Pine (2004) considera que es mejor llamarlo “fusión” o indiferenciación entre la madre y el hijo, en tanto que no reconocer las fronteras que nos separan del otro es diferente de ser dependiente y esperar que el otro haga las cosas por uno. Simbiosis o fusión, como sea que se le prefiera llamar, implica que para el bebé o el hijo no hay diferencia entre él y su madre. Romper esa fusión en algunas personas genera un colapso psíquico, porque la separación crea conciencia de que se trata de dos seres distintos y esto quiebra el sentido de unicidad que se trataba de mantener.

En la práctica clínica a menudo observamos dicha dificultad como un conflicto psíquico; para Pine (2004), una parte de la mente lucha por separarse de la madre e individualizarse y otra pugna por mantenerse fusionado con ella. Se trata de un conflicto psíquico distinto al propuesto por Freud, entre la pulsión y la defensa, entre la pulsión de muerte contra la pulsión de vida, o al de Klein, entre el amor y el odio. Es la diferenciación versus la indiferenciación. Actualmente, los mahlerianos reconocen la importancia de las series complementarias de Freud y saben que está involucrado tanto lo que la madre aporta para ayudar o dificultar la individuación del bebé, como lo que el pequeño experimenta internamente, lo cual depende de su propia capacidad para tolerar la ansiedad de separación y del nivel de posesividad que tenga. Es decir, hay un factor personal que el bebé-hijo le imprime a sus experiencias con la madre.

En el proceso de diferenciación, la madre debe tolerar que el niño practique sus habilidades físicas motoras y se aleje de ella. Luego, aceptar cuando necesite volver a acercase y la busque. Finalmente, él alcanzará la constancia objetal y no necesitará más de su presencia, porque ya la lleva dentro. Así como la madre debe tolerar cuando su bebé requiere alejarse-reacercarse-diferenciarse de ella, esta corriente de pensamiento recomienda lo mismo para el analista, quien habrá de percibir y entender cuándo se trata de una lucha por establecer fronteras entre el yo y el otro, no de una moción agresiva.

Mahler expone que, durante el proceso para conseguir la diferenciación, el bebé examina a su madre, hurga su nariz, ojos, oreja, boca, gafas, collar… Ella lo deja y le pone nombre a lo que su hijo descubre. Estos son los primeros pasos para comprender que la madre es un “otro”. En la clínica, cuando un paciente presenta este conflicto, vemos algo similar al ser observados o escuchados con detenimiento por él o cuando juega un poco con lo que le decimos o nos hace repetirlo. Puede estar investigando lo que dijimos, no para entenderlo como un significado inconciente, sino para delimitar que es una idea que produjo otro. Inspecciona la interpretación y comienza a percibir que son dos personas que piensan distinto. Podríamos señalar: “Cuando le digo algo, usted lo observa, lo piensa y parece darse cuenta que es algo que mi mente formuló, no la suya, que somos dos personas separadas”. O: “Cuando me comenta lo que usted piensa, parece entender que yo pienso de otro modo, que pensamos diferente, que somos dos individuos distintos”.

De la misma forma como el bebé empieza a alejarse de mamá para investigar su mundo, en consulta, un paciente con dificultades en la individuación llega a faltar a su sesión. Desde la perspectiva de Mahler, la causa de ello es un intento por diferenciarse de su analista, quien representa a la madre. No es una resistencia o una identificación proyectiva. La interpretación sugerida va en este sentido: “Mire, cuando falta a su tratamiento, usted necesita hacerlo para empezar a diferenciarse de mí, darse cuenta que somos dos individuos”. Incluso, si en este caso el paciente opina distinto a su analista, lo hace no por oposición o por un conflicto de rivalidad, sino porque quiere comprobar que se le permite ser otro.

En esta situación también ocurren reacercamientos, por ejemplo, después de un cierto periodo en que el paciente ha logrado diferenciarse e independizarse, regresa de nuevo a actitudes antiguas de quererse quedar pegado al analista o de necesitar pensar igual que él; necesita saber que ahí estamos. Para este grupo de psicoanalistas es importante percibir cuándo ocurre un proceso de diferenciación, a fin de que el especialista lo tolere sin pensar que el paciente tuvo una reacción terapéutica negativa o que atacó su desarrollo. Es un momento indispensable a través del cual adquiere seguridad y confianza para conseguir separarse y ser autónomo.

Los conceptos de Mahler ponen énfasis en los fenómenos que se relacionan con el establecimiento de límites entre dos seres humanos, con su confusión para delimitarlos y las consecuencias que de ello resultan como la soledad, añoranza y nostalgia. Es necesario entender la diferencia entre separación e indiferenciación; las relaciones intensas que establece una persona que logra distinguirse de los otros versus la problemática en las relaciones intensas de la persona que no lo ha conseguido.

Referencias

Pine, F. (2004). Mahler’s Concepts of “Symbiosis” and Separation-Individuation. J. Amer. Psychoanal. Assn., 52:511-533

 

Taller especializado. Imparte: Ana María Wiener

Por Ana María Wiener

Los talleres especializados se diseñaron para que el público se beneficie de la experiencia de los analistas, que escuche varias formas de pensar y de trabajar, a fin de estimular su deseo por desarrollar habilidades y agudeza clínica.

En esta ocasión, me propongo dar muchos ejemplos de cómo pienso y abordo las situaciones que se presentan con los pacientes. La línea directriz de mi trabajo es sintonizar sensiblemente para comprender la vivencia emocional que el paciente trata de expresarme en cada sesión. La premisa en la cual baso mi investigación en la sesión es que al paciente le ocurren muchas cosas en su vida y en su mente, tanto fuera como dentro de mi despacho, pero sólo se hacen accesibles al trabajo analítico cuando adquieren vida en la relación que el paciente establece conmigo. Para comprenderlas debemos darle significado al tejido emocional que se revela a través de varios fenómenos que suceden simultáneamente en la relación terapéutica: la transferencia, la contratransferencia, el estado mental del paciente, su ánimo, su actitud, las motivaciones inconcientes, las fantasías y libretos de la vida psíquica, el mundo interno de ambos, la teoría y marco referencial psicoanalítico, lo verbal, lo preverbal y lo no verbal.

Entender todo ello nos exige poner en funcionamiento nuestra sensibilidad, intuición, imaginación, empatía, percepción, calidez humana, paciencia, disponibilidad, concentración y autoobservación, pero sobre todo, nuestra tolerancia ante la incertidumbre y el hecho de que no hay verdades absolutas. No vamos a dar soluciones a los problemas humanos; seremos un modelo de identificación para que los pacientes continúen sus vidas pensando sus experiencias emocionales como lo hacen en el consultorio.

Todos sabemos que cada analista percibe el funcionamiento psíquico y su patología de acuerdo con la teoría psicoanalítica a la que se adhiere, la experiencia de su propio análisis personal y las supervisiones que ha tenido. Nos movemos en el terreno de la subjetividad humana. La complejidad, tal como Norberto y Celia Bleichmar nos han enseñado, proporciona distintas verdades parciales de la realidad psíquica del paciente. La pluralidad nos propone distintos caminos para recorrer, con libertad de ir y volver. Utilizamos la historia del paciente, sus sueños y asociaciones para orientarnos y explicar lo que pasa con él.

¿Qué autores tomaré como referencia? A Freud, Abraham, Klein, Meltzer, Bion, los postkleinianos, Anna Freud, Sandler, Kohut, Mahler, Kernberg, Lacan, Racker, Etchegoyen, Benito López, León Grinberg, las enseñanzas de mis maestros, de mis colegas, de mis supervisores ‒quienes con tanta paciencia me adiestraron para percibir la fineza y sutileza de la vida emocional y alcanzar aquello que se encuentra en las capas más profundas de la mente a pesar del gran dolor que conlleva‒.

¿Qué quiero decir con esto? Que no hay recetas del “un, dos, tres”. Tengo experiencia que compartir y es lo que pretendo hacer al leer con ustedes viñetas de distintos momentos del proceso terapéutico de diferentes tipos de pacientes, a fin de dar una idea acerca de los tantos temas que emergen de la técnica y de la psicopatología. Veremos, cómo pensar una sesión con un paciente que acaba de empezar un tratamiento a diferencia de otro que lleva años en psicoanálisis, por ejemplo.

¿Cómo ayudar a un paciente narcisista a que enfrente de mejor manera las heridas narcisistas que le implica vivir en este mundo? ¿Qué se le dice a una persona que viene a complacerme en lugar de querer conocerse a sí misma? ¿Siempre se interpretan los sueños que nos cuentan? ¿Cómo se le hace para que el paciente pueda entender lo que queremos decirle, si su manera de pensar está obcecada en convicciones tajantes e inflexibles? ¿Qué se hace con el melancólico que viene a darme una versión terrible sobre la vida? ¿Cómo liberarme de la sobrecarga de un paciente que me exige que le resuelva sus problemas en poco tiempo? ¿Cómo abordar la agresión? ¿Cuándo se interpreta la transferencia y cuándo el contenido de las fantasías inconcientes? ¿Se trabaja de la misma manera un rasgo de carácter que un síntoma? ¿Cómo ayudar a una persona a que consiga el mayor crecimiento mental que pueda? Asimismo, revisaremos la manera en que formulo las interpretaciones. Todo ello en un clima de calidez humana, trabajo y esfuerzo que privilegie la verdad, la sinceridad y la humildad.

 

Inscríbete al Taller especializado. Llena el formulario de este enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/taller-especializado-ana-maria-wiener