Archivos mensuales: marzo 2016

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La conformación de la fuerza en la mente. Relato de un caso

Por Myriam Trejo

Freud utilizó el término “histeria de angustia” para referirse a una neurosis en particular cuyo síntoma central es la fobia y señaló su similitud estructural con la histeria de conversión. El autor muestra que dichos trastornos poseen el mismo origen: el conflicto edípico, en el cual predominan los sentimientos de celos, exclusión, rivalidad, competencia, comparación e inferioridad. Actualmente, podemos observar cómo en nuestros pacientes el camino hacia su desarrollo mental se ve detenido porque su carácter es capturado por un aspecto infantil de tipo edípico.

Desde una perspectiva psicoanalítica contemporánea, la comprensión de la problemática edípica se enriquece cuando reconocemos los elementos de desprecio que impiden incorporar aquello con lo que se compite: los objetos parentales y, en particular, el objeto parental paterno. Los modelos kleiniano y postkleiniano afirman que la identificación introyectiva de los objetos es fundamental para integrar aspectos saludables y fuertes en la mente, guiando al self hacia el crecimiento.

Estas ideas sirvieron de base para comprender el caso de un joven de diecinueve años, que revisamos en el marco de la Supervisión Colectiva del Doctorado en Clínica Psicoanalítica del Centro Eleia, con el apoyo de la Dra. Elena Ortiz. En este paciente predominan sentimientos de inferioridad y ansiedades de castración. Es un chico callado, nervioso e inseguro. No le gusta su cuerpo, se percibe como un niño, sin rasgos varoniles y poco atractivo. El cuerpo es un tema central en su discurso: se preocupa si presenta alguna irritación o si baja de peso.

Con su madre mantiene un vínculo endogámico; él funge en varios sentidos como su pareja y menosprecia al padre. Uno de los aspectos más discutidos durante la supervisión fue esta rivalidad con el padre, la usurpación de su lugar junto a la madre y la terrible consecuencia de no lograr introyectar la figura paterna y sus funciones. Este joven traslada a otros escenarios su actitud de superioridad con respecto al padre. Por ejemplo, insistió en ingresar a un curso muy costoso porque consideraba que era mejor que otro al que asistió su hermana, pero, después de un par de días, llegó a la conclusión de que su modelo pedagógico no servía y que no aprendería nada.

El corolario de la superioridad es el desprecio. La persona queda atrapada en un círculo vicioso donde su postura de grandiosidad le impide aprender y crecer, dejándolo en una posición de castración que no le permite enfrentarse a la vida. Este muchacho tiene la sensación de que los retos que se le presentan diariamente son insuperables, como despertarse temprano, realizar algún trámite o prepararse para el examen de admisión a la universidad. Este tipo de actividades y el esfuerzo que implican son para él cargas insoportables. Podríamos decir que carece de “testosterona emocional”, de esa fuerza viril, potente, de una función que actúa como autoridad interna cuando hay que enfrentar un desafío o mantener una disciplina para desarrollarse. Su reacción, entonces, es de angustia. No es un joven de diecinueve años, sino que su mente está dominada por un niño: el eterno pequeño príncipe de mamá.

Este tipo de casos tienen buen pronóstico con el tratamiento psicoanalítico. Pero, ¿cómo podemos trabajar con nuestros pacientes en la clínica para motivar su progreso? Será central el análisis sistemático de la transferencia, donde también se expresa el conflicto con la función parental. Un punto básico a interpretar es la “equiparación agrandada” con las funciones parentales. En otras palabras, se trata de mostrarle al paciente cómo adopta o usurpa posturas que buscan una especie de simetría respecto a los objetos con los que compite. La intervención continua sobre estas áreas tiene por objetivo fortalecer la identificación introyectiva, el mecanismo que, por excelencia, conduce al desarrollo.

En el caso de este joven, la introyección de un objeto parental paterno edificaría la fuerza interna que tanto requiere. Por lo tanto, el tratamiento procurará la identificación introyectiva de los aspectos parentales paternos para reforzar su estructura de carácter. Jugando con nuestra metáfora, buscaríamos imprimirle una “inyección de testosterona emocional”.

Es importante mostrarle puntualmente con descripciones cuidadosas cómo él, mental y emocionalmente, realiza un proceso despectivo de lo que se le ofrece. Hay que indicarle con palabras coloquiales dónde aparece el desprecio, la superioridad, la arrogancia y de qué modo surge después en él esa incómoda sensación de que no saber, no poder y de falta de capacidades. Será necesario explicar que su “grandiosidad” le impide interiorizar y que está profundamente enraizada junto con aquella posición de sustituto paterno al lado de la madre, lugar que no le corresponde, pero que determina su vida hasta en la actitudes más triviales. La recuperación de la confianza en sí mismo, la seguridad y la masculinidad dependerá de su capacidad para romper con ese círculo vicioso que le impide hacer suyo lo potencialmente valioso porque lo desprecia.

Las interpretaciones son, en gran medida, descripciones. El psicoanálisis se aleja de la ciencia explicativa para ser una disciplina descriptiva. Es fundamental señalar con cuidadoso detalle cómo él posee distintas áreas en su mente: una parte quiere lograr cosas que le darían una gran satisfacción personal, como ingresar a una universidad de prestigio y estudiar una carrera; pero otra parte desea continuar con una modalidad de funcionamiento condescendiente, poco esforzada, parasitaria, donde sigue siendo un niño-príncipe pegado a mamá.

Es indispensable entender las distintas áreas que habitan al paciente; en la transferencia, por ejemplo, mostrarle al niño que no quiere venir en un horario que implica un sacrificio de tiempo y esfuerzo o cómo desea que se le expliquen las cosas ya digeridas, para que sea la analista quien piense por él. También hará falta exponerle sus partes cooperadoras, como cuando comparte un sueño que ha recordado o las ocasiones en las que se dispone a escuchar y reflexionar.

Conviene señalar las ansiedades de castración, hacerle ver que desarrolla una actividad de comparación permanente con los demás, como si fuera un niño midiendo imaginariamente su pene con el de papá o con el de otros niños más grandes, y que esto se traduce a muchas áreas de su vida: los estudios, los logros deportivos, el coche que maneja, etc. Todo ello deriva en una sensación de ser castrado no sólo en la sexualidad sino en la vida.

Este paciente coloca en el cuerpo su sensación de inferioridad: observa defectos, como los niños que piensan que su pene es pequeño porque está mal diseñado y su cuerpo no funciona bien. Del mismo modo, las molestias físicas y sus inquietudes con respecto a este tipo de experiencias, son desplazamientos de sus angustias frente a lo erótico. Su erotismo está profundamente ligado a figuras que tienen una carga incestuosa importante: su madre y su hermana. La fantasía es que su cuerpo recibirá los “castigos” porque desde allí “emana” aquella sexualidad que vive tan cargada de culpa y vergüenza.

Este paciente tiene una estructura neurótica que se puede comprender bien a partir de las teorías de Freud y el polimorfismo infantil. Asimismo, podemos enriquecer este enfoque con las aportaciones de los kleinianos y postkleinianos. Sabemos que el mundo de las teorías psicoanalíticas es vasto; resulta de gran utilidad contemplar distintas perspectivas porque estamos frente a un objeto de estudio complejo. Lo importante es lograr una consistencia epistemológica y estética que nos permita adentrarnos con sensibilidad y agudeza en la experiencia emocional del paciente, para que, así juntos, sea posible pensarla y comprenderla mejor.

 

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Enfermedades psicosomáticas infantiles. Sus tratamientos

Por Alma Toledo.

La comprensión de la relación mente-cuerpo es una tarea fascinante que plantea múltiples interrogantes. De acuerdo con la perspectiva psicoanalítica, el psiquismo y la vida emocional se estructuran con las experiencias más tempranas. Desde los primeros meses de vida, el bebé está expuesto a una serie de estímulos internos y externos que estructuran su mente; psique y soma se van integrando paulatinamente.

Los padecimientos físicos en la infancia son frecuentes e ineludibles. Existen distintas explicaciones con respecto a su etiología y se consideran un problema complejo que involucra factores ambientales, genéticos, sociales y psicológicos.

Respecto a lo psicológico, sabemos que los avatares de la vida temprana, en especial el vínculo con la madre, influirán de manera determinante en el desarrollo sano o patológico del niño. Las separaciones, las pérdidas, la depresión y el estrés se consideran detonantes de suma importancia de enfermedades durante la infancia. En esta etapa, la personalidad se encuentra en período de formación. La capacidad para enfrentar las emociones inherentes a los conflictos de la vida está aún en vías de consolidarse, lo que hace a los niños más proclives a enfermar.

Hoy sabemos que el ingreso a la escuela no solamente expone a los niños al contacto con otros pequeños que pueden contagiarlos, sino implica, además, emociones dolorosas y depresivas que los hacen más susceptibles. El cuerpo en la infancia es una vía regia para la manifestación de diversas alteraciones vinculares y afectivas.

La relación entre la vida emocional y las enfermedades de nuestro cuerpo todavía presenta muchas preguntas. Sin embargo, es de nuestro conocimiento que la edad cronológica de aparición de una enfermedad psicosomática da luz sobre la gravedad y evolución del trastorno: no es lo mismo un niño que inicia un cuadro asmático a los dos años, que a los diez; el diagnóstico varía enormemente en cada caso.

El aumento en los últimos años de trastornos somáticos en la infancia es significativo. En México, por ejemplo, los casos de diabetes infanto-juvenil alcanzan cifras alarmantes. De hecho, la diabetes es la enfermedad crónica de mayor incremento en los últimos años en nuestro país.

Diversos autores psicoanalíticos se han ocupado de estudiar tales problemáticas. En este taller revisaremos las teorías actuales y los avances en el terreno de la psicosomática. Analizaremos los factores que influyen en el origen de enfermedades físicas con componentes emocionales y la importancia de su detección temprana. Se presentarán casos clínicos para ilustrar distintas condiciones psicosomáticas, tales como: asma, diabetes, insomnio, gastritis, colitis, dermatitis, obesidad y muchas otras. El trabajo estará centrado en la clínica con este tipo de pacientes a través de distintos modelos psicoanalíticos de intervención.

 

Inscríbete al Taller “Enfermedades psicosomáticas infantiles. Sus tratamientos” en este enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/taller-enfermedades-psicosomaticas-infantiles-tratamientos

Una mirada psicoanalítica a las depresiones

Por Gabriela Turrent

Entre las principales tareas que tenemos los psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas y, en general, toda persona dedicada a actividades psicoterapéuticas, ya sea de manera particular o en diferentes tipos de instituciones, debemos elaborar diagnósticos que nos permitan reconocer los padecimientos de un ser humano y establecer estrategias para su tratamiento o para mejorar sus relaciones interpersonales, de manera que sea posible aminorar el sufrimiento que generan los síntomas.

Cada vez es más frecuente que los pacientes refieran haber perdido el entusiasmo y el interés por la vida. Nos comentan que se sienten deprimidos porque reconocen que el dolor psíquico que experimentan se traduce en falta de vitalidad, pérdida del interés y desesperanza.

La psiquiatría elabora diagnósticos de manera fenoménica, es decir, a partir de la observación de signos y síntomas que se consideran característicos de un padecimiento o conjunto de ellos y los compara con las descripciones que aparecen dentro de las clasificaciones más actuales.

En el caso de la depresión, el psiquiatra identifica indicios como: desánimo, tristeza, desesperanza, disminución del interés en actividades que antes producían placer, pérdida o aumento significativo de peso, insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento psicomotor, fatiga, sentimientos de inutilidad, disminución de la capacidad para concentrarse, llanto, sentimientos de culpa y tristeza, etc. Cuando ha reconocido los síntomas, dicho especialista busca tratamientos (psicofarmacológico o psicoterapéutico) que reduzcan o disminuyan las manifestaciones patológicas y permitan la reincorporación a la vida social y laboral.

El psicoanálisis, por su parte, toma en cuenta los síntomas, pero no es el único elemento que contempla durante la elaboración del diagnóstico. Cada expresión del padecimiento puede estar relacionada con distintas problemáticas subjetivas inconcientes. El pensamiento psicoanalítico privilegia la manera en que cada síntoma se combina con otros aspectos psíquicos, como las fantasías y las experiencias infantiles. Esto propicia que tanto la valoración inicial como las intervenciones durante el tratamiento busquen revelar los vínculos entre los conflictos inconscientes y las manifestaciones sintomáticas.

La perspectiva psicoanalítica reconoce –aunque el tema continúe sujeto al debate de la investigación científica– que algunas depresiones tienen componentes biológicos cuyos síntomas pueden atenderse mediante la administración de antidepresivos. Sin embargo, pone énfasis en que la personalidad, los conflictos, las emociones y el tipo de vínculos que establecemos son indispensables para entender los trastornos mentales.

El psicoanálisis considera que la sintomatología depresiva se encuentra presente en distintas estructuras psicopatológicas. En algunas personas constituye el rasgo funcional predominante, que ha estado presente prácticamente toda la vida, empobreciendo las relaciones y generando escenarios de soledad y abatimiento. En otras, aparece como una reacción ante frustraciones inesperadas, generando un estado de ánimo que nunca antes se había experimentado.

De este modo, el psicoanálisis propone que algunos síntomas como el ánimo triste o la desesperanza pueden entenderse desde diversas perspectivas: ya sea la consecuencia de una separación significativa, el resultado de una herida narcisista o de un proceso identificatorio con padres depresivos, entre otras posibilidades.

En el Diplomado sobre Psicopatología pensaremos la depresión y otros trastornos mentales desde una mirada compleja, que incluya los componentes biológicos, sociales y los conflictos psíquicos que pueden desencadenarla. Buscaremos integrar las aportaciones psiquiátricas y psicoanalíticas al diagnóstico con el objetivo de conseguir una comprensión cada vez más profunda del funcionamiento normal y patológico de la mente.

 

Diplomado en Psicopatología Psicoanalítica. Abril de 2016.

Coordinadoras: Gabriela Turrent y Marcela Barruel.

Enlace a fechas y horarios del diplomado: http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-psicopatologia-psicoanalitica