{"id":8216,"date":"2022-01-21T23:18:55","date_gmt":"2022-01-21T23:18:55","guid":{"rendered":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=8216"},"modified":"2023-03-14T14:52:02","modified_gmt":"2023-03-14T20:52:02","slug":"las-infinitas-formas-de-evitar-extranar-a-alguien","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/las-infinitas-formas-de-evitar-extranar-a-alguien\/","title":{"rendered":"Las infinitas formas de evitar extra\u00f1ar a alguien"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Karina Velasco Cota<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">\u00bfEn qu\u00e9 hondonada esconder\u00e9 mi alma<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">para que no vea tu ausencia<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">que, como un sol terrible, sin ocaso,<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">brilla definitiva y despiadada?<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">Jorge Luis Borges<\/p>\n<p style=\"text-align: right\">\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Probablemente, no hay experiencia m\u00e1s dolorosa en la vida de una persona que aquella que est\u00e1 relacionada con una separaci\u00f3n o con la p\u00e9rdida de un ser querido. Son situaciones capaces de evocar un sinf\u00edn de emociones dif\u00edciles de tolerar: abatimiento, culpa, desesperanza, enojo y, a veces, deseos de venganza.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Los grandes te\u00f3ricos del psicoan\u00e1lisis, que se han dado a la tarea de explorar el psiquismo temprano y la vida infantil, piensan que cada vez que nos enfrentamos a una separaci\u00f3n o a una p\u00e9rdida, revivimos un sentimiento de desvalimiento similar al que surge en el ni\u00f1o cuando su madre se aparta de \u00e9l. El ser humano, a diferencia de otros mam\u00edferos, es una criatura que nace en tal estado de prematuridad que es imposible que pueda hacerse cargo de s\u00ed mismo durante los primeros a\u00f1os de vida, por lo tanto, queda a expensas de que otro cuide de \u00e9l para asegurar su supervivencia. El ni\u00f1o depender\u00e1, por largo tiempo, de la madre o de su cuidador hasta que, en el mejor escenario, sea capaz de lograr la autonom\u00eda. Este proceso no est\u00e1 exento de dificultades. Mientras que hay ni\u00f1os m\u00e1s resueltos que pueden separarse de la madre para despu\u00e9s volverse a encontrar con ella sin mayor agitaci\u00f3n, hay otros para los que resulta brutalmente amenazante alejarse de ella.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Estas primeras experiencias de separaci\u00f3n y de p\u00e9rdida \u2014por ejemplo, cuando el ni\u00f1o es destetado, entrenado para controlar esf\u00ednteres, enviado a su propia habitaci\u00f3n o comienza el colegio\u2014, si bien son vividas de forma subjetiva, de acuerdo con el funcionamiento mental del ni\u00f1o y la solidez del v\u00ednculo que este tenga con su madre, invariablemente dejan una huella en el psiquismo, conden\u00e1ndonos a evocar, una y otra vez, a lo largo de la vida, la angustia de quedarnos solos. As\u00ed que, cuando en la adultez sobreviene una ruptura amorosa o la p\u00e9rdida de alguien significativo, se remueven todas estas emociones, acompa\u00f1adas no solo de un sentimiento de desamparo capaz de inspirar los versos m\u00e1s dolidos, sino peor a\u00fan, de un intenso temor de haber sido responsables de tal cat\u00e1strofe. Sin embargo, los seres humanos tampoco somos criaturas capaces de lidiar de golpe con la vor\u00e1gine emocional que produce una p\u00e9rdida, para ello contamos con un nutrido arsenal de estrategias defensivas que nos protegen, por lo menos temporalmente, del dolor mental y del terrible drama que implica extra\u00f1ar a alguien.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Algunas de las defensas m\u00e1s eficaces son las que conforman la triada man\u00edaca que teoriz\u00f3 Melanie Klein en 1940, en su art\u00edculo \u201cEl duelo y su relaci\u00f3n con los estados man\u00edaco-depresivos\u201d. Para esta autora, frente a una p\u00e9rdida, las personas solemos sentir miedo y angustia de haber da\u00f1ado al otro, de ser los responsables de haber sido dejados o simplemente de no haber hecho lo suficiente. Es decir, nos sentimos culpables y quedamos a merced de ansiedades depresivas que nos generan mucho pesar. Una manera de lidiar con la culpa es a trav\u00e9s de fantas\u00edas omnipotentes y violentas, dirigidas a restarle valor e importancia al objeto perdido, en un af\u00e1n de controlarlo y triunfar sobre \u00e9l. Al fin y al cabo, no se puede extra\u00f1ar aquello que no es digno de ser extra\u00f1ado.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Roberto, por ejemplo, argumenta en su consulta que, desde hace tiempo, no es capaz de conciliar el sue\u00f1o y lo atribuye al estr\u00e9s laboral. Ha tenido tambi\u00e9n algunas crisis de angustia que lo llevaron a ver a un cardi\u00f3logo. Este, despu\u00e9s de examinarlo, le recomend\u00f3 ver a un psicoterapeuta. Durante la entrevista, se devela que recientemente se separ\u00f3 de su pareja y volvi\u00f3 a la casa de los padres. Ambos tienen un beb\u00e9 de seis meses. Seg\u00fan su perspectiva, desde que su hijo naci\u00f3, su novia se torn\u00f3 \u201caburrida y fastidiosa\u201d. Me explica que ella lo termin\u00f3, luego corrige y me dice que fue de com\u00fan acuerdo. Considera que no hay manera de que puedan convivir en armon\u00eda porque ella quiere \u201ctransformarlo en un robot a su completa disposici\u00f3n\u201d. Concluye diciendo que su padre le aconsej\u00f3 no preocuparse porque \u201chay muchos peces en el mar\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Una vez que Roberto transforma a su novia en una mujer \u201caburrida y fastidiosa\u201d, no hay cabida para experimentar la tristeza que pudo haber surgido a ra\u00edz de la separaci\u00f3n. Tampoco hay espacio para reflexionar en los sentimientos de celos y exclusi\u00f3n que le despert\u00f3 el nacimiento de su propio hijo y mucho menos para albergar un sentimiento de culpa por su propia responsabilidad en dicho desenlace. Podr\u00edamos decir que el consultante, a manera de un robot, blind\u00f3 su mente contra cualquier sentimiento doloroso que pusiera en jaque su equilibrio ps\u00edquico. La frase \u201cHay muchos peces en el mar\u201d es una forma de devaluar al objeto con el prop\u00f3sito de hacerlo sustituible, remplazable y, entonces, no echarlo de menos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Carlos Moguillansky (2013), siguiendo las ideas de Klein, explica que las defensas man\u00edacas son procesos que tienden a evitar el dolor, a trav\u00e9s de la negaci\u00f3n del valor que tiene el objeto perdido. Lo m\u00e1s significativo en el v\u00ednculo con el objeto reside en su unicidad y singularidad. Por ello, cuando sobreviene una p\u00e9rdida, el reto m\u00e1s dif\u00edcil en la elaboraci\u00f3n del duelo es el reconocimiento de dicha ausencia. Para este autor, una soluci\u00f3n man\u00edaca ante la separaci\u00f3n gira en torno a la denegaci\u00f3n defensiva de lo propio del objeto \u2014hasta llevarlo al anonimato\u2014 para poder sustituirlo r\u00e1pida y f\u00e1cilmente y, as\u00ed, evitar el dolor de haberlo perdido.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Junto con las defensas man\u00edacas, se encuentran las defensas obsesivas. Estas consisten en la repetici\u00f3n de ciertas conductas que apuntan a negar o a disminuir, de un modo omnipotente, las diversas amenazas que proceden del duelo. Recuerdo a una paciente adolescente que, antes de irse a estudiar fuera de M\u00e9xico, dedic\u00f3 gran parte de su tiempo a hacer, junto con su madre, extenuantes listas de pendientes: qu\u00e9 empacar, qu\u00e9 comprar, qu\u00e9 tirar a la basura, etc\u00e9tera. Entre las dos, limpiaron minuciosamente el cl\u00f3set, completaron tr\u00e1mites y alistaron todo lo necesario para el viaje. Podr\u00edamos pensar que, en el af\u00e1n de ordenar y organizar lo externo, la realidad ps\u00edquica y el caos emocional interno, originado por la pr\u00f3xima separaci\u00f3n, es negado omnipotentemente. Los rituales de fin de a\u00f1o son otro claro ejemplo de las defensas man\u00edacas y obsesivas que sirven para lidiar con las ansiedades depresivas que acompa\u00f1an el paso del tiempo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Adicionalmente, existen otras maniobras que persiguen la disminuci\u00f3n del dolor: la negaci\u00f3n de la separaci\u00f3n o la p\u00e9rdida y la idealizaci\u00f3n. Es com\u00fan que, despu\u00e9s de la muerte de un ser querido, el deudo quiera conservar alguna pertenencia de este: una prenda, un reloj o incluso las cenizas, en un intento por negar su ausencia. Por otro lado, se tiene la necesidad de \u201cponer en un pedestal\u201d al fallecido y no se tolera ning\u00fan comentario que \u201censucie\u201d su recuerdo. Estas acciones, si bien no son patol\u00f3gicas, ponen en evidencia la necesidad de la mente humana para deshacer la ausencia. Es decir, no hay necesidad de extra\u00f1ar al que no se fue y, de alguna forma, continua presente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En esta misma l\u00ednea, la identificaci\u00f3n con el objeto perdido es tambi\u00e9n una forma de lidiar con el duelo. Sigmund Freud (1917\/1992a), en <em>Duelo y Melancol\u00eda<\/em>, describi\u00f3 un mecanismo que, ante la incapacidad del yo para resignar el objeto, lo conserva a trav\u00e9s de una identificaci\u00f3n narcisista. Freud explica que en estos casos \u201c[L]a sombra del objeto recae sobre el yo\u201d (p. 246). Es decir, este se identifica con la parte odiada del ausente, dando lugar a la melancol\u00eda. La persona, entonces, no puede recuperarse de la p\u00e9rdida, pierde la vitalidad, su autoestima se ve menoscabada, se llena de autorreproches, de intensos sentimientos de culpa y de una necesidad de ser castigado.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Algunas maneras de evitar extra\u00f1ar a alguien son esperables y espont\u00e1neas. Estas tienen el prop\u00f3sito de ayudarnos a lidiar con el impacto emocional de una separaci\u00f3n o de una p\u00e9rdida y nos permiten dosificar el dolor hasta el momento que en que las ansiedades depresivas se puedan experimentar y elaborar. Los mecanismos de defensa no son patol\u00f3gicos <em>per se<\/em>, pero cuando se rigidizan y se convierten en la \u00fanica alternativa para enfrentar las experiencias vitales y emocionales, entonces se puede considerar la presencia de un cuadro psicopatol\u00f3gico de naturaleza narcisista, como la melancol\u00eda, la psicopat\u00eda, entre otros.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Referencias<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Freud, S. (1992a). Duelo y Melancol\u00eda. <em>Obras Completas <\/em>(vol. 14). Amorrortu editores. (Obra original publicada en 1917).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Freud, S. (1992b). Inhibici\u00f3n, s\u00edntoma y angustia. <em>Obras Completas<\/em> (vol. 20). Amorrortu editores. (Obra original publicada en 1926).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Klein, M. (1990). El duelo y su relaci\u00f3n con los estados man\u00edaco-depresivos. <em>Amor, culpa y reparaci\u00f3n<\/em>. <em>Obras Completas<\/em> (tomo 1). Paid\u00f3s. (Obra original publicada en 1940).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Moguillansky, C. (2013). El dolor y las defensas man\u00edacas. <em>Psicoan\u00e1lisis, 35<\/em>(2), pp. 251-281.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Karina Velasco Cota \u00a0 \u00bfEn qu\u00e9 hondonada esconder\u00e9 mi alma para que no vea tu ausencia que, como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada? Jorge Luis Borges \u00a0 \u00a0 Probablemente, no hay experiencia m\u00e1s dolorosa en la vida de una persona que aquella que est\u00e1 relacionada con una separaci\u00f3n o con la p\u00e9rdida de un ser querido. Son situaciones capaces de evocar un sinf\u00edn de emociones dif\u00edciles de tolerar: abatimiento, culpa, desesperanza, enojo y, a veces, deseos de venganza. \u00a0 Los grandes te\u00f3ricos del psicoan\u00e1lisis, que se han dado a la tarea de explorar el psiquismo\u2026<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":8254,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1420],"tags":[76,311],"blocksy_meta":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8216"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8216"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8216\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10218,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8216\/revisions\/10218"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8254"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8216"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8216"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8216"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}