{"id":7580,"date":"2021-08-24T01:07:37","date_gmt":"2021-08-24T01:07:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=7580"},"modified":"2023-03-14T15:39:51","modified_gmt":"2023-03-14T21:39:51","slug":"encuentro-cientifico-perdidas-trauma-y-duelo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/encuentro-cientifico-perdidas-trauma-y-duelo\/","title":{"rendered":"Encuentro Cient\u00edfico \u00abP\u00e9rdidas. Trauma y duelo\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Jorge Salazar<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las p\u00e9rdidas forman parte de la vida, condicionan el desarrollo emocional y, debido a la cualidad dolorosa de los afectos que las acompa\u00f1an, contribuyen al crecimiento y madurez de la personalidad. Sin ellas y sin el dolor que conllevan, la vida carecer\u00eda de sentido pues, como sabemos, el reconocimiento del car\u00e1cter cambiante y perecedero de todo cuanto existe, as\u00ed como de la finitud de la vida misma, permite apreciar lo bueno de las cosas, discernir el grano de la paja y otorgarle valor a la experiencia vivida, emocionalmente significativa. Solo cuando el individuo maduro adquiere la plena conciencia de esta incontrovertible verdad, es capaz de amar, cuidar e intentar preservar los objetos valiosos que lo alimentan y sostienen, para perderlos resignadamente en su ef\u00edmera existencia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las experiencias de p\u00e9rdida, sin embargo, tambi\u00e9n se relacionan con efectos perniciosos en la psique que, en oposici\u00f3n a lo anterior, conducen a una detenci\u00f3n o inhibici\u00f3n del desarrollo, o bien, al empobrecimiento y vaciamiento del mundo interno \u2014a la manera de una hemorragia ps\u00edquica, como sugiri\u00f3 Sigmund Freud\u2014 que cancela el v\u00ednculo libidinal con el entorno, los objetos y consigo mismo. As\u00ed, el amor residual que deja a su paso lo perdido no rebasa el inter\u00e9s narcisista o se torna en indiferencia, desvitalizaci\u00f3n y muerte, por lo que el individuo, si acaso no muere en realidad, vive desapasionadamente y se convierte en la sombra de lo que alguna vez fue.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ante estos escenarios dispares, cabe entonces preguntarse por los motivos de tan grande diferencia. \u00bfReside impl\u00edcitamente en la experiencia de p\u00e9rdida y sus circunstancias o en la especificidad del objeto perdido o de las abstracciones que lo representan? \u00bfO est\u00e1 determinada por el propio sujeto y los recursos psicol\u00f3gicos de los cuales dispone para enfrentar la adversidad y transformar el infortunio en aprendizaje? Las respuestas afirmativas a estas interrogantes son v\u00e1lidas para orientar la comprensi\u00f3n psicodin\u00e1mica de las variables involucradas en la elaboraci\u00f3n de las experiencias de p\u00e9rdida.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Sabemos que las p\u00e9rdidas de objetos reales acaecidas en la infancia precoz, durante el per\u00edodo inicial de estructuraci\u00f3n del psiquismo, devienen con facilidad traum\u00e1ticas e impactan negativamente el desarrollo emocional. En este caso, el yo precoz no solo experimenta la aflicci\u00f3n por el objeto perdido, sino el desamparo y la angustia de caer en una profunda soledad. Por otra parte, estas mismas experiencias tempranas dejan una huella mn\u00e9mica imborrable sobre la que se asientan las p\u00e9rdidas sobrevenidas con posterioridad, dificultando de este modo su tramitaci\u00f3n, debido a la significaci\u00f3n de la que son objeto.<\/p>\n<p>Desde la perspectiva psicoanal\u00edtica, toda p\u00e9rdida actual remite a una p\u00e9rdida acontecida en el pasado infantil \u2014el pecho materno, por definici\u00f3n\u2014, de ah\u00ed que el procesamiento de aquella, en gran medida, est\u00e1 determinado por los recursos ps\u00edquicos creados durante su proceso de elaboraci\u00f3n. M\u00e1s adelante en la vida, tanto las p\u00e9rdidas reales como ideales podr\u00e1n ser debidamente elaboradas, mediante el empleo de las funciones simb\u00f3licas desarrolladas, precisamente, por las experiencias de p\u00e9rdidas tempranas. Es en este sentido que las p\u00e9rdidas conducen al crecimiento de la vida mental al enriquecer el mundo interno con objetos, ahora internalizados, que otrora procuraron satisfacci\u00f3n, placer y bienestar desde el mundo externo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Aunque siempre resulte doloroso, no cualquier p\u00e9rdida es, desde luego, traum\u00e1tica; asimismo, no todos los acontecimientos traum\u00e1ticos provienen de experiencias de p\u00e9rdidas. No obstante, existe una articulaci\u00f3n posible entre la p\u00e9rdida y el trauma cuando aquella sobreviene en forma inesperada. En efecto, la p\u00e9rdida adquiere una cualidad traum\u00e1tica cuando toma por sorpresa al individuo desprevenido, esto es, sin que cuente con la protecci\u00f3n natural generada por la angustia \u2014se\u00f1al necesaria para apercibirse de los peligros y amenazas de la vida\u2014, de tal modo que recibe el impacto sin atenuantes de su devastadora fuerza. El \u00e9nfasis, empero, en las p\u00e9rdidas traum\u00e1ticas, recae no tanto en la magnitud de la fuerza avasalladora de la experiencia de p\u00e9rdida, por muy significativa que \u00e9sta sea, sino en su insospechada ocurrencia que desorganiza la sensible vida ps\u00edquica desprotegida. En otras palabras, la anticipaci\u00f3n de la p\u00e9rdida es ya un primer paso para eliminar, de entrada, el efecto traum\u00e1tico y proseguir, en segundo lugar, a su elaboraci\u00f3n mediante el trabajo de duelo, proceso consubstancial a toda verdadera experiencia de p\u00e9rdida e indispensable para lograr su aceptaci\u00f3n definitiva.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Si en la infancia precoz la experiencia de p\u00e9rdida es indiscernible del trauma, en estadios m\u00e1s avanzados del desarrollo emocional y en la vida adulta las cualidades afectivas y los efectos an\u00edmicos de ambos sucesos son distinguibles entre s\u00ed. La p\u00e9rdida es la ausencia o desaparici\u00f3n de un objeto de amor real o fantaseado, o bien, la interrupci\u00f3n del lazo libidinal mantenido con \u00e9l. Los principales sentimientos que la acompa\u00f1an son: tristeza, aflicci\u00f3n, abatimiento afectivo, culpa, autorrecriminaciones y ansiedades depresivas. El trauma, por su parte, consiste en la irrupci\u00f3n violenta de un monto de afecto, destructivo en la mente, proveniente tanto de est\u00edmulos externos como internos. La reacci\u00f3n habitual ante el acontecimiento traum\u00e1tico es una combinaci\u00f3n de estados mentales como confusi\u00f3n, par\u00e1lisis y desorganizaci\u00f3n ps\u00edquica, inestabilidad o labilidad emocional y sensaciones de despersonalizaci\u00f3n y desrealizaci\u00f3n, entre otras.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Mientras que el objeto perdido permanece en la dimensi\u00f3n ps\u00edquica en su calidad de representaci\u00f3n, aguardando su ulterior elaboraci\u00f3n por medio del trabajo de duelo y los mecanismos de reparaci\u00f3n, el acontecimiento traum\u00e1tico, debido a su propia naturaleza, provoca una ruptura del aparato mental, es decir, una escisi\u00f3n o fragmentaci\u00f3n del entramado ps\u00edquico, que impide, por la misma raz\u00f3n, su inscripci\u00f3n en el psiquismo desgarrado, y con ello, obstaculiza su vinculaci\u00f3n asociativa con otras representaciones ps\u00edquicas. As\u00ed, en el momento en que se verifica, el trauma psicol\u00f3gico permanece t\u00f3picamente en un espacio desprovisto de la posibilidad de representaci\u00f3n. Desligado de sus nexos asociativos, lo impensado, pero a la vez fehacientemente vivido, se sit\u00faa en un \u00e1mbito que no es ps\u00edquico, pero tampoco som\u00e1tico, sino que en forma encapsulada o enquistada, ocupa un lugar fronterizo en el hiato que une y separa estas dos dimensiones del ser, ejerciendo, sin embargo, desde ese\u00a0<em>no lugar<\/em>\u00a0sus efectos perniciosos, tanto en la mente como en el cuerpo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Desde el punto de vista cl\u00ednico, la mayor preocupaci\u00f3n con respecto a la experiencia traum\u00e1tica radica en su enquistamiento patol\u00f3gico, condici\u00f3n que le concede tanto su cronicidad como el potencial de ocasionar graves consecuencias con su disimulado silencio. Por este motivo, el trauma requiere m\u00e1s que un duelo para su debida tramitaci\u00f3n; precisa de todos los recursos simb\u00f3licos disponibles para poner en palabras una experiencia de suyo disruptiva de las funciones del pensamiento y lenguaje. De ah\u00ed que la estrategia terap\u00e9utica deba ser una decidida intervenci\u00f3n, encaminada a promover el proceso de formaci\u00f3n y uso de los s\u00edmbolos para tornar, en la medida de lo posible, representable lo irrepresentable.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En el\u00a0<a href=\"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/encuentro-cientifico-perdidas-trauma-y-duelo\">encuentro cient\u00edfico\u00a0<\/a><u>\u201c<\/u>P\u00e9rdidas. Trauma y duelo<em>\u201d,<\/em>\u00a0tendremos la oportunidad de exponer con mayor amplitud estas y otras ideas psicoanal\u00edticas acerca de la comprensi\u00f3n y abordaje cl\u00ednico de dichas experiencias que conciernen a todo ser humano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jorge Salazar \u00a0 Las p\u00e9rdidas forman parte de la vida, condicionan el desarrollo emocional y, debido a la cualidad dolorosa de los afectos que las acompa\u00f1an, contribuyen al crecimiento y madurez de la personalidad. Sin ellas y sin el dolor que conllevan, la vida carecer\u00eda de sentido pues, como sabemos, el reconocimiento del car\u00e1cter cambiante y perecedero de todo cuanto existe, as\u00ed como de la finitud de la vida misma, permite apreciar lo bueno de las cosas, discernir el grano de la paja y otorgarle valor a la experiencia vivida, emocionalmente significativa. 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