{"id":497,"date":"2015-01-26T16:57:18","date_gmt":"2015-01-26T16:57:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=497"},"modified":"2023-03-22T16:02:44","modified_gmt":"2023-03-22T22:02:44","slug":"envidia-de-la-buena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/envidia-de-la-buena\/","title":{"rendered":"Envidia: \u00bfDe la buena?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\">Por Gabriela Turrent<\/p>\n<p>La envidia ha sido descrita en pr\u00e1cticamente todas las culturas e inspira importantes obras de la literatura universal. A pesar de ser reconocida popularmente, pas\u00f3 mucho tiempo antes de que el psicoan\u00e1lisis pudiera estudiarla con detenimiento. Tomando como base las aportaciones de Melanie Klein, analistas contempor\u00e1neos explican las manifestaciones cl\u00ednicas de la envidia, los m\u00e9todos que tenemos para defendemos de ella, las circunstancias que la mitigan o potencian y la manera como regula la cercan\u00eda y profundidad de nuestros v\u00ednculos. Las referencias culturales y psicoanal\u00edticas sobre este tema pueden ayudarnos a pensar si es verdad que podemos sentir \u201cenvidia de la buena\u201d.<\/p>\n<p>El diccionario de la Real Academia Espa\u00f1ola define \u201cenvidia\u201d como: \u201cTristeza o pesar del bien ajeno. Emulaci\u00f3n o deseo de algo que no se posee\u201d. En culturas como la griega, la egipcia y diversas mesoamericanas, se piensa que el envidioso es capaz de producir \u201cmal de ojo\u201d o da\u00f1o al mirar. En el catolicismo, la envidia es considerada un pecado capital, no en cuanto a magnitud, sino por su cercan\u00eda con otros pecados; por ejemplo, si uno envidia los bienes de otros, puede estar tentado a robar. Por su parte, el budismo la considera un sentimiento que propicia el karma destructivo que puede dirigirse a hacia otros o hacia uno mismo, creando sufrimiento.<\/p>\n<p>Muchas obras de la literatura universal han descrito las consecuencias de la envidia: en <em>Las metamorfosis<\/em> de Ovidio, Minerva busca a la diosa Envidia para perpetrar la venganza en contra de su hermana Aglauro y es ella, Envidia, quien provoca a petici\u00f3n de un muchacho rechazado que Narciso quede atrapado en su reflejo. En la Biblia, el asesinato de Abel a manos de su hermano Ca\u00edn es motivado por la violencia que le despierta darse cuenta que sus bienes y recursos son m\u00e1s valorados por Dios. En <em>La divina comedia<\/em>, Dante nos dice que los envidiosos habitan en la tercera cornisa del purgatorio con los ojos cosidos para que no vuelvan a mirar con mal. En <em>Otelo<\/em>, Shakespeare muestra c\u00f3mo la envidia de Yago es capaz de desencadenar los celos, la intriga y la tragedia.<\/p>\n<p>Cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s del surgimiento del psicoan\u00e1lisis, comenz\u00f3 a estudiarse con profundidad la envidia. En 1957, Melanie Klein plantea que los celos involucran a tres personas y est\u00e1n motivados por la valoraci\u00f3n, el amor y el miedo a que un rival nos quite a la persona que amamos. La envidia, por su parte, se desarrolla en un v\u00ednculo de dos: el dolor y el odio se generan porque ese otro posee bienes o cualidades que admiramos (aun cuando est\u00e9 dispuesto a compartirlos). Klein se\u00f1ala que la envidia es una emoci\u00f3n sumamente perturbadora con importantes repercusiones en el desarrollo ps\u00edquico: se presenta especialmente en relaciones de dependencia, dificulta que nos beneficiemos de lo que otros nos ofrecen, propicia el aislamiento, impide el desarrollo de la generosidad y la gratitud y puede llevarnos hasta herir o da\u00f1ar a quienes amamos (Klein, 1957).<\/p>\n<p>Aunque Melanie Klein consideraba que la envidia es un factor constitucional derivado de la pulsi\u00f3n de muerte, hoy en d\u00eda muchos psicoanalistas piensan que este sentimiento disminuye cuando el que comparte experimenta placer al hacerlo, no busca establecer una superioridad hacia el receptor, reconoce la dificultad que implica recibir y valora lo que el otro puede darle de vuelta. En cambio, si el que da no siente placer compartiendo, no est\u00e1 interesado en el beneficiario y no posee una actitud genuina de desprendimiento, el resentimiento y el enojo por el bien ajeno tienden a incrementarse (Bott-Spillius, 1997).<\/p>\n<p>La envidia se manifiesta de muchas maneras. Si es consciente, puede sentirse como hostilidad, enojo, un sentimiento de competencia y rivalidad que suele despertar ambici\u00f3n (querer lo que otro tiene) e incluso como un deseo de da\u00f1ar las cualidades de otro (\u201csino es m\u00edo, que no sea de nadie\u201d). Al ser inconsciente, es decir, cuando no registramos que estamos envidiosos, esta emoci\u00f3n se revela como una dificultad para reconocer el valor de lo que se recibe o como una culpa inexplicable, que con frecuencia conduce a inhibiciones en la creatividad y en el aprendizaje. Por ejemplo, si un alumno siente envidia inconsciente ante un maestro, no podr\u00e1 hacer propio su conocimiento ni utilizarlo libremente. La culpa inconsciente se expresa tambi\u00e9n a modo de dudas y cr\u00edticas constantes, como necesidad de buscar fallas e imperfecciones, las cuales generan dificultades para confiar en los dem\u00e1s y en uno mismo (Papadakis, 2004).<\/p>\n<p>En el escrito <em>Envidia en la vida cotidiana<\/em>, Betty Joseph explica que hacer contacto con nuestros sentimientos envidiosos y darnos cuenta de que en ocasiones nos molesta el bien de las personas que amamos, son experiencias tan dolorosas que podemos vernos obligados a desarrollar funcionamientos mentales que nos alejan de tales sensaciones (Joseph, 1986). Uno de los m\u00e9todos m\u00e1s comunes para no sentir envidia de una persona que queremos y admiramos, es idealizarla o auto devaluarnos. De esta forma, hacemos las diferencias m\u00e1s grandes, ponemos al otro en un pedestal para que no haya comparaci\u00f3n, competencia o cr\u00edtica posible. Es com\u00fan escuchar a hijas decir que tuvieron madres perfectas, tan incre\u00edbles y maravillosas que ellas jam\u00e1s podr\u00e1n parec\u00e9rseles.<\/p>\n<p>Otra defensa para no hacer contacto con ese sentimiento es \u201cmeternos dentro del que comparte\u201d, o sea, no reconocer las diferencias, ni aceptar que lo que recibimos no es nuestro, sino que fue otorgado generosamente. Con este mecanismo ps\u00edquico, se obvia y se hace propio lo que deber\u00eda agradecerse. Por ejemplo, podemos pensar en un estudiante que no reconoce p\u00fablicamente la colaboraci\u00f3n de su maestro en sus trabajos, pues siente que es su obligaci\u00f3n ayudarlo; tambi\u00e9n ser\u00eda el caso de aquellos hijos que piensan que sus padres tienen que darles todo.<\/p>\n<p>Para librarnos de la envidia podemos incluso depositar en otros este sentimiento; hacer o decir cosas con la intenci\u00f3n de que sean otros los que se sientan resentidos o ambiciosos: mostrar nuestros bienes o cualidades positivas y devaluar las capacidades de los dem\u00e1s. Aunque este m\u00e9todo tiene por objeto ayudar a alejarnos de nuestros propios sentimientos envidiosos, puede atraer temores de que los dem\u00e1s deseen vengarse. Por ejemplo, alguien exhibe sus recursos econ\u00f3micos, muestra sus joyas y despu\u00e9s est\u00e1 preocupado de que quieran robarlas, o alguien que lleva horas hablando de sus logros laborales puede pensar que quien lo escucha est\u00e1 envidioso de su \u00e9xito profesional.<\/p>\n<p>Otra forma de evitar sentir envidia es restringir los contactos y alejarse de situaciones en las que podr\u00edan despertarse estos sentimientos; buscar v\u00ednculos donde no se susciten la competencia o la comparaci\u00f3n. Esto puede verse en personas que s\u00f3lo tienen amistades de menor nivel econ\u00f3mico o hacen pareja con alguien de un nivel cultural m\u00e1s bajo.<\/p>\n<p>Las aportaciones culturales y psicoanal\u00edticas establecen que la envidia no puede considerarse una emoci\u00f3n bondadosa o amorosa porque implica dolor por el bien ajeno. Cuando sentimos \u201cenvidia de la buena\u201d no estamos experimentando una emoci\u00f3n benigna. Tal vez lo que queremos decir cuando usamos esta expresi\u00f3n es que percibimos la molestia y el sentimiento de comparaci\u00f3n que nos despiertan las cualidades de quienes queremos y que estamos intentando, por cari\u00f1o y amor, contener tales emociones para mantener un v\u00ednculo cercano con ellos, donde no les hagamos da\u00f1o.<\/p>\n<p>REFERENCIAS<\/p>\n<p>Bott-Spillius, E. (1997). \u201cVarieties of Envious Experience\u201d. En <em>The Contemporary Kleinians of London<\/em>. R. Schafer Madison (Ed.). Londres: Routledge.<\/p>\n<p>Joseph, B. (1986). \u201cEnvy in Everyday Life\u201d. En <em>Psychic Equilibrium and Psychic Change<\/em>. Londres: Routledge.<\/p>\n<p>Klein, M. (1957). <em>Envidia y gratitud<\/em>. Obras completas. Tomo III. M\u00e9xico D. F.: Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>Papadakis, M. (2004). \u201cTo Defy the Fate: Doubt as an Expression of Envy\u201d. En <em>In Pursuit of Psychic Change<\/em>. Londres: Routledge.<\/p>\n<p>http:\/\/lema.rae.es\/drae\/?val=envidia<\/p>\n<p>www.wikipedia.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Gabriela Turrent La envidia ha sido descrita en pr\u00e1cticamente todas las culturas e inspira importantes obras de la literatura universal. A pesar de ser reconocida popularmente, pas\u00f3 mucho tiempo antes de que el psicoan\u00e1lisis pudiera estudiarla con detenimiento. Tomando como base las aportaciones de Melanie Klein, analistas contempor\u00e1neos explican las manifestaciones cl\u00ednicas de la envidia, los m\u00e9todos que tenemos para defendemos de ella, las circunstancias que la mitigan o potencian y la manera como regula la cercan\u00eda y profundidad de nuestros v\u00ednculos. 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