{"id":1972,"date":"2018-04-26T21:09:57","date_gmt":"2018-04-26T21:09:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=1972"},"modified":"2023-03-24T14:39:24","modified_gmt":"2023-03-24T20:39:24","slug":"los-recuerdos-del-porvenir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/los-recuerdos-del-porvenir\/","title":{"rendered":"Los recuerdos del porvenir"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\">Por \u00c1ngela Rosas<\/p>\n<p>-Elena Garro<br \/>\n-Primera edici\u00f3n: 1963<\/p>\n<p>Hace 55 a\u00f1os <em>Los recuerdos del porvenir<\/em> lleg\u00f3 a los escaparates de las librer\u00edas con la bendici\u00f3n de Octavio Paz y gracias a la feliz suerte de un mueble que no fue desechado nunca. La que hoy es considerada una de las obras m\u00e1s importantes de Latinoam\u00e9rica estuvo guardada por una d\u00e9cada en un ba\u00fal que Elena Garro dej\u00f3 olvidado en Nueva York. La obra, precursora del realismo m\u00e1gico y ganadora del premio Xavier Villaurrutia, fue parcialmente quemada por su autora, quien estaba ya harta de la simple idea de escribir, y tuvo que ser rescatada de la chimenea por el propio Paz. As\u00ed, de entre las cenizas se levanta la historia de Ixtepec, un pueblo alejado del tiempo y sin un punto fijo en el espacio que se narra a s\u00ed mismo y a quienes lo habitaron para quien quiera escucharlo. Sus calles, piedras y ruinas nos cuentan c\u00f3mo su porvenir est\u00e1 ya decidido por la memoria de un pasado vuelto polvo:<\/p>\n<p>Aqu\u00ed estoy, sentado sobre esta piedra aparente. S\u00f3lo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va, as\u00ed yo melanc\u00f3lico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en s\u00ed mismas y condenada a la memoria y a su variado espejo.<\/p>\n<p>Con estas palabras nos recibe Garro, dejando claro que su intenci\u00f3n, desde el comienzo, es la de la ilusi\u00f3n, la apariencia y el interminable v\u00ednculo que existe entre la memoria y la enso\u00f1aci\u00f3n. Ixtepec, ubicado al sur de M\u00e9xico, es la ficcionalizaci\u00f3n de Iguala, un pueblo en la Sierra Norte de Guerrero que ha quedado fijado en nuestra memoria por incidentes tan o m\u00e1s desafortunados que los que plasma el libro. En su creaci\u00f3n habitan toda clase de personajes que hacen parte de la cultura del M\u00e9xico provinciano: prostitutas y religiosos, viudas y casadas, intelectuales e imb\u00e9ciles, sirvientes y patrones.<\/p>\n<p>Aunque se nos presenta con una variopinta multitud de habitantes, los valores de la familia tradicional y honorable, as\u00ed como la representaci\u00f3n individual de los estragos del porvenir y la historia \u2014temas que se desarrollan a lo largo del libro\u2014 son depositados en los tres hermanos Moncada: Isabel, Juan y Nicol\u00e1s, quienes ser\u00e1n los encargados de dirigir las acciones de gran parte de la trama. \u00a0El recuerdo de sus vidas funciona como una analepsis para que Ixtepec hable de s\u00ed mismo, de su espacialidad \u00fanica que se ordena en una temporalidad propia que no respeta las leyes del mundo real: las horas no parecen avanzar, los d\u00edas se repiten interminablemente y aquello que el futuro depara probablemente sucedi\u00f3 unos d\u00edas atr\u00e1s. No es extra\u00f1o, por ello, que en sus primeras p\u00e1ginas los ni\u00f1os, a\u00fan inocentes, jueguen entre dos \u00e1rboles llamados <em>Cartago<\/em> y <em>Roma<\/em>, tal vez sin conocer que sus destinos se entretejen con el de esas rep\u00fablicas ca\u00eddas. Sin embargo, este ambiente irreal, cargado de enso\u00f1aci\u00f3n, es violado por el culetazo del mundo exterior: la llegada del general Francisco Rosas, jefe de la Guarnici\u00f3n de la Plaza, sombra de lo que fuese la Revoluci\u00f3n Mexicana y sus ideales.<\/p>\n<p>Con la aparici\u00f3n de Rosas y sus hombres, quienes literalmente van \u201ca poner orden\u201d, el pueblo apaga sus quinqu\u00e9s y cierra sus portones. El avance del tiempo entra con violencia a irrumpir las casas de los ricos y las chozas de los humildes, acompa\u00f1ado de un perfume ex\u00f3tico que pertenece a la amante del general: Julia Andrade, prostituta y deidad. En manos de ella parece encontrarse el destino del pueblo, pues si desde\u00f1a el amor del general aparecen cinco colgados en los \u00e1rboles y si acepta sus intenciones se duerme con tranquilidad hasta el mediod\u00eda. La manera en que el mundo de Ixtepec se hab\u00eda organizado, entre lo fantasmal y lo maravilloso, se ve de pronto revuelto por el capricho de una desconocida y la sombra de la historia oficial que pretende hacer cambios radicales y llevar la justicia que se prometi\u00f3 en su momento. Pero lo \u00fanico que arriba es el autoritarismo del poder. Nadie se salva del azote, ni los m\u00e1s privilegiados, contra quienes se inici\u00f3 la lucha, ni los m\u00e1s humildes, para quienes se inici\u00f3 la misma. El grito revolucionario es traicionado por personajes casi an\u00f3nimos, todos armados por el apellido de Rosas, quienes pisotean la provincia mexicana, representada en Ixtepec. Nadie, ni siquiera el pueblo que narra, conoce los pensamientos de estos invasores, pues son ajenos al escrutinio del p\u00fablico y la omnisciencia de Ixtepec.<\/p>\n<p>Garro divide su novela en dos partes. Mientras que en la primera se ocupa de romper los cerrojos del tiempo virtual en el que se ha encerrado el pueblo, y da paso a los \u00faltimos vestigios de la Revoluci\u00f3n, en la segunda impone el orden natural de la historia con la llegada de la Guerra Cristera. Los habitantes despiertan de su letargo, en apariencia desesperados por defender su religiosidad, pero sus acciones s\u00f3lo buscan alejar a aquel tiempo ajeno que los consume como una peste. \u00a0Los espera un futuro que ya han vivido antes y la memoria es un espejo que les refleja caras ya conocidas: Ana Moncada ver\u00e1 a sus hijos partir, tal como lo hicieron sus hermanos al inicio de la lucha revolucionaria; Juan y Nicol\u00e1s correr\u00e1n la suerte hist\u00f3rica de los m\u00e1rtires e Isabel, triste y fallido intento de Ant\u00edgona, prefiere quedar atrapada en su pasado, en algo familiar y casi confortable, que buscar el perd\u00f3n de la Virgen.<\/p>\n<p>Los hechos hist\u00f3ricos de los que hace uso la novela son reales, pero la versi\u00f3n aqu\u00ed contada entra en conflicto con muchos de los discursos oficiales. La Revoluci\u00f3n se mancha por la brutalidad de sus agentes y la figura de Plutarco El\u00edas Calles se extiende como una sombra aterradora y no como la luz reconstructora que pretend\u00eda ser. A la manera en que Alejo Carpentier lo hubiese querido, antes que una funci\u00f3n est\u00e9tica y de entretenimiento, el libro de Garro tiene un car\u00e1cter cr\u00edtico que busca la indagaci\u00f3n y es un m\u00e9todo de conocimiento del hombre y sus d\u00e9cadas.\u00a0 Escrito diez a\u00f1os antes de que el <em>boom<\/em> latinoamericano esparciera\u00a0 la idea de literatura como responsabilidad social, la autora ataca con firmeza todos los frentes idealizados que pudiesen surgir. Nadie sale bien librado en el recuento: los oficiales de la revoluci\u00f3n llevan consigo la marca de Ca\u00edn de la violencia, pero los habitantes tambi\u00e9n cargan consigo sus propias cruces: el racismo, la traici\u00f3n, el orgullo, la prepotencia, la lucha de clases que se ha mantenido con ah\u00ednco por ambas partes y, sobre todo, el estancamiento de la costumbre son la piedra angular en la que descansa el desastre.<\/p>\n<p>Las cr\u00edticas que se hacen de este pueblo desolado y las decisiones de sus habitantes siguen siendo v\u00e1lidas hasta el d\u00eda de hoy. Probablemente Garro nunca imagin\u00f3 que la Iguala a la que pretend\u00eda homenajear bajo el nombre de Ixtepec fuera escenario de actos a\u00fan m\u00e1s autoritarios y letales que los fusilamientos de Rosas. Como se\u00f1ala Rub\u00e9n Aguilar, al d\u00eda de hoy seguimos encontrando \u201cEl autoritarismo, la arbitrariedad, la falta de libertad de expresi\u00f3n, el desprecio a los marginados, en particular a los ind\u00edgenas, la impunidad, la nula impartici\u00f3n de la justicia, el contubernio entre sectores de la burgues\u00eda y el poder\u201d. Ixtepec y su tiempo congelado, donde el porvenir es recuerdo porque ya sucedi\u00f3, nos dice a gritos que estamos condenados a repetirnos si preferimos la tranquila enso\u00f1aci\u00f3n de la rutina y hacemos o\u00eddos sordos a la memoria que habita en el colectivo, a la historia, en min\u00fascula y sin sello oficial, de la que somos herederos y responsables casi por casualidad.<\/p>\n<p>Todo mi esplendor ca\u00eda en la ignorancia, es un no querer mirarme, en un olvido voluntario. Y mientras tanto mi belleza ilusoria y cambiante se consum\u00eda y renac\u00eda como una salamandra en mitad de las llamas. En vano cruzaban los jardines nubes de mariposas amarillas: nadie agradec\u00eda sus apariciones repentinas.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Rub\u00e9n Aguilar. \u00abLos recuerdo del porvenir\u00bb.\u00a0<em>Animal Pol\u00edtico. <\/em>26 de enero de 2018. Web. 24 de abril de 2018 &lt;<a href=\"https:\/\/www.animalpolitico.com\/blogueros-lo-que-quiso-decir\/2018\/01\/26\/los-recuerdos-del-porvenir\/\">https:\/\/www.animalpolitico.com\/blogueros-lo-que-quiso-decir\/2018\/01\/26\/los-recuerdos-del-porvenir\/<\/a>&gt;<\/p>\n<p>Garro, Elena. <em>Los recuerdos del porvenir<\/em>. Ciudad de M\u00e9xico: Joaqu\u00edn Mort\u00edz, 1963.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por \u00c1ngela Rosas -Elena Garro -Primera edici\u00f3n: 1963 Hace 55 a\u00f1os Los recuerdos del porvenir lleg\u00f3 a los escaparates de las librer\u00edas con la bendici\u00f3n de Octavio Paz y gracias a la feliz suerte de un mueble que no fue desechado nunca. 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