{"id":158,"date":"2014-11-21T11:29:41","date_gmt":"2014-11-21T11:29:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=158"},"modified":"2023-03-22T14:50:12","modified_gmt":"2023-03-22T20:50:12","slug":"sobre-doris-lessing","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/sobre-doris-lessing\/","title":{"rendered":"Sobre Doris Lessing"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\">Por Nadezda Berj\u00f3n \u00a9<\/p>\n<p>A lo largo del tiempo podemos observar una continua y mutua atracci\u00f3n entre la psicolog\u00eda cl\u00ednica y el arte. Pintores, compositores y escritores se internan en lo m\u00e1s profundo, vital o mort\u00edfero del ser humano para crear una sublimaci\u00f3n, denuncia o simple contacto con estos complejos aspectos. La psicolog\u00eda y, en este caso, el psicoan\u00e1lisis se mueven a partir del mismo resorte: desean conocer la mente, sus pasiones y su odio. Sin saberlo, el artista deja un testimonio que el cl\u00ednico sigue asombrado e intrigado sobre el que aplica su conocimiento exploratorio. Uno de estos casos es el del psicoanalista postkleiniano Donald Meltzer, apasionado lector de Bion, quien en su inter\u00e9s por el teatro y la m\u00fasica se aventura a buscar m\u00faltiples interpretaciones a una lectura. Siguiendo esta l\u00ednea de pensamiento, juguemos ahora con la novela de la premio nobel Doris Lessing, que se presta a la enso\u00f1aci\u00f3n de intercambios fantasm\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Doris Lessing, fallecida el a\u00f1o pasado, naci\u00f3 en Kermanshah, Ir\u00e1n, en 1919. Creci\u00f3 en Rodesia, hoy Zinbabwe, y a sus 30 a\u00f1os se muda a Londres, ciudad en la que fallece. Su obra es plena en belleza pero relata los aspectos menos amables del ser humano, como la desigualdad social y de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Dentro de sus libros menos dram\u00e1ticos se encuentra De nuevo, el amor publicado en 1996. En sus m\u00e1s de cuatrocientas p\u00e1ginas, ligeras y profundas a la vez, se nos relata la llegada de una mujer al declive biol\u00f3gico con sus respectivos duelos: Sarah Durham, una exitosa productora teatral de 65 a\u00f1os, al enfrentarse a una intensa, tormentosa, pero sumamente sensible puesta teatral, se sumerge en una sutil coreograf\u00eda que representa la despedida del amor carnal y apasionado. Sarah conoci\u00f3 el amor dentro de un matrimonio convencional hasta que enviud\u00f3 y ahora, atractiva, brillante y apasionada, siente la sexualidad como una fiera indomable dentro de ella al mismo tiempo que la acosa una timidez puberal infranqueable. El temor al rid\u00edculo, al desamor, al dolor producido por un rechazo expl\u00edcito la mantiene acorazada detr\u00e1s de sonrisas complacientes y gui\u00f1os de ojo. Quiere tener el control pero su cuerpo, el deseo que la colma, promueve un retorno a \u00e9pocas muy tempranas en su vida sensual. Sarah se observa en el espejo de la mirada masculina y no logra identificarse con la profesionista altamente vibrante y deseable que ellos evocan. Algo dentro de ella le dice que el tiempo ha pasado a lo largo de su geograf\u00eda corp\u00f3rea, tambi\u00e9n de su alma.<\/p>\n<p>Meltzer (1971) comenta en <em>Sinceridad y otros trabajos<\/em> que la identidad est\u00e1 conformada por diversos personajes dentro de la mente, que van tomando turnos a veces de modo armonioso, aunque generalmente abrupto. Meltzer se\u00f1ala que la identidad se forma a trav\u00e9s de la identificaci\u00f3n con tres tipos de experiencias: las infantiles, las narcisistas y aquellas con base en identificaciones introyectivas. \u00c9stas \u00faltimas son las \u00fanicas en las que surge la sinceridad, ya que parten de la gratitud con lo recibido as\u00ed como del deseo de ser digno. He aqu\u00ed donde Sarah radica, a pesar de lo doloroso que resulta el duelo por el paso del tiempo, ya que se aventura dentro de s\u00ed misma y enfrenta los m\u00faltiples matices emotivos de su experiencia, que Wilfred Bion (1962) estudi\u00f3 bajo el nombre de funci\u00f3n alfa, el mecanismo para captar las experiencias emocionales dadoras de sentido:<\/p>\n<p>Tengo miedo. Hago bien en tener miedo, aunque no sepa de qu\u00e9 tengo miedo. S\u00e9 que algo terrible me espera all\u00ed\u2026 pasadas las etapas de mi madurez y mi juventud, entrando en el remolino, s\u00ed, el remolino es lo que me espera, y yo lo s\u00e9. (Lessing, 1995: 251).<\/p>\n<p>Esta novela fluye como un r\u00edo en apariencia apacible, pero cuyas aguas est\u00e1n colmadas de fuerza e \u00edmpetu. Comparte con el lector una hermosa reflexi\u00f3n sobre la mujer y el paso del tiempo, el sentido del amor y la sexualidad, proponiendo la escena teatral como un s\u00edmil del errar humano cotidiano.<\/p>\n<p>Referencias:<\/p>\n<p>Bion, W. R. (1962). <em>Aprendiendo de la experiencia<\/em>. Argentina: Paid\u00f3s, 2009.<br \/>\nLessing, D. (1995). <em>De nuevo, el amor<\/em>. M\u00e9xico: DeBolsillo, 2014.<br \/>\nMeltzer, D. (1971). <em>Sinceridad y otros trabajos<\/em>. Buenos Aires: Spatia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Nadezda Berj\u00f3n \u00a9 A lo largo del tiempo podemos observar una continua y mutua atracci\u00f3n entre la psicolog\u00eda cl\u00ednica y el arte. Pintores, compositores y escritores se internan en lo m\u00e1s profundo, vital o mort\u00edfero del ser humano para crear una sublimaci\u00f3n, denuncia o simple contacto con estos complejos aspectos. 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