{"id":13790,"date":"2026-01-27T12:26:56","date_gmt":"2026-01-27T18:26:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=13790"},"modified":"2026-02-12T09:58:38","modified_gmt":"2026-02-12T15:58:38","slug":"el-juego-como-herramienta-terapeutica-la-importancia-del-juego-simbolico-en-la-infancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/el-juego-como-herramienta-terapeutica-la-importancia-del-juego-simbolico-en-la-infancia\/","title":{"rendered":"El juego como herramienta terap\u00e9utica: la importancia del juego simb\u00f3lico en la infancia"},"content":{"rendered":"\n\n\n<p>Por Constanza Giesemann R.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Creo que muchos podr\u00edan pensar que es dif\u00edcil encontrarse con un ni\u00f1o que no juega, pues solemos asociar a los infantes con el juego. Bueno, la realidad es otra. Claro, hay ni\u00f1os que juegan videojuegos, o en tabletas, o que se la viven haciendo recortes, o que juegan solo f\u00fatbol. No es que eso est\u00e9 mal, pero no hay imaginaci\u00f3n y, por ende, no hay simbolizaci\u00f3n. No es un juego simb\u00f3lico que permita lo que m\u00e1s adelante se va a desarrollar en el art\u00edculo. Por ejemplo, es diferente que un ni\u00f1o juegue f\u00fatbol (patear la pelota y meter goles, solo como deporte o actividad f\u00edsica) a que un ni\u00f1o juegue a que juega f\u00fatbol (y haya una historia: por ejemplo, que est\u00e1 en un estadio y que es el capit\u00e1n del equipo porque su compa\u00f1ero se lesion\u00f3 y \u00e9l tuvo que sustituirlo).<\/p>\n<p>El juego simb\u00f3lico es de suma importancia no solamente a la hora de la sesi\u00f3n de psicoterapia, sino tambi\u00e9n en la vida del ni\u00f1o en general. En psicoan\u00e1lisis se considera que es una forma de pensamiento y expresi\u00f3n que permite al ni\u00f1o representar, elaborar y dominar experiencias afectivas a trav\u00e9s de la fantas\u00eda. Es el modo en que el inconsciente habla mediante el juego: \u201cel juego es al ni\u00f1o lo que la asociaci\u00f3n libre es al adulto\u201d (Klein, 1932).<\/p>\n<p>La funci\u00f3n del juego simb\u00f3lico es que el ni\u00f1o pueda desplegar sus conflictos y su mundo interno en la realidad, a trav\u00e9s de la fantas\u00eda y lo imaginativo. En la sesi\u00f3n, el psicoanalista se ocupa de interpretar el juego y de verbalizar eso que el ni\u00f1o comunica a trav\u00e9s de \u00e9l, y as\u00ed poder irlo elaborando y d\u00e1ndole un significado. Eso va a permitir que el ni\u00f1o se calme y pueda seguir estructur\u00e1ndose y desarroll\u00e1ndose de la mejor forma posible (Ferro, 1998).<\/p>\n<p>Como mencion\u00e9 en un inicio, el juego tiene relevancia (y mucha) dentro y fuera de la sesi\u00f3n. Uno podr\u00eda preguntarse, \u00bfy de qu\u00e9 sirve que lo haga en casa si no hay un psicoanalista que lo interprete? Klein (1932), por su parte, dir\u00eda que el juego le permite al ni\u00f1o dominar la angustia y elaborar los conflictos. El juego no es simplemente una actividad l\u00fadica, sino el modo en que el ni\u00f1o expresa y elabora su mundo interno: sus fantas\u00edas inconscientes, ansiedades, defensas y relaciones de objeto. Es por eso que la capacidad de jugar simb\u00f3licamente equivale a la capacidad de simbolizar, es decir, de transformar impulsos o angustias en representaciones que puedan pensarse y elaborarse.<\/p>\n<p>En la escuela o k\u00ednder el ni\u00f1o comienza a jugar con sus pares, lo cual tambi\u00e9n es necesario para su desarrollo. En la escuela lo har\u00e1 con los hermanos (si los hay) o primos. Sin embargo, para que el juego sea \u00fatil en la resoluci\u00f3n de problemas, se necesita un compa\u00f1ero sensible que gu\u00ede, pero sin dominar, y que tambi\u00e9n disfrute de la actividad (\u00c1lvarez &amp; Phillips, 1998). Los ni\u00f1os muchas veces buscan jugar con los padres o abuelos, y eso conlleva una responsabilidad y actividad sensible, en la que el ni\u00f1o nos invita a su mundo interno (o por lo menos, a una parte).<\/p>\n<p>Como psicoanalista de ni\u00f1os, he llegado a observar que hay ni\u00f1os que no pueden jugar, y eso es llamativo. A veces un ni\u00f1o no puede jugar simb\u00f3licamente por tener niveles muy altos de angustia; otras veces no puede porque el mundo interno le resulta demasiado amenazante para ser representado (uno tendr\u00eda que abordar, por ejemplo, sus niveles de agresi\u00f3n y el miedo que le tiene a esta. Tambi\u00e9n es cierto que, para jugar simb\u00f3licamente, el ni\u00f1o necesita haber internalizado un \u201cbuen objeto\u201d (una madre suficientemente buena en t\u00e9rminos winnicottianos), y tambi\u00e9n que haya una diferenciaci\u00f3n entre el <em>Yo <\/em>y el <em>Objeto<\/em> (el otro), as\u00ed como una diferenciaci\u00f3n entre fantas\u00eda y realidad. Se observar\u00eda, por ejemplo, que un ni\u00f1o que no juega act\u00faa o repite sin realmente comprender. Como se\u00f1ala Winnicott (1971), jugar es crear significado; y solo cuando el entorno ha sido suficientemente bueno, el ni\u00f1o puede hacerlo libremente.<\/p>\n<p>Citar\u00e9 a Sanville (1991) cuando dice: \u201cel juego es un asunto serio\u201d, pues para los ni\u00f1os es una forma de pensar y lidiar, tanto con el mundo interno como con el externo. El juego da a los ni\u00f1os un importante sentido de agencia y control; all\u00ed todos pueden ser los due\u00f1os de su universo y tener la oportunidad de reescribir su historia. Los ni\u00f1os deprimidos, muy angustiados, traumatizados, obsesivos, o con estilos cognitivos empobrecidos o r\u00edgidos no pueden jugar, o quiz\u00e1s nunca han aprendido a jugar (\u00c1lvarez &amp; Phillips, 1998).<\/p>\n<p>Es importante que los psicoterapeutas est\u00e9n en sinton\u00eda tanto con el significado del juego, e ir interpretando de a poco, como con el nivel de capacidad del ni\u00f1o para jugar. Acompa\u00f1ar al ni\u00f1o en su juego es, entonces, acompa\u00f1arlo en el descubrimiento de s\u00ed mismo. Este aspecto es muy importante, porque cuando un ni\u00f1o juega, est\u00e1 pensando, sintiendo y so\u00f1ando despierto: est\u00e1 creciendo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Alvarez, A. &amp; Phillips, A. (1998). <em>The importance of play: A child psychotherapist\u2019s view.<\/em> <em>Child Psychology &amp; Psychiatry Review. <\/em>Volume 3, pp 99\u2013103.<\/p>\n<p>Ferro, A. (1998). Cap 4: El juego. En <em>T\u00e9cnicas de Psicoan\u00e1lisis Infantil.<\/em> Biblioteca Nueva. Pp 83-112.<\/p>\n<p>Klein, M. (1932). <em>El psicoan\u00e1lisis de ni\u00f1os.<\/em> En <em>Obras completas<\/em> (Vol. II). Buenos Aires: Paid\u00f3s, 1975.<\/p>\n<p>Sanville, J. (1991). <em>The playground of psychoanalytic therapy.<\/em> Northvale, NJ: Jason Aronson.<\/p>\n<p>Winnicott, D. W. (1971). <em>Realidad y juego.<\/em> Buenos Aires: Gedisa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Constanza Giesemann R. \u00a0 Creo que muchos podr\u00edan pensar que es dif\u00edcil encontrarse con un ni\u00f1o que no juega, pues solemos asociar a los infantes con el juego. Bueno, la realidad es otra. Claro, hay ni\u00f1os que juegan videojuegos, o en tabletas, o que se la viven haciendo recortes, o que juegan solo f\u00fatbol. No es que eso est\u00e9 mal, pero no hay imaginaci\u00f3n y, por ende, no hay simbolizaci\u00f3n. No es un juego simb\u00f3lico que permita lo que m\u00e1s adelante se va a desarrollar en el art\u00edculo. Por ejemplo, es diferente que un ni\u00f1o juegue f\u00fatbol (patear la\u2026<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":13802,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1420],"tags":[229,752,97,2,21],"blocksy_meta":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13790"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13790"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13790\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13791,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13790\/revisions\/13791"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13802"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13790"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13790"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13790"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}