{"id":13788,"date":"2026-01-27T12:24:09","date_gmt":"2026-01-27T18:24:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=13788"},"modified":"2026-02-12T09:56:40","modified_gmt":"2026-02-12T15:56:40","slug":"espigar-lo-humano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/espigar-lo-humano\/","title":{"rendered":"Espigar lo humano"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Liliana L. Caro L.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Se podr\u00eda pensar que hay en Freud una cierta manera de mirar lo humano que no coincide con la mirada del cient\u00edfico de su tiempo. En la Viena del positivismo, donde el saber aspiraba a la transparencia de lo medible, Freud dirige su atenci\u00f3n hacia los desv\u00edos: los sue\u00f1os, los s\u00edntomas, los lapsus del lenguaje y la sexualidad. Su curiosidad se orienta a lo que la raz\u00f3n desde\u00f1a mirar. Tal vez ese gesto inaugura una de las actitudes de su teor\u00eda: la de espigar. Pero \u00bfqu\u00e9 significa este t\u00e9rmino? En ingl\u00e9s, la palabra <em>glean <\/em>apareci\u00f3 por primera vez en el siglo XIV y significaba \u201crecoger grano u otros productos dejados por los segadores\u201d. Tambi\u00e9n puede denotar \u201crecoger informaci\u00f3n o material poco a poco\u201d. Su ra\u00edz atraviesa el ingl\u00e9s medio (<em>glenen<\/em>), el anglofranc\u00e9s (<em>glener<\/em>) y el lat\u00edn tard\u00edo (<em>glen(n)\u014d<\/em>), que alude a \u201chacer una colecci\u00f3n\u201d (<em>Merriam-Webster Dictionary<\/em>, voz \u201cglean\u201d).<\/p>\n<p><em>Espigar <\/em>invita a pensar en un gesto antiguo: un cuerpo que se inclina y una mirada que busca. Hay, adem\u00e1s, en el acto de espigar un ritmo paciente y, sobre todo, una suerte de confianza en que se podr\u00e1 encontrar algo que valga la pena recoger. En el coraz\u00f3n de \u201cRecordar, repetir y reelaborar\u201d (1914\/1979) hay un pasaje que parece menos t\u00e9cnico que humano, una inflexi\u00f3n \u00e9tica en la voz de Freud:<\/p>\n<p>Es preciso que el paciente cobre el coraje de ocupar su atenci\u00f3n en los fen\u00f3menos de su enfermedad. Ya no tiene permitido considerarla algo despreciable; m\u00e1s bien ser\u00e1 un digno oponente, un fragmento de su ser que se nutre de buenos motivos y del que deber\u00e1 espigar algo valioso para su vida posterior. (p. 154)<\/p>\n<p>El discurso del m\u00e9dico se abre a una dimensi\u00f3n que no es la del mero diagn\u00f3stico, sino la de la escucha de lo inc\u00f3modo como fuente de verdad. Freud no invita al enfermo a menospreciar su padecimiento ni a librarse de \u00e9l como quien extirpa un mal; lo invita, m\u00e1s bien, a acercarse y mirar atentamente. <em>Espigar <\/em>sugiere una labor paciente, casi amorosa: recoger lo que queda despu\u00e9s de la siega, lo que parecer\u00eda residuo o desperdicio. As\u00ed, el malestar se convierte en un lugar f\u00e9rtil donde algo puede ser hallado. Freud coloca al sujeto frente a su propio campo interior y lo llama a recoger lo que puede ser encontrado.<\/p>\n<p>Contemplar as\u00ed el padecimiento lo cambia de enemigo deleznable a oponente digno. En esa inversi\u00f3n del sentido se cifra una \u00e9tica: la de reconocer en lo enfermo una forma de lo propio, una voz que ha sido silenciada por la represi\u00f3n y que retorna una y otra vez. Espigar implica, entonces, una especie de reconciliaci\u00f3n con lo que el yo hab\u00eda rechazado y la apertura para iniciar una tensa interlocuci\u00f3n con ese fragmento del ser que se nutre de buenos motivos.<\/p>\n<p>Creo que esta potente met\u00e1fora podr\u00eda extenderse tambi\u00e9n al trabajo del analista. Quiz\u00e1 el analista sea, un poco, un espigador. Espiga en la palabra, pero tambi\u00e9n en el silencio, en los gestos, en lo que no se dice. Recolecta fragmentos, huellas, resonancias. No busca de inmediato la gran cosecha del sentido: conf\u00eda en el tiempo del proceso, en la fecundidad del v\u00ednculo transferencial, en la capacidad del m\u00e9todo para hacer emerger lo que a\u00fan no se sabe. Desde esta perspectiva, la actitud del analista combinar\u00eda humildad y curiosidad: nada de lo humano es demasiado peque\u00f1o para ser escuchado. Incluso en lo aparentemente banal \u2014una frase interrumpida, un lapsus inadvertido\u2014 puede encontrarse una v\u00eda de acceso al inconsciente.<\/p>\n<p>Esta actitud de espigar \u2014humilde, digna, curiosa y paciente\u2014 encuentra un eco inesperado en el documental de Agn\u00e8s Varda <em>Los espigadores y la espigadora<\/em>. Varda recorre distintos paisajes de Francia filmando a quienes recogen lo que otros desechan: hombres y mujeres que se inclinan sobre los restos de los mercados, los campos o las calles para recuperar objetos, alimentos o materiales. Algunos acumulan sin rumbo; otros transforman lo hallado. Varda se pregunta por el sentido de ese gesto y, al hacerlo, convierte la c\u00e1mara en un instrumento de espigueo: recoge im\u00e1genes, voces, fragmentos de vidas. Espigar, dice, puede ser un acto de la mente.<\/p>\n<p>Entre las figuras que retrata hay quienes intentan crear con lo recolectado, pero se quedan en el gesto inicial: acumulan sin procesar, re\u00fanen sin elaborar. Sus habitaciones desbordadas de objetos parecen museos del sinsentido. Otros, en cambio, logran convertir los restos en una obra: el artista que afirma que el arte consiste en ordenar su mundo interno y externo transforma lo espigado en expresi\u00f3n, en pensamiento, en belleza. La diferencia entre unos y otros no est\u00e1 en lo que recogen, sino en lo que logran hacer con ello.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 ah\u00ed resida la <em>reelaboraci\u00f3n <\/em>que planteaba Freud: no basta con recoger, hay que transformar. El analista y el paciente espigan juntos entre los restos del discurso, pero el sentido no surge por acumulaci\u00f3n. Requiere un trabajo de digesti\u00f3n simb\u00f3lica, semejante al que Bion (1974) describi\u00f3 como la capacidad de procesar las experiencias emocionales hasta convertirlas en alimento para la mente. Lo espigado se vuelve fecundo solo cuando pasa por la transformaci\u00f3n ps\u00edquica que le confiere forma y sentido. Sin ese trabajo, el an\u00e1lisis correr\u00eda el riesgo de quedarse en una recolecci\u00f3n interminable de material inconexo: una acumulaci\u00f3n sin metabolizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Espigar, entonces, no es una tarea de la memoria, sino del pensamiento. No consiste solo en recordar, sino en reelaborar: en permitir que lo recogido se transforme en algo nuevo. As\u00ed como Varda convierte los desechos en im\u00e1genes y las im\u00e1genes en una reflexi\u00f3n sobre el tiempo y la belleza, el trabajo anal\u00edtico transforma los fragmentos del discurso en v\u00edas de acceso al deseo y a la verdad singular de cada sujeto. El arte y el psicoan\u00e1lisis comparten esa vocaci\u00f3n. Quiz\u00e1 la met\u00e1fora del espigar pueda pensarse como una forma de \u00e9tica: la \u00e9tica de quien no desprecia lo incompleto, de quien se inclina con respeto ante la imperfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pensar el psicoan\u00e1lisis desde esta imagen es pensar una pr\u00e1ctica del cuidado y de la espera. Cada sesi\u00f3n puede ser un campo despu\u00e9s de la tormenta: el analista y el paciente se inclinan sobre \u00e9l para buscar, entre los restos, los signos de vida. A veces hallan objetos rotos, palabras viejas, silencios. Pero si la b\u00fasqueda se sostiene, si se conf\u00eda en el m\u00e9todo, tal vez algo se ilumine. En este sentido, espigar tambi\u00e9n podr\u00eda ser una forma de resistencia contra el olvido y la indiferencia: una forma de amor que recoge, con paciencia y con ternura, los fragmentos de lo que somos.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Bion, W. (1974). <em>Aprendiendo<\/em> <em>de<\/em> <em>la<\/em><em> experiencia <\/em>(1962). Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>Freud, S. (1979). Recordar, repetir y reelaborar. <em>Obras completas<\/em>, (vol. 12). Amorrortu. (Obra original publicada en 1914).<\/p>\n<p>glean. (2026). En\u00a0<em>Merriam-Webster Dictionary<\/em>.\u00a0https:\/\/www.merriam-webster.com\/dictionary\/glean<\/p>\n<p>Varda, A. (2000). <em>Les<\/em> <em>glaneurs<\/em> <em>et<\/em> <em>la<\/em> <em>glaneuse<\/em> [<em>Los<\/em> <em>espigadores<\/em> <em>y<\/em> <em>la<\/em> <em>espigadora<\/em>]. Cin\u00e9-Tamaris.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Liliana L. Caro L. \u00a0 Se podr\u00eda pensar que hay en Freud una cierta manera de mirar lo humano que no coincide con la mirada del cient\u00edfico de su tiempo. 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