{"id":13671,"date":"2025-11-26T12:58:45","date_gmt":"2025-11-26T18:58:45","guid":{"rendered":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=13671"},"modified":"2025-12-04T10:29:12","modified_gmt":"2025-12-04T16:29:12","slug":"el-espejo-roto-narcisismo-y-fragilidad-en-la-adolescencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/el-espejo-roto-narcisismo-y-fragilidad-en-la-adolescencia\/","title":{"rendered":"El espejo roto: narcisismo y fragilidad en la adolescencia"},"content":{"rendered":"\n\n\n<p>Por Ximena Lugo Camacho<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>La adolescencia supone un momento de crisis y de duelos que sacuden la subjetividad del individuo. Es un periodo de cambios que comienza con la pubertad y que produce fuertes transformaciones en la relaci\u00f3n del adolescente con su cuerpo real y con la imagen que tiene de \u00e9ste. Entre estos cambios, est\u00e1 la propuesta de Aberastury (2015), quien refiere que transitamos tres duelos: el duelo por la identidad de la infancia, el duelo por los padres de la infancia y el duelo por el cuerpo infantil. Por tanto, el cuerpo se vuelve el campo en el que se libran batallas emocionales intensas, que involucran la p\u00e9rdida de la imagen infantil. Esto conduce a una nueva imagen de s\u00ed mismos: la de un cuerpo sexuado, que se\u00f1ala su entrada al mundo adulto.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Desde estas coordenadas, podemos se\u00f1alar que en la adolescencia, la relaci\u00f3n con el cuerpo y la imagen se vuelve fr\u00e1gil. Atraviesa perturbaciones que enfrentan al joven a retos que trastocan su narcisismo, es decir, su autoestima y amor propio, y que definir\u00e1n la salud o patolog\u00eda en la vida adulta. Entre las distintas conductas que podr\u00edan indicar problemas de esta \u00edndole se encuentran las autolesiones, los trastornos de la conducta alimentaria, las cirug\u00edas a edades tempranas, la necesidad de tatuarse o perforarse, entre otras. Dichos problemas se intensifican cuando el ambiente del adolescente se encuentra perturbado.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En este tenor, la relaci\u00f3n del joven con el espejo real (o con las c\u00e1maras y la importancia de que otros los miren), se vuelve central en su vida cotidiana. Ya sea porque pasan largos periodos de tiempo observ\u00e1ndose y notando cada detalle, impureza o cambio; o bien, en el otro extremo, rechazando toda posibilidad de mirarse o de ser mirados, cubriendo sus cuerpos.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Es importante destacar que dichos comportamientos tienen fuertes implicaciones y una relaci\u00f3n directa con la historia y el desarrollo ps\u00edquico individual de cada sujeto. Por ejemplo, para Winnicott, el precursor del espejo real es la mirada y el rostro de la madre real. Es decir, en las primeras etapas del desarrollo emocional del ni\u00f1o, el ambiente (la madre), desempe\u00f1a un papel vital, que permitir\u00e1 al ni\u00f1o separarse poco a poco de \u00e9sta, para conformar una identidad propia.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando el beb\u00e9 es mirado y se mira en el espejo, que es el rostro de la madre, desarrolla una identidad propia y un yo s\u00f3lido, capaz de vivir y morir. Esto permite que su psiquismo quede a disposici\u00f3n del sujeto para atravesar las futuras crisis que el adolescente enfrentar\u00e1. Sin embargo, en este nuevo periodo, el ambiente, la mirada y el espejo adquieren relevancia, pues el adolescente no s\u00f3lo est\u00e1 expuesto a la transformaci\u00f3n de su cuerpo real, sino tambi\u00e9n a la posibilidad de que su mente infantil evolucione a una mente adulta. En este proceso, surge la necesidad de ser mirado, de poder mirarse y reconocerse nuevamente en la mirada de los otros, ya no solamente en la madre.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0En la adolescencia, la mirada de los otros representa el espejo a trav\u00e9s del cual el adolescente puede verse reflejado y, as\u00ed, legitimar su derecho a existir y reconocer su cuerpo y su lugar en el mundo. Desde esta perspectiva, podemos inferir que la ausencia de los padres, profesores o la presencia de amigos con diversas problem\u00e1ticas, en vez de estimular el desarrollo individual y el fortalecimiento ps\u00edquico del sujeto, constituyen un <em>espejo roto<\/em>. Esto supondr\u00e1 un problema cuando el joven busque mirarse, para as\u00ed dar paso a una representaci\u00f3n propia de su cuerpo sexuado y, por lo tanto, constituir una identidad adulta.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La importancia de un ambiente que provea un espejo, basado en el acompa\u00f1amiento a nivel familiar, social y profesional del joven, brinda la posibilidad de transitar la adolescencia de una forma que, si bien no estar\u00e1 libre de conflictos, dotar\u00e1 al joven de herramientas ps\u00edquicas que permitir\u00e1n al adulto enfrentarse a las crisis que esta nueva etapa representar\u00e1 para el individuo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/p>\n<p>Aberastury, A y Knobel M. (2015). <em>La adolescencia normal<\/em>. Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>Winnicott, D. (1967). <em>Realidad y juego<\/em>. Gedisa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Ximena Lugo Camacho \u00a0 La adolescencia supone un momento de crisis y de duelos que sacuden la subjetividad del individuo. Es un periodo de cambios que comienza con la pubertad y que produce fuertes transformaciones en la relaci\u00f3n del adolescente con su cuerpo real y con la imagen que tiene de \u00e9ste. Entre estos cambios, est\u00e1 la propuesta de Aberastury (2015), quien refiere que transitamos tres duelos: el duelo por la identidad de la infancia, el duelo por los padres de la infancia y el duelo por el cuerpo infantil. 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