{"id":1324,"date":"2016-11-28T20:20:08","date_gmt":"2016-11-28T20:20:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=1324"},"modified":"2023-03-23T15:20:53","modified_gmt":"2023-03-23T21:20:53","slug":"etapas-margaret-mahler-tipo-de-relacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/etapas-margaret-mahler-tipo-de-relacion\/","title":{"rendered":"\u00bfSe pueden concebir las etapas propuestas por Margaret Mahler como un tipo particular de relaci\u00f3n?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\">Por Javier H. Fern\u00e1ndez Soto<\/p>\n<p>En 1975, Margaret Mahler a trav\u00e9s de la observaci\u00f3n cl\u00ednica de ni\u00f1os pudo esquematizar en su publicaci\u00f3n \u201cEl nacimiento psicol\u00f3gico del infante humano\u201d los procesos que el sujeto cursa para conseguir la separaci\u00f3n-individuaci\u00f3n. La autora destaca la importancia de las relaciones objetales tempranas en el desarrollo ps\u00edquico de las personas. Sin negar la teor\u00eda estructural del yo, no enfatiz\u00f3 todo lo relacionado con la libido sexual. Sus bases emp\u00edricas la llevaron a teorizar el desarrollo psicol\u00f3gico en etapas evolutivas. Desde antes de la verbalizaci\u00f3n, el sujeto evoluciona y supera estas fases hasta lograr su individuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el riesgo de plantear el desarrollo del infante desde una perspectiva evolutiva? La evoluci\u00f3n es un proceso en el que se avanza superando etapas cada vez m\u00e1s complejas. Si la fase no se logra, el desarrollo queda detenido, no puede continuar. Concebir la separaci\u00f3n-individuaci\u00f3n como un proceso, nos hace pensar que despu\u00e9s de superada una fase ya no tendr\u00eda por qu\u00e9 manifestarse de otras formas. Si as\u00ed fuese, nos enfocar\u00edamos \u00fanicamente en el tratamiento de ni\u00f1os pre-ed\u00edpicos y de pacientes con patolog\u00edas graves que no lograron su individuaci\u00f3n y se detuvieron en algunas de estas fases, principalmente, la simbiosis. No obstante, es importante tratar de aplicar cada teor\u00eda a nuestra pr\u00e1ctica cl\u00ednica en aquellas situaciones donde se reflejen los fen\u00f3menos que los grandes psicoanalistas nos describen, pues incluso los pacientes con estructuras neur\u00f3ticas en ocasiones tienen dificultades de separaci\u00f3n e individuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si consideramos el logro de la individuaci\u00f3n en funci\u00f3n de un conflicto interno y no como una perspectiva evolutiva, podr\u00edamos representar dicha propuesta como una organizaci\u00f3n de <em>estados mentales.<\/em> M. Klein pens\u00f3 que dichos <em>estados<\/em> est\u00e1n conformados por un tipo particular de relaci\u00f3n, con su correspondiente ansiedad y una constelaci\u00f3n espec\u00edfica de mecanismos de defensa. Pero, \u00bfqu\u00e9 sucede dentro del consultorio, tomando en cuenta estas fases como estados mentales?, \u00bfpodemos integrar diferentes teor\u00edas para entender el mundo interno de nuestros pacientes?<\/p>\n<p>Desde un modelo kleiniano, las sesiones son una situaci\u00f3n total; las asociaciones, sue\u00f1os y lapsus son entendidos en el contexto de la sesi\u00f3n y en su significaci\u00f3n con la figura del analista, quien representa alg\u00fan objeto interno del paciente (Bleichmar y Leiberman, 1989). En este sentido, podemos identificar fen\u00f3menos caracter\u00edsticos de las etapas de Mahler, cuando el paciente se encuentra en un \u201cestado\u201d de simbiosis, de diferenciaci\u00f3n o de re-acercamiento, sin que exista una patolog\u00eda grave. Esto ocurre, no por una detenci\u00f3n en el desarrollo, sino porque en la misma sesi\u00f3n se manifestar\u00e1 un tipo particular de relaci\u00f3n analista-paciente, sin enfocarnos solamente a un s\u00edntoma evolutivo.<\/p>\n<p>La mejor forma de aterrizar estos conceptos es a trav\u00e9s de la pr\u00e1ctica cl\u00ednica: recuerdo un paciente de 5 a\u00f1os que, cuando quer\u00eda salir del consultorio para ir al ba\u00f1o o por agua, se aferraba a mi ropa. Trataba de meterse bajo mi su\u00e9ter y, en una ocasi\u00f3n, hasta chupete\u00f3 mi dedo. La transferencia se basaba en una necesidad de simbiotizarse conmigo. M\u00e1s all\u00e1 de que le pudiera representar una madre real que gratificara estas necesidades, lo importante era entender sus fantas\u00edas. Tuve que interpretar la actitud inconsciente del ni\u00f1o y no s\u00f3lo el contenido del juego, el cual simbolizaba la ansiedad de separaci\u00f3n. El encuadre y la constancia en las sesiones permitieron que integrara el objeto parcializado, sin que tuviera que representarle un objeto real. Al contrario, lo que se busca es que desde lo pre-verbal podamos unir aquello que en su mente por momentos puede fragmentarse.<\/p>\n<p>Ahora, veamos un ejemplo de <em>diferenciaci\u00f3n<\/em>. A los 5 meses de edad, el infante muestra un incremento en su estado de alerta y de atenci\u00f3n a su entorno. Mahler lo comprend\u00eda como un per\u00edodo que consiste en \u201csalir del cascar\u00f3n\u201d. Dentro del consultorio, podemos notar cuando el paciente, en sus asociaciones, muestra inter\u00e9s por investigar \u201cc\u00f3mo piensa el terapeuta\u201d, \u201cc\u00f3mo soy yo\u201d. En su mundo interno existe la \u201cduda\u201d de si somos iguales o diferentes. Est\u00e1 \u00e1vido por averiguar c\u00f3mo es ese otro, en una especie de exploraci\u00f3n aduanal, que se puede manifestar cuando examina lo que tenemos dentro del consultorio y pregunta sobre nuestras experiencias. El paciente tiene la intenci\u00f3n de entender c\u00f3mo pensamos y no tanto de comprenderse a s\u00ed mismo. Podr\u00edamos decirle: \u201cMire, cuando usted me hace estos comentarios, quiere saber qu\u00e9 es lo que yo pienso, para ver si pensamos igual o no y que usted pueda diferenciarse de m\u00ed\u201d.<\/p>\n<p>De los 8 a los 15 meses de edad, los ni\u00f1os adquieren progresivamente las habilidades necesarias para separarse f\u00edsicamente de su madre. Ella debe tener la disponibilidad para aceptar la creciente autonom\u00eda de su hijo (Mahler, 1975). Dentro de la consulta, podemos percibir cuando un paciente quisiera explorar el mundo para definirse como aut\u00f3nomo e individualizado (quiz\u00e1 cancele las sesiones de la semana). La contratransferencia volver\u00e1 a ayudarnos para discernir si el paciente al faltar nos transmite, desde su narcisismo, que no nos necesita o que simplemente es su necesidad de lograr la individuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el <em>reacercamiento<\/em>, el ni\u00f1o regresa con su madre, pero ahora la vive como un objeto separado y esto le despierta ansiedad y temor. Se observan conductas que sugieren un conflicto entre el ejercicio de su autonom\u00eda y la necesidad de la madre para satisfacer m\u00e1gicamente sus deseos (Mahler, 1975). No es que el ni\u00f1o haya perdido independencia; al contrario, se dio cuenta que es diferente a su madre, pero esto implica un dolor intr\u00ednseco, propio de dicha etapa. Comienza a surgir el sentimiento de soledad. La angustia no deviene porque la madre se separa, sino porque el peque\u00f1o se da cuenta que est\u00e1 solo en el mundo. Todav\u00eda no tiene al objeto internalizado, no hay constancia objetal. La soledad es propiamente un <em>estado<\/em> del ser humano que no sabemos cu\u00e1ndo puede presentarse y en ning\u00fan momento estamos exentos de sentirla. El analista tendr\u00e1 que percibir cu\u00e1ndo el paciente se siente solo y no esperar que por su \u201cmadurez\u201d ese sentimiento de soledad no se tuviera que volver a manifestar.<\/p>\n<p>Mahler se\u00f1ala que el sujeto debe concebirse como un individuo separado y tener disponibles intraps\u00edquicamente a los objetos externos para completar la <em>constancia objetal<\/em>. Aqu\u00ed pareciera que se describe cuando uno puede dar por finalizado el an\u00e1lisis, al tener introyectado al analista, que con ayuda de la constancia objetal lograda en todo el proceso, se podr\u00e1 recurrir a \u00e9l internamente.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, como analistas no debemos juzgar y criticar las teor\u00edas, al contrario, conviene utilizarlas y adaptarlas a las necesidades que tienen nuestros pacientes. Cada una de ellas es una herramienta que consolida un estilo y forma de ejercer el an\u00e1lisis, junto con la supervisi\u00f3n y el an\u00e1lisis propio.<\/p>\n<p>Referencias<\/p>\n<ul>\n<li>Bleichmar, N. y Leiberman, C. (1989). \u201cLa teor\u00eda de las relaciones objetales en la obra de Otto Kernberg. Presentaci\u00f3n\u201d. En <em>El psicoan\u00e1lisis despu\u00e9s de Freud.<\/em> M\u00e9xico: Paid\u00f3s, pp. 443-464.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>Bleichmar, N. y Leiberman, C. (1989). \u201cMelanie Klein. Discusi\u00f3n y comentarios\u201d. En <em>El psicoan\u00e1lisis despu\u00e9s de Freud.<\/em> M\u00e9xico: Paid\u00f3s, p. 135.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li>Mahler, M., Pine, F. y Bergman, A. (2002). <em>El nacimiento psicol\u00f3gico del infante humano: Simbiosis e individuaci\u00f3n. <\/em>M\u00e9xico: Enlace.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Javier H. 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