{"id":12113,"date":"2024-04-25T15:18:10","date_gmt":"2024-04-25T21:18:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/?p=12113"},"modified":"2024-07-06T13:16:22","modified_gmt":"2024-07-06T19:16:22","slug":"el-concepto-de-perversion-en-psicoanalisis-la-tergiversacion-de-eros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.centroeleia.edu.mx\/blog\/el-concepto-de-perversion-en-psicoanalisis-la-tergiversacion-de-eros\/","title":{"rendered":"El concepto de perversi\u00f3n en psicoan\u00e1lisis. La tergiversaci\u00f3n de Eros"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Jan Pohlenz <\/p>\n\n\n\n<p><em>Pervertir: Viciar con malas doctrinas o<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ejemplos las costumbres, la fe, el gusto,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>etc\u00e9tera. <\/em>(DRAE)<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cVoy bajando por el s\u00f3tano de mi casa. Me doy cuenta, poco a poco, que en realidad soy hombre y no mujer, y mientras voy bajando las escaleras hacia el s\u00f3tano, escucho los gritos de alguien. Una vez abajo, veo a unos hombres torturando a otro que est\u00e1 amarrado en una camilla. Me acerco y relevo a los torturadores para convertirme en uno de ellos. Tomo un filoso bistur\u00ed y empiezo a cortar, separando las capas de la piel en dos. Despierto del sue\u00f1o con una risa man\u00edaca que me es imposible controlar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEste es el sue\u00f1o de una mujer de 40 a\u00f1os, atormentada por sostener relaciones amorosas con criminales e incapaz de hacerse cargo de la violencia que vive dentro de \u00e9stas. Este es un sue\u00f1o premonitorio, en el sentido de que arroja luz sobre c\u00f3mo ser\u00eda la relaci\u00f3n transferencial entre analista y paciente. Un lazo impregnado del fragante aroma del dolor y la destrucci\u00f3n podr\u00eda tejer la trama de dicho encuentro. Como psicoanalistas reconocemos la existencia de pacientes cuyas problem\u00e1ticas desaf\u00edan su abordaje debido a su naturaleza transgresora y a sus v\u00ednculos intrusivos, beligerantes y con tintes que rayan en la malignidad. Tambi\u00e9n podemos observar manifestaciones sexuales poco convencionales, compulsivas y, en ocasiones, notablemente r\u00edgidas. Es en este \u00e1mbito en el que iniciamos nuestro viaje al territorio de la perversi\u00f3n. En este fascinante, aunque aterrador dominio, hay una intersecci\u00f3n entre la sexualidad, la destrucci\u00f3n y la transgresi\u00f3n.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de las d\u00e9cadas, el t\u00e9rmino \u201cperversi\u00f3n\u201d ha sido objeto de intenso escrutinio y debate dentro del campo del psicoan\u00e1lisis. Lo que una vez fue considerado algo relativamente claro, se ha vuelto m\u00e1s complejo y matizado gracias a las contribuciones de una pl\u00e9tora de autores que han ampliado y enriquecido nuestra comprensi\u00f3n de este fen\u00f3meno psicol\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo los pasos del padre del psicoan\u00e1lisis, Sigmund Freud, quien inicialmente defini\u00f3 la perversi\u00f3n como el polo opuesto de la neurosis, la comunidad psicoanal\u00edtica continu\u00f3 con la exploraci\u00f3n y redefinici\u00f3n de este concepto. Ahora bien, Freud (1905\/2012) estableci\u00f3 en su famoso texto \u201cTres ensayos de teor\u00eda sexual\u201d que las perversiones son aquellas conductas sexuales que se desv\u00edan de la heterosexualidad reproductiva, con un \u00e9nfasis en la conducta m\u00e1s que en la fantas\u00eda. Sin embargo, 14 a\u00f1os despu\u00e9s, en el texto \u201cPegan a un ni\u00f1o\u201d, Freud (1919\/2012) arroj\u00f3 luz sobre la importancia de las fantas\u00edas subyacentes que alimentan ciertas conductas sexuales. La conducta en s\u00ed se vuelve cada vez menos importante que la motivaci\u00f3n subterr\u00e1nea que la acompa\u00f1a. En el art\u00edculo \u201cLa escisi\u00f3n del Yo en los procesos defensivos\u201d, Freud (1938\/2012) postula el mecanismo de defensa clave de la perversi\u00f3n: la desmentida o renegaci\u00f3n, un mecanismo de defensa que difiere notablemente de la represi\u00f3n neur\u00f3tica al erigir una fractura interna. El sujeto perverso est\u00e1 dividido en dos por el impacto que le genera la castraci\u00f3n en la mujer: una parte acepta esta vivencia y la otra la niega, la desconoce. Veo y no veo; s\u00e9, pero no s\u00e9. Es decir, la diferencia de los sexos se vuelve un impacto demasiado intenso para el sujeto y en algunos casos podr\u00eda generar una perversi\u00f3n para evitar esta realizaci\u00f3n. A trav\u00e9s de estos descubrimientos, Freud explica y entiende otros fen\u00f3menos clave como el fetichismo (el fetiche como un sustituto del pene) y patolog\u00edas mentales m\u00e1s graves, como la psicosis (Laplanche &amp; Pontalis, 1967\/1993a; 1967\/1993b; 1967\/1993c).<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que el estudio del campo de la sexualidad evoluciona, se suman nuevas voces que aportan perspectivas frescas y cr\u00edticas sobre la naturaleza de la perversi\u00f3n y los trastornos de la sexualidad. Este es el caso de Masud Khan (1979\/1991), un influyente psicoanalista ingl\u00e9s que ampli\u00f3 nuestra comprensi\u00f3n de la materia al describir que la perversi\u00f3n puede escindir gravemente a uno mismo y a los dem\u00e1s, sustituyendo la intimidad emocional por la sensorialidad y la sensualidad. Aunado a esto, la cosificaci\u00f3n del otro se vuelve una pieza clave del n\u00facleo perverso. Por ejemplo, los cuartos oscuros tienen la particularidad de mostrar anos, penes, vaginas, pero nada m\u00e1s. La relaci\u00f3n con el otro es s\u00f3lo un pedazo.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo con el tema, Robert Stoller (1998), un psiquiatra destacado, se pregunt\u00f3 si el odio y la sexualidad se entrecruzan. Argument\u00f3 que la sexualidad desempe\u00f1a un papel central en la manifestaci\u00f3n de estos trastornos. Para que podamos decir que un paciente tiene una patolog\u00eda perversa, debe incluir una problem\u00e1tica de \u00edndole sexual y violenta. En cambio, Joyce McDougall (1995) profundiz\u00f3 en la din\u00e1mica de poder y jerarqu\u00eda en las relaciones humanas, al se\u00f1alar que el abuso de poder puede convertirse en una expresi\u00f3n significativa de perversi\u00f3n. En esta modalidad de perversi\u00f3n, la sexualidad no juega un rol definitivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los psicoanalistas franceses, entre ellos Jo\u00ebl Dor, adoptan una perspectiva diferente en su abordaje de la perversi\u00f3n. Desde esta \u00f3ptica, la transgresi\u00f3n y la negaci\u00f3n de la Ley y las reglas se erigen como un sustrato f\u00e9rtil para el desarrollo del perverso (Dor, 1987\/1988). Podemos concebir esta din\u00e1mica como un complejo juego de ajedrez, donde el sujeto perverso, si bien familiarizado con las reglas establecidas, manipula las piezas a su arbitrio; los peones ascienden a la categor\u00eda de reinas y las torres se transmutan en alfiles. Esta analog\u00eda revela la habilidad del perverso para desafiar y tergiversar las normas establecidas y subvertir las convenciones sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Donald Meltzer, con la singular y novedosa noci\u00f3n del \u201cOutsider\u201d, enriquece nuestra comprensi\u00f3n de la perversi\u00f3n de manera magistral al sugerir la presencia de una fuerza maligna e intrusiva en la psique del individuo. Meltzer (1973) se refiere al \u201cOutsider\u201d como un ente que reside en el teatro mental interno del sujeto, y que act\u00faa como un agente de destrucci\u00f3n y desestabilizaci\u00f3n. Esta figura representa una parte oscura y perturbadora de la psique que busca corroer las estructuras internas de la persona y socavar su integridad psicol\u00f3gica. En el reino del \u201cOutsider\u201d no s\u00f3lo reside la perversi\u00f3n, sino tambi\u00e9n las adicciones y las psicopat\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u201cOutsider\u201d no es simplemente una manifestaci\u00f3n de los conflictos internos del individuo, sino, m\u00e1s bien, una entidad separada y distinta que coexiste dentro de la mente. Meltzer sugiere que esta siniestra presencia va ganando gradualmente poder e influencia sobre el individuo. Tambi\u00e9n propone la idea de una verdadera organizaci\u00f3n perversa que se apodera de la mente. Lo que hace que la noci\u00f3n del \u201cOutsider\u201d sea tan intrigante es su capacidad para manipular sutilmente la psique del individuo, persuadi\u00e9ndolo de adoptar comportamientos destructivos y tener pensamientos enga\u00f1osos. Meltzer sugiere que esta entidad opera a nivel inconsciente y que aprovecha las vulnerabilidades y las debilidades del representante infantil de la mente para cumplir sus nefarios planes. Adem\u00e1s, el lente con el que se mira esta patolog\u00eda cambia, ya que hay un \u00e9nfasis en la motivaci\u00f3n maligna y siniestra detr\u00e1s del acto concreto y no s\u00f3lo en la conducta en s\u00ed misma. Es importante resaltar que en la organizaci\u00f3n perversa existe un nivel significativo de rigidez e inflexibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el panorama contempor\u00e1neo surgen analistas como Donald Moss (2015), quien cuestiona la validez de separar la sexualidad \u201cnormal\u201d de la perversa en un mundo cada vez m\u00e1s complejo y liberal. Este desaf\u00edo permanente confronta al psicoanalista con dos visiones: una conservadora que dicta lo que es sexualmente \u201capropiado\u201d y otra moderna y liberal que abraza nuevas formas de expresi\u00f3n sexual. Estas \u00faltimas, aunque divergentes de la norma, no necesariamente deben etiquetarse como perversiones tal y como lo conceb\u00eda Freud, por ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Avgi Saketopoulou (2015), otro autor contempor\u00e1neo, aporta una perspectiva \u00fanica al considerar la perversi\u00f3n como una manera de representar conflictos internos evadidos y negados, incapaces de ser simbolizados de otra manera. En esta visi\u00f3n, la perversi\u00f3n se convierte en el \u00faltimo recurso de la mente para dar forma a conflictos mentales intensos que, de otro modo, permanecer\u00edan desarticulados.<\/p>\n\n\n\n<p>El terreno de la prostituci\u00f3n es un lugar en el que podemos observar a nuestro sujeto de prueba con mayor claridad. Entre sus curvos pasillos y suaves telas, la perversi\u00f3n puede abrirse paso con facilidad y estruendo. En sus entra\u00f1as encontramos un campo f\u00e9rtil para el uso y abuso del otro. Poca es la disuasi\u00f3n que genera la mente para evitar caer en sus er\u00f3ticas manos. Es este el dominio en el que no ser\u00eda sorpresa pensar que, dentro de sus m\u00faltiples alcobas, se llevan a cabo actos sexuales de vasta lujuria y desenfreno. Sin embargo, podemos detenernos un poco y pensar que, incluso si hablamos de prostituci\u00f3n y sus quehaceres, la fantas\u00eda tiene el control. En este sentido, Alessandra Lemma (2015) explora y distingue la modalidad perversa y la no perversa de la prostituci\u00f3n. Mientras que la primera implica la expulsi\u00f3n de aspectos no deseados e intolerables dentro de la prostituta, la segunda sugiere la posibilidad de integrar facetas sexuales subyacentes que a\u00fan no han sido plenamente reconocidas o aceptadas. Adem\u00e1s, podr\u00edamos decir que la fantas\u00eda que motiva al sujeto es la que define si el acto prostituto es o no perverso. Como dec\u00edamos antes, ya no es la conducta sino la motivaci\u00f3n subyacente la que define al perverso. Sin embargo, al referirse a la perversi\u00f3n, Bateman y Fonagy (2006) argumentan que los indicadores clave no son ni la fantas\u00eda ni la actividad, sino m\u00e1s bien el car\u00e1cter compulsivo, restrictivo y dirigido por la ansiedad. Una nueva dimensi\u00f3n de comprensi\u00f3n nace de esta visi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El lector se habr\u00e1 dado cuenta que existen muchas definiciones que difieren unas de otras con respecto al tema de la perversi\u00f3n. Si Freud dijera que X o Y es perverso, Meltzer dir\u00eda: \u201cNo, Freud, no te pases\u201d. Masud Khan, m\u00e1s freudiano y en apoyo a su maestro, comentar\u00eda: \u201cEstoy contigo, Freud\u201d. Luego, desde lejos, Joyce McDougall, m\u00e1s liberal y neosexual gritar\u00eda: \u201cEso no es perversi\u00f3n, no hubo un abuso\u201d. Esto puede ser confuso y dif\u00edcil de aprehender, pero nos ense\u00f1a que la perversi\u00f3n, al ser algo singular y humana, no puede ser cuantificada o reducida a una definici\u00f3n o diagn\u00f3stico definitivo. As\u00ed como hablamos de sexualidades, tambi\u00e9n hablamos de perversiones. Estas expresiones humanas son, finalmente, una estela ps\u00edquica de las \u00fanicas y complejas configuraciones mentales.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de la dificultad inherente al objeto de estudio que nos compete en este art\u00edculo, es crucial resaltar otra cualidad fundamental. Los casos de perversi\u00f3n son variados y numerosos, ya que abarcan desde el individuo que busca la hora pico en el metro para frotarse con la multitud y alcanzar el orgasmo, hasta el disidente malicioso que arroja ladrillos desde su azotea mientras se masturba. Por otro lado, tenemos parejas homosexuales que gozan de una sexualidad sadomasoquista en la que ambos est\u00e1n de acuerdo y son part\u00edcipes activos. La perversi\u00f3n, es entonces, un gradiente que abarca diferentes niveles de transgresi\u00f3n, destrucci\u00f3n y compulsi\u00f3n. De esta discusi\u00f3n, y con ayuda de Donald Moss (2015), nacen las siguientes preguntas: \u00bfHasta qu\u00e9 punto podemos considerar ciertas conductas sexuales como desviaciones patol\u00f3gicas (que socavan y corroen al individuo) o como expresiones vivas y sanas de las numerosas modalidades sexuales que forman parte de la experiencia humana? \u00bfCu\u00e1l es el punto de encuentro, si es que existe?<\/p>\n\n\n\n<p>En conclusi\u00f3n, en el transcurso de este art\u00edculo navegamos por un oc\u00e9ano de complejidades y matices en torno al concepto de perversi\u00f3n en el campo del psicoan\u00e1lisis, desde las primeras definiciones establecidas por Freud hasta las interpretaciones contempor\u00e1neas de destacados analistas. Podemos apreciar las diferentes \u00f3pticas te\u00f3ricas de un fen\u00f3meno que genera fascinaci\u00f3n e inquietud. El sue\u00f1o perturbador de nuestra protagonista, cargado de simbolismo y resonancias ps\u00edquicas, nos sirve como puerta de entrada a un universo donde la sexualidad y la transgresi\u00f3n se entrelazan en una danza inquietante. La presencia del \u201cOutsider\u201d, esa entidad ominosa que acecha los rincones m\u00e1s profundos de la mente, nos recuerda que la perversi\u00f3n no es simplemente una desviaci\u00f3n superficial de la norma, sino un fen\u00f3meno intrincado y multidimensional que encuentra su ra\u00edz en las vastas b\u00f3vedas de la psique humana.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a>En \u00faltima instancia, nos encontramos frente a un abismo de interrogantes: \u00bfQu\u00e9 revelan los trastornos de la sexualidad y la perversi\u00f3n sobre la complejidad de la experiencia humana? \u00bfEs la malignidad el combustible de esta patolog\u00eda? \u00bfO es simplemente una manifestaci\u00f3n de antiguos traumas dolorosos e inenarrables? En el eterno conflicto entre la norma y la desviaci\u00f3n, la perversi\u00f3n emerge como un eco turbulento de nuestra propia intrincada psicosexualidad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bateman, A., &amp; Fonagy, P. (Eds.). (2006). <em>Mentalization based treatment: A practical guide<\/em>. Oxford University Press.<\/p>\n\n\n\n<p>Bleichmar, H. (1995). <em>Introducci\u00f3n al estudio de las perversiones<\/em> (pp. 58-100). Nueva Visi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Dor, J. (1988). <em>Estructura y perversiones<\/em>. Gedisa. (Obra original publicada en 1987).<\/p>\n\n\n\n<p>Freud, S. (2012). Tres ensayos de teor\u00eda sexual<em>.<\/em> En <em>VII.<\/em> <em>Tres ensayos de teor\u00eda sexual, y otras obras (1901-1905), \u00abFragmento de an\u00e1lisis de un caso de histeria\u00bb (Caso \u00abDora\u00bb)<\/em> (pp. 157-188). Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1905).<\/p>\n\n\n\n<p>Freud, S. (2012). Pegan a un ni\u00f1o<em>. <\/em>En<em> XVII. De la historia de una neurosis infantil\u00bb (Caso del \u00abHombre de los lobos\u00bb), y otras obras (1917-1919) <\/em>(pp. 175-200). Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1919).<\/p>\n\n\n\n<p>Freud, S. (2012). Fetichismo. En <em>XXI.<\/em> <em>El porvenir de una ilusi\u00f3n, El malestar en la cultura, y otras obras (1927-1931) <\/em>(pp. 141-147). Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1937).<\/p>\n\n\n\n<p>Freud, S. (2012). La escisi\u00f3n del yo en el proceso defensivo. En <em>XXIII. Mois\u00e9s y la religi\u00f3n monote\u00edsta, Esquema del psicoan\u00e1lisis, y otras obras (1937-1939)<\/em> (pp. 271-278). Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1938).<\/p>\n\n\n\n<p>Khan, M.M.R. (1991). <em>Alienaci\u00f3n en las perversiones<\/em>. Nueva Visi\u00f3n. (Obra original publicada en 1979).<\/p>\n\n\n\n<p>Laplanche, J. &amp; Pontalis, J. (1993a). Sexualidad. En <em>Diccionario de psicoan\u00e1lisis<\/em>. Paid\u00f3s. (Obra original publicada en 1967).<\/p>\n\n\n\n<p>Laplanche, J. &amp; Pontalis, J. (1993b). Pulsi\u00f3n. En <em>Diccionario de psicoan\u00e1lisis<\/em>. Paid\u00f3s. (Obra original publicada en 1967).<\/p>\n\n\n\n<p>Laplanche, J. &amp; Pontalis, J. (1993c). Perversi\u00f3n. En <em>Diccionario de psicoan\u00e1lisis<\/em>. Paid\u00f3s. (Obra original publicada en 1967).<\/p>\n\n\n\n<p>Lemma, A. (2015). The prostitute as mirror: distinguishing perverse and non-perverse use of prostitutes<em>. <\/em>EnLemma, A. y Lynch, P. E. (Eds.),<em> Sexualities. Contemporary psychoanalytic perspectives <\/em>(pp. 189-204). Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p>McDougall, J. (1995). Part II. Sexuality and Creativity. En <em>The many faces of Eros.<\/em> <em>A psychoanalytic exploration of human sexuality<\/em> (pp. 50-100). Norton.<\/p>\n\n\n\n<p>Meltzer, D. (1973). <em>Sexual states of mind<\/em>. Kagierman.<\/p>\n\n\n\n<p>Moss, D. (2015). Sexual aberrations: do we still need the concept? If so, when and why? If not, why not?EnLemma, A. y Lynch, P. E. (Eds.),<em> Sexualities. Contemporary psychoanalytic perspectives <\/em>(pp. 177-188). Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p>Saketopoulou, A. (2015). On sexual perversions\u2019 capacity to act as portal to psychic states that have evaded representation<em>. <\/em>EnLemma, A. y Lynch, P. E (Eds.),<em> Sexualities. Contemporary psychoanalytic perspectives <\/em>(pp. 205-218). Routledge.<\/p>\n\n\n\n<p>Stoller, R. (1986). <em>Pervertion: The Erotic form of hatred<\/em>. Karnac.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Jan Pohlenz Pervertir: Viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe, el gusto, etc\u00e9tera. (DRAE) \u201cVoy bajando por el s\u00f3tano de mi casa. Me doy cuenta, poco a poco, que en realidad soy hombre y no mujer, y mientras voy bajando las escaleras hacia el s\u00f3tano, escucho los gritos de alguien. Una vez abajo, veo a unos hombres torturando a otro que est\u00e1 amarrado en una camilla. Me acerco y relevo a los torturadores para convertirme en uno de ellos. Tomo un filoso bistur\u00ed y empiezo a cortar, separando las capas de la piel en dos. 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