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Somatizar hoy: entre el silencio y la expresión

Escrito por Nancy Moreno | Nov 4, 2026, 9:32:20 PM

 

La relación entre cuerpo y psique es uno de los grandes enigmas de la existencia humana. Alma, espíritu, mente o aparato psíquico son distintos nombres para pensar aquello que articula la vida orgánica con la experiencia subjetiva. El psicoanálisis hizo de esta relación uno de sus ejes centrales de investigación.

Sin el cuerpo biológico no habría vida anímica. La pulsión, concepto fundamental en la teoría freudiana, emerge del soma y encuentra en el aparato psíquico un primer espacio de representación antes de dirigirse hacia la “acción específica”, que posibilita la satisfacción pulsional (Freud, 1895). Para reflexionar sobre este problema, André Green (2005) analiza el concepto “psicosomático”. Retomando ideas de Nicolaidis, señala que solo se habla de unidad cuando esta no resulta evidente o cuando ha sido puesta en duda. Así, el término “psicosomático” buscaría nombrar la continuidad entre cuerpo y psique, razón por la cual Green considera más apropiado escribirlo en una sola palabra, sin guion que los separe.

Por su parte, los analistas de la Escuela Psicosomática de París (EPP) descubrieron que los sujetos psicosomáticos tienen un funcionamiento mental atípico, distinto al funcionamiento neurótico. A partir de sus investigaciones sobre la enfermedad psicosomática, desarrollaron tres conceptos centrales: el pensamiento operatorio, la depresión esencial y la desorganización progresiva.

El pensamiento operatorio designa una modalidad psíquica caracterizada por una pobre actividad representativa y fantasmática. Los contenidos conscientes aparecen desligados de la vida pulsional y afectiva, en una relación “blanca” con el mundo interno. Se trata de un pensamiento centrado en lo concreto y lo fáctico, desprovisto de simbolización, imaginación y valor libidinal. En estos pacientes predominan las conductas sobre la elaboración psíquica, razón por la cual Marty (1990) propone hablar de “vida operatoria” más que de “pensamiento operatorio”. Los sueños y las representaciones suelen ser escasos, repetitivos y ligados exclusivamente a lo actual.

Esta modalidad de funcionamiento se articula con la noción de depresión esencial, entendida como un empobrecimiento de la dinámica mental, más que como una depresión organizada alrededor de la culpa o la pérdida de objeto. Marty la describe como una depresión sin autorreproches ni conflicto manifiesto, en la que el vacío psíquico y la fragilidad narcisista se desplazan hacia el cuerpo. Los comportamientos ligados a la pulsión, como la alimentación, el sueño o la sexualidad, quedan reducidos a automatismos destinados únicamente a satisfacer necesidades, sin mediación del deseo.

Cuando los acontecimientos traumáticos sobrepasan la capacidad de elaboración psíquica, pueden desencadenar una desorganización progresiva. Las angustias automáticas e invasoras sobrepasan al yo y este reacciona con un movimiento regresivo que deteriora la organización libidinal. En este contexto, la somatización aparece como efecto de una falla en el trabajo psíquico, en el que el cuerpo pasa a expresar aquello que no logra ser simbolizado.

Green (2005) reconoció a lo largo de su obra que la teoría desarrollada por la Escuela Psicosomática de París ofrece un modelo adecuado para la comprensión y tratamiento de los fenómenos psicosomáticos. Coincide con Marty en que las estructuras psicosomáticas se caracterizan por una reducción importante del campo psíquico o del mundo interior, acompañada, a su vez, de una sobreinvestidura de la realidad exterior. Pensando este problema desde otra perspectiva, el paciente psicosomático establece una comunicación directa entre el soma y el mundo real, aplastando todo lo intermedio que corresponde al orden psíquico.

El trabajo psicoanalítico con este tipo de cuadros clínicos no tiene como referente al modelo clásico propuesto por Freud, en el que la interpretación de contenidos inconscientes es central. Con estos pacientes es necesario ir más allá, la función analítica persigue otros fines, como lo es la creación de un espacio psíquico donde puedan organizarse los contenidos que poco a poco se irán construyendo por la labor analítica de ambos, paciente y analista. El trabajo psicoanalítico apuntaría entonces a transformar al soma en cuerpo libidinal, del que surja el deseo y su significación.

Situando esta reflexión en el campo sociohistórico actual, recurro al análisis que Roudinesco (1999) realiza en torno a las problemáticas subjetivas contemporáneas. La autora abre un debate interesante en torno a la intolerancia hacia el sufrimiento y a la búsqueda constante de eliminar todo malestar, incluso aquel considerado “normal” y “humano”, tanto interno como externo. Roudinesco explica que la noción del alma —o vida interior— se ha convertido en una cosa simple y llana, sin profundidad subjetiva. Frente a ello, sostiene que el psicoanálisis es una disciplina que promueve la transformación del sufrimiento y favorece una mejor relación del sujeto consigo mismo y con sus semejantes, tanto en lo social y profesional como en la vida amorosa y sexual.

 

 

 

Referencias:

 

Freud, S. (1895). Proyecto de psicología. En Obras completas, (vol. I). Amorrortu.

Green, A. (2005). Teoría. En Psicosomática. Aportes teórico-clínicos en el Siglo XXI (pp. 126). Lugar editorial.

Marty, P. (1990). La psicosomática del adulto. Amorrortu.

Roudinesco, E. (1999). ¿Por qué el psicoanálisis? Paidós.