Sobre ser adoptado implica comprender que la relación entre las funciones parentales y los bebés deja huellas que modelan la personalidad y las futuras relaciones. Cuando ese vínculo temprano se rompe por la adopción, puede permanecer una marca indeleble, la herida primaria descrita por Nancy Newton, que anuda fantasías, dudas sobre el abandono y preguntas acerca de los padres biológicos. Esta experiencia puede influir en la estima, el sentimiento de pertenencia, la confianza y la forma de vivir los vínculos significativos. Para los padres adoptantes, el desafío no consiste en sustituir a los padres biológicos, sino en acompañar la historia y el origen del hijo. Desde Winnicott, la separación temprana representa una desgarradura psíquica que incide en el desarrollo, el bienestar y la construcción de la vida emocional.
No cabe duda de que la relación entre las funciones parentales y los bebés, futuros niños, deja huellas que sientan las bases de futuras relaciones. Aquello que papá y mamá, o quienes encarnen sus funciones, transmitan al pequeño ser formará parte del modelado de su personalidad. A ello se le sumarán las experiencias en el desarrollo y la carga pulsional, haciendo un interjuego en el armado, o no, del ser.
Si ese vínculo tan temprano se ve roto al dar en adopción a un pequeño, ¿qué secuelas habrá en su forma de ser y vivir sus relaciones futuras? A partir de una investigación y de su experiencia personal al adoptar a una pequeña niña, Nancy Newton (1993) postula que las personas adoptadas experimentan una marca indeleble, a veces irreconocible e irrepresentable, a la que denomina herida primaria.
Esta herida permanece en la profundidad del ser adoptado; anuda fantasías y grandes dudas sobre haber sido dado en adopción y ser abandonado: si habrá sido querido; si había algo malo en él; o quiénes eran sus padres. Incluso, muchos de ellos sienten una conexión con su madre biológica, pieza que no encaja al intentar embonar con la madre de crianza.
Ser alguien abandonable sería el telón de fondo sobre el que recaen las relaciones, poniendo en duda la duración y la fiabilidad del lazo, principalmente con los padres y, posteriormente, con los iguales o figuras significativas. No sentirse perteneciente; ser “ajeno”, raro, estar loco, son solo algunos conceptos de los testimonios que transmiten. Inclusive, el anhelo de encontrar a la persona que los entienda finamente, a la perfección, y los dotaría de aquello tan ansiado es, quizá, el secreto de sus imaginaciones.
La estima y valía de ser adoptado se ven trastocadas a partir de la elección de la madre biológica. El profundo sentimiento de vacío e indefensión se activa en aquellas relaciones potencialmente significativas, en las que la duda de la veracidad del lazo se manifiesta.
Para los padres adoptantes, también implica grandes retos y dolores; jamás podrán sustituir a los padres biológicos ni quitar el dolor que implica la separación con aquellos. Transmitirle al hijo su origen va más allá de “hablar de una verdad dolorosa”, pues le abre la puerta al deseo de conocer su historia, a su familia de sangre, a las múltiples preguntas frente a las que quizá no se tengan todas las respuestas y despierte el temor de perder el amor de su hijo.
Si seguimos a Winnicott (1958) respecto de la fusión madre-bebé como un estado esencial para la comprensión emocional de las necesidades emocionales y fisiológicas, para su satisfacción y la generación del sentimiento de bienestar, podemos reconocer la desgarradura psíquica que produce la separación temprana.
Referencias:
Newton Verrier, N. (1993). The primal wound. Understanding the adopted child. Gateway Press, Inc.
Winnicott, D. (1958). La preocupación maternal primaria. En Escritos de pediatría y psicoanálisis. Paidós