Cuando Freud comenzó a atender pacientes, recibía muchas personas afectadas por síntomas de diversa índole: personas con rituales compulsivos, con ideas obsesivas, con miembros paralizados (brazos, piernas, manos), etc. A su vez, también atendió a otros cuya patología no se presentaba en síntomas sino en su forma de ser, lo que llamó rasgos de carácter.
Formas de ser patológicas, como lo especifica en el excelente trabajo "Carácter y erotismo anal" (1908); aquellos en quienes observó como características centrales de su personalidad la terquedad, la obstinación, el ser metódicos, escrupulosos y ahorrativos hasta la avaricia.
Dichos pacientes sufren de las llamadas caracteropatías a pesar de que ellos no tienen conciencia de su perturbación. Normalmente, son los cónyuges, padres, hermanos, compañeros de trabajo —la gente que está a su alrededor— los que se quejan de su comportamiento.
Estos rasgos de carácter se manifiestan en las relaciones humanas y por ello consultan, buscan ayuda psicoterapéutica. Ellos se justifican con intelectualizaciones, diciendo por ejemplo: "Mire, yo soy así porque si no me defiendo y me peleo, mi mujer hace conmigo lo que quiere."
Incluso, la sociedad suele valorar ciertos rasgos de carácter —como la puntualidad, la cortesía o la formalidad— y por ello la persona encuentra justificaciones que explican su actuar. Realmente, estas personas no perciben cómo tales formas de ser patológicas afectan sus vidas y sus relaciones.
Freud mencionó que los rasgos de carácter son egosintónicos, es decir, que están en sintonía con el yo. El término carácter viene del griego charakter, que se refiere a un instrumento para grabar y a su producto. Al aplicarlo a la personalidad, el término denota aquellas características que están grabadas indeleblemente sobre la personalidad. Éstas se diferencian de los síntomas, que molestan y son egodistónicos: la persona que los padece los quiere eliminar, deshacerse de ellos.
Entendemos que el carácter es la combinación de varios rasgos, con predominancia de unos sobre otros. Hay muchas explicaciones acerca del origen, desarrollo y factores que influyen en la formación del carácter. Freud propuso que a través de ambos —síntomas y rasgos de carácter— se expresan los deseos sexuales infantiles inconscientes deformados por el proceso defensivo. Ambos son retoños de las mociones pregenitales sexuales y/o agresivas.
También expresó que el ello y el ambiente moldean el carácter. Por ejemplo, se puede adquirir un rasgo de carácter a través de las identificaciones con las personas de nuestro alrededor. Por medio de ello, este autor estudió las psiconeurosis y elaboró un método de intervención para ayudar a las personas a lidiar con sus síntomas y rasgos de carácter.
La investigación sobre el carácter en la época de los años veinte del siglo pasado nos llevó a delimitar los distintos tipos en función de las diferentes etapas del desarrollo que Freud conceptualizó. Tenemos el carácter o ciertos rasgos según la etapa libidinal: oral, anal y fálica:
Carácter o rasgo oral: en el aspecto negativo, son aquellas personas ávidas, dependientes, voraces, demandantes, que no se satisfacen fácilmente, con una intensa necesidad de ser queridos y aceptados. En el lado positivo, muestran pasión por la investigación científica y suelen poseer cualidades oratorias.
Carácter o rasgo anal: en el aspecto negativo, son aquellas personas rebeldes, oposicionistas, con una exagerada conciencia moral y del "deber ser" que los hace inflexibles y estrictos en el cumplimiento de normas. En el aspecto positivo, son grandes estadísticos con excelente capacidad para organizar.
Carácter o rasgo fálico: en el lado negativo, son aquellas personas exhibicionistas de su competencia o atributos físicos, con necesidad de sentirse especiales y únicos, seductores. En el aspecto positivo, son competentes; las mujeres destacan su feminidad y los hombres su masculinidad.
También observamos otros tipos de carácter que no pertenecen a esta clasificación:
Rasgos impulsivos: pertenecen a las personas con dificultad para controlar sus impulsos sexuales u hostiles; tienen relaciones sexuales muy frecuentes, son peleoneros o no pueden detener su ingesta.
Rasgos conciliatorios: observados en personas pacíficas que tratan de evitar el conflicto y buscan apaciguar todo problema que se les presente.
Rasgos narcisistas: de personas arrogantes y soberbias que se sienten autosuficientes y por encima de los demás.
Rasgos masoquistas: visibles en personas que fácilmente entablan relaciones donde los maltraten.
Rasgos paranoides: observados en personas que sienten o piensan con convicción que los demás les quieren hacer daño.
Así, podemos continuar con los rasgos narcisistas, esquizoides, perversos, infantiles, histéricos, etc. Cada uno de estos tipos de caracteres o rasgos exhibe una repetición de patrones, una estructura repetitiva. Por ejemplo, la personalidad histérica repite constantemente el hacer triángulos amorosos en los que hay una pareja y un tercero que es el amante. Estas repeticiones son producto de las tensiones emocionales internas que tenemos.
A todos nos ocurren eventos traumáticos o accidentes, pero cada quien lo expresa desde su propia historia y estructura mental. Aunque experimentemos vivencias parecidas, cada quien las vive, significa y transmite de modo diferente.
Cuando se entrevista a una persona que quiere tomar un tratamiento psicoterapéutico, importa mucho detenerse para observar la manera como maneja sus impulsos, cuál es el modelo de interrelación que tiene, su nivel de tolerancia ante el dolor mental, de hostilidad y cómo los manifiesta.