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La influencia de las redes sociales en la construcción del yo adolescente | Centro Eleia

Escrito por Laura de la Torre | Jul 30, 2026, 9:40:15 PM

La influencia de las redes sociales en la construcción del yo adolescente se comprende al reconocer que la identidad ya no se construye únicamente en el entorno analógico, sino también en un ecosistema digital donde el joven se muestra, se narra y expone una versión de sí mismo. Desde una mirada psicoanalítica, las redes sociales transforman la estructura psíquica al intensificar la importancia de la mirada del Otro en la construcción del yo. Los likes, comentarios y seguidores dejan de ser solo métricas para convertirse en una medida del propio valor personal. Aunque las plataformas no son intrínsecamente buenas o malas, amplifican la necesidad de reconocimiento, pertenencia y validación. El desafío clínico consiste en comprender esta subjetividad hiperconectada y favorecer que el propio deseo no quede subordinado a la tiranía de la mirada del Otro virtual. 

La adolescencia siempre ha sido una etapa de transición profunda y, por definición, compleja. Es ese periodo de la vida colmado de cambios físicos, emocionales y sociales, en el que los jóvenes intentan responder a preguntas que marcarán su destino: ¿Quién soy? ¿Cómo quiero que me vean? ¿Qué lugar ocupo en el mundo?

Históricamente, estas interrogantes se cocinaban a fuego lento en la intimidad del hogar, en los pasillos de la escuela o en las esquinas del “barrio”. Sin embargo, en la actualidad, a este escenario se le ha sumado un nuevo espacio. Las respuestas a estas preguntas ya no se buscan únicamente en el entorno analógico; hoy se construyen, se debaten y se exponen en un nuevo ecosistema digital: las redes sociales.

Hablar de este fenómeno con una mirada psicoanalítica no implica limitarse a analizar pantallas, algoritmos o aplicaciones de moda. Significa, en cambio, reflexionar sobre cómo el universo virtual está transformando la estructura psíquica, influyendo directamente en la manera en que se perciben a sí mismos, se relacionan con sus pares y edifican su identidad.

Para entender el impacto actual de la tecnología, conviene recordar que internet no siempre fue así. En sus orígenes, la red era una autopista de información unidireccional donde los usuarios eran sujetos pasivos que solo entraban a leer. Con el tiempo, evolucionó hacia un espacio interactivo, donde la participación es la norma.

Plataformas como Instagram, TikTok, YouTube o Twitch han llevado esta evolución a su punto máximo. En ellas, el adolescente ya no es un simple espectador de la vida de otros; ahora tiene el poder de producir su propio contenido. El joven se muestra, se narra y diseña una versión de sí mismo para exhibirla ante el mundo.

Esto introduce una “novedad”: la identidad ha dejado de construirse en la privacidad para empezar a formarse públicamente, frente a una audiencia que nunca duerme y que evalúa en tiempo real cada publicación. Nos encontramos ante esa paradoja que mencionaba Jacques Lacan con el concepto de extimidad: un afuera íntimo, donde lo más interno y propio se constituye, precisamente, a partir de lo exterior. Lo íntimo se despliega en lo público, y es por eso que los psicoanalistas corremos con ventaja para entrarle a este campo: entendemos que el yo se edifica desde el afuera, a través de la captura de imágenes y de la palabra del Otro.

Durante la adolescencia, la mirada de los demás adquiere un peso descomunal. El sentido de pertenencia y la aceptación del grupo de pares son los ladrillos con los que se consolida la autoestima. Las redes sociales potencian esta necesidad humana y funcionan como un espejo permanente que, además, ofrece datos medibles. La cantidad de likes, comentarios o seguidores deja de ser una métrica tecnológica para convertirse, a ojos del adolescente, en una medida de su propio valor personal. Ya no solo importa el “¿quién soy?”, sino el “¿cómo me ven?” y, sobre todo, “¿cuánto gusto?”. En cierto sentido, las redes sociales retoman algo muy humano: necesitamos de la mirada de otros para construir una imagen de quiénes somos. La diferencia es que hoy esa mirada está presente casi todo el tiempo y, además, viene acompañada de números, reacciones y métricas visibles. Los likes, comentarios y seguidores pueden sentirse como una medida del propio valor personal. El feed se convierte en el nuevo espejo, pero uno fragmentado y dependiente del veredicto digital.

Esto no significa que las plataformas digitales sean intrínsecamente “buenas” o “malas”. En realidad, actúan como megáfonos de deseos que siempre han existido: la necesidad de ser reconocidos, queridos y validados. Al navegar por las redes, los jóvenes se topan con un desfile incesante de vidas aparentemente perfectas, exitosas y atractivas. La comparación constante con estos estándares idealizados suele traducirse en un sentimiento crónico de insuficiencia.

El malestar en la cultura actual se juega en la red. El entorno digital no es una realidad paralela ni un mero juego de ficción; es el tejido mismo en el que los adolescentes están experimentando el dolor, la soledad y la búsqueda de amor. Como profesionales de la escucha, nuestro reto no es prohibir las pantallas, sino alojar esa subjetividad hiperconectada, ayudando al adolescente a que su propio deseo no quede sepultado bajo la tiranía de la mirada del Otro virtual.