La contratransferencia: una valiosa herramienta clínica

Fecha: 10 julio, 2026

Autor: Raquel Vega

En el “imaginario colectivo”, a menudo la imagen del terapeuta o analista es la del personaje ecuánime e imperturbable, si no es que aparece como el que se enamora del paciente o termina seduciéndole. Sin embargo, la realidad de las cosas se haya en un punto medio, ni todos los terapeutas terminamos enamorándonos de nuestros pacientes, ni todos los terapeutas somos seres inamovibles, inalterables y que no sienten nada o gran cosa por sus pacientes. En realidad, los pacientes despiertan emociones todo el tiempo en nosotros, a veces logramos captarlo, otras ni nos enteramos, pero estas emociones tienen sus efectos. Lo que nos sucede a los terapeutas a nivel emocional con los pacientes es lo que llamamos contratransferencia.

En su Diccionario de Psicoanálisis, Laplanche y Pontalis (1967) definen la contratransferencia como el “conjunto de las reacciones inconscientes del analista frente a la persona del analizado, y especialmente, frente a la transferencia de este” (p. 84). Este es un fenómeno que fue nombrado por Freud, pero que, por mucho tiempo, se le consideró como un problema u obstáculo que no tenía lugar en la sesión. Freud pensó la contratransferencia como un obstáculo para el progreso del psicoanálisis, considerándola una respuesta emocional del analista respecto a los estímulos que provienen del paciente, siendo esta un resultado de la influencia del analizado sobre los sentimientos inconscientes del analista. Freud mantuvo la postura de que esta se trataba de un obstáculo que debía ser removido, por lo que para él era necesario que, al dar cuenta de su contratransferencia, el analista trabajara y resolviera en su análisis estos sentimientos. Después de Freud, durante toda la primera mitad del siglo XX, el fenómeno de la contratransferencia no fue estudiado ni abordado, más que para mantenerlo en un estatuto de obstáculo o resistencia (Etchegoyen, 2002).

Melanie Klein, por su parte, pensaba en la contratransferencia como la transferencia de las relaciones del analista con sus objetos internos que este ponía sobre su paciente. Bajo esta idea, esta sería una situación que hablaba de la propia neurosis del terapeuta y no de algo que el paciente estuviera transfiriendo. Para ella, los sentimientos del analista también se trataban de una interferencia en el trabajo analítico y, si indicaban algo, era que el analista no estaba funcionando adecuadamente (Álvarez, 2012).

Podríamos pensar que la contratransferencia es un fenómeno que se ha tomado en cuenta desde que existe la transferencia (por decirlo de alguna manera). Incluso, en un primer momento, su lugar en la técnica tuvo el mismo destino que la transferencia, pues también era vista como un obstáculo y no como una herramienta. Sin embargo, mientras que la transferencia dejó ese estatuto un tanto negativo relativamente rápido, tomó más tiempo para que la contratransferencia se considerara de una manera diferente.

El analista Horacio Etchegoyen (2010), en su libro Los fundamentos de la técnica psicoanalítica, nos plantea la idea de que, en realidad, lo que promovió que este concepto, que hoy en día es tan valioso, no haya sido considerado o estudiado con mayor profundidad tiene que ver con factores inconscientes, pues, en un momento en el que había una fuerte tendencia a ver al analista como un ente objetivo en la dupla analítica, podemos pensar que a pocos les resultaba grato ver y reconocer que su paciente despertaba en ellos emociones que podían llegar a ser realmente intensas y un tanto irracionales.

No fue sino hasta la década de los cincuenta que dos analistas en particular, Paula Heimann en Londres y Heinrich Racker en Buenos Aires, elaboraron sus ideas sobre la contratransferencia, lo que dio un giro importante a este concepto. Promovieron un cambio de paradigma, pues la contratransferencia comienza a ser vista ya no solo como un peligro, sino también como un instrumento sensible y sumamente útil para el desarrollo del proceso analítico. Además, la contratransferencia se volvió un elemento que configura el campo donde va a ocurrir la modificación psíquica del paciente.

Heimann (1960) sostenía que el terapeuta no es un cerebro mecánico y que la contratransferencia podría ser una herramienta importante en el trabajo analítico. Pone en cuestión la idea del analista como un personaje objetivo que no debería poner nada de sí en juego. Por el contrario, considera que la respuesta emocional del analista respecto a su paciente dentro de la sesión es una de las herramientas más importantes para el trabajo analítico, ya que, en realidad, se trata de un valioso instrumento de investigación del inconsciente del paciente, ya que la respuesta espontánea o inmediata de un analista frente a su paciente puede ser un indicador que lleve a la comprensión de los procesos inconscientes. Esto también ayuda al analista a enfocar la atención en lo que está pasando.

Por su parte, Racker, si bien no niega que la contratransferencia pueda operar como un obstáculo en el tratamiento al promover actuaciones e implicar puntos ciegos, también considera que esta podía fungir como instrumento que permitía detectar lo que le sucede al paciente. Asimismo, argumenta que es un fenómeno en el que el analizado puede tener acceso a una experiencia viva y distinta de la que cree haber tenido originalmente. Por ejemplo, si un paciente nos hace sentir desesperanza y sinsentido, lo que nos genera unas ganas de dejar el tratamiento, considerando que no ha servido de mucho, detectar estos sentimientos y reflexionar al respecto nos ayudará a tener una comprensión de su mundo interno para poder describírsela, en vez de simplemente renunciar, lo que pueda provocar que el paciente se vaya del tratamiento (Etchegoyen, 2002).

Pensar en la contratransferencia no es tarea fácil, pues se ponen en juego nuestras conflictivas personales, nuestro narcisismo y nuestro inconsciente. Lo cierto es que se vuelve un tema fundamental en el trabajo analítico para que, al estar en constante contacto con nuestras emociones, tratemos de identificarlas, examinarlas cuidadosamente, entenderlas y saber que están en juego todo el tiempo. De esta manera, podremos comprender de manera profunda la mente de nuestros pacientes y ayudarlos a acercase a sus propias emociones sin perdernos en las nuestras.

 

Referencias:

Álvarez, B. (2012). Melanie Klein: Teoría y técnica. Polemos.

Etchegoyen, R. H. (2002). Los fundamentos de la técnica psicoanalítica (2.ª ed.). Amorrortu Editores.

Heimann, P. (1960). Sobre la contratransferencia. Revista Uruguaya de Psicoanálisis, 2(4).

Laplanche, J. y Pontalis, J. (1993). Diccionario de Psicoanálisis. Paidós.