La ansiedad y la psicopatología de la vida cotidiana hoy
Por Emile Lejars
En su momento, Freud hizo un gran esfuerzo por explicarle el papel de la angustia y el inconsciente al público general. Pensaba que una manera de poder hacerlo era demostrando cómo nos afectaba a todos y en todo momento, en pequeños errores o accidentes de la vida cotidiana que con mucha facilidad etiquetamos como descuidos, olvidos o torpezas.
Freud pensaba que no era así, que todos estos “pequeños accidentes” eran manifestaciones de nuestro inconsciente que se asomaba a nuestro quehacer cotidiano y usaba estos descuidos, olvidos y torpezas como vehículo para hacerlo. Él pensaba que todos estos errores eran impulsados por angustias o ansiedades internas de las que en muchas ocasiones ni siquiera nos percatamos, pero que algo, en un breve momento de distracción, permitió el pasaje de dichas angustias y, sin darnos cuenta, “nos hemos puesto el pie”.
Tallaferro (1990) puntualiza que Freud describe los “actos fallidos” como momentos en los que incluso la más sana de las mentes pasa por un “trastorno temporal” y una acción o función que normalmente se lleva a cabo con facilidad falla. Los actos fallidos los clasificamos en el área motora, como tropezar; pueden ser verbales, escritos o hablados, o de la escucha, los famosos “lapsus”; pueden ser olvidos de nombres, de lugares o de acontecimientos. En otras palabras, diríamos: “me hice bolas” cuando queremos decir algo, pero decimos otra cosa; “lo tengo en la punta de la lengua” cuando se nos ha olvidado algo; “no sé por qué hice eso” cuando uno está realmente confundido por haber hecho algo que ni él se puede explicar el sentido.
Freud (1901/1991) pensaba que, aunque estos actos parecieran fortuitos o condicionados, en realidad ocurrían por una fuerza específica, en un momento específico, determinado por el estado mental y emocional del individuo, pudiera ser que estuviera fatigado, sobreexcitado, indispuesto, o sobrecargado por un fenómeno u otro (Tallaferro 1990). Nosotros ubicamos estas condiciones en lo inconsciente, más que nada en el “Ello”, que siempre está en el empuje de manifestar los deseos y fantasías inconscientes, así como pensaba Freud, y que, por lo tanto, nunca estamos absueltos de que se escape un poquito de eso día con día.
Ahora, ¿qué fuerzas son las que se movilizan cuando una persona siente angustia? No solo estamos pensando en la fuerza del impulso con la que viene eso que quiere salir de lo inconsciente en la conducta del individuo, sino también en las fuerzas que la oponen. Las ubicamos con el Ello, el Yo y el Superyó, siendo el Ello la instancia de la mente que empuja para llevar algo a la superficie; el Superyó, el que pone la medida del castigo; y el Yo, el que no quiere que nada de esto suceda, es decir, el que tropieza, o sea, el que comete el dichoso “acto fallido”.
¿Pero hoy en día? Pareciera que estamos más informados de la angustia cotidiana que nunca. “Mono ansioso” le dicen, ya no “homo sapiens”, no porque la entendamos mejor, sino porque ahora uno lanza: “siento una ansiedad tremenda” o “tengo una angustia horrible” y, sin embargo, sigue su vida como si enunciar eso fuera parte de la rutina diaria. ¿Y eso qué significará? Si los “actos fallidos” de Freud nos ocurren porque se nos escapa algo inconsciente en un momento de alta ansiedad, ¿significa que hoy hay más actos fallidos que antes? O quizá, ¿han cambiado?
No, uno se sigue tropezando con el escalón que ha subido durante diez o quince años el día en el que una expareja lo llamó. ¿Será que recordar la razón de la ruptura lo hizo pasar por un “trastorno temporal” de la motricidad y no ha podido subir las escaleras? ¿O quizá recordar los buenos momentos a uno lo llene de culpa y el Superyó lo haga tropezar para castigarlo? Un alumno olvida las llaves con el proyecto final dentro de su casa el día de la presentación. ¿Es que sentir que iba a dar la mejor presentación de su vida provocara que no hubiera forma de que diera dicha presentación? ¿En un gran buffet, uno dice “quiero engordar” en vez de “quiero adelgazar” porque en realidad tiene el deseo de comer todo lo que le plazca?
Al fin y al cabo, las arañas siguen siendo las reinas de las fobias, otra de las manifestaciones de la angustia en la vida cotidiana.
Pero también hoy escuchamos en la clínica de la juventud: “es que subí una foto donde salgo con mi ex”, o quizá “es que no la bloqueé de mis historias” o tal vez “mandé el mensaje en el grupo que no era, pero lo borré en ese momento, creo que nadie lo vio”. ¿No son todas esas frases, y todas otras muy parecidas a estas, formas nuevas de ponerse el pie a uno mismo, como lo describió Freud?
En la teoría lacaniana se piensa que ahí donde tropieza el Yo, el inconsciente habla. Es decir, quizá sigues extrañando a la ex, o quizá el buffet sí se ve delicioso. De ahí la importancia de seguir revisitando la teoría freudiana: después de más de cien años, nos seguimos “metiendo el pie solos”, tal como él lo describió en su momento.
Referencias:
Freud, S. (1991). Psicopatología de la vida cotidiana. Obras completas (Vol. 6). Amorrortu. (Obra original publicada en 1901)
Hall, C. S. (1983). Compendio de psicología freudiana (cap. III, Angustia, pp. 69–80). Paidós.
Nunberg, H. (1955). Principios del psicoanálisis (cap. 7, La angustia, pp. 213–218). Editorial Paidós.
Nunberg, H. (1955). Principios del psicoanálisis: Lo inconsciente en las neurosis (pp. 19–23). Editorial Paidós.
Tallaferro, A. (1990). Curso básico de psicoanálisis: Los actos fallidos (pp. 124–129). Paidós.

