A partir de una visión psicoanalítica transcultural, Jhuma Basak, psicoanalista de la India, habla de las vicisitudes de la transitoriedad. Basak toma elementos de las culturas india y japonesa, como el budismo y los mitos tradicionales, para hablar de temas como la constante imaginación de la presencia de la vida y la impermanencia. Asimismo, aborda otros temas como el apego, la pérdida, el duelo y la reparación, así como la diferencia entre dependencia e interdependencia. Propone que la experiencia de lo transitorio favorece la elaboración del duelo sin melancolía, la continuidad del self y una comprensión del amor, el tiempo y la finitud como esencia de la vida humana.
Jhuma Basak, psicoanalista en la Sociedad Psicoanalítica de India, ilumina con la conjunción entre la cultura oriental japonesa e india y una visión psicoanalítica transcultural, las vicisitudes de la transitoriedad. Ya Freud reflexionó sobre la transitoriedad como la esencia del psiquismo humano, donde amar desde la movilidad y contingencia de la vida es condición natural del vivir.
Para Basak, en Japón el budismo habla de la contingencia de las cosas, y la respuesta ante esto consiste en eliminar el apego. Esta tradición filosófica y religiosa se encuentra con la constante imaginación de la presencia de la vida y la impermanencia.
La transitoriedad también habla de la repetición y la reparación. Basak retomó un mito de la India, con su correspondiente en Japón, para hablar de un amor basado en la dependencia del amor del otro, como la de unos hijos con sus padres. El budismo habla de la conexión y la independencia en las relaciones entre las subjetividades. Basak aprovechó dicho aspecto para presentar la diferencia entre la culpa reparatoria y la culpa persecutoria. En el budismo y en el cuidado por el otro, se busca pasar de un estado de dependencia hacia una interdependencia.
La transitoriedad es el complemento emocional al sentir la pérdida y lo irreversible; propulsa la vida, la reparación y el duelo. Cabe aquí decir que la melancolía no es un resultado natural del duelo. Que se puede perder con dolor, pero sin sufrimiento. En términos culturales, India se enfrenta a los estragos del colonialismo y sus pérdidas colectivas. La precariedad global no solo marca la realidad externa, sino también lo interno: el self negociando la desintegración y reconstitución todo el tiempo.
Basak propone pensar la transitoriedad vinculada con la mentalización, que es la reflexión sobre la representación y la experiencia mental que permite crear estados afectivos y cognitivos. En términos de Kohut, se enfatiza que la transitoriedad ayuda a la fluidez del self. De la misma manera, la subjetividad solipsista se opone a la clave de la mentalización, que está en la simbolización: un punto de pensamiento y disposición afectiva que solo se construye en contacto con otras mentes.
La transitoriedad constituye la esencia de la vida humana; está presta para propiciar una reflexión del pasado, así como las vicisitudes de negociar el tiempo, la pérdida y el amor. Incluso, se puede pensar en la impermanencia como experiencia estética: reimaginar lo perdido que es amado.
Basak concluyó con una metáfora en la que el río de la vida se convierte en un representante simbólico de lo efímero del movimiento y de cada momento. Es posible un duelo sin melancolía, hay una continuidad rítmica en la fuerza del ego para afrontar su finitud. Aproximarse a una posición depresiva, en términos kleinianos, no estaría tan dispar de la propuesta oriental de afrontar lo transitorio del existir humano y su configuración.