Imaginarios colectivos: su impacto en la familia y la clínica

Fecha: 24 septiembre, 2026

Autor:

Ittamar Hernández

Resumen:

Los imaginarios colectivos son una matriz de significados que orientan el sentido de la vida y la existencia humana, una manera particular en la que ordenamos la realidad. La familia, cómo está compuesta, cómo funciona y lo que se espera de ella, forma parte de un imaginario colectivo que cambia a lo largo del tiempo. El lugar que ocupa cada miembro del grupo familiar se relaciona con determinadas expectativas acerca del papel y las actividades que debe desempeñar. Estos imaginarios se instituyen a partir de formaciones inconscientes y, a su vez, tienen impacto en quienes viven en un grupo. En la clínica, aparecen como realidades, expectativas y ansiedades respecto de los grupos familiares y también se ponen en juego en los fenómenos transferenciales. Su estudio puede ayudar a los psicoterapeutas a tener una comprensión más amplia de sus pacientes.

El imaginario colectivo es un concepto que habita los límites entre el psicoanálisis y la sociología. Se ha construido a partir de la propuesta de Lacan, pues lo imaginario constituye uno de los tres registros que, junto con lo real y lo simbólico, estructuran la experiencia humana. Para Lacan, lo imaginario organiza la imagen de la identidad (Bizuet, 2026).

Sin embargo, también va más allá de Lacan, pues ha sido uno de los conceptos centrales de Cornelius Castoriadis (2013), quien describió la profundidad y dinámica de los imaginarios. Es un concepto, además, que se encuentra en estrecha relación con las propuestas de Bion (1979) acerca de los supuestos básicos.

Podríamos tratar de definir los imaginarios colectivos como una matriz de significados que orientan el sentido de la vida y la existencia humana (García, 2019). Es decir, se trata de una manera particular en la que ordenamos la realidad, pero que no corresponde ni puede corresponderse directamente con la realidad.

Los imaginarios cambian a lo largo del tiempo, lo que puede demostrarse revisando la historia de la humanidad. Allí notaremos una gran diversidad de formas de organizar la vida pública y privada que dan cuenta de estos imaginarios. Mientras se están viviendo, estos imaginarios parecen coincidir con la realidad tal cual es, por lo que son difíciles de detectar en nuestra vida presente y, sobre todo, cotidiana.

La familia, cómo está compuesta, cómo funciona y lo que se espera de ella, forma parte de un imaginario colectivo. Cuando hablamos de familia, puede venirnos a la mente una configuración particular, digamos, estandarizada, a la vez que nuestra propia familia particular. La familia real se ha establecido y configurado tratando de seguir un modelo previamente establecido, digamos, un ideal que, por su parte, jamás llega a coincidir plenamente con la familia real.

Castoriadis (2013) explica que el imaginario se establece y cristaliza como una institución. De esta manera, nuestra idea sobre cómo es y cómo debe ser una familia es una institución cristalizada. ¿Qué idea tienen sobre cómo es y debe ser una familia? ¿Realmente coincide con la familia en la que crecieron y con la familia que han logrado ensamblar? ¿Cuál es el ideal a partir del cual orientaron la búsqueda de una pareja y el deseo de reproducirse? La familia es, en palabras de Lacan (2003), una “institución social” que ha ido cambiando a lo largo de la historia, lo que es claramente visible si estudiamos qué se entendía por familia en la antigua Grecia, en Roma, entre los mexicas o en la Nueva España.

La época contemporánea ha experimentado cambios respecto de la familia, tanto respecto de su idealidad como de su ensamblaje en la realidad. En los últimos sesenta años, las familias han pasado de un promedio de 6.9 hijos por mujer a uno de 1.9 (Aristegui Noticias, 2021), lo que indica un cambio en la realidad familiar, pero también en el imaginario familiar. Estos cambios responden a una gran variedad de factores económicos, políticos y sociales, pero también imaginarios.

Para Castoriadis (2023), es precisamente la capacidad imaginativa del ser humano, lo que él llama “imaginación radical”, lo que, por un lado, establece las instituciones imaginarias y, por otro, es capaz de romper con ellas. La imaginación se torna así una potencia “instituyente” que viene a romper con lo establecido, para instituirse de nueva cuenta, a la espera de cambios instituyentes futuros, y así de manera permanente.

El concepto de “imaginación radical” es importante porque establece el vínculo intrínseco que existe entre las formaciones del inconsciente y los imaginarios colectivos. Para decirlo en breve, los imaginarios colectivos se instituyen a partir de las formaciones inconscientes de aquellos que constituyen un grupo y, a su vez, la institución imaginaria tiene impacto en las formaciones inconscientes de quienes viven en dicho grupo. Además, estos imaginarios interactúan con otras áreas de la realidad social y llevarán tanto a posturas conservadoras de una realidad social y de un imaginario del pasado, como a imaginar nuevas formas de relación acordes con los inevitables cambios sociales e históricos.

Ahora bien, el imaginario social que constituye la familia está compuesto de varios elementos. El lugar que ocupa cada miembro del grupo familiar se relaciona, de manera imaginaria, con determinadas expectativas acerca del papel y las actividades que debe desempeñar al interior y al exterior del grupo. De esta manera, el imaginario colectivo acerca de la familia se compone, a su vez, de imaginarios en torno al padre, la madre, los hijos únicos, los hermanos mayores, centrales, menores, los abuelos, etc., cada uno con características específicas que contribuyen a determinar las acciones de estos miembros del grupo en función de su lugar imaginario, o bien, la mirada y el juicio que el resto tiene sobre tal o cual otro miembro.

En la clínica trabajamos muy de cerca con esos imaginarios, que pueden aparecer en las sesiones, en voz de los pacientes, como realidades y expectativas respecto de sus grupos familiares, así como de ansiedades derivadas del lugar que el paciente ocupa en tales grupos. Estos imaginarios también se ponen en juego en los fenómenos transferenciales, pues un paciente que transfiere sobre su analista la figura paterna, lo hace con toda la fuerza afectiva inconsciente, sumada a las características del imaginario paterno, con los significados y expectativas que eso supone.

Por ejemplo, podríamos observar las fantasías de un joven paciente que imagina su futuro. Puede hablarnos de la búsqueda por una mujer sumisa que cuide a los hijos y desempeñe las tareas del hogar. Otro puede hablarnos de las dificultades económicas para su autosostenimiento, que lo llevan a plantearse la posibilidad de una vida en pareja o en un grupo en el que puedan compartirse y repartirse las responsabilidades económicas. Estas fantasías expresan conflictivas inconscientes que nos disponemos a interpretar, según sea el caso, pero, al mismo tiempo, se montan sobre los imaginarios colectivos del pasado o los que están en proceso de instituirse.

Esta nostalgia por un pasado idílico del primer ejemplo, el del joven que busca una “familia tradicional”, se encuentra estrechamente relacionada con la dinámica inconsciente. La familia de la que proviene este hombre no es la familia que añora, sino una familia ideal, aquella donde el padre no abandonó a la madre y donde él gozó del amor de ambos; es, por decirlo como Freud (1909), su novela familiar neurótica.

Por si fuera poco, al atravesar a la sociedad en su totalidad, el analista tampoco está libre de estos imaginarios, por lo que cabría esperar que también se pongan en juego a nivel contratransferencial. Un estudio detallado sobre los imaginarios colectivos supone entonces varias ventajas. Además de contribuir a la conciencia histórica y social, puede ayudar a los psicoterapeutas a tener una comprensión más amplia respecto de sus pacientes, así como contribuir al establecimiento de la actitud de neutralidad y abstinencia necesarias para desempeñar el trabajo analítico.

En el curso corto Formaciones del inconsciente, redes familiares e imaginarios colectivos, que inicia el próximo martes 29 de septiembre de 2026, revisaremos con mayor profundidad algunas de estas ideas. Partiendo de la concepción freudiana, pero sin limitarse a ella, exploraremos las ideas de Melanie Klein, Bion, Meltzer, Lacan, entre otros contemporáneos que han desarrollado conceptos y abordajes clínicos para entender el impacto de la familia, real e imaginaria, en el inconsciente y la clínica psicoanalítica.

Referencias:

Aristegui Noticias. (2021, 8 de mayo). En fecundidad, México pasó de 6.9 hijos por mujer en 1960 a 1.9 en 2020: Académicas UNAM. https://aristeguinoticias.com/editorial/0805/mexico/en-fecundidad-mexico-paso-de-6-9-hijos-por-mujer-en-1960-a-1-9-en-2020-academicas-unam/

Bion, W. (1979). Experiencias en grupos (5.ª ed.). Paidós.

Bizuet Hernández, H. A. (2026). Los tres registros en la teoría de Jacques Lacan. Blog de Eleia. https://www.centroeleia.edu.mx/blog/los-tres-registros-en-la-teoria-de-jacques-lacan-centro-eleia

Castoriadis, C. (2013). La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets.

Castoriadis, C. (2023). Figuras de lo pensable: Encrucijadas del laberinto VI (3.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.

Freud, S. (1909). La novela familiar del neurótico. En Obras completas (Vol. IX, pp. 213–220). Amorrortu.

García Rodríguez, G. (2019). Aproximaciones al concepto de imaginario social. Civilizar: Ciencias Sociales y Humanas, 19(37), 31–42. https://revistas.usergioarboleda.edu.co/index.php/ccsh/article/view/V19n37a08/1190

Lacan, J. (2003). La familia (5.ª ed.). Argonauta.