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If I Had Legs I’d Kick You (Si tuviera piernas, te patearía): una mirada psicoanalítica | Centro Eleia

Escrito por Ana Livier Govea | Jul 31, 2026, 6:44:02 PM

Este artículo propone una mirada psicoanalítica de If I Had Legs I'd Kick You (Si tuviera piernas, te patearía), de Mary Bronstein, para comprender la maternidad como un espacio de fragmentación subjetiva, ambivalencia, angustia y hostilidad. Desde el psicoanálisis, el embarazo implica conflictos inconscientes, memorias infantiles y fantasías profundas; el bebé existe psíquicamente como un objeto cargado de deseos, miedos y proyecciones. Linda ama a su hija, pero aparece agotada, invadida y profundamente hostil. A partir de Maud Mannoni, la niña enferma queda atrapada en el vacío materno y pierde su lugar como sujeto. Con Donald Winnicott, la película muestra que el odio materno forma parte de la maternidad, aunque aquí no logra tramitarse simbólicamente e invade el vínculo madre-hija. 

(Alerta de spoiler)

La maternidad ha ocupado un lugar importante en el cine. Desde representaciones de madres abnegadas, oscuras o complejas, el cine ha mostrado distintas formas de entender el vínculo materno. Asimismo, las representaciones de la maternidad en el cine han ido cambiando conforme a sus épocas. En décadas anteriores, predominaban figuras protectoras y sacrificiales. Sin embargo, con el paso de los años, encontramos narrativas que comenzaron a mostrar maternidades atravesadas por la precariedad, la violencia, el agotamiento y la ambivalencia.

Escrita y dirigida por Mary Bronstein, Si tuviera piernas, te patearía (If I had legs I’d kick you)[1] (2025) se inscribe en esta línea contemporánea que presenta la maternidad no como experiencia idealizada, sino como un espacio de fragmentación subjetiva, ambivalencia, angustia y hostilidad. Con una atmósfera opresiva y confusa, el filme transforma el cuidado materno en una experiencia límite donde el amor y la violencia aparecen profundamente entrelazados. Es decir, probablemente, la película pueda ser comprendida e interpretada desde una mirada mucho más compleja y menos simplista, evitando así reducirla a pensar que el personaje de Linda es “solo” una madre abrumada y sola, quien sobrelleva día con día el cuidado de su hija enferma.

Desde el psicoanálisis, el embarazo no es únicamente un proceso biológico; implica también procesos como la gestación reactiva, los conflictos inconscientes, las memorias infantiles y las fantasías profundas relacionadas con la feminidad, el cuerpo y la propia historia afectiva. El bebé comienza a existir psíquicamente antes de nacer como un “bebé fantaseado”: un objeto cargado de deseos, miedos, proyecciones y expectativas. Por ello, la maternidad nunca es completamente “pura” o instintiva: está atravesada por contradicciones emocionales. Es decir, la maternidad no solo produce ternura o amor, sino que también puede despertar sentimientos de hostilidad, fantasías destructivas, odio y deseos de huida.

Si tuviera piernas, te patearía lleva al extremo esta dimensión ambivalente de la maternidad. Linda ama a su hija, pero simultáneamente aparece agotada, invadida y profundamente hostil. El filme rompe radicalmente con el ideal romántico de la “madre pura”. La hostilidad parece ganar progresivamente sobre la capacidad de cuidado y simbolización.

Linda es una madre que se enfrenta a una hija débil y enfermiza a la cual únicamente se le puede alimentar mediante una sonda. A su vez, es una terapeuta que trata de hacer su trabajo lo mejor que puede. Sin embargo, todo colapsa cuando un agujero irrumpe en el techo (cabeza) de la casa de Linda. Es un vacío, un agujero voraz que lo devora todo, que absorbe una incontinente mente que está por colapsar.

Linda había tenido un aborto previamente y luego un alumbramiento de una niña enferma. Las ideas de Maud Mannoni (1964) permiten profundizar en esta lectura. Mannoni plantea que el niño enfermo puede quedar atrapado en el deseo inconsciente de los padres y perder su lugar como sujeto. En la película, la niña parece existir más como extensión del vacío materno que como individuo autónomo. Resulta significativo que muchas veces ni siquiera veamos claramente su rostro: el cuerpo enfermo reemplaza la subjetividad.

La enfermedad se convierte en el centro absoluto del vínculo. Madre e hija quedan atrapadas en una relación dual y asfixiante en la que no existe un tercero capaz de introducir separación o límite. La película sugiere constantemente que Linda no puede separarse de su hija porque tampoco puede separarse de su propio vacío interno. Lo traumático que no ha podido ser puesto en palabras, aquello que solo se alivia con conductas impulsivas y destructivas, como el consumo de sustancias. Linda, inestable, se fractura frente a la imagen de una hija que la confronta con el narcisismo, los límites y el sufrimiento. Aquí resulta pertinente la idea de Donald Winnicott (1979) sobre el odio materno: la maternidad incluye inevitablemente sentimientos agresivos y destructivos. Sin embargo, en la película pareciera que estos afectos no logran tramitarse simbólicamente y terminan invadiendo el vínculo madre-hija.

Referencias:

Mannoni, M. (1964). La relación fantasmática del niño con su madre. En El niño retardado y su madre (pp. 53–60). Paidós.

Winnicott, D. W. (1979). Escritos de pediatría y psicoanálisis. Paidós.

[1] La protagonista Rose Byrne fue galardonada con el Oso de Plata a mejor actriz protagónica, un Globo de oro y varias nominaciones, incluido el Premio Oscar a la mejor actriz.