El sujeto en redes: entre la mirada del otro y la construcción de sí

Fecha: 10 julio, 2026

Autor: Ittamar Hernández

Se habla de la construcción del yo desde el psicoanálisis. La identidad del yo se crea gracias al medio en el que se desarrolla el sujeto. Este texto aborda la configuración del yo con base en los postulados freudianos sobre la identificación, el "Ideal del Yo" y la importancia de las figuras parentales en la configuración de la subjetividad. Asimismo, se analiza cómo, ante la falta de modelos sólidos, las redes sociales, los influencers y la modernidad líquida ofrecen múltiples ideales que pueden generar confusión e intensificar la búsqueda de identidad.

¿Cómo se construye un ser humano? ¿Cómo llega este a saberse él mismo? ¿Cómo llega a construirse un “yo”? Hoy en día, el psicoanálisis tiene diversas maneras de plantear estas preguntas, diversas maneras de responder y, en ocasiones, respuestas de lo más diversas. Con todo, podemos afirmar que el sujeto no se construye de forma aislada, sino que requiere siempre de su relación con el medio. En primer lugar, la madre y el padre, o quien ejerce estas funciones.

En 1921, Freud dio cuenta de esta dualidad individuo-sociedad en su Psicología de las masas y análisis del yo. Explicó entonces que la investidura de objeto, esto es, el querer tener, no es la única forma de relación de un sujeto con otro, sino que existe otra forma más originaria: la identificación, el querer ser. El ser humano en desarrollo, entonces, se identifica con sus figuras parentales y busca ser como ellos. En esta acción de íntima ligadura con el otro, se va formando a sí mismo y va siendo formado por los padres.

Al mismo tiempo, en parte como resultado de este proceso identificatorio, una estructura se va configurando dentro de la mente del pequeño. Freud la llamó, desde 1914, Ideal del Yo. Este ideal es comprendido en la Introducción del narcisismo como un remanente del narcisismo primario, es decir, de ese primer momento de configuración del yo, donde el sujeto, por un lado, toma a los padres por modelo para configurarse a sí mismo, y, por otro, es mimado y elogiado por los padres (que, a su vez, se ven a sí mismos en la criatura).

Cabe imaginar todo lo anterior en condiciones favorables, donde hubo figuras parentales que cumplieron adecuadamente sus funciones. Siendo así, el sujeto estará potencialmente facultado para enfrentar más adelante el mundo y, una vez atravesado el complejo de Edipo, encontrar nuevas figuras de identificación en las que poder encontrar y sostener su identidad personal propia. Así, un adolescente puede identificarse con algún artista que propague un mensaje que resuena consigo mismo, sus valores e ideales: un sustituto del padre que lo ayude a distanciarse de la conflictiva edípica.

Sin embargo, el lector ya habrá imaginado y recordado toda una serie de situaciones en las que estas condiciones no se cumplen a cabalidad. También habrá pensado en la cantidad y diversidad de artistas y figuras públicas que difunden mensajes disímiles en los distintos medios de comunicación. ¿Qué puede pasar en estos casos? La cantidad de factores y variables es tan amplia que no se puede dar una respuesta general aplicable a todos los casos. Con todo, me permito señalar algunas consideraciones tomando en cuenta el estado actual de las cosas, así como las reflexiones filosóficas y sociológicas recientes.

En su ya clásico Modernidad líquida, Zygmunt Bauman (2003) establece una oposición entre un viejo capitalismo “pesado” frente a uno nuevo, más “liviano”. El primero tiene el acento puesto sobre la ética de la producción y del trabajo (la “ética protestante” descrita por Max Weber). El segundo se caracteriza por mostrarse como un mar de posibilidades en las que el sujeto es invitado a tratar de probarlas todas bajo la filosofía de que “solo se vive una vez”. Mientras que bajo el capitalismo “pesado” existía una gran autoridad dispuesta al dictado de la existencia, operando bajo la lógica del panóptico foucaultiano, este nuevo capitalismo liviano permite la coexistencia de numerosas autoridades. Estas autoridades, entonces, sostienen su poder en la elección del consumidor: “Una autoridad en potencia se convierte en autoridad por cortesía de quien la elige” (Bauman, 2003, p. 70). Esto lleva a que, en nuestro mundo contemporáneo, “las autoridades ya no mandan, sino que intentan congraciarse con los electores por medio de la tentación y la seducción” (p. 70).

Cuando el sujeto, el pequeño en formación, carece de unas figuras paternas que lo configuren, que se establezcan como modelos, podría tener dificultades en la configuración de su identidad. A raíz de este tema, surgen preguntas como: ¿Quién soy? ¿Quién puedo ser? ¿Cómo quien me gustaría ser? En este sentido, a falta del modelo paterno, tendrán que responderse mediante los modelos sociales. Dentro del capitalismo “pesado”, el sujeto tendría una opción sólida y unívoca en la autoridad estatal que le permitiría un rol más o menos normativo para su configuración, pero en el capitalismo “liviano” la diversidad de opciones le puede dejar en una situación de intensa confusión.

El texto de Bauman (2003) fue publicado por primera vez en el año 2000, cuando el acceso a internet era todavía incipiente. Más de veinte años después, las cosas han cambiado bastante. Hoy vamos conectados a internet en todo momento: es un espacio virtual colmado de life-hacks, pequeños trucos que supuestamente facilitan la vida y ahorran tiempo, pequeñas “claves del éxito”, así como historias de vida de gente “común”, que son los innumerables influencers: “Buscar ejemplos, consejo y guía es una adicción: cuanto más se hace, tanto más se necesita y tanto más desdichada se siente la persona privada de la droga indispensable. Como medio de hallar satisfacción, todas las adicciones son autodestructivas: destruyen la posibilidad de estar satisfecho alguna vez” (p. 78).

Desde esta perspectiva, la búsqueda de la identidad puede pasar de ser un proceso progresivo y que consolide la subjetividad a una actividad compulsiva y adictiva: una carrera por una satisfacción total e inmediata que, paradójicamente, nunca llega, pues la cantidad de guías y la velocidad con que transitan por las pantallas no permiten la profundización en determinado modo de ser. El sujeto en las redes pierde misteriosamente su tiempo: “No supe cómo, pero pasaron más de tres horas desde que agarré anoche el teléfono”. Esta ha sido la experiencia de varios pacientes. Es también la paradoja de la conectividad, donde el sujeto puede engañarse creyendo que se pone en contacto con el mundo, cuando, en la realidad, ha quedado completamente aislado. “La vida en la pantalla empequeñece y quita encanto a la vida vivida: es esta última la que parece irreal, y seguirá pareciendo irreal en tanto no sea recuperada en imágenes filmables” (p. 91).

En las redes, además, al sujeto se le vende la posibilidad de construir una identidad única, una supuesta libertad para ser diferente del resto. No obstante, si es esto lo que se les vende a todos los sujetos en la red, y es esta supuesta libertad lo que todo mundo puede adquirir solo comprándolo, ¿cuál es la identidad propia de este sujeto? En las redes queda expuesto a todo tipo de ideales y, sin la profundización necesaria para conocer las posturas ideológicas y afectivas que allí se le venden, puede terminar atado a diversas lógicas que le perjudican. La experiencia psicoanalítica opera en contra de esa lógica: apuesta por la profundización y la crítica, la exploración acerca del origen y el sentido de estas posturas, así como el arduo trabajo que implica construir la propia identidad.

Referencias:

Bauman, Z. (2003) Modernidad Líquida. Fondo de Cultura Económica.

Freud, S. (1914). Introducción del narcisismo. En Obras Completas (Vol. 14, 2ed). Amorrortu, 1986.

_______ (1921). Psicología de las masas y análisis del Yo. En Obras Completas (Vol. 18, 2 ed). Amorrortu, 1986.