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El secreto en la familia, entre lo que se dice y lo que se calla

Escrito por Kathia Cavazos Linares | Nov 4, 2026, 9:24:49 PM

 

“El que tenga ojos para ver y oídos para oír se convencerá de que los mortales no pueden guardar ningún secreto. Aquel cuyos labios callan, se delata con las puntas de los dedos; el secreto quiere salírsele por todos los poros”.

Freud, S. (1905/1991)

La exposición de las siguientes ideas tiene como objetivo reflexionar respecto a la influencia e impacto de los secretos familiares en el psiquismo. Es, precisamente, en el puente entre aquello que se dice y lo que se calla, donde podríamos pensar que el síntoma aparece. Y, ¿por qué surge?

Inicialmente, resultará pertinente puntualizar algunas nociones respecto al síntoma. De acuerdo con la acepción freudiana establecida en 1895 en Estudios sobre la histeria, el síntoma funcionará como una formación sustitutiva en la que se reprime el material inconsciente que se considera inaccesible para la conciencia. Según Martínez (2017), este acuerdo sucederá de la siguiente manera: “No permitiré que eso o aquello emerja, pero a cambio dejarás que pase tal cosa”(p. 4).

Más adelante, Lacan, en el Seminario 22 (1917), plantea que el síntoma será la forma en la que el sujeto goza y vive su vida a partir de una determinación inconsciente que le antecede. Es decir, cada sujeto posee un síntoma particular con el que le hace frente al mundo. Más allá de que con este se pida una solución, el síntoma será lo que permita vivir al sujeto, pues le previene del horror o la angustia (Martínez, 2017).

Conviene agregar, además, a qué nos referimos con secreto y, para ello, la definición ofrecida por Alarcón de Soler (2007) resulta esclarecedora. Dice: “El secreto es un funcionamiento vincular: conducta manifiesta que consiste en un ocultamiento consciente de algo a otro miembro de un vínculo aduciendo razones conscientes que son utilizadas como defensa” (p. 135). Su función se relaciona con la evitación de la herida narcisista que su revelación podría causar: castigo, retaliación, vergüenza propia o ajena, que movilizan algunos mecanismos defensivos.

Ahora bien, ¿de qué forma enlazan la secrecía en el primer grupo de pertenencia e identificación (la familia) y el síntoma? Anny Cordié brinda una interesante respuesta en Los retrasados no existen, el psicoanálisis de niños con fracaso escolar (2003), al describir la historia de Floriane, de 8 años de edad, quien acude a consulta por “no saber hacer nada” en el colegio. Pareciera que el cuadro sintomático de la pequeña se debía al desconocimiento sobre su adopción. Como la verdad sobre su origen se le prohíbe, se ejecuta un comando en su interior, que es el de no saber nada. Dice Cordié (2003), “el no saber se extiende a su totalidad” (p.80), incluyendo así el espacio académico.

En su recuperación de dicho texto, Martínez (2017) plantea que el niño será el medio a través del cual se deja ver algo no dicho de los padres, incluso, a veces hasta de asuntos que implican a más de un solo miembro familiar. En ese sentido, podríamos pensar que el síntoma encubre la verdad familiar que se calla, aquello que se convierte en secreto y cuya develación sobrevendría en el horror angustioso de los actores implicados.

Dolto (1948) ofrece una interesante perspectiva ante estos asuntos. Plantea que los niños son capaces de soportar las verdades y que el trabajo analítico consistirá en lograr que los padres tengan la confianza en la fuerza que su hijo tiene para poder soportar esa verdad (p.17). Esta visión aborda la posibilidad de un trabajo colaborativo, en el que el grupo padres-hijo participa acompañado por el analista.

En el trabajo con pacientes adultos, la función analítica permitirá crear un escenario que facilite el análisis de las motivaciones inconscientes que llevaron a la estructuración y el sostenimiento del secreto, su función defensiva y sus manifestaciones en la dinámica vincular, así como las ansiedades que suscitarían develarlo o mantenerlo, y las consecuencias de su posible revelación. Aunado a esto, el contar o callar un secreto requerirá de un timing y contexto apropiados. Para Alarcón de Soler (2007), indagar acerca de estos aspectos permitirá pensar no acerca de cómo, qué o cuándo decir, sino qué es lo que se ha constituido en lo no decible, lo no contable y lo no pensable (p. 142). Será en ese espacio simbólico en el que la transmisión muda de lo generacional encuentre articulación y un sentido que permita asignar luz en el misterio del síntoma.

Referencias:

Alarcón de Soler, M. (2007). Secretos familiares y sus marcas en la subjetividad. Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, 29(1).

Cordié, A. (2003). Los retrasados no existen: Psicoanálisis de niños con fracasos escolares. Nueva Visión.

Dolto, F. (1984). Seminario de psicoanálisis de niños (Vol. 1). Siglo XXI.

Freud, S. (1991). Fragmento de análisis de un caso de histeria. En Obras completas (Vol. VII). Amorrortu. (Obra original publicada en 1905)

Freud, S. (1991). Estudios sobre la histeria. En Obras completas (Vol. II). Amorrortu. (Obra original publicada en 1895)

Lacan, J. (1974–1975). El seminario, libro 22: R.S.I. (Publicación no oficial).

Martínez, A. (2017). El niño como síntoma. Espacio Analítico Mexicano. https://decsir.com.mx/wp-content/uploads/2017/12/El-ni%C3%B1o-s%C3%ADntoma.pdf