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De lo despedazado a lo mezclado: escisión y reparación en Melanie Klein

Escrito por Sara Fasja | Aug 26, 2026, 7:44:08 PM

Melanie Klein abrió una nueva clínica al comprender el juego de los niños como una forma privilegiada de simbolizar y comunicar sus experiencias emocionales. Aquello que un niño todavía no puede poner en palabras puede aparecer en la manera en que juega, construye, destruye, repara o transforma sus objetos. Esto puede observarse con claridad en la siguiente secuencia del juego de un niño en terapia. El niño llega a sesión después de haber pasado una noche especialmente difícil. Su mamá me había escrito para contarme que no podía dormir porque sentía angustia y dolores en el cuerpo, pero cuando yo intento preguntarle a él, no quiere hablar:

T: Me contó tu mamá por mensaje que ayer tuviste una noche loquísima.
P: Sí.
T: A ver, cuéntame.
P: No.
T: ¿No me lo cuentas?
P: No.

Sin embargo, aquello que no puede contar comienza poco a poco a aparecer en el juego. El niño abre su caja y explora materiales que hasta ese momento parecían haber pasado inadvertidos. Los toca, los huele y pregunta qué son. Como si quisiera verificar si algo es bueno o peligroso. En un momento le pregunto: “¿Será que sientes que adentro puede haber cosas muy peligrosas?”. Él no responde directamente; pero propone hacer un muñeco al que luego le va cortando diferentes partes hasta que queda despedazado. En el juego, el muñeco pierde las piernas, el cuerpo, la cabeza y finalmente hasta el corazón.

Klein plantea que, en los primeros momentos de la vida psíquica, el yo necesita escindir (dividir y alejar) aquello que experimenta como bueno de aquello vivido como malo y persecutorio. La escisión constituye un recurso fundamental en la relación temprana con uno mismo y con los otros. El niño necesita buscar lo que lo calma y alejarse de lo que le angustía. Sin embargo, será necesario que progresivamente lo bueno y lo malo puedan integrarse y sentir que tanto él como sus queridos tienen aspectos buenos pero también malos, sinque esto lo angustie en demasía. Cuando la escisión permanece demasiado rígida, aquello vivido como malo puede adquirir una cualidad muy persecutoria, ya sea localizado afuera o sentido como una amenaza que proviene del propio cuerpo como en el caso de este niño. En Notas sobre algunos mecanismos esquizoides (1946), Klein describe cómo, frente a angustias persecutorias intensas, el propio yo puede sentirse amenazado por la fragmentación. El juego permite representar esta experiencia emocional que es dificil poner en palabras. Cuando algo malo aparece, existe el temor de que todo pueda destruirse. Su juego tiene relación con la angustia vivida por él la noche anterior, cuando sentía que algo terrible podía sucederle dentro.

Durante esa sesión comienza a aparecer otra cosa. Se interesa por combinar dos materiales muy diferentes: el barro, que puede endurecerse, y la plastilina, que permanece blanda. Primero coloca plastilina suave en el interior y la recubre con barro. La imagen recuerda a una coraza: algo frágil que necesita quedar protegido por una superficie dura. La vulnerabilidad parece difícil de tolerar; ser suave puede sentirse demasiado cercano a romperse. Después hacemos el experimento inverso: barro duro por dentro y plastilina suave por fuera. ¿Puede lo suave envolver lo duro sin destruirse? ¿Es posible conservar la fortaleza sin necesitar permanecer endurecido todo el tiempo? Finalmente mezcla ambos materiales. Este momento me parece central. Ya no se trata de mantener una parte completamente adentro y otra completamente afuera, sino de experimentar qué sucede cuando ambas coexisten. Le digo:

T: Está mezclado, creo que lo mezclado está mejor que lo que está todo adentro o todo afuera. ¿Y si pudieras usar tu fuerza y dureza cuando la necesites, y usar tu fragilidad y suavidad cuando la necesites?.

Aquí podemos pensar en el movimiento que Klein describe entre la posición esquizoparanoide y la posición depresiva. La integración no implica que desaparezca lo malo ni que solo triunfe lo bueno. Supone comenzar a tolerar que amor y odio, agresión y ternura, fortaleza y vulnerabilidad puedan pertenecer a una misma persona. La posibilidad de mezclar los materiales introduce así cierta esperanza: que los sentimientos y las angustias puedan coexistir dentro de este niño sin que lo malo tenga necesariamente que destruirlo desde adentro ni que la vulnerabilidad implique quedar indefenso.

En un tercer momento, el niño quiere volver a pegar la cabeza de uno de los muñecos que había roto. En ese momento aparece también la posibilidad de reparar. Desde la perspectiva kleiniana, reparación e integración están profundamente relacionadas. Solo cuando el objeto deja de estar dividido entre uno completamente bueno y otro completamente malo comienza a ser posible preocuparse por aquello que ha sido dañado e intentar repararlo. Reparar no significa borrar mágicamente la agresión, sino comenzar a confiar en que aquello que amamos puede sobrevivir a nuestro odio y que nuestra propia destructividad no tiene necesariamente consecuencias catastróficas.

Las posiciones kleinianas no son etapas que se superan definitivamente; oscilamos entre ellas a lo largo de toda la vida. Pero en esta sesión ocurren movimientos pequeños pero significativos: entre el muñeco despedazado y los materiales finalmente mezclados aparece la posibilidad de imaginar que lo bueno y lo malo pueden habitar un mismo espacio sin destruirse. Quizá crecer psíquicamente tenga algo que ver con eso: no solo con calmar las ansiedades o con conseguir que dentro de nosotros quede solamente lo bueno, sino con descubrir que podemos alojar lo bueno, lo malo y lo regular y, aun así, seguir durmiendo, viviendo y tolerando que somos seres complejos.

 

 

Bibliografía

Klein, M. (1935). Contribución a la psicogénesis de los estados maníaco-depresivos. En Amor, culpa y reparación y otros trabajos (1921-1945). Paidós.

Klein, M. (1940). El duelo y su relación con los estados maníaco-depresivos. En Amor, culpa y reparación y otros trabajos (1921-1945). Paidós.

Klein, M. (1946). Notas sobre algunos mecanismos esquizoides. En Envidia y gratitud y otros trabajos (1946-1963). Paidós.

Klein, M. (1955). La técnica psicoanalítica del juego: su historia y significado. En Envidia y gratitud y otros trabajos (1946-1963). Paidós.