Tesis: Creatividad y psicoanálisis

En 2018, Andrea Amezcua Espinosa e Ivette Fernández Mariles obtuvieron el grado de Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica en Centro Eleia con la tesis Desarrollo hacia la creatividad, una revisión de la sanidad y la patología. Aquí presentamos algunas de las ideas de su investigación.

 

La creatividad, el psicoanálisis y el vivir

Por Andrea Amezcua Espinosa e Ivette Fernández Mariles

 

Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él.

Jean-Paul Sartre

 

Uno de los temas recurrentes en la práctica psicoanalítica es la creatividad, entendida no sólo como una herramienta para la exploración artística, sino como la condición de posibilidad para una vida plena. La vida que como industriosos artesanos vamos tejiendo con las redes de nuestra identidad se ve permeada, en salud y enfermedad, por nuestras decisiones y la capacidad adquirida para sobrellevar los embates de la realidad. En otras palabras, qué tanto podemos crear una existencia única y personal, con responsabilidad psíquica habla de la cualidad de nuestro mundo interno. Éste es un tópico fascinante que abre las puertas a la contemplación del interjuego entre natura y cultura, razón por la cual se mantiene dentro de los temas contemporáneos del psicoanálisis. En este escrito se intentará trazar un plano entre la creatividad y la sanidad o la patología.

La aplicación de este postulado sobre la creatividad se refleja en el trabajo clínico y teórico del psicoanálisis. Por un lado, se encuentra la pregunta frente a la cual sólo puede haber una integración, nos referimos a si hay un predominio de lo innato frente al ambiente o a la inversa. Es decir, ¿una persona nace o se hace? La solución encontrada está en saber que la distinción de ambos elementos es únicamente teórica, puesto que en la realidad la línea es tan sutil que resulta imposible distinguir tajantemente. Por lo tanto, un sujeto será resultado de su constitución innata y del ambiente que le vio crecer, con ello se forma una configuración única que devendrá en una identidad.

Asimismo, esa identidad que puede o no tener trazos de autenticidad creativa es correlato de un mundo interno, el cual puede ser más o menos persecutorio, hostil o, por el contrario, lleno de objetos buenos y de gratitud. Con base en la configuración personal, se podrá llegar a interpretaciones distintas del mundo real y externo. Por ejemplo, en la vida cotidiana podemos ver personas que están inundadas de enojo y atribuyen la hostilidad interna al azar externo, culpando a los demás de sus fracasos y frustraciones. Es común oír entre estas personas: “Si tan sólo mi madre fuera diferente, si mi pareja fuera más amorosa, si mi jefe no fuera tan gruñón, yo sería feliz”, entre otras cosas. Con ello no queremos demeritar la realidad externa, pero sí dar a entender que la interpretación que hacemos de ella estará impregnada del matiz con que la miremos. Aún más, estará definida por nuestra forma creativa o no de aproximarnos a ella, la manera en que podemos entender y pensar más allá de desengancharse de los sentimientos propios, es decir, hacerse cargo de nuestra mente.

La creatividad, entendida como todo aquello que realiza nuestro sentido de ser, es necesaria para la sana adaptación del individuo a su entorno. Por eso la capacidad de asombro, de transformación, de gratitud y, en general, de todo aquello que enriquece la vida humana se relaciona directamente con esta creatividad. Por lo tanto, siguiendo el argumento, esta capacidad no sólo se refleja en la alta cultura, como la filosofía, el arte, entre otros, sino que infunde vida y cohesión a aquel que la ejerce. Algo tan sencillo como el mecer de un bebé por una madre amorosa o una pasión auténtica por la verdad y el conocimiento son ejemplos posibles para la realización de la creatividad.

Bion utilizó el concepto de K (Knowledge) y lo pareó con dos posibilidades: una positiva, que es el amor por conocer verdaderamente y transformarse por lo aprendido, y otra negativa, que se desarrolla como una falsa búsqueda de la verdad. Por ejemplo, es común ver en los adolescentes actitudes extremas que están en correlato con el tumulto de sus cambios; entre esos posibles comportamientos se puede describir el de un adolescente que busca competir y humillar a otros con su conocimiento. En otras palabras, el conocimiento no está al servicio de la verdad y sinceridad, sino del deseo de superar a los compañeros y a la autoridad en un posible escape de la sensación de angustia frente a un mundo que no controla.

Como se puede seguir de lo que hasta aquí se ha dicho, la sanidad y la posibilidad de crecimiento psíquico implica mucho de humildad, gratitud y tolerancia a la frustración. Mientras que su opuesto se basa en la mentira, usurpación, proyección desmedida y más. Aceptar que en todos existen ambas corrientes, que, en realidad, siempre estaremos en búsqueda de algo, que la vida no es predecible y que hay siempre algo por aprender es ya un paso más hacia la salud.

Finalmente, la pregunta que todo sujeto se puede hacer es: ¿cómo transformarse a sí mismo?, ¿cómo encaminarse a una vida más plena y con significado? Primero, es necesario decir que no hay recetas ni soluciones mágicas, proponer algo así sería querer salvarnos de la pena y el dolor que implica la incertidumbre del no saber. Una posible alternativa se encuentra en el análisis, no obstante, todo aquello que despierta un grado de conciencia mayor en el sujeto es ya de hecho terapéutico. Encontrar creativamente soluciones en el presente es una responsabilidad personal. Realmente, el hombre teje y desteje su existencia como un artesano, es deber y placer personal hacer algo con la vida que se nos ha dado.