Sobre la conversación más interesante del mundo entre dos personas

Gabriel Espíndola

Hemos tenido dos días de reflexión e intercambio de perspectivas bajo un clima cordial, de diálogo y de tolerancia a las diferencias. Eleia es un lugar que ofrece estas condiciones por la calidad de su gente, el esfuerzo de Celia y Norberto Bleichmar durante tantos años, así como la disposición al aprendizaje y al desarrollo de ideas propias por parte de quienes aquí se han formado; tales cualidades sustentan nuestro método de trabajo. Es un orgullo ser parte de un grupo que difiere pero no se rompe, que favorece el desarrollo de sus miembros y que reconoce con humildad el trabajo de otros para lo que hoy compartimos en conjunto. Gracias a Celia y a Norberto por conformarlo, dirigirlo y seguir trabajando con la modestia y disposición que los caracteriza; gracias a todos los que hoy son parte de Eleia y lo enriquecen.

Así como este es un espacio heterogéneo, abierto para pensar y repensar las diversas problemáticas de la mente humana, el psicoanálisis contemporáneo no es un psicoanálisis, sino un conjunto de teorías, de clínicas que se disponen a la discusión de un objeto de estudio que siempre nos rebasa: la mente humana. Esta realidad puede experimentarse como limitante, o bien, como parte del modelo que hoy privilegia la incertidumbre y la complejidad en el conocimiento de cualquier objeto. El psicoanálisis contemporáneo describe, se aproxima y descubre; no tiene expectativas de explicación absoluta.

En este sentido, el método ha tomado paulatinamente distancia de sus afanes científicos, particularmente de ciencia natural o médica. Nos alejamos del modelo positivista de salud-enfermedad y de la idea de cura para acercarnos al modelo artístico, la discriminación emocional y el enriquecimiento de la vida mental de los seres humanos. Meltzer lo dice de mejor manera: “[…] Freud descubrió y desarrolló, un método que permite que dos personas tengan la conversación más interesante del mundo, hora tras hora, durante años […] celebramos la belleza del método por el cual la mente –como un fenómeno hecho posible por la computadora gigante del cerebro– actúa en las experiencias emocionales de nuestras vidas para darles una representación, a través de la formación de símbolos, que posibiliten reflexionar sobre dichas experiencias” (Meltzer, 1990: 2). 

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