¿Se rehabilitan las personas adictas a las drogas?

Miguel Eduardo Torres Contreras

La duda sobre la rehabilitación de las personas que padecen una adicción o dependencia de las drogas es un tema frecuente. Muchas personas desean conocer si de verdad se curan los adictos o si se trata de tiempo, dinero y esfuerzo perdidos para una situación tan compleja con sujetos que a menudo presentan recaídas.

Esta cuestión genera, a su vez, otras interrogantes: ¿qué modelos existen para tratar una adicción?, ¿hay algún modelo idóneo o completamente eficaz?, ¿cuánto tiempo requiere un tratamiento?, ¿qué conviene hacer con personas que consumen y no desean recibir ayuda?, ¿cómo entender las recaídas en individuos que han pasado por uno o varios tratamientos?

Para aproximarnos a las respuestas, no es irrelevante la forma como nos planteamos estas preguntas y los conceptos teóricos que empleemos para acometer esta tarea. Detrás de ellos se encuentra el contexto a partir del cual se entiende la adicción y, por tanto, el tratamiento que se propone, así como los alcances de este. No es lo mismo considerar el escenario como una enfermedad incurable, un trastorno multifactorial con posibilidades de cura o un vicio.

Si se afirma que la drogadicción es una enfermedad, esto supone una visión médica de dicho padecimiento. Al parecer, esa es la perspectiva de quienes siguen el modelo de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos. Para ellos, el alcoholismo es una enfermedad crónica, recidivante, progresiva y, si no se trata, mortal: “Una enfermedad de esta clase –y hemos llegado al convencimiento de que es una enfermedad– afecta a los que nos rodean como no lo hace ningún otro padecimiento humano” (1986, p. 16) La diabetes, la hipertensión, el lupus, son enfermedades crónicas, si no se tratan son incapacitantes y, en muchos casos, mortales. Por tanto, desde esta postura, el alcoholismo es incurable. Esto explicaría por qué los miembros de AA cuando se presentan en la reunión de su grupo dicen: “Hola, soy Fulano y soy alcohólico”.

Sin embargo, el modelo de los 12 pasos sostiene que, en el fondo, la raíz última de la adicción es de origen “espiritual” y que esta es la vía para lograr su cura. En efecto, el paso 12, con referencia a los 11 pasos previos, dice con toda claridad: “Habiendo tenido un despertar espiritual como resultado de estos pasos, tratamos de llevar este mensaje a otros alcohólicos y de practicar estos principios en todos nuestros asuntos” (p. 55). La transición de lo médico a lo espiritual no queda del todo explicada; no obstante, esto no quiere decir que los grupos AA no hayan ayudado a muchas personas a detener su franca autodestrucción.

El modelo de Comunidad Terapéutica, por su parte, sostiene que la adicción “es un trastorno de la persona en su totalidad” (De Leon, 2004, p. 65), lo cual pone a la vida en crisis, generando la incapacidad para mantener la abstinencia, una disfunción social e interpersonal y un estilo de vida antisocial. Desde esta visión, la disfunción múltiple define el trastorno; así, el problema no es la droga sino los diversos aspectos de la persona que se hallan involucrados, dado que es un trastorno sin causa única –más bien, multifactorial–. Sin embargo, los factores psíquicos y sociales se consideran las fuentes primarias, junto con la propia contribución (responsabilidad) del individuo. Entonces, en lugar de ver al adicto como un enfermo, se le identifica como un sujeto responsable, tanto de su adicción como de su tratamiento, y habrá de trabajar en los distintos niveles que compromete su trastorno: cognitivo, emocional, laboral, legal, educativo, relacional, etc.

El modelo Minnesota, fundado también en Estados Unidos, buscó ir más allá del manejo del síndrome de abstinencia y la desintoxicación que llevaban a cabo los hospitales con personas alcohólicas. Este modelo retoma los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos y agrega diversas aportaciones que los profesionales de la salud han investigado sobre este padecimiento. Considera la adicción como enfermedad primaria, crónica e incurable, pero tratable a través de la abstinencia total. Propone iniciar con un abordaje intensivo (internamiento por un lapso breve) para después continuar con el tratamiento de forma ambulatoria mediante un programa de cuidado continuo, que incluye una red de apoyo. Ambas fases atienden las consecuencias físicas, psíquicas y sociales de esta enfermedad primaria, con ayuda de un equipo multidisciplinario.

Los 12 pasos, el Minnesota y el de Comunidad Terapéutica son los modelos más usados (en ese orden) dentro de nuestro país para atender personas con una dependencia de sustancias psicoactivas. Conviene precisar que el modelo de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos originalmente consistía en acudir todos los días a las sesiones de hora y media, sin implicar un período de internamiento. Pero, debido a las dificultades para detener el consumo de alcohol, se creó en México un “Anexo”, un espacio junto al salón donde sesionan los grupos de AA. De ahí les viene el famoso nombre de “Anexo. 24 horas” a aquellas asociaciones que cuentan con internado y emplean el modelo de los 12 pasos.

El psicoanálisis –desde Freud hasta los analistas contemporáneos que han escrito y atendido personas con este padecimiento– comprende el origen de la adicción a partir de los factores intrapsíquicos inconscientes, sin por ello negar otros elementos presentes y que también es necesario abordar. Karl Abraham, discípulo y colega de Freud, y otros psicoanalistas relevantes en su época intentaron explicar la adicción y atendieron a pacientes adictos. Más adelante, este interés decayó. Recientemente, pocos analistas han intentado teorizar y atender clínicamente a personas con este trastorno. La posibilidad de vincular el psicoanálisis con otras disciplinas para el tratamiento de las adicciones es un asunto pendiente y que sólo se debate en círculos restringidos.

En los últimos 40 años se han creado diversos centros de investigación sobre la adicción a las drogas. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés) es uno de ellos; cuenta con prestigio mundial debido a su visión multidisciplinaria y rigurosidad científica. Este instituto ha propuesto una serie de principios, trece para ser exactos, que debe incluir todo tratamiento, independientemente del modelo de abordaje. En otras palabras, todo programa de atención ha de incluir estos principios en su tratamiento, que son el resultado de la investigación reciente y del análisis tanto de las experiencias fallidas como de las exitosas en el trabajo con estos pacientes. A continuación, menciono tres de estas premisas:

  • No existe un solo tratamiento que sea apropiado para todas las personas. Es de suma importancia lograr una combinación adecuada del tipo de ambiente, las intervenciones y los servicios de tratamiento con los problemas y las necesidades particulares de cada paciente, para que dicha persona logre el éxito final regresando a funcionar productivamente en la familia, el trabajo y la sociedad” (NIDA, 2010, p. 2).
  • Muchas personas con problemas de drogadicción también tienen otros trastornos mentales. Como el abuso de drogas y la adicción son ambos trastornos mentales, a menudo se presentan concurrentemente con otras enfermedades mentales. Aquellos pacientes que presentan uno de estos trastornos deben ser evaluados para identificar si tienen algún otro tipo de trastorno mental. Cuando estos problemas se presentan simultáneamente, el tratamiento debe estar dirigido a los dos (o más) problemas, y debe incluir el uso de medicamentos si fuera necesario” (p. 5).
  • La desintoxicación médica es solo la primera etapa del tratamiento para la adicción y por sí misma hace poco para cambiar el abuso de drogas a largo plazo. Aunque a través de la desintoxicación médica se pueden manejar de forma segura los síntomas físicos agudos de la abstinencia y, en ciertos casos, allanar el camino para un tratamiento de la drogadicción eficaz a largo plazo, la desintoxicación por sí sola rara vez es suficiente para ayudar a los adictos a lograr una abstinencia duradera. Por esta razón, se debe exhortar a los pacientes para que continúen el tratamiento para la drogadicción después de la desintoxicación. Si la motivación y las estrategias de incentivos iniciadas cuando el paciente ingresó en el tratamiento se mejoran, es posible también mejorar el cumplimiento con el tratamiento” (p. 5).

En el Diplomado Trastornos de la alimentación y adicciones abordaremos temas como la exploración y el análisis de los modelos de tratamiento más usados en México, el aporte que puede brindar el psicoanálisis en este tipo de padecimiento, los principios sugeridos por NIDA, entre otros. Te invitamos a participar en esta experiencia de aprendizaje, tan necesaria en el contexto actual de nuestro país.

Referencias 

  • De Leon, G. (2004). La comunidad terapéutica y las adicciones. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Alcoholics Anonymous. (1986). Alcohólicos anónimos. El relato de cómo muchos miles de hombres y mujeres se han recuperado del alcoholismo. México: Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, A. C.
  • Secretaría de Salud. (2009). Norma Oficial Mexicana NOM-028-SSA2-2009 para la prevención, tratamiento y control de las adicciones. Obtenida el 3 de noviembre de 2017 de http://www.cenadic.salud.gob.mx/PDFS/publicaciones/nom028.pdf
  • Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas. (2010). Principios de tratamiento para la drogadicción. Una guía basada en las investigaciones. Obtenido el 4 de noviembre de 2017 de http://www.drugabuse.gov/es/publicaciones/principios-de-tratamientos-para-la-drogadiccion
  • Kort, E. (1998). Modelo de tratamiento para la dependencia de alcohol y drogas. Revista de Trabajo Social, 22:52-57. Universidad Nacional Autónoma de México: México.
  • García, B. (2011). El modelo Minnesota. Un método de tratamiento para las adicciones. Obtenida el 31 de diciembre de 2017 de http://www.actiweb.es/funproluz/archivo1.pdf