Reflexiones sobre el maltrato psicológico en el entorno familiar

Por Alba Pérez-Ruiz

¿Alguna vez se han preguntado si en cierto momento de su vida estuvieron involucrados en un acto de maltrato psicológico y qué efectos pudo tener en ustedes?

Una de las formas como se expresa la agresividad en el ámbito familiar es el maltrato psicológico. Este tipo de agresión ‒muy común en la vida cotidiana‒ involucra acciones y palabras (en distintos contextos, intensidades y modos) que tienen consecuencias negativas en la salud física y mental de quien la recibe. Varios especialistas señalan que el maltrato psicológico es un fenómeno humano asociado con el sufrimiento y la patología y que la familia es el contexto donde fundamentalmente encuentra su origen y manifestación. Causa un gran impacto que sea en este espacio donde surge un tipo de agresión tan frecuente (y que en ocasiones conlleva un alto nivel de violencia) porque justamente es allí donde se supondría que nos sentimos a salvo de cualquier peligro. Irónicamente, la hostilidad suele producirse entre las personas con quienes tenemos un vínculo importante. Esto sucede no solo con aquellos con los que no nos entendemos, sino con gente que apreciamos realmente, ya sea entre padres e hijos, hermanos, abuelos y nietos, en la pareja u otras relaciones de parentesco.

El maltrato psicológico puede causar graves daños emocionales. Sin embargo, no se le concede la atención que merece pues, al hablar de maltrato, el enfoque tiende a dirigirse a la violencia física. Es necesario considerar que en todas las formas de agresión (física, económica o sexual) el maltrato psicológico siempre se encuentra implícito. Por esta razón es difícil describirlo de forma precisa y, sobre todo, delimitarlo. Dicha dificultad incrementa cuando ocurre de manera velada, silenciosa o indirecta, como evitaciones, manipulación, control, actitudes de desprecio, indiferencia, exclusión, coerción, presión extrema, ofensas, burlas, devaluaciones, humillaciones, insultos, gritos, chantaje, calumnias, amenazas, intimidación y más.

Disciplinas como la sociología, la psicología social, la antropología y el psicoanálisis reúnen las evidencias empíricas e indican que existe una alta incidencia de maltrato psicológico en el contexto intrafamiliar. Todas ellas ofrecen diferentes modelos de explicación causal a partir de sus líneas de investigación. A continuación trataré de identificar algunas de las manifestaciones y consecuencias de este fenómeno.

Una de las formas más frecuentes de maltrato psíquico es la que se da entre cónyuges. La mayor incidencia es de hombres a mujeres, mas no deja de ser común la de mujeres hacia hombres y el maltrato mutuo. En la actualidad, esta situación ha aumentado y puede escalar a niveles muy violentos que ponen en peligro la vida.

Las víctimas de maltrato psicológico (hombres y mujeres) se sienten desvalidas y desprotegidas. La hostilidad psicológica en la pareja se expresa como celos desmedidos, humillaciones, devaluación, indiferencia, infidelidad y amenazas, entre otras. A menudo tenemos noticia de personas que amenazan con quitarse a los hijos, que comparan al otro con los demás para hacerlo sentir menos, que le restan importancia a los logros profesionales o individuales de su consorte; historias de desamor, indiferencia o descalificación de sus capacidades, etc. La severidad del maltrato conlleva en la víctima la disminución de su autoestima, depresión, aislamiento e, incluso, puede llegar al suicidio.

En la relación entre padres e hijos, la lista de manifestaciones de maltrato psicológico también es interminable. La más investigada es la que se dirige a los hijos. Cuando la función parental se perturba a raíz de los conflictos conyugales, los hijos son expuestos a la hostilidad que existe entre los padres. Esto los puede llevar a participar como aliados o antagonistas de alguno de los progenitores. Esta escena implica una triangulación muy común en la vida cotidiana. Los padres pueden empujar a sus hijos con amenazas o técnicas de manipulación para que tomen partido por uno de los progenitores; es decir, piden al hijo que sea su aliado y esto implica un conflicto emocional en él. También puede ocurrir que los padres desplacen su conflicto hacia uno de los hijos y lo interpreten como el síntoma de la patología familiar. En ocasiones los padres, tras forzar a sus hijos a que tomen partido en el conflicto conyugal, los rechazan o los colocan en segundo plano, dada la intensidad del problema en la pareja; esto causa una terrible confusión y dolor en los hijos.

Por otra parte, algunos padres exigen demasiado a sus hijos, ponen expectativas muy altas de sus logros, generando una situación de presión extrema. También puede suceder que los obliguen a mentir o a guardar secretos que no les corresponden, lo cual produce estados de confusión y dolor mental. También puede ocurrir que los padres tengan una buena relación conyugal pero que no logren conectarse con las necesidades de sus hijos; así, la mente se desestabiliza ante una función parental deficiente y, en casos extremos, llega al grado de la psicosis (algo que vemos dentro de las familias multiproblemáticas). El maltrato psicológico hacia los niños puede ir desde gritarles o asignarles responsabilidades inadecuadas, hasta ignorarlos, ridiculizarlos, insultarlos, intimidarlos, atemorizarlos con formas de castigo dolorosas o amenazarlos con el abandono.

Las víctimas de este tipo de maltrato a veces buscan maneras de justificarlo, porque no se percibe claramente al no expresarse de forma directa. Sin embargo, el maltrato psicológico puede llevar al sujeto a perder su equilibrio mental.

Hago énfasis en que el maltrato psicológico en el ámbito familiar tiene efectos negativos muy notables en la autoestima y la personalidad de la víctima, aunque el cuerpo permanezca intacto frente a la agresión. Las repercusiones y secuelas pueden presentarse de muchas maneras: sentimiento de inferioridad, impotencia, culpa, irritabilidad, inseguridad, dependencia emocional, agresión hacia los otros, autoagresiones, problemas en la sexualidad, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, aislamiento, trastornos de la alimentación, dificultades escolares, infidelidad, accidentes. A este tipo de maltrato también se le asocia con otras afecciones mentales graves en las víctimas, como depresiones profundas, adicciones y la forma más severa de autoagresión, el suicidio.

Muchas personas consideran que el maltrato psicológico en el ámbito familiar es síntoma de la actual situación social porque a través de él, el sujeto evidencia lo que permanece oculto, lo que no puede ser enunciado. De manera análoga a lo que ocurre en el sujeto, la familia da muestra de la conflictiva que se quiere silenciar y esconder. La familia ‒y la sociedad‒ quiere desconocer lo que la enferma. La agresividad en la familia también es una manifestación del malestar social, de la violencia y de las fallas ocultas en el sistema.

Referencias

  • Cohen, S. (2013). Mujeres maltratadas. Apuntes desde la clínica y diagnóstico. Buenos Aires, Paidós, pp. 35-56.
  • Espeleta, L. (2010). “Violencia contra los niños”. En Sanmartín, J.; Gutierrez, R.; Martínez, J.; Vera, J. (Eds.) Reflexiones sobre la violencia. México: Siglo XXI, pp. 92-111.
  • Linares, J. (2016). Del abuso y otros desmanes. El maltrato familiar entre la terapia y el control. Buenos Aires: Paidós, pp. 23-51.
  • Torres, M. (2004). “Familia”. En Sanmartín, J. (Comp.) El laberinto de la violencia. Barcelona: Ariel, pp. 77-87.

 

Consulta más información del Diplomado “La agresividad: en el sujeto, en la familia, en la sociedad” que inicia el 28 de octubre, 2017