Psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica. Convergencias, controversias y alcances

Dr.  Gabriel Espíndola

Desde la muerte de Freud, el método psicoanalítico ha ido perdiendo su estructura monolítica para transformarse en un sistema que incluye múltiples aproximaciones teóricas y técnicas para abordar el inconsciente. En el psicoanálisis contemporáneo no se puede pensar en un método común o en una técnica hegemónica, pues la incertidumbre, las verdades parciales y la complejidad de la vida posmoderna son elementos inherentes a la actualidad, tal como lo refieren Celia Leiberman y Norberto Bleichmar (2013).

Para Freud, el psicoanálisis era posible bajo las condiciones de una neurosis de transferencia, no solo en el sentido diagnóstico, también desde una perspectiva técnica. Por dicha razón, las neurosis narcisistas como la melancolía, o bien conflictos como la psicosis y las perversiones, fueron, durante un tiempo, campos clínicos poco adecuados. El prerrequisito freudiano de diagnóstico para el análisis se sustentaba no en una mirada fenoménica, sino estructural, pues se requería un yo capaz de dividir sus esfuerzos en dirección de la cura y que no sucumbiera a las demandas del ello o ante la tiranía del superyó, en detrimento de su pacto con la realidad.

Por otro lado, se consideraba necesario que la persona estableciera una neurosis de transferencia como campo de acción para el tratamiento, pues de esa forma revelaría también su disponibilidad al vínculo; es decir, así es como se hacía evidente el poder del narcisismo dentro del aparato psíquico.

Los criterios de analizabilidad freudianos se circunscribían dentro del narcisismo y sus implicaciones con el otro, el yo y la realidad. En ese sentido, la neurosis de transferencia, entendida como la relación paciente-terapeuta donde se repiten los conflictos sexuales infantiles reprimidos, se reconoció como el campo de batalla y lugar de la cura, pues se llegó a la conclusión que, dentro de ella, también es posible traer al aquí y ahora los conflictos del pasado y, de la mano de la interpretación, lograr el antídoto a la repetición.

Al tomar como eje del trabajo analítico la neurosis de transferencia, Freud da un vuelco sin retorno hacia las relaciones de objeto; con ello, la meta no consistiría solo en descifrar la representación reprimida, sino hacerlo en el contexto de la relación con el objeto que ha sido trasladado al terapeuta. Así, el psicoanálisis deja de ser un método dirigido de manera exclusiva a descifrar la representación reprimida y descubrir sus desplazamientos, y se convierte en una batalla viva dentro de un vínculo donde el pasado se actualiza en el presente, la fantasía se entrelaza con la realidad y el otro es transformado en el depositario de los conflictos internos.

Posterior a Freud, las aportaciones de Melanie Klein desde la escuela de relaciones de objeto temprano abren la puerta a la investigación de las psicosis, las perversiones, la transferencia temprana y otros campos clínicos, pues la anobjetalidad o narcisismo primario desaparece para abrir paso a la existencia del vínculo con un objeto desde el inicio de la vida y de un yo precario.  El argumento es revolucionario, pero sencillo: si hay un vínculo desde el inicio de la vida, también hay transferencia. Con ello, el narcisismo adquiere una nueva connotación dentro de las relaciones intersubjetivas y con los objetos internos.

El trabajo en cada uno de estos frentes, conformados por las diversas escuelas, podría entenderse como una transición desde la neurosis de transferencia hacia las diversas “formas de transferencia”, en los términos que utiliza Horacio Etchegoyen (1986) en su excelente libro Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Es decir, hay un desplazamiento de los criterios de analizabilidad hacia la capacidad del analista de entender a una persona en particular.

Desde mediados del siglo XX, la ampliación de perspectivas y teorías, así como de diversos campos clínicos, obligaron al psicoanálisis a cuestionarse sus fronteras: ¿Qué es el psicoanálisis? ¿Hasta dónde debemos considerar que un procedimiento o pensamiento es psicoanalítico?

La analizabilidad de un paciente, vista como la posibilidad de una persona de usar el encuadre clásico, había sido uno de los recursos básicos para determinar lo que era y no era un psicoanálisis. Sin embargo, el criterio cambió y se puso el peso sobre la capacidad del analista para comprender y soportar su contratransferencia. Alrededor de este tema, Betty Joseph aporta un concepto fundamental: la decisión de tomar a una persona es resultado de la “accesibilidad” del analista a su contratransferencia y no de si el paciente es analizable, pues este puede no serlo para un terapeuta, pero sí para otro (Cfr. Etchegoyen, p. 56).

Hacia los años noventa, Wallerstein (1992) buscó un piso común para determinar lo que debía ser llamado analítico, mientras que Gill (2000) pensó en denominar terapia analítica al grupo extenso de procedimientos y perspectivas que centraban su labor terapéutica en el análisis de la transferencia y contratransferencia. Actualmente, aun cuando el debate sigue vigente, se pueden identificar tres perspectivas: la primera de ellas señala que entre psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica existe una diferencia basada centralmente en los objetivos del tratamiento; la segunda postura niega esta diferencia y considera que se trata de un método único; por último, hay un tercer grupo que piensa que, si bien existen diferencias, es posible transitar de uno a otro modelo conforme se trabaja con una persona a profundidad y se conoce de manera íntima dentro de la terapia.

Otro aspecto de la discusión actual se concentra en definir si el diagnóstico es un elemento suficiente para determinar el tipo de tratamiento que se debe sugerir a una persona al momento de plantear una forma de trabajo, si existen indicadores únicos, o bien, si se trata de un análisis dentro de una matriz compleja donde se incluye la contratransferencia del terapeuta y, esto en su conjunto, es lo que define la estrategia terapéutica y el encuadre.

¿Se puede o no hacer psicoanálisis de la psicosis, de los pacientes fronterizos, caracterópatas o de la perversión? ¿Para estos pacientes es más pertinente una psicoterapia psicoanalítica? ¿La decisión debería desprenderse del diagnóstico o de la complejidad de cada individuo?

A diferencia del modelo médico, el psicoanálisis no es un tratamiento que sugiera especificidad para cada tipo de diagnóstico. El método es amplio y busca ajustarse no solo en el encuadre, sino en el tipo de comunicación, dependiendo de los conflictos expresados por el paciente, su capacidad de tolerar el dolor mental y el sufrimiento, los recursos con los que cuenta para buscar buenas experiencias, sus buenos vínculos y los personajes valiosos en su interior. Al observar todas estas variables dentro de una persona, podemos ver que la decisión de cómo iniciar el trabajo debe realizarse con base en ella y no en el diagnóstico.

Por otro lado, es posible evolucionar desde una terapia psicoanalítica hasta un psicoanálisis, pero cuesta más hacerlo desde la de psicoterapia de apoyo hacia el psicoanálisis, si es que se quiere hacer con el mismo terapeuta. El primero modelo es más activo e implica dificultades para transitar a la posición neutral característica del análisis.

La psicoterapia de apoyo, la psicoanalítica y el psicoanálisis tienen un espacio muy importante que cubrir en lo que se refiere a las emociones y necesidades de las personas. La formación del terapeuta en las emociones profundas de los seres humanos debe darle la ventaja de poder elegir el mejor marco de trabajo; por esta razón, hay que considerar que, quien carece de formación psicoanalítica, podrá hacer buena psicoterapia de apoyo, pero nunca una terapia analítica, restringiendo así las posibilidades de beneficiar a un paciente.

En el taller revisaremos indicadores para definir uno u otro marco de trabajo, también hablaremos, mediante múltiples ejemplos clínicos, sobre las dificultades internas y externas que se pueden presentar al momento de iniciar un tratamiento psicoanalítico y veremos cómo es que en muchas ocasiones la decisión de hacer psicoterapia no encuentra un fundamento clínico, sino de otra índole.  Estas son discusiones actuales por las que atraviesa todo terapeuta al momento de concluir un periodo de entrevistas y establecer un marco de trabajo. Estamos no ante un tema de calidad entre un tipo de tratamiento u otro, sino ante un problema de pertinencia.

Bibliografía

Etchegoyen, H. (1986). Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Buenos Aires: Amorrortu, 2002.

Gill, M. (2000). Psychoanalysis in Transition. A Personal View. Nueva Jersey: The Analytic Press Inc.

Leiberman, C., Bleichmar, N. (2013). Sobre el psicoanálisis contemporáneo. México: Paidós.

Wallerstein, R. ed. (1992). The Common Ground of Psychoanalysis. Nueva Jersey: Jason Aronson Inc.

 

Inscríbete aquí al Taller “Psicoanálisis y psicoterapia. Convergencia, controversias y alcances” que se llevará a cabo el 16 de febrero de 2019.