Presentación de material clínico. Análisis y estrategias en el tratamiento

Ana María Wiener

En este taller llevaré a cabo una reflexión sobre cómo realizo las interpretaciones para los pacientes ante diversas circunstancias a lo largo del tratamiento. Hablaré con detalle acerca de la comprensión de las fantasías inconcientes, la transferencia, la contratransferencia, la estructura psíquica del individuo, cómo influye el avance del análisis y de qué modo determinamos lo que es apropiado comunicarle.

Empezaré por decir, de acuerdo con Bion, que no debemos pretender saberlo todo sobre la persona que tenemos enfrente. Si trabajamos con dedicación y compromiso, conseguiremos ayudar a nuestros pacientes para que sean capaces de pensarse a sí mismos de formas nuevas, lo cual les brindará la posibilidad de mejorar su vida. No obstante, es necesario evitar las ilusiones omnipotentes sobre lo que podemos ofrecer. Los fenómenos psíquicos son complejos y requieren tanto de un gran esfuerzo como de muchos años de estudio y experiencia para abordarlos de la manera más adecuada.

En ocasiones, los alumnos nos piden a los maestros un “manual” para formular interpretaciones, como si se tratara de una receta. Desde luego, lo único que podemos responder es lo que nosotros haríamos en su lugar. La cuestión no es encontrar la “interpretación perfecta” para una situación determinada, sino estimular al joven terapeuta a pensar y a tomar en cuenta todo lo involucra la elaboración de una estrategia de intervención.

Dos analistas no entenderán exactamente igual lo que le ocurre a un paciente, aun cuando posean una experiencia y una formación similares. Cada uno desarrolla su propio estilo de trabajo –como lo señalaron Celia Leiberman y Norberto Bleichmar–, ya que entran en juego su personalidad, sus conflictos emocionales, sus estudios, sus preferencias teóricas, el momento vital por el que está pasando, sus identificaciones con maestros, supervisores, analista o psicoterapeuta y el entorno profesional. Incluso, si un analista revisara la misma sesión en momentos diferentes de su vida, lo más probable es que su percepción y su modo de actuar sean distintos, pues el paso del tiempo modifica nuestra apreciación de los conflictos emocionales.

Por lo general, nuestra vida conciente ejerce una gran influencia cuando iniciamos la carrera como psicoterapeutas o psicoanalistas: solemos apegarnos a la teoría, a lo que dicen los libros y los supervisores. Pareciera que, si seguimos lo que estos describen, entonces tenemos mayor certeza de que estamos haciendo bien nuestro trabajo o, al menos, de que cumplimos con lo que se nos indica. Sin duda, es necesario que nuestros fundamentos se remitan al cuerpo teórico de la disciplina, pero también será indispensable mantener un buen grado de flexibilidad y espontaneidad, en favor de la cercanía y el contacto emocional con el paciente. Aquí surge la pregunta: “¿Lo comprendo a partir de mi propia experiencia y desde mi sensibilidad, de una teoría o de la mente de otro?”.

Conforme maduramos, conseguimos ser más tolerantes y pacientes; ya no tenemos tanta prisa por demostrarle al paciente que sabemos lo que estamos haciendo. Ahora nos preocupa ir más allá de lo que los libros ofrecen. Pensar el inconciente requiere de una forma de conceptualizar la vida distinta a la que teníamos previamente. Siempre les digo a los alumnos: “En esta disciplina modificamos nuestro modo de pensar, adoptamos una concepción diferente a la convencional, aunque al principio nos resulte difícil conseguirlo”.

Desarrollar la escucha psicoanalítica y sensibilizarnos lleva tiempo. La curiosidad, el interés, la intuición y la percepción no verbal conforman valiosas herramientas de trabajo. El entrenamiento, entonces, comprende todos estos aspectos. Algo similar ocurre en el arte, donde existe una gran variedad de técnicas y corrientes, y el maestro transmite las bases para llevarlas a cabo; sin embargo, el aprendiz las conjuga con su talento y su creatividad para conseguir un estilo propio.

En la consulta diaria tienen lugar un sinnúmero de detalles, muchos más de los que podemos percibir. La selección de elementos sobre los cuales nos proponemos intervenir no es totalmente conciente; más bien, es arbitraria e inconciente. Por esta razón, los principios teóricos y técnicos nos servirán de guía. Un ejemplo de ello son los conceptos de transferencia y contratransferencia, que resaltan lo que sucede en la relación entre psicoterapeuta y paciente. No obstante, la interpretación dependerá enteramente de la sensibilidad del analista para deducir lo que le ocurre a su paciente y lo que este puede entender.

La manera como describimos o comunicamos algo de la vida mental de las personas determinará en gran medida el modo en que lo reciban o lo rechacen. Llegar a ser un psicoanalista o un psicoterapeuta con orientación psicoanalítica es un proceso complejo, no solo por la dificultad que implica, sino por la cantidad de elementos involucrados. Habremos de familiarizarnos con los dilemas humanos y con sus múltiples manifestaciones; tal es la problemática que abordaremos en el taller.