¿“Para que la droga no llegue a tus hijos”?

Mtro. Miguel Eduardo Torres Contreras

Existe evidencia de que, al menos desde hace cinco milenios, el ser humano conoce y usa diversas “drogas”; la presencia y el consumo de estas sustancias no son ninguna novedad. En algunas tablillas sumerias de la antigüedad se menciona la existencia de la papaver somniferum, la planta de la que se extrae el opio, misma a la que Hipócrates (460 – 370 a. n. e.) denominó como “jugo de adormidera” (opós mekonos). En Bolivia, el arbusto y la hoja de coca han tenido un uso tradicional desde hace siglos; después de la conquista española los indígenas en ese país masticaban las hojas para soportar sus pesadas jornadas de trabajo. La cannabis sativa (marihuana), originaria del Asia central, es mencionada ya por Herodoto (484 – 425 a. n. e.). El vino ‒que es una bebida alcohólica‒ fue producido por primera vez en el neolítico, en el territorio que actualmente ocupan Irán e Irak.

Pero ¿por qué ahora se le da tanta relevancia al consumo de drogas? Incluso en el sexenio pasado “la lucha contra el narcotráfico” fue un eje central del gobierno en turno “para que la droga no llegue a tus hijos”.[i] Los expertos tratan de explicar esta transición del “fenómeno del consumo de drogas” al “problema de las drogas”. Incluso, el término griego “fármaco” (phármakon) expresa ambivalencia en cuanto al uso y valoración de las sustancias psicoactivas, pues significa tanto antídoto o medicamento como veneno o droga.

Hasta antes del siglo XIX el uso y consumo de sustancias psicoactivas se realizaba, fundamentalmente, por motivos medicinales o religioso-ceremoniales bajo la regulación social. Más adelante, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, los fines se orientaron primordialmente a lo curativo o a la recreación, dentro de un marco legal. Este tipo de legislación vio sus inicios en 1909, cuando se llevó a cabo la Comisión Internacional del Opio en Shanghái con la participación de trece países.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, el uso recreativo y la prevalencia de las adicciones aumentaron considerablemente. Por tal razón, desde diferentes campos del conocimiento se busca estudiar, comprender y explicar el fenómeno del consumo y la dependencia de drogas. Dentro de las conclusiones a las que ha llegado la investigación, podemos mencionar dos de gran relevancia: que se trata de una situación hipercompleja y, específicamente en cuanto a la dependencia de sustancias psicoactivas, que es un padecimiento de origen multifactorial.

En el fenómeno del consumo de drogas están implicados e interrelacionados aspectos económicos, sociales, culturales, biológicos, legales, psíquicos y, por otra parte, existen numerosos factores que se entrelazan y se ponen juego para que alguien desarrolle una dependencia de sustancias psicoactivas. No es posible identificar un solo factor como la causa. Afirmaciones como: “Se volvió alcohólico porque de niño lo maltrató su padre”; “es marihuano porque su novia lo dejó”; “consume cocaína porque su padre fue alcohólico y también inhalaba”, todas ellas son aseveraciones simplistas que, además, eximen al sujeto adicto de su responsabilidad pues culpabilizan por completo a otras figuras ‒como los padres‒ y ofrecen una visión maniquea[ii] del trastorno. No conviene reducir nuestra comprensión de las adicciones, porque esto mismo limitará su abordaje, tanto en la prevención o como en el tratamiento.

Una aproximación sesgada a este problema la observamos en el trabajo preventivo con jóvenes y adolescentes, cuando únicamente se les habla sobre los efectos de las sustancias psicoactivas sobre el organismo, como si tener acceso a dicha información fuera suficiente para evitar que consuman drogas. Así sin más, resulta una propuesta muy ingenua. Un trabajo serio para prevenir las adicciones implica distintos tipos de actividades en diferentes niveles.

El tratamiento también puede verse afectado por un enfoque simplista. Por ejemplo, si la familia cree que una persona adicta se va a “rehabilitar” por el mero hecho de ser internada durante 35 días o tres meses en un anexo, granja, clínica o comunidad terapéutica. La recuperación, en cada una de sus fases, así como en su totalidad, es mucho más compleja. Si el origen de una adicción es multifactorial, entonces su abordaje o tratamiento ha de ser interdisciplinario.

Es necesario contemplar tres elementos básicos en las adicciones: un sujeto que consume, una sustancia psicoactiva y un contexto donde se realiza el consumo. Cada uno de estos aspectos conlleva en sí mismo una serie de variables que determinan el padecimiento.

Por ejemplo, en cuanto al sujeto: el sexo influirá dentro de la configuración de la adicción (una mujer lleva a cabo la metabolización del alcohol de forma más lenta porque posee menor cantidad de la enzima ADH, indispensable en dicho proceso); la edad es otra cualidad importante (el consumo en adolescentes es particularmente riesgoso debido a que la maduración del cerebro no ha concluido); asimismo, la existencia de un trastorno mental será un factor determinante (el 50-60 % de los sujetos adictos tiene algún padecimiento de ese tipo y, entonces, se les conoce como pacientes duales); incluso, la situación legal del sujeto es relevante (el 70% de los menores en conflicto con la ley en la Ciudad de México son consumidores de drogas).

Con respecto de la sustancia psicoactiva, podemos mencionar distintas clasificaciones: drogas legales (alcohol o tabaco) e ilegales (cocaína, marihuana, heroína, etc.). Según su efecto en el sistema nervioso central se les divide en depresoras, estimulantes y los opiáceos. (Hay quienes para contrarrestar el “subidón” de la cocaína consumen después alcohol, el cual tiene un efecto depresor).

El contexto donde se da el consumo (la escuela, la colonia donde se vive, la familia o el ámbito de trabajo) interviene de distintas maneras. En algunos espacios laborales se favorece el consumo de sustancias, como el de los choferes de tráileres; existen familias en las que hay consumo transgeneracional, con uno o más miembros adictos, o algunas que incluso se dedican al narcomenudeo; dentro de ciertas colonias o barrios abundan las “tienditas” donde se vende droga.

Centrar únicamente la comprensión y abordaje de las adicciones en la sustancia es una visión sumamente simplista, llena de prejuicios y carece de la información científica más reciente. En el Diplomado Trastornos de la alimentación y adicciones abordaremos estas tres variables (el sujeto, la sustancia y el contexto) desde diversas perspectivas con la colaboración de psiquiatras, antropólogos, psicoanalistas, psicoterapeutas familiares, todos ellos expertos en la prevención y el tratamiento de las adicciones.

Referencias 

  • Cuatrocchi, E. M. (2007). La adicción a las drogas. Buenos Aires: Espacio Editorial.
  • De León, G. (2004). La comunidad terapéutica y las adicciones. Bilbao: Desclée de Brouwer.
  • Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas. (2010). Principios de tratamiento para la drogadicción. Una guía basada en las investigaciones. Obtenido el 4 de noviembre de 2017 de http://www.drugabuse.gov/es/publicaciones/principios-de-tratamientos-para-la-drogadiccion
  • Organización Mundial de la Salud. (2008). Principios de tratamiento de la toxicomanía. Documento de debate. México: OMS.
  • Puentes, M. (2005). Detrás de la droga. Buenos Aires: Lugar Ed.
  • Puentes, M. (2008). Tu droga, mi droga, nuestra droga. Buenos Aires: Lugar Ed.
  • Secretaría de Salud. (2009). Norma Oficial Mexicana NOM-028-SSA2-2009 Para la prevención, tratamiento y control de las adicciones. Obtenida el 3 de noviembre de 2017 de http://www.cenadic.salud.gob.mx/PDFS/publicaciones/nom028.pdf

 

[i] Esta frase fue el eslogan de una campaña publicitaria del sexenio de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), donde se defendía la estrategia de seguridad de dicho gobierno y la creación de los Centros Nueva Vida donde se pretendía brindar atención primaria a los consumidores de sustancias psicoactivas.

 

[ii] El maniqueísmo es la doctrina de Mani (216 – 277), líder religioso que proponía dos principios para explicar la existencia del mundo: uno bueno (el de la luz) y otro malo (el de la tinieblas o de la materia). La expresión maniqueísmo se usa popularmente para designar una visión que sostiene que unos son los buenos y otros los malos.