Los hijos del divorcio: el impacto en la estructuración de su identidad

Por Gabriela A. Cardós Duarte

El divorcio es una crisis que envuelve a cada vez más familias. Según la forma como se lleve a cabo, puede ocasionar mayor o menor alteración en los hijos, pero sin duda implica proceso de duelo en el que con frecuencia se experimenta enojo, depresión con culpa o negación. Si se logra elaborar este cambio, entonces ocurre una adaptación hacia la nueva configuración familiar.

Los divorcios atraviesan distintos pasos y dificultades; sin embargo, se considera que es patológico si se eligió a la pareja de manera predominantemente narcisista, si alguno o ambos miembros de la pareja padecen una condición mental grave, si existen intensas ansiedades de separación, si hay elementos psicopáticos, duelos anteriores no resueltos o una gran dependencia y dificultad para estar solo.

Ciertamente, pasar por un divorcio constituye un trauma ‒aunque también lo eran las diferencias o discusiones dentro de la familia y la pareja‒. La separación será más complicada si los problemas continúan aun después o si ocurren reconciliaciones y alejamientos frecuentes. Una situación de este tipo coloca a los hijos en un estado de desconcierto y confusión, además de que amenaza su continuidad existencial y produce una fluctuación entre los sentimientos de lealtad-deslealtad, vergüenza, culpa e impotencia. Se ha propuesto, incluso, que el trauma generado por un divorcio puede llegar a ser mayor que el suscitado por una muerte, pues en esta última se trata de una pérdida definitiva, total e irreparable, mientras que el de un divorcio en ocasiones se extiende demasiado o no concluye nunca.

Por otra parte, también vale la pena considerar que el incremento en el número de divorcios ha ocasionado que la sociedad sea más tolerante ante él, lo cual aligera la carga que enfrenta la familia.

No obstante, las consecuencias que un divorcio provoque en los hijos dependerán en gran medida del conflicto que haya habido entre los padres, de la duración del problema y qué ocurrió en el mismo. A todo ello habrán de sumarse las fantasías de los niños y sus propias ansiedades. Por ejemplo, puede ser que la familia se convierta en el continente de insatisfacciones, que los hijos se conviertan en protagonistas de dramas que no entienden y que estos se interpreten de acuerdo a sus conflictos y al momento en el desarrollo en que se encuentran.

Así, es posible que un niño que atraviesa el complejo de Edipo y fantasea con hacer a un lado al padre para quedarse con mamá, entienda la separación como el cumplimiento de su deseo y esto le cause culpa. Durante la latencia la expresión de sentimientos como la frustración o impotencia está en parte reprimida, pero si el divorcio de los padres tuviera lugar cuando los hijos son adolescentes, los sentimientos de enojo o lealtad se expresarán más abiertamente.

En cualquier caso, la falla en la introyección de los padres tendrá importantes consecuencias para la estructuración de la identidad de los hijos, particularmente si la pareja los coloca en medio de su conflicto. En ocasiones, el hijo establece una simbiosis con el padre con el que vive; en otras, idealiza al que se ha ido; o quizá se convierta en un chico muy demandante por la rabia que provoca sentir que le fue arrebatado el ideal de familia, que ha perdido algo que fue suyo anteriormente: tener un papá y una mamá viviendo juntos.

A veces los padres, inmersos en su propio dolor por la ruptura, niegan el impacto que esta situación ocasiona en los hijos, no hablan con ellos del tema y esperan que el tiempo “sane las heridas”. Si bien el divorcio producirá una grieta en la consolidación de su personalidad, siempre será de ayuda que los padres estén atentos a las repercusiones de la separación en los hijos y que les ayuden a entender lo que ocurre.

De acuerdo con Dolto (1988), el niño experimenta el divorcio como una amenaza a su propia estabilidad y, por lo tanto, es necesario que los padres le expliquen claramente de qué manera se llevará a cabo la separación, cuáles son sus razones y las responsabilidades que seguirán compartiendo como pareja en su relación con él y los hermanos. De otro modo, el evento puede ser vivido en forma de una angustia inexplicable.

En el taller exploraremos a profundidad este tema y revisaremos diversos ejemplos clínicos con el objetivo de ampliar nuestra comprensión del divorcio y sus consecuencias en los hijos.