Los conflictos emocionales y los problemas de aprendizaje

Por Michelle Aymes

El objetivo principal de la escuela es que sus miembros se desarrollen de manera óptima, física, emocional e intelectualmente. El aprendizaje es uno de sus ejes principales, el cual se obtendrá si ciertas condiciones del proceso enseñanza-aprendizaje ocurren, por ejemplo, que un conocimiento nuevo se ligue con otro adquirido previamente o con la propia experiencia, que se interiorice lo que otro está transmitiendo, se reciba y se acomode mentalmente para que podamos ejecutar una acción. Todo ello involucra al alumno, la familia, la escuela y la sociedad en conjunto.

Desde hace muchos años, los problemas de aprendizaje han sido un tema de interés para la psicología y el psicoanálisis. Numerosos autores clásicos y contemporáneos han planteado diversas teorías al respecto. Freud habló en 1905 de un impulso de saber o investigar, de acuerdo con las teorías y preocupaciones sexuales que los niños se plantean desde una edad temprana. Este autor describe cómo el niño tiene un deseo de conocer; esto lo observamos frecuentemente en la curiosidad que los pequeños manifiestan sobre la diferencia entre los sexos, el nacimiento de los bebés o por la materia fecal al iniciar el control de esfínteres.

Según Freud, durante el periodo de latencia se instauran mecanismos que ayudan a reprimir esas fantasías sexuales, para utilizarlas en la adquisición de conocimientos y en la resolución de problemas cognitivos. En esta etapa podemos ver la diferencia en los juegos de los niños, pues tienen que ver más con las reglas o mantener a raya la curiosidad sexual o los temores que provoca. Al contrario, los niños preescolares, sin represión alguna, se dedican a la curiosidad sobre el cuerpo y sus diferencias; sus juegos se relacionan con el placer sensorial, utilizando, por ejemplo, materiales como el agua, la plastilina, la arena, etc.

Klein, por su parte, habla de la curiosidad que tiene el niño por el interior del cuerpo materno y sus contenidos, llevando esto a una identificación con la madre. Esta autora trabajó con niños que presentaban inhibiciones importantes en el aprendizaje.  Descubrió que muchos de ellos tenían angustias y fantasías inconscientes que les impedían aprender. A través del trabajo analítico se dio cuenta de que, al interpretar tales ansiedades, su desempeño en el colegio mejoraba significativamente. Gracias a sus aportaciones, en la actualidad es más fácil identificar cómo las fantasías inconscientes juegan un papel primordial en las dificultades que los alumnos presentan para poder realizar o disfrutar de las actividades escolares.

Más adelante, Wilfred Bion se interesó por los procesos y los trastornos del pensamiento. Para el niño es importante digerir y procesar las experiencias que vive, especialmente aquellas que son frustrantes, a fin de crear un pensamiento y un aparato para pensar. La madre, refiere el autor, es la persona que en un primer momento funcionará como continente de las frustraciones que el bebé recibe; lo ayudará a digerirlas y transformarlas en pensamientos. Gracias a esto, el niño podrá incorporar más tarde la capacidad de contener sus propias emociones. En el consultorio encontramos niños ‒e incluso adultos‒ con grandes dificultades para procesar ansiedades internas y externas, con el fin de pensarlas y aprender de ellas.

Las propuestas de estos autores en torno a la curiosidad, el pensamiento y el conocimiento son fundamentales para la historia del psicoanálisis y el avance de la psicopedagogía. Frecuentemente vemos alumnos que, por falta de interés o por un trastorno en el pensamiento, su proceso de aprendizaje no se puede llevar a cabo y nos beneficiamos de las distintas teorías y estrategias en estos campos para su intervención.

Existen otros aspectos importantes a considerar, de acuerdo a la personalidad del alumno, que imposibilitan un desempeño escolar óptimo. Los celos y la rivalidad son emociones que están frecuentemente presentes en las tareas escolares. Por ejemplo, aquellos estudiantes que quieren agradar constantemente al maestro y que buscan sobresalir ante los demás compañeros, en ocasiones generan conflictos o les es difícil disfrutar de las actividades académicas debido a los intensos celos que manifiestan. La envidia es una gran limitante para que el alumno pueda aprender: darse cuenta que el otro posee cualidades que él no tiene o que aún no las ha desarrollado, puede provocar este sentimiento y obstaculizará que mantenga una actitud receptiva.

En los adolescentes es común observar ciertos rasgos narcisistas que obturan tanto el aprendizaje como la relación con sus pares, por ejemplo, pensando que lo que hablan o piensan los demás son cosas sin importancia y, en cambio, manifiestan que ellos son diferentes y especiales. Estos jóvenes suelen cuestionar lo que el maestro les indica; en lugar de adquirir conocimiento, entran en rivalidad con él, como seguramente sucede también con sus padres.

En conclusión, es de gran importancia estudiar las diferentes teorías que hablan sobre el conocimiento, los aspectos de la personalidad del alumno y su interacción con otras personas, con el objetivo de identificar y abordar las dificultades en el proceso de aprendizaje.

 

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